Prefacio e Introducción, ENCONTRAR AL UNIVERSO A MITAD DE CAMINO de Karen Barad

 

Imágenes del contorno de un objeto circular obtenidas a partir de fotones entrelazados. Cada imagen solo muestra una sección de la circunferencia completa, correspondiente al uso de un filtro de fase situado respectivamente en posición horizontal, a 45o, en posición vertical y a 135o. [Paul-Antoine Moreau et al., Science Advances vol. 5, n.o 7, eaaw2563; CC BY 4.0].



ENCONTRAR AL UNIVERSO A MITAD DE CAMINO

LA FÍSICA CUÁNTICA Y EL ENRIEDO DE MATERIA Y SIGNIFICADO

Karen Barad

 Trad. emmas song

Prefacio y agradecimientos

 

Este libro es sobre enredos. Estar enredada no es simplemente estar entrelazado con otro, como en una unión de entidades separadas, sino carecer de una existencia independiente y autosuficiente. La existencia no es un asunto individual. Los individuos no preexisten a sus interacciones; más bien, los individuos emergen a través y como parte de su entretejido intra-relato. Lo cual no quiere decir que la emergencia suceda de una vez para siempre, como un evento o como un proceso que tiene lugar de acuerdo con alguna mesura externa de espacio y tiempo, sino que el tiempo y el espacio, como la materia y el significado, se reconfiguran iterativamente llegando a existir a través de cada intra-acción, lo que hace imposible diferenciar en un sentido absoluto entre creación y renovación, comienzo y retorno, continuidad y discontinuidad, aquí y allá, pasado y futuro.

Entonces ¿Qué significa escribir un agradecimiento, agradecer o reconocer a colaboradores y contribuciones que ayudaron a que algo suceda? Escribir un agradecimiento no puede ser una cuestión que implique simplemente en papel los momentos centrales y las personas claves identificadas y preferidas a través de varios escaneos del libro de las memorias escritas y preservadas en la mente de una autora. La memoria no reside en los pliegues del cerebro de los individuos; sino más bien, la memoria es el envolvimiento del espacio-tiempo-materia escrito en el universo, o mejor, las articulaciones plegadas del universo en su materia. La memoria no es el registro de un pasado fijo que pueda total o simplemente borrarse, sobrescribirse o recuperarse (es decir, quitarse o recuperarse, como si fuera algo que se puede poseer). Y recordar no es una repetición de una serie de momentos, sino una revitalización y reconfiguración del pasado y el futuro que es mayor que cualquier individuo. Recordar y reconocer no atienden, ni satisfacen, ni de otra manera reducen las propias responsabilidades; más bien, como todas las intra-acciones, extienden los enredos y las responsabilidades de las que una es parte. El pasado nunca se acaba. No se puede envolver como un paquete, un álbum de recortes o un premio; nunca lo dejamos y nunca nos deja atrás.

Entonces este agradecimiento no sigue (y no, no sigue) la tradición de un autor recordando el largo proceso de escribir un libro y nombrando simpatizantes en el camino que hicieron posible el camino. No hay un momento singular que marque el comienzo de este libro, ni hay un "yo" que vio el proyecto de principio a fin, ni la escritura es un proceso que cualquier "yo" individual o incluso un grupo de "yoes" puede reclamar el crédito. En un sentido importante, no es tanto que yo haya escrito este libro, sino que él me ha escrito a mí. O más bien, "nosotras" nos hemos escrito "intra-activamente" ("intra-activamente" en lugar del habitual "interactivamente" ya que escribir no es una práctica unidireccional de creación que fluye del autor a la página, sino la práctica de escribir es una elaboración y reelaboración iterativa y mutuamente constitutiva de "libro" y "autor").

Me rio imaginando a mi madre leyendo esto, y pensando que de nuevo complico las cosas innecesariamente; que he estado pensando demasiado, y que cualquier otra persona hubiera ido al grano y dado las gracias de tal manera que todas las personas que me han ayudado a lo largo del camino puedan entender. Por un lado, tiene razón, por supuesto. ¿De qué sirve ofrecer un agradecimiento que no se puede reconocer? Pero es precisamente por el apasionado anhelo de justicia que envuelve el centro de mi ser -una pasión y un anhelo heredado de mi madre y alimentado activamente por ella- que no puedo simplemente decir lo que hay que decir (como si eso fuera un hecho dado) y listo. La justicia, que implica agradecimiento, reconocimiento y atención amorosa, no es un estado que pueda lograrse de una vez para siempre. No hay soluciones; sólo existe la práctica continua de estar abiertos y vivos a cada encuentro, a cada intra-acción, para que podamos usar nuestra habilidad para responder, nuestra responsabilidad, para ayudar a despertar, para dar vida a posibilidades siempre nuevas para vivir con justicia. El mundo y sus posibilidades de devenir se rehacen en cada encuentro. Por tanto, ¿cómo entenderemos nuestro rol colaborativo en la constitución de quién y qué llega a ser importante? ¿Cómo entender qué implica la práctica del encuentro que podría ayudar a mantener viva la posibilidad de justicia en un mundo donde parece prosperar en la muerte? ¿Cómo estar viva ante el sufrimiento de cada ser, incluidos los que han muerto y los que aún no han nacido? ¿Cómo trastocar patrones de pensamiento que ven el pasado como acabado y al futuro como ajeno o sólo nuestro? ¿Cómo entender la materia del materialismo, la naturaleza de la materia, el espacio y el tiempo?

Estas preguntas e inquietudes no son un lujo hecho de especulaciones esotéricas. La materia y sus posibilidades e imposibilidades para la justicia son partes integral del universo en su devenir; una invitación a vivir con justicia está escrita en la materia misma del ser. Cómo responder a esa invitación es tanto una pregunta sobre la naturaleza de la respuesta y la responsabilidad sobre la naturaleza del asunto. El anhelo de justicia, un anhelo más grande que cualquier individuo o conjunto de individuos, es la fuerza impulsora detrás de este trabajo, y necesariamente se trata de nuestras conexiones y responsabilidades entre nosotras, es decir, de enriedos.

He tenido la inmensa fortuna de enredarme con muchos seres importantes que me han sostenido y nutrido; que me han ofrecido dones de amistad, amabilidad, calidez, humor, amor, aliento, inspiración, paciencia, la alegría del compromiso intelectual, una retroalimentación invaluable, desafíos vigorosos, atención al detalle y amor por las ideas. Mi gratitud abarca más seres de los que se pueden enumerar en cualquier número de hojas de papel. Las listas simplemente no pueden hacer justicia a los enredos. Sólo puedo esperar que cualquiera (de mi pasado o futuro, conocido o no) que busque su nombre en este reconocimiento y está decepcionado de no encontrarlo, comprenderá que él o ella está, no obstante, inscrit* en el fenómeno vivo y cambiante que con razón merece el nombre de "libro", que seguramente no es el simple objeto que una puede tener en las manos.

En primer lugar, quiero agradecer a mis estudiantes del Barnard College, Pomona College, Rutgers University, Mount Holyoke College y la Universidad de California en Santa Cruz. He aprendido más de ustedes y me han dado más de lo que jamás sabrás.

Estoy en deuda con Elisabeth (Jay) Friedman y Temma Kaplan por acompañarme en esas primeras incursiones en nuevos territorios. ¿Quién me ha visto? Al crear un extraordinario laboratorio de historia de la física en Barnard College, el físico Samuel Devons (que fue alumno de Ernest Rutherford) sin saberlo, me abrió un nuevo mundo. Enseñando en ese laboratorio, preparando experimentos y manejando con magníficas piezas de equipo antiguo, comencé a desarrollar una valoración por la fisicalidad de los aparatos y las ideas que encarnan. Ninguna parte de mi formación formal en física (teórica) me había dado algo parecido en ese sentido, aunque mis continuos estudios independientes y auto dirigidos de la filosofía-física de Niels Bohr sin duda me ayudaron a prepararme para asimilar esta visión particularmente bohriana. Algunas de las mayores deudas que tenemos son con aquellos que viven en tiempos y espacios diferentes (al menos según la concepción totalmente inadecuada de que existen tales medidas externas de diferencia absoluta); y aunque nunca nos conocimos en persona, ¡sería una negligencia grave si no agradeciera a Niels Bohr!, quien ha sido un interlocutor maravilloso a lo largo de los años.

He sido extraordinariamente dichosa al recibir dones de aliento y alimento intelectual y espiritual de amigas y colegas a lo largo del camino. Incluyen a Alice Adams, Bettina Aptheker, Mario Biagioli, Rosi Braidotti, Judith Butler, Lorraine Code, Giovana Di Chiro, Camilla Funck Ellehave, Leela Fernandes, Nancy Flam, Michael Flower, Alicia Gaspar de Alba, Ruth Wilson Gilmore, BJ Goldberg, Deena González, Alice Fulton, Jacob Hale, Sandra Harding, Emily Honig, Sue Houchins, David Hoy, Jocelyn Hoy, Marilyn Ivy, Evelyn Fox Keller, Lori Klein, Martin Krieger, Jay Ladin, Mark Lance, Lynn LeRose, Janna Levin, Laura Liu , Nina Lykke, Paula Marcus, Linda Martin-Alcoff, Lynn Hankinson Nelson, Rupal Oza, Frances Pohl, Elizabeth Potter, Ravi Rajan, Jenny Reardon, Irene Reti, Jeanne Rosen, Sue Rosser, Paul Roth, Jennifer Rycenga, Joan Saperstan, Victor Silverman, Caridad Souza, Banu Subramaniam, Lucy Suchman, Charis Thompson, Sharon Traweek, Sheila Weinberg, Barbara Whitten, Elizabeth Wilson y Alison Wylie.

Estoy particularmente en deuda con l*s colegas y amig*s que generosamente me leyeron y ofrecieron comentarios sobre los borradores de varios capítulos de libros, incluidas Frederique Apffel-Marglin, Herb Bernstein, Amy Bug, John Clayton, Donna Haraway, Joseph Rouse y Arthur Zajonc. Joseph Rouse fue especialmente generoso al brindar comentarios invaluables sobre el manuscrito general del libro, que leyó pacientemente de cabo a rabo. Un agradecimiento especial a Scout Calvert, Cressida Limon, Jacob Metcalf, Astrid Schrader, Heather Anne Swanson y Mary Weaver, estudiantes de mi seminario de posgrado sobre Estudios de la Ciencia feministas, por los debates inspiradores y estimulantes sobre muchos aspectos del manuscrito del libro, y por la especial acogida que me brindaron a mi llegada a Santa Cruz.

Estoy especialmente agradecida con Joseph Rouse y Donna Haraway por la inspiración de sus respectivos trabajos, por la alegría especial de interactuar sobre asuntos de interés mutuo y por la amistad, el apoyo generoso, el aliento y la retroalimentación astuta y útil que cada quien me ha ofrecido a través de los años. Est*s querid*s amig*s han sido una parte indispensable de mis aparatos de pensamiento y escritura; sus contribuciones son inconmensurables. También me he beneficiado incalculablemente de conversaciones electrizantes con mi amiga Vicki Kirby. El entusiasmo inquebrantable de Frederique Apffel-Marglin y su fe apasionada en mi trabajo me sostuvieron a través de las difíciles y enredadas disciplinas de escribir, abandonar y volver. Sigo asombrada por los sorprendentes patrones de difracción que parecían emerger inevitablemente durante nuestras conversaciones. Un sustancioso agradecimiento a mi compañero canino, Robbie, quien me brindó abundante calidez y amor, permaneció a mi lado día y noche, año tras año, mientras yo escribía en la computadora y me convencía para que diera los paseos que tanto necesitaba, y cuya cuerpo peludo casi logra escribir este libro.

Estoy inmensamente agradecida con mis padres, Harold y Edith Barad, por creer en mí, pase lo que pase. La fe inquebrantable de mi madre en la bondad de todas las personas y su insistencia en ver lo mejor en cada persona es una rareza en este mundo y una inspiración. Mi más sincero agradecimiento a mi padre por enseñarme a lanzar una pelota de béisbol y encestar una canasta mejor que cualquier niño del barrio; los días que pasamos jugando juntos a la pelota fueron momentos feministas fundantes en mi vida que me enseñaron lecciones y habilidades muy útiles que he llevado conmigo. Mis primeros conocimientos realmente importantes sobre la naturaleza de la medición y el valor provinieron de mis padres; me siento muy afortunada al haber sido criada con los valores de la clase trabajadora, que se niegan a medir el valor de una persona por su profesión, logros, educación, riqueza o frivolidad.

Roanne Wilson se entregó generosamente a lo largo de la redacción de este libro, ofreciendo comidas calientes, compañía, amor, flexibilidad en la crianza compartida, abundante apoyo y chocolate caliente en los momentos justos. No hay un "gracias" que pueda hablar de todos los tangibles e intangibles que ella me ha dado.

Mi hija, Mikaela, ha sido en muchos sentidos mi colaboradora más cercana. La forma en que se encuentra con el mundo cada día con un corazón y mente abierta y amorosa me ha enseñado mucho. Su insaciable sentido de la curiosidad, su incesante capacidad para experimentar el puro placer de aprender, su amplio sentido de preocupación por otros seres y su amorosa atención a la vida (observando los más pequeños detalles y texturas del mundo, que ella recrea a través de la poesía, de dibujos, pinturas, esculturas, de cuentos, danzas y canciones) son ingredientes clave para hacer posibles futuros dignos de ser recordados. Este libro está dedicado a ella.

