Un texto argentino



A propósito de 1985

El plano sobre la nuca de quién atestigua que el 4 de febrero de 1977 era secuestrada, tres días después a mil kilómetros al norte, nacía. El nacimiento desierto de toda certidumbre. Dos registros horarios, ya sea por confusión o por costumbre de la época, marcan el destino ineludible de un género que se niega y de un silencio violento que aún se escucha. Dos certificados de nacimiento que atestiguan existencia. En 1985 los recuerdos tan claros como las mismas imágenes de televisión en blanco y negro de la cocina.  Los planos sobre las nucas, sobre los hombres, el perfil del rostro que apenas se adivinaba. Nada tenía de especial que estuviera prendida la televisión a toda hora en ese año, solo era televisión encendida como las hornallas, para lo cotidiano, para que el recuerdo que se me hilvane con imágenes visuales de la televisión. El recuerdo solo sabe de imagen televisiva y no del mueble o de la forma de aparato televisivo. Argentina 1985[1], una película argentina, nunca la literalidad fue tan literal. Miro la película pero solo vuelvo a la cocina de la infancia, a una sensación muy cierta como el olor de cine viejo, no se podía mirar otra cosa.

El relato de la película se resuelve en lo doméstico, en las cocinas, la dictadura es doméstica. Hay cadáveres, en las cocinas, en los recuerdos, hay cadáveres[2]. Una hora antes de ver el relato de 1985, miraba, juntos con otr*s, Sexo y Revolución[3]. Un relato que comenzaba con textos del Frente de Liberación Homosexual[4]. Documental que ya había visto, sin embargo parecía necesario verlo con otr*s, para otr*s, o para otra película. Si hubiera querido la coincidencia no hubiera sucedido, pero rara vez se quiere lo que toca. Los textos de Perlongher hablaban de un momento donde la libertad sexual era la base de una autonomía para las condiciones materiales de la existencia, quizás buscamos un pasado para que podamos ser de otra manera, no por mejores sino por urgente.

En la megalomanía de un texto en primera persona que escribo, quiero, como quería Foucault que los discursos me tomen, que no tenga que ser yo quien hable, si es que escasamente hablo. Pero hablamos. Santiago Mitre en la película que dirige logra, paradójicamente, ya no ser él, el relato de la historia habla, y lo hará incluso en contra de él, o a pesar de él. Lo domestico es central en la dictadura, en el sexo y en los recuerdos. HIJOS[5] somos quienes nacimos en aquel periodo donde la “aniquilación” era toda la semiología política, en 1978 Wittig[6] hablaba de la importancia de una disciplina que lleve ese nombre, que se ocupe de los signos-materiales de las políticas. También recuerdo periódicamente cómo cuento mi edad, mi invento del tiempo, y en aquella cocina de 1985 ya sospechaba que mis progenitores no solo habían sido un padre y una madre, una sabe que es hija de la dictadura. Si un hombre es todos los hombres como quería Borges para una filosofía de la narración; el relato que atestigua en primera persona dar a luz esposada y vendada otro ser humano, una es ese ser sobre una mesada de cocina urgente, mientras quien lo parió limpia el piso y toda la mesada, desnuda de toda desnudez, quizás limpia todas las cocina que existen en la argentina. Un río de cabezas aplastadas por un mismo pie[7], alguien cantaba, el asesino te asesina, donde más vas a ir, alguien cantaba; esperando que los brujos no vuelvan a nublarnos el camino. La metáfora de García no ha cesado de volver con cada relato, con cada gesto verbal del Nunca Más. Los relatos sobre héroes y tumbas, resuenan siempre en un “hoy te convertís en héroe” en el imaginario argentino, una metáfora bélica constante e inamovible; el personaje de Strassera dice “no soy un héroe”, solo no podía negarse, antes, y tampoco lo puede hacer en ese momento, el orgullo es relativo. El relato del actor Darín, al final del alegato acusatorio final, dice “nunca más señores jueces” y los aplausos siguientes en la sala de la corte también se replicaron en la sala del cine. Casi todos aplaudían, yo no, no porque no quisiera sino porque no podía; estaba sola en la cocina de mi infancia viendo la televisión con la voz de Strassera, y estaba segura que no se podía aplaudir en aquel hogar nublado de silencio. La fantasía nacional de la tierra de tod*s opera como una válvula emocional que gestiona la cohesión de una sociedad, pero solo crecimos en las ruinas del decreto de la aniquilación[8], perdida. Aquí el trabalenguas traba lenguas.  

