La vergüenza cotidiana

 


La vergüenza cotidiana

Elspeth Probyn

Tr. emma song

 

Me he mudado mucho en mi vida y mi cuerpo lo odia. A mi cuerpo le encantan los rituales de la vida cotidiana y odia la idea de alteraciones. Cuando emigré a Australia, sufría espasmos somáticos mientras lo sacaba de sus habituales rutinas cotidianas. Esta no es una historia de dolor, ni siquiera es muy inusual, pero la experiencia me proporciona una amplia evidencia de rara tensión de vergüenza: la sensación que el cuerpo está fuera de lugar en la vida cotidiana. Es una vergüenza que nace del deseo del cuerpo por encajar, igualmente sabiendo que no puede. "Tú no eres de aquí"; el desliz de la lengua, el destello de la ignorancia frente a una disposición completamente diferente de lo cotidiano. No es gran cosa, comparado con las experiencias de otros desarraigados violentos. Es solo un poco de vergüenza interna alimentada por el deseo de pasar desapercibido, de estar en la casa de la vida cotidiana de la cultura de alguna otra persona.

En este artículo, propongo que la vergüenza obliga a repensar cómo conceptualizamos lo cotidiano tal como es vivido. La vergüenza, como veremos, cuestiona dramáticamente las distinciones que se dan por sentadas entre el afecto, la emoción, la biografía y los lugares en los que vivimos nuestra vida diaria. Además, al insistir en la naturaleza localizada y encarnada de la vergüenza como respuesta a los demás, puede deshacer la normatividad moral que sustenta los conceptos habituales de la culpa. La vergüenza arranca lo cotidiano de su estacionamiento habitual, su sentencia dentro del presente. Si, en el sentido común, lo cotidiano se privatiza, se personaliza como 'mi vida', la vergüenza pone de manifiesto las formas en que las experiencias cotidianas de los si mismos en posiciones radicalmente diferentes que son contagiosas; como argumenta Gatens, 'el contagio de los afectos' “colectivos”  expone 'las brechas en las fronteras entre una misma y el otro’ (1999, p. 14). 

La teoría del afecto, en particular los enfoques deudores de Tomkins, promete una gestalt diferente de lo cotidiano, donde se vuelve imposible mantener 'sentimientos' y 'emociones' construidos culturalmente [como] sustancialmente divorciados de la materialidad del cuerpo '(Gibbs 2002, pág. pág.337). Tomkins, un psicólogo clínico que trabajó en las décadas de 1950 y 1960, defendió un modelo de interconexión radical basado en la idea de que los seres humanos tienen afectos innatos. El sistema afectivo sirve para amplificar a nivel fisiológico los estímulos de la vida cotidiana. La lista de afectos emparejados de Tomkins (1995/1963) incluía interés-emoción, disfrute-alegría, sorpresasobresalto, angustia-ansiedad, desprecio-disgusto, ira-rabia y vergüenza-humillación. Lejos de delimitar las posibilidades de la vida afectiva, la distinta naturaleza de los afectos aporta una óptica a las complejas combinaciones que caracterizan lo cotidiano. También son intensamente individuales y sociales; y como sostengo, lo que es más importante, deshacen cualquier binarismo que se base en aliñamientos opociosionales entre  lo público / privado. 

De los afectos, es la vergüenza lo que más me interesa, en parte porque muestra espectacularmente al si mismo en su vulnerabilidad esencial; su dependencia cotidiana de las proximidades de los demás, del lugar, de la rutina, de la biografía y la historia[1]. Si la vergüenza se siente como "una enfermedad del sí mismo" (Tomkins), también es porque tal afecto que se basa más claramente en la positividad del interés. Como claramente argumenta Tomkins, sin interés no puede haber vergüenza. La vergüenza es la forma que tiene el cuerpo de registrar que ha estado interesado y que busca restablecer el interés. El interés debe entenderse ampliamente, lo corporal y lo fisiológico nos alertan continuamente sobre el interés en la vida cotidiana. En Otro lugar (Probyn de próxima publicación) sostengo que este enfoque en el interés se necesita desesperadamente dentro de los análisis de los estudios culturales. Aquí exploro la vergüenza y el interés como recursos para repensar conceptos como el habitus cotidiano. En el contexto donde escribo, la vergüenza también proporciona una forma de navegar por la complejidad de la vida cotidiana en un entorno poscolonial y demuestra tanto la singularidad de las culturas aborígenes y no aborígenes como su profunda interconexión.