 

RADHKVV

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PARTE 1

LOS COMIENZOS DEL ENRIEDO

 

Introducción

La ciencia y la ética de la materialidad

 

Materia y sentido no son elementos separados. Están inextricablemente fusionados y ningún acontecimiento, por enérgico que sea, puede separarlos. Incluso los átomos, cuyo mismo nombre, ἄτομος (átomos), significa "indivisible" o "inseparable", pueden romperse. Pero la materia y el significado no se pueden disociar, ni por procesamiento químico, ni por centrifugado, ni por explosión nuclear. La materia es simultáneamente una cuestión de sustancia y significado, es más evidente quizás cuando lo que está en cuestión es la naturaleza misma de la materia, cuando se descubre que las partes más pequeñas de la materia son capaces de hacer estallar ideas profundamente arraigadas como grandes ciudades. Tal vez por eso la física contemporánea hace que el enredo ineludible de las cuestiones de ser, saber y hacer, de ontología, epistemología y ética, de hecho y valor, sean tan tangible, tan conmovedoras.

 

PREPARANDO LA ESCENA

En septiembre de 1941, cuando la construcción del imperio nazi había alcanzado su punto máximo, el físico alemán Werner Heisenberg visitó a su mentor Niels Bohr en la Dinamarca ocupada por los nazis. Bohr, de ascendencia judía, era director del instituto de física de renombre mundial en Copenhague que lleva su nombre. Heisenberg, el protegido de Bohr y un destacado físico por derecho propio, estaba en ese momento al frente del esfuerzo alemán para producir una bomba atómica. Lleno de orgullo nacionalista por su patria, Heisenberg decidió quedarse en Alemania a pesar de las ofertas del extranjero, pero según todos los informes, no era nazi ni simpatizante de los nazis. Bohr y Heisenberg fueron dos de los grandes líderes de la revolución cuántica en física. Sus respectivas interpretaciones de la física cuántica -complementariedad e incertidumbre- constituyen el núcleo de la llamada interpretación de Copenhague de la mecánica cuántica. Los dos premios Nobel tenían un vínculo especial, una relación descrita como la que existe entre un padre (Bohr) y un hijo (Heisenberg); que se rompió con los acontecimientos de esta desfavorable visita. Aunque los detalles de lo que ocurrió durante su fatídico intercambio en el otoño de 1941 siguen siendo motivo de controversia, es cierto que se discutieron asuntos con las más graves consecuencias, incluida la perspectiva de una bomba atómica alemana[1].

¿Por qué fue Heisenberg a Copenhague? ¿Sobre qué esperaba hablar con Bohr? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Esperaba Heisenberg averiguar qué sabía Bohr sobre el proyecto de la bomba aliada? ¿Vino a advertir a Bohr sobre el proyecto alemán y asegurarle que estaba haciendo todo lo posible para detenerlo? ¿Quería ver si podía convencer a Bohr de aprovechar su estatus compartido como autoridades en física atómica para convencer a ambas partes de que abandonaran sus respectivos proyectos para construir armas atómicas? ¿Esperaba obtener alguna información importante de su mentor sobre la física o la ética o la relación entre las dos?

Por qué Heisenberg fue a ver a Bohr en 1941, esta pregunta es el punto central de una obra recientemente ganadora del premio Tony, que reflexiona la controversia que rodeó a este fatídico encuentro. La obra no resuelve la controversia; por el contrario, la obra misma ha quedado atrapada en la misma órbita. En la obra de teatro Copenhague de Michael Frayn, los fantasmas de Bohr, Heisenberg y la esposa de Bohr, Margrethe, se encuentran en la antigua residencia de Bohr para tratar de reconciliar los eventos de aquel fatídico día de otoño. Como si estuvieran resolviendo los detalles de un problema de física atómica, Bohr, Heisenberg y Margrethe; hacen tres intentos para calcular las intenciones de Heisenberg, representando y, a veces, deteniéndose a reflexionar sobre los tres posibles escenarios de lo que podría haber ocurrido. Cada intento de resolver la incertidumbre es frustrado. Pero ese es precisamente el punto que Frayn desea señalar: trazando una analogía con el principio de incertidumbre de Heisenberg, Frayn sugiere que la cuestión de por qué Heisenberg llegó a Copenhague en 1941 no puede permanecer sin resolverse por ninguna razón práctica, como alguna insuficiencia en el registro histórico que puede enderezarse con nueva evidencia o alguna nueva percepción aclaratoria; pero en principio es irresoluble porque la incertidumbre es una característica inherente del pensamiento humano, y cuando todo está dicho y hecho, nadie, ni siquiera Heisenberg, entiende por qué fue a Copenhague.

El principio de incertidumbre de Frayn, el que dice que "podemos [en teoría] nunca saber todo sobre el pensamiento humano", no es una consecuencia real del principio de incertidumbre de Heisenberg, sino una invención del dramaturgo, creado puramente sobre la base de la analogía. Frayn no está aplicando el principio de incertidumbre de Heisenberg -que se refiere a los límites de nuestro conocimiento del comportamiento de los objetos físicos, como los átomos o los electrones- al problema de qué es posible saber sobre el comportamiento humano; simplemente está trazando un paralelo. Utilizando esta analogía, Frayn se mueve rápidamente del ámbito de la epistemología (preguntas sobre la naturaleza del conocimiento) al dominio de la moralidad (preguntas sobre los valores), de la incertidumbre de la intencionalidad a la indecidibilidad de las cuestiones morales.

Sobre la base de su propio principio de incertidumbre, razona, o tal vez moraliza, que debido a que nunca podemos saber realmente por qué alguien hace lo que hace, los juicios morales pierden su fundamento. Nunca sabremos si Heisenberg estaba tratando activamente de construir una bomba atómica para Alemania o si frustró deliberadamente estos esfuerzos para evitar que Hitler tuviera en sus manos nuevas armas de destrucción masiva. Nos encontramos cara a cara con una cuestión de profundo significado moral donde estaba en juego nada menos que el destino de la humanidad, y la incertidumbre frustra nuestros esfuerzos por asignar responsabilidades; la incertidumbre salva el alma atormentada de Heisenberg de los juicios de la historia. La obra, por lo tanto, promueve más fantasmas de los que pone a descansar.

Copenhague es una obra atrayente, inteligente y bellamente escrita. Tiene todo el encanto de un romance con su audaz modelo de intimidad explícita entre la ciencia y la política, salpicada con la cantidad justa de controversia. También tiene su cuota de críticos. Si bien muchos críticos se han mostrado en desacuerdo con las importantes inexactitudes históricas que acechan en la obra, mi atención se centra en la descripción que hace Frayn de la física cuántica y sus implicaciones filosóficas, una descripción que, argumentaré, está plagada de dificultades.

En este importante sentido, el punto de vista de Frayn es más familiar y encaja más fácilmente con las nociones de sentido común sobre la naturaleza del conocimiento y el ser, que el punto de vista que presentaré aquí. Frayn presenta a su audiencia un conjunto de binarios, lo social y lo natural, lo macroscópico y lo microscópico, las leyes del hombre y las leyes de la naturaleza, los estados internos de conciencia y los estados externos del ser, la intencionalidad y la historia, la ética y la epistemología, discurso y materia; y su enfoque para relacionar los dos conjuntos es trazar analogías a través de la grieta. También presupone una metafísica del individualismo para las escalas micro y macro: se supone que los humanos, como los átomos, son individuos discretos con características inherentes (como inteligencia, temperamento y estados mentales intencionales). Y por momentos mezcla libremente cuestiones de ser y saber, ontología y epistemología, como si fueran isótopos intercambiables de un brebaje químico.

¿Qué nos dice la física cuántica, si es que nos dice algo, sobre la naturaleza de la práctica científica y su relación con la ética? Antes de poder abordar esta cuestión, deben abordarse dos cuestiones previas. En primer lugar, hay un sentido importante donde la pregunta no está bien definida. Las cuestiones interpretativas de la física cuántica (es decir, cuestiones relacionadas con el significado de la teoría y cómo entender su relación con el mundo) están lejos de resolverse. Cuando surgen preguntas sobre las implicaciones filosóficas de la física cuántica, no se pueden dar respuestas definitivas en ausencia de la especificación de una interpretación particular. Además, la fascinación del público por el tema se ha encontrado con una plétora de relatos populares que han sacrificado el rigor en aras de la accesibilidad, el entretenimiento y, si somos honestas, la oportunidad de obtener la autoridad de la ciencia para respaldar la opinión favorita de una[2]. Como resultado, el público está preparado para aceptar cualquier afirmación contraria a la intuición que diga la verdad sobre la teoría cuántica. Estos factores, tomados en conjunto, plantean serias dificultades para cualquiera que intente dar sentido, y mucho menos responder, a esta pregunta potencialmente importante. Claramente, cualquier consideración seria de esta cuestión debe comenzar por desambiguar las cuestiones legítimas de la fantasía y tomar una posición clara con respecto a las cuestiones interpretativas.

La fascinación pública con la física cuántica probablemente se deba en gran parte a varios factores diferentes, incluidos los desafíos contra intuitivos que plantea a la cosmovisión moderna, la fama de las principales personalidades que desarrollaron y cuestionaron la teoría (Einstein no es el menos importante entre ellos) y las aplicaciones y los profundos cambios en el mundo que ha forjado la física cuántica (a menudo simbolizadas en la imaginación del público, justa o injustamente, por el desarrollo de la bomba atómica). Pero, ¿puede ser solo este factor, este anhelo público por saber sobre física cuántica, lo que explica la plétora de relatos incorrectos, engañosos e inadecuados?

No podemos pretender hacer justicia a esta importante cuestión -las implicaciones de la física cuántica para comprender la relación entre ciencia y ética- sobre la base de meras analogías. Esa es una lección importante que debemos entender de la plétora de intentos fallidos. Copenhagen de Frayn es un buen ejemplo. En este sentido, el juego se puede utilizar como una importante herramienta de enseñanza. A continuación, examino la obra con cierto detalle para establecer algunos contrastes importantes y ayudar a preparar el escenario para presentar algunos de los temas principales de este libro. Este interludio proporciona una introducción dramática a algunos de los antecedentes históricos relevantes, personajes principales e ideas claves que me permite resaltar algunas de las formas importantes en las que mi enfoque difiere de los enfoques analógicos más comunes.

"¿Tiene uno como físico el derecho moral de trabajar en la explotación práctica de la energía atómica?"[3] La inquietante pregunta de Heisenberg a Bohr flota en el aire por toda Copenhague. Pero para su dramaturgo, Michael Frayn, esta cuestión moral es un tema secundario. Lo que realmente le interesa es la cuestión meta ética, cómo es posible hacer juicios morales. Frayn lo expresa de esta manera: "Las cuestiones morales siempre dependen finalmente de la epistemológica, del juicio de los motivos de otras personas, porque si no puedes tener ningún conocimiento de los motivos de otras personas, es muy difícil llegar a un juicio moral objetivo de su comportamiento.”[4] Pero, ¿cómo surge este dilema? ¿Por qué no podemos tener ningún conocimiento de los motivos e intenciones de otras personas? Según Frayn, la raíz del dilema deriva de la analogía que quiere trazar con el principio de incertidumbre de Heisenberg. El principio de incertidumbre de Heisenberg dice que existe un límite necesario para lo que podemos saber simultáneamente sobre ciertos pares de cantidades físicas, como la posición y el momento de una partícula.

(El momento de una partícula está relacionado con su velocidad; en más, el momento es masa por velocidad). Frayn sugiere que, a modo de analogía, existe un límite necesario para lo que podemos saber sobre los estados mentales (como pensamientos, intenciones y motivaciones), incluidas las nuestras. Pero si el objetivo es establecer un principio de incertidumbre para las personas en analogía con el famoso que propone Heisenberg para las partículas, y uno se compromete a hacerlo con cierto cuidado, entonces no se sigue que "no podemos tener ningún conocimiento de los motivos de otras personas".

Veamos más de cerca lo que dice el principio de Heisenberg. Este no nos dice que no podemos tener ningún conocimiento sobre la posición y el momento de una partícula; más bien especifica una compensación entre qué tan bien podemos conocer ambas cantidades a la vez: cuanto más sabemos sobre la posición de una partícula, menos sabemos sobre su momento, y viceversa[5]. Entonces, como sugiere Frayn, si él está interesado en construir un principio análogo para las personas que especifique una compensación entre la acción de un sujeto y las motivaciones de un sujeto detrás de tales acciones, tendría que decir algo más en la línea de: nosotros no podemos tener pleno conocimiento de los motivos de las personas y saber algo acerca de sus acciones que promulgan esos motivos; es decir, no podemos estar completamente seguros ni de las acciones de una persona ni de lo que motivó esas acciones. (Lo que no quiere decir que apoye tal principio, simplemente estoy tratando de aclarar la analogía que Frayn quiere hacer.) Pero el hecho de que el conocimiento de las motivaciones no esté prohibido, sino más bien limitado, tiene consecuencias muy importantes para pensar  la cuestión del juicio moral. Frayn argumenta por principio no hay forma de eludir los límites de nuestro conocimiento, y están por lo tanto bloqueado para siempre el tener algún conocimiento sobre los motivos de alguien, no es posible hacer juicios morales objetivos. Sin embargo, como acabamos de ver, una manera más cuidadosa de dibujar la analogía de hecho no socava ninguna y todas las consideraciones de cuestiones morales basadas en el conocimiento de las motivaciones detrás de las acciones de un sujeto, siempre que esas consideraciones no requieran un conocimiento pleno y total, sino en cambio pueden basarse en entendimientos parciales.

