Duele




Duele

 

el sol quemaba en la tarde,

siluetas que parecían fantasmas amarillentos,

llenos de tierra y de vida

Perfume de Carnaval

 

   La seriedad del invierno en Jujuy me dejo crecer con desconfianza del frio crudo y necesario de un gesto cuando los perros de la calle se van. Pareciera que el tiempo deja de ser de ellos. 

    Jujuy. Junio.2023. duerme la tarde de un feriado celesta y blanco, y esta vez no estoy allá, como no estuve tantas otras veces, pero sin embargo todo sigue, una permanencia del olvido. La violencia jamás parece disiparse, solo opera bajo otros términos. Las lecciones de historia, las lecciones de los relatos, presionaron fuertemente en mis primeros 15 años de vida. Había una historia hermosa sobre lo novedoso que fue que aquellos cristianos españoles encontrarán un lugar para quedarse en lo que hoy conocemos como Ciudad de Nieva, pero al parecer la gente que ya vivía ahí tenía otros planes con la novedad colonial. Se cuenta que dos veces arrasaron con esa novedad, y también se cuenta que la novedad europea insistió en quedarse, y esa insistencia determinaría la existencia de quienes ya habitaban esos lugares. Cientos de años después, cuando una estudia sobre los procesos de colonización europeos, parece una historia dejada atrás, o por olvido o por negación, pero sin embargo regresa como vuelve el aire por un valle entre dos montañas. Entonces como tantas otras veces, solo contare las que mi trayecto vital pueda tocar, 1977, 1987, 1993, 1999, 2001, 2016, 2023; quizás incluso las que para mi fueron centrales, no solo políticamente, sino como formación política. Eso que hoy la mayoría entendería como adoctrinamiento o ideología, quizás el mayor éxito cultural del capitalismo es "naturalizar" las dinámicas políticas de la estructura como inalterables, el fin de la historia, el sueño ontológico de Fukoyama, naturalizar la naturaleza del capitalismo. Sin embargo, persiste el ruido estrecho de lo que aún necesita acomodarse.

    En el pasado martes 20 de Junio del 2023, en una brutal demostración de quienes tienen el uso hegemónico de la fuerza, una persona declara a un viejo medio masivo de comunicación que no estaba allí porque la habían llevado, o sea parte de un partido político o una organización; decía que era simplemente una jujeña sin ideología política. En una cultura que ha globalizado y naturalizado una política de organizar las condiciones materiales para la existencia, no parece haber mayor éxito que desagregar lo político a las posibilidades mismas de la existencia. La misma idea de propaganda política, diferenciada de las propagandas no políticas sugiere que hay publicidad que se ajusta a simplemente lo existente, a lo que simplemente es sin preconceptos; lo insidioso y malicioso es obturar la operación ontológica que estableció la propaganda sin un adjetivo calificativo. Si Marshall Macluhan tenía alguna razón, la propaganda solo adquiere sentido cuando relata "buenas" noticias, una buena noticia es inofensiva frente a las "malas" noticias que suelen llamar más la atención en cualquier medio de comunicación, incluso son las malas noticias las que se buscan. Y nos sugirió que la respuesta afectiva frente a tales narrativas de los hechos, es el entramado mismo de una política cultural en la que vivimos. Incluso ponerle el nombre que la describe se vuelve incomodo, capitalismo, su operación no es solo establecerse como lo natural, sino por esa misma operación establecerse en cualquier lugar "naturalmente".  Ser simplemente una jujeña es uno de los logros políticos de la colonización más impactantes y asombrosas, que afirma un lugar político que al parecer aun no “tiene nombre”. Si la lectura más obvia es la despolitización de la vida cotidiana, es decir naturalizar el capitalismo como la forma “única” de organización social; cuando los límites de tal organización tocan la vida cotidiana de las personas parece afirmarse que no hay política posible para mi malestar ni vulnerabilidad material. Esa complejidad, dirán los politólogos, quizás sea encauzada por alguna referencia posterior al acontecimiento; por alguna fuerza que se ordena a la distribución de lo sensible dentro del marco “natural” ya establecido como tal. “Las calles son nuestras”, suele rezar las consignas en muchas marchas y protestas de muchos movimientos sociales; es al parecer más un deseo que una realidad, y sin embargo las piedras, las corridas, la sangre y los disparos insisten que se vuelva realidad. La hegemonía del uso de la violencia por parte del estado se distribuye siempre de manera desigual, es decir de acuerdo a la distribución desigual de los recursos. Independientemente que opinión tengamos sobre el dispositivo de la propiedad privada, la acumulación que genera es necesaria e inequívocamente inigualable. Y las cosas al parecer nunca fueron para mejor.