La mayoría de las experiencias de vergüenza hacen que quieras desaparecer, esconderte y cubrirte. Sin embargo, en la disyunción de lugar, en lo cotidiano, el sí mismo y el interés pueden producir una sensación de vergüenza particularmente visceral. Se siente la ruptura cuando los cuerpos no pueden o no encajan en el lugar, cuando aparentemente, no hay lugar para esconderse. Aquí miro mis propias reacciones físicas y las de los demás para pensar en los tipos de conocimientos no reconocidos que están enterrados en lo cotidiano y que mezclan nociones de ordinario y extraordinario[2]; como parte de un proyecto más amplio sobre la vergüenza, estoy particularmente interesada en encontrar nuevas descripciones de lo que hacen y dicen los cuerpos cuando habitan lugares cotidianos. Aunque comúnmente se entiende como negativa, tanto en el sentido estricto de ser un afecto negativo como en el más habitual de ser mala o equivocada, quiero argumentar que la vergüenza es inmensamente productiva política y conceptualmente para hacer avanzar un proyecto de ética cotidiana[3]. En climas políticos como el australiano, pugnando (mal) con temas relacionados con la reconciliación entre aborígenes y no aborígenes, este proyecto conceptual toma el margen de un replanteamiento político que se necesita con urgencia a medida que nos sumergimos cada vez más en la culpa, por un lado, y las denuncias morales por el otro[4].

 A nivel de las teorías, las descripciones de la vergüenza tienden a diferenciarse según se considere la vergüenza como un afecto o como una emoción. En general, las descripciones de la vergüenza entendida como una emoción tienden a privilegiar la cognición e incluso a veces menosprecian lo que hace el cuerpo que siente la vergüenza. Por el contrario, parece que aquellos que utilizan el afecto para describir la vergüenza están más interesados o abiertos a consideraciones de lo que sucede en el cuerpo (y sus componentes como el cerebro y el sistema nervioso). Si bien lo que más me interesan son las descripciones que nos permiten comprender lo físico del cuerpo, las más ligadas al vocabulario del afecto, aquí busco una explicación más científica social de este fenómeno. En particular, me interesa el papel de la vergüenza en la reelaboración de las posibilidades del cuerpo y su habitus. El término está, por supuesto, más asociado con Pierre Bourdieu, quien lo usa para designar cómo las estructuras sociales están incorporadas en la práctica cotidiana. Investigando el aspecto fisiológico de la vergüenza, también incluiré ideas desarrolladas por su predecesor, Marcel Mauss. Sus ideas pueden reanimar una comprensión sociológica de lo que sentimos cuando sentimos vergüenza, de cómo la experiencia fisiológica de la vergüenza se cruza con la física del lugar. El color, el lugar, las historias cotidianas de los cuerpos cobran vida en vergüenza.

Sociológicamente hablando, es difícil encontrar formas de describir el movimiento y el sentimiento del cuerpo, sus afectos y cómo el cuerpo cambia en la proximidad de otros cuerpos, o en diferentes lugares. Como estrategia, recurro a contar historias y a volver a contar las de otr*s. En el fondo, todo lo que siempre quiero hacer es contar historias cotidianas. Sin embargo, esto puede causar problemas, especialmente cuando se ven como un relato de personal. Las historias vergonzosas exacerban la comprensión de la narrativa como una mera referencia a idiosincrasias personales. En la escritura académica, esta unión en torno a lo personal, agravada por la calidad aparentemente personal de la vergüenza, dificulta la narración de historias y provoca malentendidos dolorosos. Personalmente, creo que ya es hora de que superemos tal malestar científico social, pero permítanme citar a Benjamin para defenderme.

`Fue como si la vergüenza fuera a sobrevivirle’. Con estas palabras el juicio termina. Como corresponde a su "pureza elemental de sentimiento", la vergüenza es el gesto más fuerte de Kafka. Sin embargo, tiene un aspecto dual. La vergüenza es una reacción humana íntima, pero al mismo tiempo tiene pretensiones sociales. La vergüenza no es solo vergüenza en presencia de otros, sino que también puede ser vergüenza que uno siente por ellos. La vergüenza de Kafka, entonces, no es más personal que la vida y el pensamiento que la gobiernan (1992, p. 125).