Ahora, Frayn es el primero en admitir que la analogía que dibuja no es un paralelo exacto, pero su admisión no tiene nada que ver con la falla crucial en su razonamiento analógico que acabamos de discutir. Más bien, la concesión de Frayn es de un tipo diferente: reconoce fácilmente que no está argumentando los límites del juicio moral sobre la base de la física cuántica. Pero él ve sus juegos como un medio para explorar un límite paralelo epistémico para discernir el contenido de los estados mentales (como pensamientos, motivos e intenciones). Por lo tanto, su exageración de los límites por principio plantea una dificultad fundamental que apunta al tema central de la obra. Pero en lugar de detenernos aquí, es pedagógico continuar nuestras consideraciones sobre la metodología analógica de Frayn. Antes de examinar cómo Frayn explota este paralelismo en la obra, es importante comprender lo que está en juego en la forma en que enmarca los problemas. (Otro espectro acecha la obra: preguntas sobre las motivaciones del dramaturgo).

Lo que está en juego es esto. La controversia sobre la cuestión de las intenciones de Heisenberg de visitar a Bohr en la Copenhague ocupada por los nazis en 1941 nunca se resolvió. De hecho, la pregunta acerca de por qué Heisenberg fue a visitar a Bohr durante la guerra es una pista fundamental en un rompecabezas mucho más grande que la historia anhela (re)salvar: ¿Qué papel desempeñó Heisenberg como destacado científico alemán y jefe del proyecto de la bomba nazi durante la Segunda Guerra Mundial? ¿Hizo Heisenberg, como afirmó después de la guerra, lo mejor que pudo para frustrar el proyecto de la bomba alemana? ¿O fue un obstáculo real lo que socavó el proyecto alemán por el hecho que Heisenberg no había logrado entender bien la física, una conclusión a la que llegó la mayoría de la comunidad física? Frayn claramente simpatiza con la interpretación de posguerra de Heisenberg. Y Frayn tampoco oculta el hecho que su principio de incertidumbre para los estados psicológicos de la mente es un medio para querer que la historia se retracte de emitir juicios duros contra Heisenberg. "Me resulta muy difícil juzgar a las personas que vivían en sociedades totalitarias", dice Frayn. "Puedes admirar a las personas que actuaron heroicamente, pero no puedes esperar que las personas se comporten de esa manera"[6].

Es importante señalar que la obra en sí generó una considerable controversia, especialmente después de su estreno en los Estados Unidos. A pesar de su entusiasta recepción en Londres, los científicos e historiadores de la ciencia estadounidenses han criticado la obra por sus graves inexactitudes históricas y su descripción demasiado tolerante de Heisenberg. Frayn reconoce que el libro ganador del Premio Pulitzer de Thomas Powers, Heisenberr's War: The Secret History of the German Bomb (1993), fue la inspiración para su obra. La inspiración es una cosa, pero cuando una cuenta de una manera desconcertante la principal base para dibujar los contornos y los detalles de una dramatización de un importante encuentro histórico, ¿no tiene el artista alguna obligación con la historia? ¿Cuáles son las obligaciones y responsabilidades morales del artista? Se le han hecho preguntas de esta naturaleza a Frayn. Pero incluso con la aparición de nueva evidencia histórica que va en contra de la reconstrucción de Frayn, sigue siendo decididamente persistente. En sus respuestas a sus críticos, insiste en que no siente ninguna obligación de hacerse responsable de los hechos históricos. Quizás no debería sorprendernos, ya que afirma haber ofrecido un argumento sobre principios para absolver a Heisenberg de cualquier responsabilidad con la historia. (Quizás Heisenberg sí merezca la absolución, pero el argumento de Frayn es que no tenemos fundamento para hacer tal determinación).

Significativamente, la interpretación del periodista Thomas Powers se basa en la desacreditada tesis del periodista suizo-alemán Robert Tungk. Publicada inicialmente en alemán, la reconstrucción de Tungk de los acontecimientos históricos, Brighter than a Thousand Suns (edición alemana, 1956; edición inglesa, 1958), exculpa a los científicos alemanes por su participación en el esfuerzo bélico, Heisenberg en primer lugar entre todos ellos, y argumenta que ellos se involucraron en secreto en los esfuerzos de resistencia contra Hitler. En el libro de Powers encontramos que este mito de la resistencia heroica se expande en una "historia en la sombra" muy adornada del proyecto de la bomba atómica alemana. Significativamente, Robert Tungk ha repudiado públicamente su propia tesis. Por su parte, Tungk admite haber estado demasiado impresionado con las personalidades involucradas. Tungk se inspira en una carta que Heisenberg le envió después de la guerra detallando su recuerdo de la famosa reunión de 1941 con Bohr. Tungk incluye una copia de la carta en su libro. Señala que "si uno pudiera interpretar el contenido de [la] conversación [entre Bohr y Heisenberg] en términos psicológicos, obedecería a matices muy finos"[7].

Frayn quedó claramente impresionado por la posibilidad de considerar los "muy finos matices" en términos psicológicos, pero Bohr no. Bohr se enfureció por la reformulación de la historia por parte de Heisenberg. Al encontrar la carta en el libro de Jungk, Bohr redactó una carta a Heisenberg denunciando la engañosa versión. Pero Bohr nunca envió la carta. Después de su muerte en 1962, la familia Bohr descubrió varios borradores de la carta y los depositó en el Archivo Niels Bohr en Copenhague con instrucciones para que se sellaran hasta 2012, cincuenta años después de la muerte de Bohr. Los historiadores solo podían especular sobre la versión del encuentro de Bohr. Pero luego, en 2002, la familia Bohr accedió a la publicación anticipada de todos los documentos relacionados con la visita de 1941, incluidas diferentes versiones de la carta no enviada de Bohr a Heisenberg[8]. La publicación anticipada fue precipitada por el interés público en la controversia generada por Copenhague de Frayn.

¿Qué revelan los documentos? En su respuesta a Heisenberg, Bohr deja en claro que estaba conmocionado y consternado por la noticia que Heisenberg trajo a Copenhague en 1941 "que Alemania estaba participando vigorosamente en una carrera para ser el primero en poseer armas atómicas". Bohr escribe a Heisenberg:

Usted... expresó su firme convicción de que Alemania ganaría y que, por lo tanto, era bastante tonto de nuestra parte mantener la esperanza de un resultado diferente de la guerra y ser reticentes con respecto a todas las ofertas alemanas de cooperación. También recuerdo con bastante claridad nuestra conversación en mi habitación en el Instituto, en la que usted habló en términos vagos de una manera que solo podía darme la firme impresión de que, bajo su dirección, todo se estaba haciendo en Alemania para desarrollar armas atómicas y que usted dijo que no había necesidad de hablar de detalles ya que estaba completamente familiarizado con ellos y había pasado los últimos dos años trabajando más o menos exclusivamente en tales preparaciones. Escuché esto sin hablar porque [estaba en juego un gran asunto para la humanidad en el que, a pesar de nuestra amistad personal, debíamos ser considerados como representantes de dos bandos enfrentados en un combate mortal. (Archivo de Niels Bohr)

Y en un borrador escrito en 1962, el año de la muerte de Bohr, él escribe a Heisenberg que es "bastante incomprensible para mí que usted piense que me insinuó que los físicos alemanes harían todo lo posible para evitar tal aplicación de la ciencia atómica,” en contradicción directa con la historia que Heisenberg le cuenta a Jungk, que luego es embellecida por Powers.

¿Cómo reacciona Frayn ante esta revelación? Se mantiene firme frente a este complemento crucial del registro histórico. Frayn ha indicado que la publicación de estos importantes documentos históricos ha tenido poco efecto en su pensamiento sobre los temas relevantes y no afectaría ninguna edición futura de la obra. Admite sólo una inexactitud: que retrata a Bohr como si hubiera perdonado a Heisenberg con demasiada facilidad[9]. Esta postura despectiva hacia la historia es completamente consistente con el hecho de que Frayn privilegia el estado psicológico ("interno") sobre los hechos históricos ("externos") a lo largo de toda la obra; un punto, como veremos, que va crescendo en la escena final de la obra. Para Frayn, ningún hecho histórico puede triunfar sobre la incertidumbre psicológica; no somos responsables ante la historia, por principio.

Con estos antecedentes, volvamos a la obra y veamos cómo maneja Frayn el dilema meta ético que plantea. Imitando la propensión de Bohr a resolver problemas de física escribiendo varios borradores de un artículo, Frayn ofrece a su audiencia tres escenarios posibles -tres "borradores" complementarios que exploran diferentes puntos de vista- de lo que ocurrió durante la conversación entre Bohr y Heisenberg con motivo de la visita de Heisenberg a Bohr en 1941. El primer borrador es en gran parte una presentación del punto de vista de Heisenberg, repleto de ornamentos y cumplidos de Jungk y Powers. La esposa de Bohr, Margrethe, es una figura importante en el segundo borrador. Ella representa a la opinión pública informada mayoritaria, en consonancia con la mayoría de la comunidad física, que rechaza la afirmación de Heisenberg de haber estado trabajando conscientemente para frustrar el proyecto de la bomba alemana, y considera en gran medida que el fracaso del proyecto es el resultado afortunado del fracaso de Heisenberg para evaluar la cantidad relativamente pequeña de material fisionable necesario para hacer una bomba. En el tercer borrador los intereses filosóficos de Frayn de la obra pasan a primer plano.

Hay dos elementos importantes en el tercer borrador, que entrega las conclusiones de la obra: uno lleva la analogía entre la incognoscibilidad de los estados físicos y los estados psicológicos a su clímax, y el otro explora los límites de la analogía. Este borrador final destaca el punto de Frayn que se nos prohíbe, por principio, conocer nuestros propios pensamientos, motivos e intenciones. La única posibilidad que tenemos de vislumbrarnos a nosotros mismos es a través de los ojos de otro.

Heisenberg: Y, sin embargo, ¡cuán más difícil es captar, el más mínimo atisbo de lo que hay detrás de los ojos! Aquí estoy en el centro del universo y, sin embargo, todo lo que puedo ver son dos sonrisas que no comparto....

Bohr: Miro a Margrethe, y por un momento veo lo que ella puede ver y yo no; a mí mismo, y mi sonrisa desapareciendo de mi rostro mientras el pobre Heisenberg sigue tropezando.

Heisenberg: Los miro mirándome, y por un momento veo a esa tercera persona en la habitación tan claramente como los veo a ellos. Ese invitado inoportuno, tropezando de una consideración grosera y no deseada a la siguiente.

Bohr: Lo miro mirándome, ansioso y suplicantemente, instándome a volver a los viejos tiempos, y veo lo que él ve. Y sí, ahora viene, ahora viene, falta alguien en la habitación. El me ve. Ve a Margarita. Él no se ve a sí mismo.

Heisenberg: Dos mil millones de personas en el mundo, y el que tiene que decidir su destino es él único que siempre se me oculta. (87)

 

Tal como ha explicado Margrethe en una escena anterior, por sí mismo Heisenberg no puede saber realmente por qué vino a Copenhague, porque no conoce el contenido de su propia mente; su propia mente es la única parte del universo que no puede ver. Inmediatamente después de esta escena, Heisenberg y Bohr salen a caminar, una oportunidad para tener su conversación trascendental fuera del alcance de cualquier micrófono colocado en la casa de Bohr por la Gestapo.

Bohr: Con una naturalidad cuidada, comienza a hacer la pregunta que preparada.

Heisenberg: ¿Un físico tiene el derecho moral de trabajar en la explotación práctica de la energía atómica?

Margrethe: La gran colisión.

Bohr: Me detengo. Él se detiene...

Margrethe: Así es como funcionan.

Heisenberg: horrorizado, me mira.

Margrethe: Ahora por fin sabe dónde está y qué está haciendo.

Ahí lo tenemos, un momento de conocimiento: Heisenberg puede vislumbrar sus propias intenciones, pero solo a través del horror que refleja el rostro de Bohr cuando mira a Heisenberg. Tan pronto como ha tenido lugar esta interacción de conocimiento, Bohr utiliza el impulso de su ira para huir hacia la noche. Pero se detiene en seco. Tiene una idea de cómo solucionar este problema de una vez por todas. Sugiere un experimento mental.

Bohr: Supongamos por un momento que no huyo hacia la noche. A ver qué pasa si en cambio recuerdo el papel paterno que se supone debo desempeñar. Si me detengo, y controlo mi ira, y me dirijo a él. Y pregúntarle por qué.

Heisenberg: ¿Por qué?

Bohr: ¿Por qué está seguro de que va a ser tan tranquilizadoramente difícil construir una bomba con  el [isótopo uranio] 235? ¿Es porque has hecho el cálculo?

Heisenberg: ¿El cálculo?

Bohr: De la difusión en 235. No. Es porque no lo has calculado. No has considerado calcularlo. Conscientemente no te has dado cuenta de que había que hacer un cálculo.

Heisenberg: Y por supuesto ahora me he dado cuenta. De hecho, no sería tan difícil. Vamos a ver... Espera…

Bohr: Y de repente, un nuevo mundo muy diferente y muy terrible comienza a tomar forma. ..

Y luego (en las producciones que he visto) el terrible sonido de la explosión de una bomba demoledora llena el teatro. A medida que la explosión disminuye, una vez más Margrethe aclara los problemas.

Margrethe: Esa fue la última y mayor exigencia que Heisenberg le hizo a tu amistad contigo. Para ser entendido cuando él ni podía entenderse a sí mismo. Y ese fue el último y más grande acto de amistad para Heisenberg que realizaste a cambio. Dejarlo en un mal entendido.