                Si Spivak tenía razón con la dinámica del colonialismo, una de las operaciones más efectivas del colonialismo es haber instalado el deseo de civilidad europea de conducta conservadora moral y una economía liberal con derechos de exportación a favor de quienes con una presencia física violenta anterior ahora digitan a la distancia su imperio cultural de los sentidos. Si la naturaleza fue la conquista global de una sola manera de entender los dominios sobre lo que disputamos, ¿no es tiempo de reinventarlo todo?

                Sin embargo, las noticias siguen llegando desde el norte argentino, todo se parece a tocar el pasado, y como todo contacto que se repite, es todo novedoso. La cruel novedad de las políticas que se repiten inexorablemente. ¿Pero algo se repite, o simplemente la creatividad de la violencia estatal se reactualiza a la luz de los interés que se instalan en la gobernanza?

                Cuando en los andenes son todos despedidas, cuando la fantasía de la solución del conflicto es ausentarse o desaparecerlo, se tensa hasta lo imposible los cuerpos que quedan, y en Jujuy siempre hemos quedado muchos cuerpos. Sea por una inevitable sobre vida, o porque los recursos no permiten la ausencia. Las montañas permanecen de pie. Si los piquetes de finales de la década de 1990 nos dieron la forma, seguir de pie en una ruta cualquiera. Y sigue. El tercer malón por la paz recorre el ombligo, como si fuera un verano jujeño que ves pasar. En verano, en la exuberancia de las montañas y los bosques, es cuando más escuche de turistas que quienes vivíamos ahí de alguna manera ya estábamos condenados. La fiebre del oro electrónico es la nueva esperanza negra, nadie puede culparme porque desde 1492 todo se parezca a la minera por esos lados. Algún oro habrá. No hay nada más confuso como la espectacularización del daño. Transmitir en vivo, o ver un resumen, o mirar una película sobre la segunda guerra mundial, nos devuelve una sensación de experiencia de los otros, incluso si sucede en la misma ciudad, o a mi misma. El registro de la otredad, el romanticismo aún permanece.

                Entonces un objeto de la industria del entretenimiento global se vuelve, paradójica y especialmente, central; puesto que la experiencia del cine pone en pausa la narrativa ordinaria de la vida. Ver una película sobre actos heroicos en el espacio exterior de apenas humanoides y extraterrestres no parecería ser algo de relación alguna con la dura política de una gobernanza neo conservadora. Pero una de las escenas que se destacan en Guardianes de la Galaxia vol. 3, que rápidamente podría espejarse como lección pedagógica sobre el maltrato animal, donde se interviene el cuerpo de un mapache para hacerlo la mejor especie posible; es un relato vivo de la disciplina sobre poblaciones enteras. Un animalito es toda posibilidad de lo humano, nunca seremos animales, por eso el montaje en recuerdos vividos en la película nos permite saber que  una vez intervenido se lo devuelve a una jaula sombría, y claramente sucia, con otros animales - ya intervenidos- que lo saludan y le dan la bienvenida a la jaula. Pero suponer la lección pedagógica sobre el maltrato animal no hace justicia interpretativa con el relato de la película, o dicho de otro modo es urgente una interpretación radical de la escena. Las suposiciones en torno a lo que mejoría una especie, están ancladas en la complicidad humanista con l*s espectador*s, y claramente son las características que marcamos como humanas.

        La suposición de la articulación del lenguaje es uno de los supuestos de la película, el acto de habla, las actuales ansiedades ontológicas con respecto a las inteligencias artificiales son respondidas por esta escena de acto de habla, es una lección más oblicua en el relato pero central para entender porque le tememos a lo inteligente de los seres que inventados. Lo que es notable, es que no es cualquier ilocución, la entrada al mejoramiento es un decir: duele; es la entrada a una sociedad perfecta, a la posibilidad de una sociedad perfecta, que es lo que buscaba el científico supremo, estéticamente humanoide, paradójicamente contra-terrestre, un ser se vuelve mejorado sí parece que habla, si parece que hace cosas con las palabras. El decir el sufrimiento es la entrada a lo humano, seguimos hablando de un mapache o el espejo estético es tal que se nos muestra las políticas culturales actuales de la crueldad civilizatoria. El ensañamiento por hacer de los seres, mejores seres muestra una pedagogía humanista que solo puede ser relatada en la exposición al daño de lo que no es humano. La respuesta afectiva del llanto frente a la escena, completamente extendida por el registro de las redes sociales frente a tal escena, es la clausura a una acción política. Llorar no es sufrir. La radical lectura de justicia que podemos hacer con Rocket, solo es posible si la respuesta afectiva a las escenas de crueldad exceda el llanto individual.  El ensañamiento en la mejora de las sociedades por parte del imaginario político actual, ese pegajoso progreso y orden, no deja espacio más que para la violencia normativa, así como el científico que produce a Rocket, las políticas actuales buscan el santo grial de las supuestas sociedades escandinavas o norteamericanas, una cruel idealización de las comunidades vivas de humanos y no humanos. ¿No es acaso todo el problema de la política? ¿Quienes fuerzan que quieren que seamos?


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