La sencillez del olvido
Como es posible que la calle no tenga nada para ella, pero que calle esta abierta de tal manera se pregunta. Se apaga todo. No hay memoria, hay agua servida. Ella dice: ojala tenga el tiempo de volver a ver lo que me gusta.
Alguien dice: con ochocientos mil me alcanza. ¿Para que? Como se alcanza la altura necesaria para seguir pareciendo que ella vale algo. Y esta a la altura. Llora. Y despues se destiñe la voluntad de una piedra en el camino. ¿y si no quiere cambiar? ¿Es politicamente incorrecto querer permanecer en lo que descansa el corazon? O solo tenemos que estar a la deriba libral de un cmabio frenetico porque los cmabios son siempre positivos. Ella pensó que el fluir podia mejorar algo. Pero no.
Lo que cambia son las condiciones, no las cosas, no aferramos a lo que mas queremos para no cambiarlo. Ella no queria cambiar a nadie, y sin embargo cambiaron. Sin calles, sin manos, sin gestos, sin amores, sin resto y sin justificacion; se sienta een el cordon de la vereda para oler mejor lo ue esta a punto de llegar.
El polvo tiene otro nombre. El cordon cuneta mojado por la lluvia negra de la ciudad. Nada puede salir bien. Ella establece un trance, que bien puede ser una repeticion, la repeticion no es falta de cambio. O la repetición del cambio hace que fluya mas de lo mismo, pero con otras monedas. ¿A cuanto cotiza el cambio? ¿Cuanta vida vale para poder cambiar?, se preguntaba.