Mejor para todos que para Heisenberg, como para todos nosotros, esté protegido de lanzar una luz sobre todos los rincones oscuros de la mente. Porque si la mente consciente de Heisenberg hubiera tenido acceso a todos sus pensamientos subconscientes, entonces Hitler podría haber estado en posesión de una bomba atómica, y después de que el polvo se asentara, el mundo podría haberse encontrado en una configuración geopolítica muy diferente. Es bueno que tengamos esta limitación; es la incertidumbre en el corazón de las cosas las que salvan nuestras almas cansadas.

Bohr: Antes de que podamos poner nuestras manos en algo, nuestra vida se acaba.

Heisenberg: Antes de que podamos vislumbrar quiénes o qué somos, partimos y reducidos a polvo.

Bohr: Asentados entre todo el polvo que levantamos.

Margrethe: Y tarde o temprano llegará un momento en que todos nuestros hijos serán polvo, y todos los hijos de nuestros hijos.

Bohr: Cuando no se vuelvan a tomar más decisiones, grandes o pequeñas. Cuando ya no haya más incertidumbre, porque ya no habrá más conocimiento.

Margrethe: Y cuando todos nuestros ojos estén cerrados, cuando incluso nuestros fantasmas se hayan ido, ¿qué quedará de nuestro amado mundo? ¿Nuestro arruinado, degradado y amado mundo?

Heisenberg: Pero mientras tanto, en este preciado mientras tanto, ahí está. Los árboles del Parque Faelled. El Gammertingen y el Biberach y el Mindelheim. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. Conservado, posiblemente, por ese breve momento en Copenhague. Por algún evento que nunca será completamente localizado o definido. Por ese último núcleo de incertidumbre en el corazón de las cosas.

Finalmente debido a nuestra humanidad, debido a nuestras limitaciones, porque nunca podemos conocernos realmente a nosotr*s mism*s, es que sobrevivimos.

Así termina la obra. Pero, se podría preguntar, ¿dónde nos deja esta conclusión con respecto a la cuestión del juicio moral y la responsabilidad? Frayn hace otro movimiento importante en el borrador final que quizás pueda arrojar más luz sobre esta pregunta clave. En el borrador final, Frayn destaca el punto que se propone realizar (al menos habla sobre la obra y si sabe algo de sus propias intenciones); porque no el posible conocer completamente las intenciones de Heisenberg, no podemos juzgarlo con justicia. Irónicamente, sin embargo, Frayn plantea sus propios juicios sobre Bohr a lo largo de la obra. Es Bohr, no Heisenberg, le dice Frayn a su audiencia, quien terminó trabajando en un proyecto sobre la bomba atómica que resultó en la muerte de decenas de miles de personas inocentes (una referencia a las contribuciones de Bohr al proyecto de la bomba estadounidense en Los Álamos después de apenas escapar de los nazis en 1943)[10]. Es Bohr (junto con su alumno John Wheeler) quien ayudó a desarrollar una teoría de la fisión nuclear. Bohr es quien le disparó a otro físico... con una pistola de casquete (Solo en la escena nos enteramos de la verdadera naturaleza del arma y del hecho que todo fue parte de un intercambio lúdico entre colegas. La pistola de casquete reaparece cerca del final de la obra. Heisenberg sugiere que Bohr podría haberlo matado en 1941 si realmente especuló que Heisenberg estaba ocupado diseñando una bomba para Hitler, sin siquiera tener que apretar el gatillo directamente, por una simple indiscreción que se habría informado a la Gestapo, sobre algún detalle de su reunión resultando en que Heisenberg fuera asesinado por la Gestapo por traición). Más de una vez, Frayn nos hace ver a Bohr revivir un momento indescriptiblemente horrible en su vida; Bohr está a bordo de un velero y ve cómo su hijo mayor se ahoga. ¿Qué papel juega esta serie de repeticiones dentro de las repeticiones de la obra?

Heisenberg: Una y otra vez el timón da un vuelco. Una y otra vez...

Margrethe: Niels voltea la cabeza...

Bohr: Christian alcanza el aro salvavidas...

Heisenberg: Pero de algunas cosas ni siquiera ellos hablan.

Bohr: Acerca de algunas cosas, incluso nosotros solo las pensamos.

Margrethe: Porque no hay nada que decir.

 

Una se estremece al pensar que un autor estaría dispuesto a utilizar esta tragedia personal profundamente dolorosa con el propósito de cargar a Bohr con cada (in)imaginable tipo de responsabilidades de vida o muerte, pero esta hipótesis impensable encaja muy bien con el juego de manos por el cual Frayn intenta trasladar la responsabilidad de Heisenberg a Bohr. Sí, se nos dice que a Bohr se le impidió saltar y perseguir a Christian, pero mientras vemos al fantasma de Bohr perseguido por el recuerdo una y otra vez, la terrible sugerencia de que algunas cosas no deberían decirse flota en el aire. ¿Será... no será que en la reiteración de lo indecible se habla de lo indecible? Y luego están las negaciones amorosas, aunque demasiado fáciles, de la responsabilidad de Bohr por parte de Margrethe, que, por supuesto, solo sirven para resaltar su responsabilidad.

Heisenberg: Él [Oppenheimer] dijo que hiciste una gran contribución.

Bohr: Espiritual, posiblemente. No practica.

Heisenberg: Fermi dice que fuiste tú quien descubrió cómo activar la bomba de Nagasaki.

Bohr: Presenté una idea.

Margrethe: ¿No estarás insinuando que hay algo que Niels necesite explicar o defender?

Heisenberg: Nadie ha esperado nunca que él explique o defienda nada. Es un hombre profundamente bueno.

 

Todas estas piezas subrepticiamente críticas, todas estas sugerencias de la culpabilidad de Bohr plantadas a lo largo de la obra; llegan a un clímax explosivo casi al final, cuando Frayn da rienda suelta a la idea de una "nueva y extraña ética cuántica", proponiendo sus implicaciones para el dilema moral al que nos enfrentamos:

Heisenberg: Mientras tanto ibas de Suecia a Los Álamos.

Bohr: Para desempeñar mi pequeño, pero útil, papel en la muerte de cien mil personas.

Margrethe: ¡Niels, no hiciste nada malo!

Bohr: ¿No es así acaso?

Heisenberg: Por supuesto que no. Fuiste un buen hombre, desde el principio hasta el final, y nadie podría decir lo contrario. Mientras que yo…

BOHR: Mientras que tú, mi querido Heisenberg, nunca lograste contribuir a la muerte de una sola persona en toda tu vida.

 

Esta poderosa escena es la que permanece impresa en la mente de mucha gente de la audiencia. Y no sorprende que así sea; finalmente hay alguna resolución, una base moral sobre la que apoyarse, algo definido y concreto a lo que aferrarse en medio del torbellino de fantasmas e incertidumbres. Y entonces, ¿es de extrañar que a pesar de que Frayn procede a repudiar esta conclusión, el público deja la obra con la impresión de que si alguien debe rendir cuentas por infracciones morales, es Bohr, no Heisenberg?

Seguramente Frayn tiene razón al recordarle a la audiencia que, si bien la obra se enfoca en los esfuerzos alemanes para construir la bomba, Estados Unidos tenía su propio proyecto de bomba en tiempos de guerra, altamente organizado y bien financiado en el desierto de Nevada; y el trabajo colectivo en Los Álamos produjo dos tipos de bombas -"fat man" (un dispositivo a base de plutonio) y "thin man" (una bomba basada en la fisión de uranio 235)- y cada tipo fue lanzada sobre dos ciudades de Japón, matando a decenas de miles de personas inocentes. (¿Qué hay de la posibilidad que, cualquiera que sea la naturaleza de las intenciones de Heisenberg, su visita a Bohr en 1941 ayudó a acelerar el proyecto de la bomba estadounidense, lo que resultó en el uso de armas atómicas contra los japoneses antes del final oficial de la guerra?[11] ¿Es tan transparente que el lanzamiento de las bombas atómicas sobre ciudades japonesas implica a Bohr mientras que absuelve a Heisenberg?) Pero Frayn no plantea el tema para ayudarnos a confrontar estos hechos históricos relevantes y las preocupaciones morales que plantean; sino que lo usa solo para cambiar lo planteado y alejarnos de nuestra indignación moral por Heisenberg.

Frayn no respalda directamente esta conclusión (al menos no en la obra)[12]. De hecho, acusa a la audiencia que se vayan con la impresión de haber cometido un vergonzoso error al tomar en serio esta "falsa" conclusión, cuando obviamente, estaba siendo irónico. Echemos un vistazo a cómo Frayn (dice él) logra este giro irónico. Inmediatamente después del intercambio anterior (donde se responsabiliza a Bohr por la muerte de cien mil personas y se juzga a Heisenberg como inocente), Frayn pone a Heisenberg a explicar en un pasaje irónico como juzga a las personas "estrictamente en términos de cantidades observables", constituyendo una nueva y extraña ética cuántica. Ahora, dado que la audiencia ha estado anticipando una nueva ética cuántica informada todo el tiempo, y el pasaje en sí involucra un punto bastante sutil sobre la física cuántica (¿qué es eso de restringir las consideraciones a "cantidades observables" de repente?), tal vez no sea sorprendente que la ironía se haya perdido para muchos espectadores, incluidos para algunos críticos.

En otras palabras, el movimiento que hace Frayn para distanciarse de la conclusión que lanza como cebo a una audiencia hambrienta llena de anticipación (una conclusión que señala a Bohr en lugar de a Heisenberg) es la siguiente; usando ironía, Frayn hace que Heisenberg cuestione la aplicación de un aspecto bastante sutil de su principio de incertidumbre (que no se explica ni se plantea en otra parte de la obra) a la situación del juicio moral. Aquí está el dialogo crucial:

Bohr: Heisenberg, debo decir que si las personas se miden estrictamente en términos de cantidades observables. ..

Heisenberg: Entonces deberíamos necesitar una nueva y extraña ética cuántica.

El punto físico del cual Bohr comienza a hablar es que Heisenberg, la figura histórica, insistió (de acuerdo con el principio positivista) que no se debe suponer nada acerca de las cantidades que no son medibles, de hecho, una debe restringir todas las consideraciones a cantidades observables. La forma en la que Frayn maneja este punto es la siguiente: si seguimos el principio de incertidumbre, concluiríamos que no debemos suponer nada sobre las intenciones (ya que no podemos saber nada sobre ellas) y, por tanto, todo lo que tenemos para poder evaluar nuestros juicios morales son nuestras acciones. Esto es lo que Frayn llama una "nueva y extraña ética cuántica". Y el guiño que se nos presenta es que esta no es la conclusión con la que deberíamos salir de la sala; es la larga homilía de Heisenberg sobre cómo si hacemos juicios solo sobre la base de las acciones, entonces el hombre de las SS que no le disparó cuando tuvo la oportunidad, cerca del final de la guerra, iría al cielo (asumiendo, por supuesto, que esta fue la única decisión moral que este devoto particular de Hitler enfrentó durante toda la guerra). Eso es todo. ¿Muy  rápido, tal vez? Si Frayn hubiera explicado este punto clave de manera más directa, podría haberlo dicho de esta manera: no deberíamos confiar en los "observables", es decir, meras acciones despojadas de toda intención, para hacer juicios morales. (Seguramente no esperabas que Frayn lo hiciera, ¿debemos confiar estrictamente solo en hechos históricos sobre lo que sucedió para resolver las cosas?) Entonces, ¿ahora dónde estamos? No podemos juzgar a las personas ni por sus intenciones ni por sus acciones. ¿Hay algo a lo que podamos aferrarnos cuando termine la obra y recojamos nuestras cosas para salir del teatro?

Frayn termina la obra presumiendo que nos ayudará a consolarnos con el hecho que la incertidumbre no es nuestra perdición sino nuestra salvadora; es la incognoscibilidad misma de las intenciones, es decir, nuestra incapacidad basada en principios para juzgarnos verdaderamente unos a otros, lo que salva nuestras almas cansadas. Esta conclusión final -la "conclusión real"- remite a la escena anterior donde Bohr se da la vuelta y ayuda a Heisenberg a poner a la luz sus intenciones inconscientes con el apocalíptico resultado donde Heisenberg hace el cálculo y Hitler acaba con las armas atómicas. Mejor no lo sepamos.

Y así, al final, después de un torbellino de preguntas morales e incertidumbres que rodean, habitan y persiguen a los personajes y al público, solo nos queda la sugerencia fina y bastante superficial de que la incertidumbre inherente del universo es nuestra única salvación. Toda nuestra búsqueda moral se detiene abruptamente, se congela en el momento antes del Armagedón, y se pone como una mera sombra de sí misma proyectada en la pared que nos niega el acceso a nuestras propias almas. Nosotras quedamos vagando sin rumbo por un paisaje árido, sin marcadores, sin brújula; solo un sentimiento vacío de que la teoría cuántica es, de alguna manera, a la vez una manifestación del misterio que nos mantiene vivos y una broma cruel que nos priva del significado de la vida. Dada la reciente revitalización de los programas sobre armas nucleares en todo el mundo, la sugerencia de que la ausencia de una base moral o ética impedirá inevitablemente, o incluso posiblemente, el apocalipsis presagiado por el final de la obra es un fracaso, por decir lo menos. Pero, ¿necesitamos seguir el razonamiento que se nos ha ofrecido en la desesperación de una estepa moral puesta al descubierto por la explosión de la certeza absoluta? ¿Es cierto que la física cuántica nos envuelve una nube de ensoñación relativista que se lanza hacia los cielos y abarca toda la tierra, dejándonos sin remedio, sin recursos, sin señal y sin salida?

Yo diría, por el contrario, que la teoría cuántica nos saca del pantano que considera que el universal y el relativismo son las dos únicas posibilidades. Pero comprender cómo es esto, requiere una lectura mucho más matizada y cuidadosa de la física y sus implicaciones filosóficas que la que presenta Frayn. Primero revisare algunas de las principales dificultades y luego procedo a trazar una alternativa.