El anhelo sigue siendo sobrevivir, una anhela saber que la identidad no es destino. Tan solo un día atrás en el tiempo un grupo de personas me proponía hablar de lo mismo, de los signos políticos del lenguaje para poder inventar alguna otra cosa. En mi trayectoria vital, me llamó siempre la atención que solo mi paso por la educación primaria y secundaria me hizo socializar con las personas que nacieron en el mismo año que yo, y la respuesta fue dura. Apenas comencé la universidad en algún lugar del norte argentino, en pleno proceso de ser HIJOS de aquellos que permanecen sin aparecer, en una reunión cualquiera de una sociabilización cualquiera, alguien cuenta que su novio nació el mismo día y año que yo, y que sus padres fueron desaparecidos en la dictadura. Lo que nos ata a 1977 no es algo que querríamos compartir, sobrevivir a la hegemonía mortal de la violencia estatal, sobrevivir a la burocracia banal de las órdenes; si supuestamente el entorno de un gestante es central para su desarrollo vital, el de muchas de nosotras fue domésticamente mortal. Te puedes olvidar, pero siempre está. Un solo objetivo se hizo de mi trayectoria vital, aunque siempre nublada, volver a reconectar con l*s otr*s bajo otros criterios de cohesión social que no repitan la formulación de la diferencia como la aniquilación de toda diferencia, insistimos en imaginar que estaremos juntas para no estar tan perdidas en las genealogías de las violencias que nos constituyeron. Abrazo la diferencia porque nos importa con qué relatos relatamos nuestras vidas. Quienes queremos saber que la identidad es un trampa política que repite las mismas historias ya contadas, permanecemos perdidas en las miradas, gestos, rechazos, abrazos, y desconocimientos de l*s otr*s; no para sufrir, nunca ha sido una opción, sino para hacer un espacio estratégico para la imaginación política que nos falta. Quizás tener los mismos años que la última dictadura en argentina no me permita salir de 1985, pero no es estar atrapada en medio de un recuerdo sino estar reinventando el futuro.

Entre lujurias y represión bailamos los discos de moda[9]; y si la disputa entre dos modelos de familia, una progresista pero discreta y la otra católica de derecha sin mayores eufemismos, que se unen para enjuiciar a las juntas es la metáfora del “aquí es ahora”. La cocina doméstica, las actividades domésticas y los paisajes domésticos porteños de la resolución del conflicto; ordenar la cocina es algo que durante más de 30 años hice con la televisión prendida. La familia lleva la narración de la película, y no podría ser de otra manera, es cómo se han articulado nuestras imaginaciones de justicia en argentina; sin embargo los relatos que atestiguan la verdad exceden las resoluciones normativas de lo soportable. Ya no importa más que el acaecer inerme e inevitable del relato literal. La literalidad que importa. Las heridas no paran de sangrar en el cuerpo social de un estado argentino que apenas se reconoce a sí mismo, hace muy pocos días el cauce jurídico permanece intacto con el uso hegemónico de la violencia estatal, ahora contra una machi[10] que no puede bajo ninguna imaginación ser el espejo del nosotros argentino.

Los planos de 1985 en la sala donde se juzgaban los crímenes de la última dictadura, se detienen en personajes con otros colores de piel que los blancos familiares protagonistas del centro de la argentina, sea corrección o no, no importa; el color de nuestras pieles sigue abriendo un espacio idílico de la cohabitación. ¿Qué significa que l*s moroch*s somos testigas del acto acusatorio? Pertenecer no siempre es estar, el relato de la búsquedas de pruebas de que fue un plan sistemático, nos lleva por imágenes del norte argentino, a los colores marrones del paisaje humano y no humano. Cuerpos y montañas morochos. ¿Quién quiere pertenecer? Si querer ser parte y aportar a eso que muchas de nosotras marcamos como disidencia sexual, si es esa mi función del habla, creo que lo único que puedo aportar es sobre cuestiones referidas a las políticas sexuales, si de algo sé, es sobre sexo, y casi todo mi esfuerzo mental esta alrededor de esas ontologias politicas afectivas; sin embargo al menos una vez a la semana siempre recuerdo haber nacido el 1977, y hoy vivo pensando mi pasión por la televisión por el año 1985. Una vez alguien me dijo leyendo lo que escribo, que había mucho yo en los textos, que literalmente aparecía mucho la palabra “yo”; muchas veces es lo único que tenemos para atarnos a una comunidad. Necesitamos una imaginación política que nos devuelva más justa y reparadora esta junta que deshace el yo. Mitre usa una canción de los Abuelos de la Nada, aun no recuerdo cuál fue exactamente, y tampoco quisiera hacerlo; y solo puedo recordar escuchar Lunes por la madrugada, tantas caras dibujadas como manchas en una pared[11].

No he podido aplaudir junto con los desconocidos que veían la película en la misma sala, sin embargo vivir en 1985 fue posible para que las lágrimas durante todo el relato reparen la constancia de estar atada a ese año.

 Coger contra todo

Es urgente

y puede ser antifascista si queres

al FLH por la imaginación



[1] Mitre, Santiago, dir. 2022. Argentina 1985. La Unión de los Ríos, Kenya Films, Infinity Hill, Amazon Studios.

[2] Perlongher, Néstor. 1987. Alambres. Buenos Aires: Ediciones Ultimo Reino.

[3] Ardito, Ernesto, dir. 2021. Sexo y Revolución. INCCA.

[7] Garcia, Charly. 1980. “Alicia en el país.” En Bicicleta. SG Discos.

[9] Garcia, Charly. 1982. “No llores por mí, Argentina.” En No llores por mí, Argentina. SG Discos.

[11] Los Abuelos de la Nada y Cachorro López. 1985. “Lunes por la madrugada.” En Himno de mi corazón. DG Discos - Interdisc.

Entradas populares