Como hemos visto, según admite el propio Frayn, el paralelo que establece entre las incertidumbres físicas y psicológicas es limitado y está mal enmarcado. Al igual que con muchos de estos intentos de discernir las implicaciones de la mecánica cuántica sobre la base de meras analogías; las supuestas implicaciones que se extraen, como la afirmación de que nuestro conocimiento de nosotros mismos y de los demás es inevitablemente limitado y en última instancia no dependen de manera profunda en la comprensión de las lecciones de la física cuántica. Seguramente no hay razón para llamar a las complejidades de esta teoría para plantear tal conjetura sobre los límites del conocimiento humano. (Freud, por ejemplo, no se basa en la física cuántica para su teoría del inconsciente). Hubiera sido diferente si, por ejemplo, se nos habría ofrecido una comprensión más matizada o revisada de la naturaleza de la intencionalidad o la causalidad. Pero en última instancia, parece que tales métodos (intencionalmente o no) solo buscan obtener autoridad de la ciencia para alguna teoría o proposición de alguien para querer avanzar de todos modos, y que podría haber avanzado sin entender nada sobre la física cuántica. (Por supuesto, cuando las apuestas vienen al rescate de Heisenberg, un uso inteligente del principio de incertidumbre quizás sea demasiado tentador para resistirse).

Otro punto crucial necesario discutir; es el hecho de que Frayn confunde continuamente las cuestiones epistemológicas y ontológicas, cuestiones relativas a la naturaleza del conocimiento y la naturaleza del ser. Sin embargo, estos son elementos centrales en un acalorado debate entre Bohr y Heisenberg sobre la interpretación correcta de la física cuántica, como mas adelante explicaré. Antes de pasar a especificar la naturaleza de mi propio enfoque no analógico, quiero explorar este tema un poco más, ya que implica un punto central que se vuelve crucial para cualquier proyecto que busque comprender las implicaciones más amplias de la física cuántica y el hecho de que hay múltiples interpretaciones en disputa de la mecánica cuántica. Un punto particularmente relevante en Copenhague (y para mi proyecto) es el hecho que existen diferencias significativas entre las interpretaciones de Bohr y Heisenberg. Frayn plantea este punto en la obra, pero luego procede a confundir las diferencias centrales entre ellos.

De manera bastante inesperada, Frayn saca a la luz un hecho histórico poco conocido y rara vez reconocido, pero central, que Heisenberg finalmente accedió al punto de vista de Bohr y dejó clara su concesión en una posdata del artículo sobre su famoso principio de incertidumbre. Y, sin embargo, extrañamente, Frayn procede a seguir la interpretación errónea (reconocida como tal) de Heisenberg. No se trata simplemente de que esta sea una fuente más de tensión entre estos dos gigantes del mundo de la física; más bien, el punto es que existen diferencias significativas, de hecho de largo alcance, entre sus interpretaciones y sus respectivas implicaciones filosóficas. La cuestión sobre qué implicaciones se derivan de la complementariedad (no de la incertidumbre) es un espectro que acecha en esta obra. Frayn inexplicablemente entierra la diferencia sin dejarla descansar[13].

Veamos algunos de los temas cruciales.

En una escena clave de la obra, el público se entera del intenso desacuerdo entre Bohr y Heisenberg con respecto al principio de incertidumbre de Heisenberg[14]. La naturaleza de la diferencia entre sus puntos de vista no se presenta claramente en la obra, pero se puede resumir de la siguiente manera: Para Bohr, lo que está en juego no es que no podamos conocer simultáneamente la posición y el momento de una partícula (como argumentó inicialmente Heisenberg), sino que las partículas no tienen valores determinados de posición y momento simultáneamente. Mientras que el punto de Heisenberg -que al medir cualquiera de las características de una partícula, necesariamente perturbamos sus valores previos a tal medición, de modo que cuanto más sepamos sobre la posición de una partícula, menos sabremos sobre su momento (y viceversa)- parece al menos creíble, el punto de Bohr es totalmente contrario a la intuición y muy desconocido. En esencia, Bohr está destacando la naturaleza de la realidad, no simplemente nuestro conocimiento de ella. Lo que está haciendo es cuestionar toda una tradición en la historia de la metafísica occidental: la creencia de que el mundo está poblado de cosas individuales con sus propios conjuntos independientes de propiedades determinadas. La lección que Bohr extrae de la física cuántica es muy onda y profunda. No hay pequeñas cosas que vagan sin rumbo en el vacío que posean el conjunto completo de propiedades que asume la física newtoniana (por ejemplo, posición y momento); sino más bien, hay algo fundamental en la naturaleza de las interacciones de medición, de modo que dado un aparato de medición particular, ciertas propiedades se vuelven determinadas, mientras que otras se excluyen específicamente. Las propiedades que se determinan no se rigen por los deseos o la voluntad del experimentador, sino por la especificidad del aparato experimental[15].

Por lo tanto, aún persiste un sentido importante en el que se puede decir que los experimentos son objetivos. Persuasivamente, diferentes cantidades se determinan utilizando diferentes aparatos, y no es posible tener una situación en la que todas las cantidades tengan valores definidos a la vez; siempre se excluye alguna. Esto genera dos conjuntos de variables "complementarias"; para cualquier aparato dado, se dice que las que están determinadas son complementarias de las que son indeterminadas, y viceversa. Las variables complementarias requieren diferentes aparatos mutuamente excluyentes (por ejemplo, uno con partes fijas y otro con partes móviles) para su definición, y por lo tanto estas variables son recíprocamente determinables (cuando una está bien definida, la otra no puede estarlo). (Trato estas cuestiones en detalle en el capítulo 3). Es significativo, como señala Frayn, que Heisenberg haya accedido a la interpretación de Bohr; lo que está en juego es la complementariedad, no la incertidumbre.

Con esta importante diferencia en mente, es difícil resistir la tentación de descubrir una nueva obra, la reescritura de Copenhanen de Frayn utilizando el principio de complementariedad de Bohr en lugar del principio de incertidumbre de Heisenberg como base para el análisis. Quiero dejar en claro que no estoy sugiriendo que los apuros con la obra de Frayn puedan rectificarse simplemente sustituyendo un principio por el otro y realizando el mismo tipo de experimento mental analógico para considerar las cuestiones morales y epistemológicas en cuestión. Pero a lo que sí quiero prestar atención  brevemente a este ejercicio de una manera limitada, reconociendo que no existe la expectativa de proporcionar un análisis riguroso de los temas importantes en cuestión simplemente haciendo este cambio. El objetivo del ejercicio es tener una idea de lo que podría aportar una consideración más cuidadosa de la física cuántica y sus implicaciones. De esta manera, al menos podemos tener una idea de qué problemas filosóficos se plantean y qué conceptos podrían necesitar ser repensados ​​si nos tomamos en serio la física cuántica, aunque este método no pueda ayudarnos a comprender cómo se pueden resolver los problemas y los conceptos relevantes reconceptualizados.

Volvamos a la cuestión de las intenciones de Heisenberg al visitar a Bohr en el otoño de 1941. Curiosamente, ya hay una pista importante en Copenhanen donde se sugiere cómo podríamos proceder si queremos tomar el principio de complementariedad de Bohr como base para nuestro análisis. Podemos enfocarnos en el pasaje exacto al pensar en Margrethe no "solamente" como la esposa de Bohr, sino como una parte integral de Bohr (como dice Bohr en referencia a su compañera, "Fui formado por la naturaleza para ser una entidad curiosa matemáticamente: no uno, sino la mitad de dos")[16].

Margrethe: La complementariedad de nuevo, ¿no?

Bohr: Sí, sí.

Margrethe: Lo he escrito a máquina muchas veces. Si estás haciendo algo en lo que tienes que concentrarte, no puedes estar pensando en hacerlo; y si estás pensando en hacerlo, entonces en realidad no podrías estar haciéndolo, ¿no?

Irónicamente, Frayn saca la conclusión que esta declaración de complementariedad (de Margrethe) de que hacer algo y pensar en lo que estás haciendo significa que Heisenberg no sabe por qué vino a Copenhague en 1941. Pero, de hecho, (o en realidad la elaboración que se hace relevante en este punto) tiene Implicaciones bastante diferentes y mucho más profundas y de mayor alcance. Frayn da un gran salto aquí, y podríamos hacerlo bien si vamos más despacio. Supongamos que la actividad que estás realizando es pensar. Entonces se sigue (de la declaración de complementariedad de Margrethe) que lo que está prohibido hacer es tanto pensar en algo como pensar en pensar en ello. Es decir, no puedes pensar en algo y también reflexionar sobre tu propio pensamiento sobre el asunto. Esto se debe a que necesitas elegir entre dos situaciones complementarias: o piensas en algo, en cuyo caso ese algo es el objeto de tus pensamientos, o examinas tu proceso de pensar en algo, en cuyo caso tus pensamientos sobre lo que piensas están pensando (sobre algo), y no en el algo en sí mismo que son el objeto de sus pensamientos[17].

Ahora supongamos que una de las cosas que le interesa comprender (intentando observar sus pensamientos) son sus intenciones con respecto a lo que está pensando. Entonces podemos deducir que existe una relación recíproca o complementaria entre pensar en algo y conocer tus intenciones (respecto del asunto pensado). Ahora, la implicación de esta relación recíproca que hemos descubierto no es, como sugiere Frayn, que no podamos conocerlas simultáneamente, sino que no podemos tener pensamientos definidos sobre algo e intenciones definidas con respecto a ese algo simultáneamente. Es decir, el punto es que no hay un hecho determinado del asunto sobre nuestros pensamientos y nuestras intenciones con respecto al objeto de nuestros pensamientos. Lo que aprendemos de esto es que la noción misma de intencionalidad necesita ser reevaluada. Estamos acostumbradas a pensar que existen determinados estados mentales intencionales que estan "en algún lugar" del cerebro de las personas y que, si somos lo suficientemente inteligentes, podemos realizar algún tipo de medición (utilizando algún tipo de escáner cerebral, por ejemplo) que revelaría las intenciones (sobre algo determinado) que existen en la mente de una persona. Pero, según Bohr, no deberíamos confiar en los presupuestos metafísicos de la física clásica (que, según Bohr, son la base de nuestra percepción de la realidad fundada en el sentido común); más bien, lo que deberíamos hacer es prestar atención a las condiciones experimentales reales que nos permitirían medir y dar sentido a la noción de estados mentales intencionales. En ausencia de tales condiciones, no sólo carece de sentido la noción de un "estado mental intencional", sino que no existe ningún hecho específico correspondiente. Para resumir, el punto crucial no es que simplemente los estados intencionales sean inherentemente incognoscibles, sino que la naturaleza misma de la intencionalidad necesita ser repensada.

Toda la obra de Frayn se estructura en torno al intento de determinar las intenciones de Heisenberg, como si hubiera hechos específicos sobre ellas en todo momento. Por el contrario, el punto de Bohr es que la noción misma de un estado mental intencional, como todas las demás propiedades clásicas, no puede darse por sentada. Para hablar de manera significativa sobre un estado mental intencional, primero debemos notar qué condiciones materiales existen que le den significado y algún sentido definido de existencia. Pero, ¿qué significaría especificar tales condiciones? ¿Qué constituiría, por ejemplo, el conjunto apropiado de condiciones materiales para la compleja situación política, psicológica, social, científica, tecnológica y económica en la que se encuentra Heisenberg, donde las cuestiones de raza, religión, nacionalidad, etnia, sexualidad, creencias políticas, y la salud física y mental son materiales para el pensamiento nazi? Y esta es seguramente una lista abreviada. Y ¿qué significa "material"?

Aun más, con un conjunto tan complejo de aparatos en funcionamiento, nos lleva a preguntarnos si tiene sentido hablar de un estado mental intencional como si fuera la propiedad de un individuo. Volvamos a la obra por un momento. Mientras Heisenberg se esfuerza por expresar la idea que trató desesperadamente de mantener en control el programa de física nuclear en Alemania y frenar el progreso del desarrollo de una bomba atómica; Bohr señala que existía un sentido importante sobre  que no había ningún control del programa, sino que el programa lo controlaba a él: "¡Nada estaba bajo el control de nadie en este momento!" Pero si el programa controla a Heisenberg en lugar de lo contrario, ¿qué da sentido a sus estados intencionales? ¿A quiénes les pertenecen? ¿Es el individualismo un requisito previo para calcular la responsabilidad? ¿Están destripadas las nociones de intencionalidad y responsabilidad? A pesar de estos desafíos fundamentales de algunos de nuestros conceptos centrales, según (el histórico) Bohr, no es necesario renunciar a la objetividad y la responsabilidad. (Ver especialmente los capítulos 3 y 4 para una discusión en profundidad de los puntos de vista de Bohr sobre objetividad y responsabilidad).

En resumen, el cambio de la interpretación de Heisenberg a la de Bohr socava la premisa misma de la obra. Frayn estructura la obra en torno a la suposición de que los juicios morales están vinculados a cuestiones sobre las intenciones de un individuo. En la explicación de Bohr, la intencionalidad no puede darse por sentada, las intenciones no son estados mentales específicos preexistentes de los seres humanos singulares. Es necesario dar aquí un argumento sofisticado, y este ejercicio proporciona un indicio manifiesto de lo que puede revelar un análisis más riguroso; prestar atención a las complejas condiciones materiales necesarias para detallar las "intenciones" de manera significativa que nos impide asumir si las "intenciones" son (I) estados mentales preexistentes, y (2) correctamente asignados a los individuos. Tal vez la intencionalidad podría entenderse mejor como atribuible a una compleja red de agentes humanos y no humanos, incluidos conjuntos históricamente específicos de condiciones materiales que exceden la noción tradicional de individuo. O quizás es menos que haya un conjunto de agentes que un estado enredado de agencias. Estos problemas, sin embargo, no pueden resolverse razonando analógicamente; y requieren un tipo diferente de análisis.

Este experimento mental también sugiere que el juicio moral no debe basarse ni en las acciones ni en las intenciones únicamente; quizás más bien, el mismo binario entre estados "interiores" y "exteriores" necesita ser repensado, y tanto los factores "internos" como los "externos" -intencionalidad e historia- importan. Pero este ejercicio por sí solo no revela cómo importan y cómo se relacionan entre sí. Aprendemos qué problemas pueden surgir al considerar las implicaciones de la interpretación de Bohr, pero necesitamos un análisis mucho más cuidadoso, detallado y riguroso para realmente manipularlas. Por ejemplo, las cuestiones de causalidad son centrales para poder llegar a un acuerdo en estos temas importantes, pero una exploración más profunda de las ideas de Bohr revela que la noción misma de causalidad debe ser reconsiderada; ya que la concepción tradicional, que presenta solo las opciones binarias de libre albedrío y determinismo, es defectuosa. Pero si se reelabora la causalidad, entonces hay que repensar el poder. (Las relaciones de poder no pueden entenderse como determinantes o ausentes de restricciones dentro de un corral que solo limita las elecciones libres de los individuos). La agencia necesita ser repensada. Hay que repensar la ética. La ciencia necesita ser repensada. De hecho, tomar en serio la interpretación de Bohr exige una reelaboración de los términos mismos de la pregunta sobre la relación entre ciencia y ética. Incluso más allá aun, socava la metafísica del individualismo y exige un replanteamiento de la naturaleza misma del conocimiento y el ser. Puede, y no sería muy exagerado decirlo, que todos los aspectos de cómo entendemos el mundo, incluidos nosotras mismas, cambian. En resumen, este experimento mental solo nos brinda un atisbo de los cambios trascendentales en nuestra visión del mundo que implica la interpretación de Bohr de la física cuántica. Nos da alguna indicación sobre lo que necesita ser repensado, pero no una base para entender cómo repensar los temas principales. Además, el razonamiento por analogía puede extraviarnos fácilmente. Y más aún, postula categorías separadas de elementos, analiza un conjunto bajo los términos del otro y; por tanto, excluye necesariamente, mediante sus propios procedimientos, una exploración de la naturaleza de la relación entre ellos. De hecho, incluso Bohr se equivocó al tratar de comprender "las lecciones de la física cuántica" estableciendo analogías entre la física y la biología o la física y la antropología. En última instancia, a Bohr no le interesaba especificar las correspondencias uno a uno entre estos aparatos, sino centrar nuestra atención en las condiciones de uso de conceptos particulares para que no caigamos en la complacencia y los demos por sentados; pero a menudo se perdía, y solo podía insinuar las implicaciones que sentía estaban implícitas en su trabajo. Lo que se necesita para desarrollar una comprensión rigurosa y sólida de las implicaciones de la interpretación de la física cuántica de Bohr es un análisis mucho más cuidadoso, detallado y completo de su filosofía general.

En este libro ofrezco un riguroso examen y elaboración de las implicaciones de la filosofía-física de Bohr (la física y la filosofía eran para él una sola práctica, no dos). Evitare usar una metodología analógica; en cambio, identifico, examino, explico y exploro cuidadosamente las cuestiones filosóficas[18]. No me interesa establecer analogías entre partículas y personas, lo micro y lo macro, lo científico y lo social, la naturaleza y la cultura; más bien, estoy interesada en comprender los problemas epistemológicos y ontológicos que la física cuántica nos obliga a enfrentar, como el condiciones para la posibilidad de la objetividad, la naturaleza de la medida, la naturaleza de la naturaleza y la creación de significado, y la relación entre las prácticas discursivas y el mundo material.

Tampoco asumo que se pueda dar una respuesta significativa a las preguntas sobre la relación entre la ciencia y la ética sobre lo que la física solamente dice del mundo. No se puede forzar a la física a dar una explicación completa del mundo social. Sería erróneo asumir simplemente que las personas son análogas de los átomos y que las sociedades son meros epifenómenos que pueden explicarse en términos de un comportamiento colectivo de conjuntos masivos de entidades individuales (cada cual como un pequeños átomos), o que la sociología sea reducible a la biología, que a la ves es reducible a la química, que a su vez es reducible a la física. La física cuántica socava el reduccionismo como visión del mundo o marco explicativo universal. El reduccionismo tiene un recorrido muy limitado.

Lo que se necesita es una reevaluación de las nociones físicas y metafísicas que explícita e implícitamente se basan en viejas ideas sobre el mundo físico, es decir, necesitamos una reevaluación de tales nociones bajo los términos de las mejores teorías físicas que tenemos actualmente. Y del mismo modo, debemos aplicar nuestras mejores teorías sociales y políticas para reevaluar cómo entendemos los fenómenos sociales, incluyendo las prácticas materiales a través de las cuales repartimos el mundo en las categorías de lo "social" y lo "natural"[19]. Lo que se necesita es un análisis que nos permita teorizar lo social y lo natural juntos, leer mejor nuestra comprensión de y los fenómenos naturales entre sí para de alguna manera aclarar la relación entre sí. Escribir materia y significado en categorías separadas, analizarlos en su relación con tecnologías disciplinarias separadas y dividir los complejos fenómenos en un enclave balcanizado u algún otro, es esquivar ciertos aspectos cruciales por diseño. Por otro lado, considerarlos juntos no significa forzarlos a unirse, o colapsar sus diferencias importantes, o tratarlos de la misma manera; sino permitir que surjan aspectos integrales (al no inscribirlos antes de comenzar).

 

La visión global del libro

Este libro demuestra cómo y por qué debemos comprender de manera integral los roles de los factores humanos y no humanos, materiales y discursivos, naturales y culturales en las prácticas científicas y de cualquier otra. Me fundamento en las ideas de algunas de nuestras mejores teorías científicas y sociales, incluida la física cuántica, los estudios científicos, la filosofía de la física, la teoría feminista, la teoría crítica de la raza, la teoría poscolonial, la teoría (post)marxista y la teoría post estructuralista. Basada en un enfoque metodológico "difractivo", leí las ideas de estas diferentes áreas de estudio a través de otras. Mi objetivo al desarrollar una metodología difractiva de esta manera (capítulo 2) es proporcionar un enfoque trans disciplinario que persiste rigurosamente atento a los detalles importantes de los argumentos especializados dentro de un campo determinado, en un esfuerzo por promover compromisos constructivos a través de (y en una reelaboración) de los límites disciplinarios. En particular, este enfoque proporciona importantes herramientas teóricas necesarias para llevar discusiones en torno a estudios científicos, estudios feministas y otros estudios (inter)disciplinarios más allá del mero reconocimiento que, tanto los factores materiales y discursivos como los naturales y culturales, juegan un papel en la producción del conocimiento; al examinar cómo estos factores trabajan juntos y cómo deben cambiar las concepciones de la materialidad, la práctica social, la naturaleza y el discurso para articular su mutua participación. También expongo que este método es lo suficientemente robusto para construir discusiones significativas entre las ciencias y otras áreas de estudio y contribuir a la investigación científica.

Este libro contribuye a la fundación de una nueva ontología, epistemología y ética, incluyendo una nueva comprensión de la naturaleza de las prácticas científicas. De hecho, expongo que una comprensión empíricamente precisa de la práctica científica, que está en consonancia con la investigación científica más reciente, sugiere fuertemente una inseparabilidad fundamental de las consideraciones epistemológicas, ontológicas y éticas. En particular, propongo el "realismo agencial" como un marco epistemológico-ontológico-ético que proporcione una comprensión del papel de los factores humanos y no humanos, materiales y discursivos, naturales y culturales, en las prácticas científicas y otras prácticas socio-materiales; corriéndose más allá de los trillados debates que enfrentan el constructivismo contra el realismo, la agencia contra la estructura y el idealismo contra el materialismo. De hecho, el nuevo marco filosófico que propongo implica un replanteamiento de los conceptos fundamentales que sustentan dicho pensamiento binario, incluidas las nociones de materia, discurso, causalidad, agencia, poder, identidad, encarnación, objetividad, espacio y tiempo.

El punto de partida de este compromiso transdisciplinario es el marco epistemológico, filosóficamente rico propuesto por el físico Niels Bohr. Extiendo y exploro parcialmente sus puntos de vista filosóficos en una conversación crítica con la erudición actual en los estudios de la ciencia, la filosofía de la ciencia, la física y otros enfoques interdisciplinarios que podrían ser llamados colectivamente; "teorías sociales críticas" (por ejemplo, teoría feminista, teoría crítica de la raza, teoría queer, teoría poscolonial, teoría (post) marxista y teoría postestructuralista). La física-filosofía de Bohr es un punto de partida particularmente adecuado para pensar juntos los mundos natural y social, y obtener algunos rastros importantes sobre cómo teorizar la naturaleza de la relación entre ellos; puesto que sus investigaciones en la física cuántica abren preguntas no solo sobre la naturaleza sino también sobre la naturaleza de las prácticas científicas y sociales. En particular, el compromiso naturalista de Bohr de comprender tanto la naturaleza de la naturaleza como la naturaleza de la ciencia de acuerdo con lo que nos dicen nuestras mejores teorías científicas, que lo llevó a lo que consideró el núcleo de la lección de la física cuántica: somos parte de esa naturaleza que buscamos comprender. Bohr sostiene que, por lo tanto, las prácticas científicas deben entenderse como interacciones entre los componentes de la naturaleza, y que nuestra capacidad de comprender el mundo depende que sostengamos el hecho que nuestras prácticas de creación de conocimiento son representaciones sociales-materiales que contribuyen a la creación de conocimiento y son parte de los fenómenos que describimos.

En última instancia, las implicaciones de gran escala de la epistemología de Bohr y sus ideas posthumanistas se ven cercenadas por sus compromisos humanistas no examinados: su anticopernicanismo, por decirlo de alguna manera, vuelve a colocar al ser humano en el centro del universo. En particular, Bohr cimienta los conceptos humanos y los expertos en las bases de las relaciones ontológicas del conocimiento. Esto crea varias dificultades para desarrollar una interpretación coherente de la física cuántica, así como para examinar sus implicaciones más amplias. Como explico en el capítulo 7, mientras que la mayoría de los físicos reclaman lealtad a la llamada interpretación de Copenhague de la física cuántica, que se basa en gran medida en las contribuciones de Bohr y otros miembros del círculo de Copenhague, físicos y filósofos de la física que están interesados en Los problemas de los fundamentos de la física cuántica han expresado su incomodidad con el humanismo remanente de Bohr. La presencia "desagradable" de los conceptos humanos y el conocimiento humano en los fundamentos de la teoría ha sido un gran obstáculo.

Me imagino que los teóricos postestructuralistas y los expertos en ciencia también encontrarán mucho que abrazar en la filosofía-física de Bohr, pero hay buenas razones para creer que ellos también se resistirán al humanismo por sus propias (y muy diferentes) razones. Por ejemplo, es muy probable que ambos grupos de académicos simpaticen con la posición de Bohr de que ni los sujetos ni los objetos de las prácticas de conocimiento pueden darse por sentados, y que uno debe investigar las especificidades materiales de los aparatos que ayudan a constituir objetos y sujetos. De hecho, los postestructuralistas se apresurarían a señalar que el compromiso de comprender la constitución diferencial del sujeto humano no encaja fácilmente con la concepción esencialista del humano del humanismo. Por el contrario, el humanismo da por sentado mucho de lo que necesita ser investigado. Los estudiosos de los estudios científicos tienen un conjunto muy diferente de preocupaciones. Su rechazo del humanismo se basa en un interés en las formas en que el "humano" y sus otros (por ejemplo, incluidas las máquinas y los animales no humanos) se conceptualizan, producen y reelaboran a través de prácticas científicas y tecnológicas. No hace falta decir que no tienen que cavar muy lejos para encontrar una justificación para su rechazo del humanismo, ya que las noticias sirven recordatorios diarios de que la ciencia y la tecnología están rehaciendo activamente la naturaleza del "humano". De hecho, la reciente convergencia de las biotecnologías, las tecnologías de la información y las nanotecnologías reconfigura al ser humano ya sus demás con tanta rapidez que ya está sobrecargando los circuitos de la imaginación humana.

Al mismo tiempo, argumentaré que las intuiciones de Bohr pueden servir para revelar y explicar las dificultades en  otras áreas de estudio y plantear posibles reparación y orientación para la revisión o la transformación anexa. En particular, algunas ideas posestructuralistas, de los estudios de la ciencia y de la física centrales también se ven coartadass por sus propios supuestos antropocentristas y representacionalistas remanentes. Leer estas ideas a través de otras ideas puede ser útil para despojarse de estos remanentes no deseados, proporcionando así herramientas más refinadas, útiles para abordar una serie de diferentes preocupaciones (inter) disciplinarias.

En el Capítulo uno presento la principal problemática del libro: el desafío y la necesidad de teorizar adecuadamente la relación entre prácticas discursivas y mundo material. Comienzo con una discusión sobre el representacionalismo: la idea que las representaciones y los objetos (sujetos, eventos o estados de cosas) que pretenden representar son independientes entre sí. Discuto algunos de los problemas, dificultades y limitaciones del representacionalismo. Luego pongo en consideración una clase de enfoques alternativos al representacionalismo que pueden designarse colectivamente como "performativos". Los enfoques performativos cuestionan las premisas básicas del representacionalismo y centran sus investigaciones en las prácticas o actuaciones de representación, así como en los efectos productivos de tales prácticas y las condiciones para su eficacia.

En los últimos años, tanto los académicos de los estudios de la ciencia como la teoría crítica social, han buscado alternativas performativas a los enfoques constructivistas sociales (que, al igual que sus contrapartes realistas científicas, se basan en creencias representacionales). El movimiento hacia alternativas performativas al representacionalismo cambia el enfoque de cuestiones de correspondencia entre las descripciones y la realidad (por ejemplo, ¿si reflejan la naturaleza o la cultura?) a cuestiones de prácticas, hechos o acciones. En general, los relatos performativos ofrecidos por académicos de los estudios de la ciencia, por un lado, y los teóricos sociales y políticos, por el otro, han llevado vidas paralelas con muy poco y sorprendentemente intercambio entre ellos. Señalo algunas de las fortalezas y debilidades de estos diferentes enfoques performativos y (en el capítulo 4) los pongo a conversar entre sí en un esfuerzo por afinar ambos conjuntos de herramientas, o más bien, para desarrollar una explicación performativa que tome ambos conjuntos de ideas en serio.

El capítulo 2 tiene dos propósitos en apariencia dispares: introduce el importante fenómeno físico de la difracción y analiza cuestiones de metodología. Explicaré como se relacionan estos temas entre sí en breve, pero primero quiero ofrecer una breve descripción del fenómeno físico de la difracción. La difracción es un fenómeno exclusivo del comportamiento de las ondas. Las ondas del agua exhiben patrones de difracción, al igual que las ondas de sonido y las ondas de luz. La difracción tiene que ver con la forma en que las ondas se combinan cuando se superponen y la aparente flexión y expansión de las ondas cuando encuentran una obstrucción. Los fenómenos de difracción son familiares por la experiencia cotidiana. Un ejemplo familiar es el patrón de difracción o interferencia que forman las ondas de agua cuando se precipitan a través de una abertura en un rompeolas o cuando se arrojan piedras en un estanque y las ondas se superponen. (Mientras que algunos físicos continúan acatando la distinción puramente histórica entre los fenómenos de difracción e interferencia, yo uso los términos "difracción" e "interferencia" indistintamente. Es decir, estoy del lado del físico Richard Feynman y otros que descartan esta distinción sobre la base que lo que está en juego en ambos casos es la física de la superposición de ondas.)[20]

Como explico en el capítulo 2, la difracción es un tropo general adecuado para este libro. La difracción juega un papel crucial en la resolución de algunos problemas claves de la física cuántica. Quizás uno de los dilemas más conocidos de la física cuántica es la "paradoja de la dualidad onda-partícula": la evidencia experimental de principios del siglo XX exhibió características aparentemente contradictorias: por un lado, la luz parecía comportarse como una onda, pero bajo diferentes circunstancias experimentales, la luz parecía comportarse como una partícula. Dados estos resultados, ¿qué podemos concluir acerca de la naturaleza de la luz? ¿Es una partícula o es una onda? Sorprendentemente, también se encuentran resultados similares para la materia; bajo un conjunto de circunstancias, los electrones se comportan como partículas, y bajo otro se comportan como ondas. Por lo tanto, lo que yace en el corazón de la paradoja es la naturaleza misma de la naturaleza. A medida que avanza el libro, desarrollo ideas cada vez más recónditas sobre este profundo conjunto de cuestiones y los fenómenos de difracción desempeñan todo el tiempo un papel clave para ayudar a iluminar la naturaleza de la naturaleza.

Además, como explico en el capítulo 2, la difracción resulta una figuración (material y semiótica) apta para el enfoque metodológico que utilizo y desarrollo. Existe una larga historia de uso de la visión y metáforas ópticas para hablar y teorizar sobre el conocimiento. El fenómeno físico de la reflexión es una metáfora común para el pensamiento; una pequeña reflexión muestra que este es el caso. Donna Haraway propone la difracción como alternativa a la trillada metáfora del reflejo. Como sugiere Haraway, la difracción puede servir como un contrapunto útil para la reflexión: ambos son fenómenos ópticos, pero mientras que la reflexión trata sobre el reflejo y la igualdad, la difracción atiende a patrones de diferencia. Una de sus preocupaciones es la forma en que la reflexividad se ha desarrollado como metodología, especialmente en la medida en que ha sido adoptada y discutida por los principales académicos en los estudios de la ciencia. Haraway señala que "[la reflexividad o reflexión] invita a la ilusión de una posición fija y esencial, mientras que [la difracción] nos entrena para una visión más sutil" (1992). La difracción implica "el procesamiento de diferencias pequeñas pero consecuentes", y "el procesamiento de diferencias... se trata de modos de vida" (ibíd.). En este libro, desarrollo y elaboro aún más estas ideas, basándome en la comprensión cuántica de los fenómenos de difracción y los resultados de algunos experimentos recientes. En última instancia, argumento que una metodología difractiva es cuidadosa del enredo de ideas y otros materiales en formas que no lo son las metodologías reflexivas. En particular, lo que se necesita es un método en sintonía con el enredo de los aparatos de producción, uno que permita análisis genealógicos de cómo se producen los límites en lugar de suponer de antemano conjuntos de binarios trillados. Comienzo esta elaboración en el capítulo 2, pero la exposición completa de sus intrincados patrones y reverberaciones con toda la vitalidad, riqueza y fuerza de este notable fenómeno físico se manifiesta solo al difractar estas percepciones a través del conjunto completo de los capítulos del libro.

Un aspecto importante que discuto es que la difracción no fija cuál es el objeto y cuál es el tema de antemano, por lo que, a diferencia de los métodos de lectura de un texto o conjunto de ideas frente a otro, donde un conjunto sirve como un marco fijo de referencia, la difracción implica leer ideas a través de otras de manera que ayuden a iluminar las diferencias a medida que surgen; cómo se hacen las diferentes diferencias, qué se excluye y cómo importan esas exclusiones.

Por ejemplo, como sugerí anteriormente, si el objetivo es pensar lo social y lo natural juntos, tener en cuenta cómo ambos factores importan (no simplemente reconocer que ambos sí importan), entonces necesitamos un método para teorizar la relación entre "lo natural" y "lo social" sin definir uno contra el otro, o tomar la naturaleza, o la cultura como el referente fijo para entender el otro. Lo que se necesita es un aparato de difracción para estudiar estos enredos. Una forma de comenzar a construir el aparato necesario, es utilizar el siguiente enfoque: repensar la naturaleza de la naturaleza en base a nuestras mejores teorías científicas, mientras repensamos la naturaleza de las prácticas científicas en los términos de nuestra mejor comprensión de la naturaleza de la naturaleza y nuestras mejores teorías sociales, mientras repensamos nuestras mejores teorías sociales en términos de nuestra mejor comprensión de la naturaleza de la naturaleza y la naturaleza de las teorías científicas. Una metodología difractiva proporciona una forma de atender a los enredos en la lectura de ideas y enfoques centrales a través de otros.

En el capítulo 3 ofrezco una interpretación singular de la filosofía-física de Bohr. Las interpretaciones del marco epistemológico de Bohr han sido muy divergentes. Bohr ha sido catalogado como positivista, idealista, instrumentalista, (macro) fenomenalista, operacionalista, pragmático, (neo) kantiano y realista científico por varios historiadores y filósofos de la ciencia. Por el contrario, sostengo que la filosofía de Bohr no encaja perfectamente en ninguna de estas categorías porque cuestiona muchos de los dualismos en los que se basan estas escuelas filosóficas de pensamiento. Por ejemplo, mientras que la comprensión de la física cuántica de Bohr lo lleva a rechazar la posibilidad de que los científicos puedan acceder a las "cosas en sí mismas", es decir, los objetos de investigación tal como existen fuera de los marcos conceptuales humanos, él no se suscribe a una distinción kantiana noúmeno-fenómeno.

De manera significativa, el marco epistemológico de Bohr, basado en hallazgos empíricos en el dominio atómico a principios del siglo XX, ofrece una nueva comprensión de cuestiones filosóficas fundamentales como la relación entre el conocedor y lo conocido, el papel de la medición, cuestiones de construcción de significado y uso de conceptos, las condiciones para la posibilidad de la descripción objetiva, la identificación correcta del referente objetivo para las propiedades medidas, la naturaleza de la causalidad y la naturaleza de la realidad. La filosofía-física de Bohr contiene implicaciones ontológicas importantes y de largo alcance, pero desafortunadamente él permanece singularmente enfocado en las cuestiones epistemológicas y no hace una explícita contribución, ni explica sus puntos de vista sobre la naturaleza de la realidad. Es explícito al afirmar que, en su opinión, la física cuántica muestra que el mundo seguramente no se rige por la ontología de la física newtoniana. Uno de los objetivos de este capítulo es extraer las consecuencias ontológicas implícitas y explicar una ontología bohriana consistente. La ontología, tanto como la epistemología, juega un papel crucial en mi elaboración del realismo agencial en la filosofía-física de Bohr (ver capítulo 4).

En el capítulo 3 sugiero que en el marco de Bohr hay una clave central que puede entenderse como una explicación proto-performativa de las prácticas científicas, incluida una explicación de la producción de cuerpos y significados. Desarrollo más esta sugerencia en el capítulo 4 y elaboro más las dimensiones performativas del relato de Bohr. ¿En qué sentido es el relato de Bohr "proto-performativo"? En primer lugar, el análisis cuidadoso de la medición de Bohr lo lleva a rechazar el representacionalismo. Sorprendentemente, Bohr pone en tela de juicio la postura que se da por sentada del representacionalismo de las palabras y las cosas. Es decir, a diferencia de (algunas de) las explicaciones de los estudios de la ciencia y postestructuralistas, que explican y enfatizan completamente la naturaleza discursiva o material de las prácticas, Bohr se apodera de ambas dimensiones a la vez. No es irrazonable (aunque seguramente no se espera) que un físico cuestione las ideas aceptadas sobre la naturaleza de las cosas, pero Bohr también se preocupa por la naturaleza de las palabras, incluidas las cuestiones de la naturaleza del significado, las prácticas para crear significado, las condiciones para la posibilidad de inteligibilidad y la co-constitución de un dominio excluido, un dominio de ininteligibilidad, y esta es una línea de cuestionamiento muy inusual para un físico. Pero lo que es aún más notable, Bohr entiende que estos temas, relacionados con la palabra y el mundo, están inextricablemente vinculados. Según Bohr, nuestra capacidad para comprender el mundo físico depende que reconozcamos nuestras prácticas de creación de conocimiento, incluido el uso y la prueba de conceptos científicos, son representaciones materiales que contribuyen y son parte de los fenómenos que describimos.

 Los detalles de la interrogación matizada de Bohr sobre los principios representacionalistas integrados en la física newtoniana y las epistemologías concordantes son centrales. Por lo tanto, no escatimo en los detalles de los problemas de la física involucrados, pero tampoco asumo que quien lee tiene experiencia en física. He hecho todo lo posible para que estas ideas sean accesibles incluso para quienes lean sin tener conocimientos de física. Bohr estableció los mismos estándares para sí mismo. Creía firmemente que era importante explicar las cosas usando (extensiones de) conceptos cotidianos. Este fue tanto un compromiso metodológico y epistemológico por parte de Bohr como de accesibilidad por parte de Bohr; demasiadas preguntas importantes yacían ocultas en las matemáticas, y es crucial no solo poder calcularlas, sino comprender lo que dice la física, qué significa. También es vital que se preste atención a los detalles de la filosofía-física de Bohr, en el capítulo 7 vuelvo mi atención a la física y considero algunas de las cuestiones fundamentales que siguen afectando a la física cuántica. Solo prestando atención a los detalles rigurosos podemos escuchar a la naturaleza hablar con algún tipo de claridad (como dijo Einstein, "Dios está en los detalles").

El capítulo 4 es el capítulo central del libro. Aquí desarrollo mi marco teórico central: el realismo agencial. El realismo agencial es un marco epistemológico, ontológico y ético que hace explícito el carácter integral de estas preocupaciones. Este marco proporciona una descripción performativa posthumanista de las prácticas tecnocientíficas y otras prácticas naturoculturales.[21] Con "posthumanista" quiero señalar el reconocimiento crucial que l*s no humanos juegan un papel importante en las prácticas naturoculturales, incluidas las prácticas sociales cotidianas, las prácticas científicas y las prácticas que no incluyen a los humanos.[22] Pero también, más allá de esto, mi uso del "posthumanismo" marca un rechazo a dar por sentada la distinción entre "humano" y "no humano", y a fundamentar los análisis en este conjunto de categorías presumiblemente inherentes y fijas. Cualquier cableado de este tipo impide una investigación genealógica de las prácticas a través de las cuales los "humanos" y los "no humanos" se delinean y constituyen diferencialmente. Un relato performativo poshumanista que valga la pena también debe evitar reinstalar la dicotomía naturaleza-cultura en sus cimientos, permitiendo así un análisis genealógico de cómo se producen material y discursivamente estas cruciales distinciones.

Una sección central del capítulo explica mi propuesta de la ontología del realismo agencial. Como mencioné anteriormente, Bohr mantiene su enfoque en las cuestiones epistemológicas en todo momento y, lamentablemente, nunca explica en detalle sus compromisos ontológicos o las dimensiones ontológicas de su explicación. Sobre la base de la ontología bohriana que propongo en el capítulo 3, así como nueva evidencia experimental discutida en el capítulo 7 y otras consideraciones, propongo una elaboración del realismo agencial en el capítulo 4.

Como argumento en el capítulo 3, la unidad ontológica primaria no son objetos independientes con límites y propiedades determinados de forma independiente, sino más bien lo que Bohr llama "fenómenos". En mi elaboración de realismo agencial, los fenómenos no marcan simplemente la inseparabilidad epistemológica de observador y observado, o los resultados de las mediciones; más bien, los fenómenos son la inseparabilidad ontológica de los componentes que interaccionan entre agentes. (La noción de intra-acciones ocupa un lugar central aquí; ver más adelante.) Así, los fenómenos no son meras creaciones de laboratorio sino unidades básicas de la realidad. El cambio de una metafísica de las cosas a la de los fenómenos marca una enorme diferencia en la comprensión de la naturaleza de la ciencia y de las cuestiones ontológicas, epistemológicas y éticas en general.

La noción de intra-acción es un elemento clave de mi marco de realismo agencial. El neologismo "intra-acción" significa la constitución mutua de agencias entrelazadas. Es decir, en contraste con la "interacción" habitual, que supone que existen agencias individuales separadas que preceden a su interacción, la noción de intra-acción reconoce que distintas agencias no preceden, sino que emergen a través de su intra-acción. Es importante notar que las agencias "distintas" solo son distintas en un sentido relacional, no absoluto, es decir, las agencias solo son distintas en relación con su entrelazamiento mutuo; no existen como elementos individuales.[23]

Las explicaciones performativas que han ofrecido las teórias sociales y políticos se centran en la naturaleza productiva de las prácticas sociales y los cuerpos humanos. Por el contrario, el realismo agencial tiene en cuenta el hecho de que las fuerzas que actúan en la materialización de los cuerpos no son solo sociales, y los cuerpos producidos no son todos humanos. Fundamentalmente, argumento que el realismo agencial aclara la naturaleza de la relación causal entre las prácticas discursivas y los fenómenos materiales. Es decir, propongo una nueva comprensión de cómo las prácticas discursivas están relacionadas con el mundo material. Este es un resultado significativo con consecuencias de gran alcance para comprender y atender las posibilidades políticas de cambio, la práctica responsable de la ciencia y la educación responsable de los científicos, entre otros cambios importantes.

Estas reconfiguraciones propuestas se exploran considerando ejemplos concretos. La tercera parte del libro, "Enredos y reconfiguraciones", continúa la elaboración de las ideas claves del realismo agencial presentadas en el capítulo 4 y trabaja a través de varios estudios de asuntos diferentes. Aquí demuestro la utilidad de un enfoque realista agencial para sortear las dificultades en algunos de los campos en los que me baso, como la teoría feminista, la teoría postestructuralista, la física y los estudios de ciencia y tecnología. También muestro que el realismo agencial hace visible una gama de diferentes conexiones entre estos campos dispares que no han sido explorados aun.

En el capítulo 5, pongo atención a una de las formas donde el realismo agencial puede ser útil para pensar sobre temas específicos que han sido fundamentales para la teoría, el activismo y la política feministas. El desarrollo de nuevas tecnologías reproductivas, incluidas las nuevas tecnologías de visualización, siguen desempeñando un papel crucial en el discurso público, así como en las teorías feministas del cuerpo. Utilizando el ejemplo de las nuevas tecnologías reproductivas, exploro la importancia de mi comprensión performativa poshumanista de la materialización de los cuerpos al pensar explícitamente la capacidad para tener en cuenta dimensiones materiales cruciales, como la agencia material, las restricciones materiales y las exclusiones materiales, que otras explicaciones, incluidas otras explicaciones performativas, descuidan. En particular, examino más a fondo las implicaciones de mi lectura comprensiva pero crítica de la teoría de la performatividad de Butler que comencé en el Capítulo 4. La provocativa teoría de la performatividad de Judith Butler, que vincula la performatividad de género con la materialización de cuerpos sexuados, ha recibido una amplia atención en los círculos académicos, especialmente entre las estudiosas de la teoría feminista y queer. Argumento que la concepción de la materialidad de Butler está limitada por su enfoque exclusivo en los cuerpos humanos y los factores sociales, lo que va en contra de sus esfuerzos por comprender la relación entre la materialidad y la discursividad en su indisociabilidad. Planteo cómo la reconceptualización del realismo agencial de la naturaleza de la materia y las prácticas discursivas proporciona un medio para tener en cuenta la naturaleza productiva de las fuerzas naturales y culturales en la materialización diferencial de cuerpos humanos y no humanos. Por lo tanto, evita privilegiar lo discursivo sobre las preocupaciones materiales y la reinscripción del dualismo naturaleza-cultura que el relato de Butler promulga inadvertidamente. Y en lo central, también corrige la subestimación de Butler de las posibilidades de reconfiguración agencial de quién o qué llega a importar, y plantea manifiestamente un espacio mucho más amplio de posibilidades de cambio. (El capítulo 5 es una versión revisada de un trabajo publicado anteriormente. Se ha mantenido la estructura original para que esté disponible en forma de texto autónomo, adecuado para uso en el aula u otros foros de discusión).

En el capítulo 6, considero cómo el realismo agencial puede contribuir a una nueva comprensión materialista del poder y sus efectos en la producción de cuerpos, identidades y subjetividades. Este capítulo aborda específicamente el estudio etnográfico de Leela Fernandes sobre las relaciones de producción en una fábrica de yute de Calcuta, donde las cuestiones de economía, política e identidad cultural están en juego en el taller. Central a mi análisis es la comprensión del realismo agencial de la materia como un enredo dinámico y cambiante de relaciones, más que como una propiedad de las cosas. Basándome en desarrollos específicos de la teoría política, geografía cultural, economía política, teoría crítica de la raza, teoría poscolonial y teoría feminista, supongo a la materialización dinámica y contingente del espacio, el tiempo y los cuerpos; la incorporación de factores materiales-discursivos (incluidos el género, la raza, la sexualidad, la religión y la nacionalidad, así como a la clase, pero también a los factores tecnocientíficos y naturales) en procesos de materialización; la (re)materialización iterativa de las relaciones de producción; y las posibilidades y responsabilidades agenciales para reconfigurar las relaciones material-social del mundo.

Después de desarrollar el marco ontológico y epistemológico del realismo agencial, vuelvo en el capítulo 7 al campo de la física. Comienzo el capítulo con una revisión de las dificultades interpretativas no resueltas que han plagado a la mecánica cuántica desde su fundación hace tres cuartos de siglo. Durante la última década, el progreso tecnológico en la física experimental ha abierto un dominio empírico completamente nuevo: el mundo de la "metafísica experimental". Es decir, las cuestiones que antes se consideraban un tema exclusivo del debate filosófico han sido llevadas a la órbita de la investigación empírica. Este es un desarrollo sorprendente porque permite a los científicos explorar cuestiones metafísicas en el laboratorio (demasiado para la categoría "metafísica"). Incluyo en este capítulo una revisión de hallazgos experimentales claves que tienen implicaciones importantes para comprender la física cuántica. También considero la posibilidad de utilizar el realismo agencial como base para una nueva interpretación, examino su potencial para resolver ciertas paradojas de larga data en el campo y lo comparo con algunas de las interpretaciones más novedosas que se han propuesto recientemente.

Entonces es significativo que mi proyecto se aparte de los estudios feministas sobre ciencias y de la corriente principal en los estudios de ciencias, en el sentido que no solo ofrece ideas sobre la naturaleza de las prácticas científicas, sino que también hace una contribución constructiva al campo de la ciencia que se estudia. Es decir, mi proyecto no es meramente una reflexión sobre la ciencia, sino que toma estos conocimientos sobre las prácticas científicas y sobre la naturaleza (los dos ingredientes claves en la interpretación de Bohr) y los difracta de vuelta a la ciencia misma, haciendo así una contribución científica específica a una comunidad científica activa en su campo de investigación (es decir, en los fundamentos de la física cuántica). En particular, argumento que los cambios conceptuales derivados de mi metodología difractiva, no solo reconfiguran nuestra comprensión de la naturaleza misma de las prácticas científicas y discursivas materiales y de otros campos también, sino que además son lo suficientemente significativos y sólidos como para formar la base de una nueva interpretación de la física cuántica.

Es importante destacar que las preguntas metafísicas que abordan los nuevos experimentos tienen implicaciones de amplio alcance más allá del dominio de la física. Las implicaciones seguramente serán de interés para los filósofos, especialmente para aquellos con inclinaciones naturalistas. Y a pesar de un creciente disgusto por la metafísica, los postestructuralistas y otr*s teóric*s crític*s sin duda encontrarán mucho que pensar en la discusión de experimentos que abordan directamente cuestiones sobre la naturaleza de la identidad, el tiempo y la materia. Como antes, trato de hacer que este capítulo sea accesible para los lectores que no tienen experiencia en física. Los físicos también encontrarán mucho para reflexionar en este capítulo, que incluye una revisión sistemática y una exposición filosófica de cuestiones interpretativas claves.

El capítulo final, el capítulo 8, reúne los temas principales del libro y explica algunos de los temas claves. Los ejemplos concretos de nanotecnologías, tecnologías de la información y biotecnologías brindan una oportunidad para desarrollar estas ideas y analizar algunos de los elementos genealógicos importantes del aparato que la física contemporánea usa para estudiar los entrelazamientos. Estas tecnologías están inextricablemente entretejidas, al igual que los temas que focalizan: la intra-actividad del devenir, la ontología del conocimiento y la ética de lo que importa. El enredo de ontología, epistemología y ética se enfatiza en este capítulo. A medida que se desarrolla el libro, la complejidad y la riqueza del fenómeno de la difracción se vuelven cada vez más evidente. En este capítulo, me centro en el patrón general que se ha creado (es decir, el patrón difractorio de la difracción como un fenómeno cambiante) y explicar cómo el patrón en sí es una cuestión de enredos. De hecho, argumento que la difracción no se trata simplemente de diferencias, y ciertamente no de diferencias en ningún sentido absoluto, sino de la naturaleza entrelazada de las diferencias que importan. Se vuelve significativo que la diferencia está ligada a la responsabilidad, como explico en una sección final del capítulo.

En este último capítulo, desarrollo los elementos básicos de una comprensión realista agencial de la ética. Explico que las preocupaciones éticas no son simplemente complementarias a la práctica de la ciencia sino una parte integral de ella. Pero aun más, planteo cómo los valores son parte integral de la naturaleza del conocer y del ser. La objetividad es a la vez una cuestión epistemológica, ontológica, axiológica, y las cuestiones de responsabilidad y rendición de cuentas son centrales de la práctica científica. La identificación correcta del referente objetivo en las prácticas científicas de teorización y experimentación requiere una atención de las preocupaciones éticas (así como epistemológicas y ontológicas). No es posible liberarse de las preocupaciones éticas y comprender correctamente lo que la ciencia nos dice sobre el mundo. El realismo, entonces, no se trata de representaciones de una realidad independiente sino de las consecuencias reales, intervenciones, posibilidades creativas y responsabilidades de actuar dentro y como parte del mundo[24]. (Quizás valga la pena señalar en este punto que hemos recorrido un largo camino desde la propuesta de Frayn. Parece poco probable que incluso un razonamiento analógico muy cuidadoso nos hubiera llevado a esta conclusión sobre la naturaleza de la relación entre ciencia y ética.)

Dado que este libro es más largo de lo que está de moda en estos días, ofrezco algunas sugerencias para tomar diferentes caminos posibles a través de el para diferentes lectores. Una palabra de advertencia antes de hacerlo: como he indicado, este libro funciona como una rejilla de difracción, iluminando importantes diferencias materiales, relacionalidades y enredos en la animada danza de la materia, y puede ser difícil apreciar las complejidades del patrón que se produce si se saltan segmentos significativos del libro. Dicho esto, es indudable que sin embargo surgen patrones interesantes al muestrear diferentes capítulos, y diferentes lectores pueden encontrar particularmente diferentes muestras valiosas. Los físicos y los filósofos de la ciencia pueden estar particularmente interesados en los capítulos 3, 4 y 7. Estos capítulos tomados en conjunto constituyen un examen detallado de la filosofía-física de Bohr, y ofrecen una reconstrucción coherente de las cuestiones interpretativas junto con una presentación accesible y sistemática de algunos aspectos importantes de los resultados experimentales de la última década. El Capítulo 5 se publicó originalmente como un artículo de revista, y he conservado su estructura original para que pueda continuar siendo útil al leerlo como una pieza independiente y separada; y, por el contrario, posiblemente podría omitirse sin perder la continuidad del argumento (aunque seguramente arriesgando algunas ideas importantes). El capítulo 4 es un capítulo clave. Y en muchos aspectos también lo es el capítulo 7 (aquí es donde la noción de "enredo" adquiere importantes matices, texturas y significados cruciales no coloquiales). Los lectores menos inclinados a la ciencia, o l*s lectores que pueden pensar de sí mismos que no están muy interesados en los detalles de las cuestiones filosóficas de la física cuántica, pueden verse tentados a saltarse al capítulo 7. Me gustaría recomendar al menos una lectura superficial de este capítulo, pues es necesario  por sus valiosas ideas sobre la naturaleza de la causalidad, la identidad y la naturaleza. Los lectores desprevenidos pueden verse atraídos por más de lo que hubieran pensado. Los académicos posestructuralistas, en particular, que están acostumbrados a abrirse camino a través de terrenos teóricos difíciles y densos, no querrán pasar por alto la notable y radical reelaboración de algunos conceptos claves de su léxico. Los saltos cuánticos en cualquier caso son inevitables. Cualquiera que sea la naturaleza del enredado compromiso, espero que lo encuentren agradable y estimulante.



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