Benjamin lo expresa perfectamente. Hay algo puro en la vergüenza como sentimiento, incluso cuando torce públicamente el sentido de una misma. Sin embargo, la vergüenza siempre juega con esa duplicidad de lo público y lo privado, lo extraordinario y lo mundano. Es quizás el más íntimo de los sentimientos, pero aparentemente debe surgir por una íntima proximidad con los demás. La vergüenza nos hace íntimos a nosotras mismas, y es igualmente social e impersonal; o al menos, como dice Benjamin, no más personal que la vida y el pensamiento que la llevan. Frente a mucho crítica sobre "lo subjetivo", que luego se degrada aún más (en algunas mentes) al etiquetar un género de escritura académica como "personal", utilizo los pensamientos de Benjamin no como una coartada sino como inspiración. En este sentido, las historias cotidianas de vergüenza pueden permitirnos desarrollar una noción más amplia de lo cotidiano, de lo que es personal y lo que es social.

El cuerpo es clave aquí, genera y tiene mucho más significado del que se tendió a ver. Usar y describir cómo reacciona el cuerpo de una o el de otr*s en diferentes contextos, a veces puede ser ejemplar y otras no. Es un poco un experimento. Como escribe Massumi, "la ejemplificación activa el detalle", y el éxito de los ejemplos depende de su detalle (2002, p. 18)[5]. Personalmente, no creo que los relatos puedan tener demasiado detalle, aunque quizás las teorías puedan, pero basta de evasivas, salgamos a la ruta.

 

Llegar a Uluru

Como muchos sabrán, en el corazón de Australia hay una gran roca. Es realmente grande y una especie de rojo, o con muchos tonos de rojo. Es, discutiblemente, el monolito más grande del mundo y está hecho de arenisca arcosica. Para dar una idea de su estatura, tiene 9,4 km de circunferencia, 345 metros de altura, 3,6 km de largo y 2 km de ancho. Caminando a buen ritmo, se necesitan varias horas para circunnavegar. Se cree que se extiende varios kilómetros hacia abajo, como un iceberg en el desierto. Todavía conocida por algunos como "Ayers Rock", su nombre aborigen Uluru se ha convertido en un uso cada vez más común. Simbólicamente es fundamental para muchos grupos. Más legítimamente, está en el corazón de la creencia Anangu, el pueblo aborigen que ha vivido en las cercanías de Uluru durante unos 22.000 años o más. También está en el corazón de la imaginación de los blancos australianos, aunque muchos australianos ni han llegado; es una actividad costosa llegar al centro desde la costa este, donde vive gran parte de la población. Pero esto no detiene a las masas de turistas extranjeros para quienes "Ayers Rock" también es un destino central. Pinchan en nuestra envidia, y tal vez incitan a la vergüenza al mostrar nuestro dólar devaluado a la mitad.

La roca funciona de manera diferente para los turistas que para los Anangu o para los australianos blancos. Para estos últimos, Uluru es parte de la mitología cotidiana de vivir en este vasto continente. Para los Anangu, ahora los custodios legalmente reconocidos de la roca y el parque, es donde lo cotidiano está más claramente habitado por lo espiritual y lo histórico. Para los Anangu, Uluru es el sitio de la energía llamada Tjukurpa, una palabra Pitjantjatjara que abarca su historia, religión y ley. En palabras de Yami Lester, presidente del Consejo de Administración de Uluru-Katajuta: "En el pasado, algunas personas se reían y lo llamaban soñar, pero que Tjukurpa es real, es nuestra ley, nuestro idioma y nuestra familia juntos"[6]. Se puede decir que el Tjukurpa mapea las relaciones, los viajes y las actividades de los seres ancestrales que habitan la tierra. Uluru es un lugar concurrido, con docenas de lugares sagrados tanto para mujeres como para hombres. Además de la grandeza de sus cuentos, cualquier otra historia es mundana. Ciertamente la mío lo es:

En pleno invierno, nos dirigimos a Uluru[7]. La frase de Eliot, extraída del épico viaje de los Magos, nos hizo sonreír mientras descendíamos de Darwin. Estábamos de vacaciones y nos permitiamos ser cursis. Los días realmente calurosos habían quedado atrás y el sol ahora estaría a nuestras espaldas hasta que giráramos hacia el oeste en Alice Springs, 1.600 kilómetros al sur de Darwin. El ritmo del tiempo cambió ligeramente cuando llegamos a Stuart Highway. En la parte de atrás, contra los bolsos, mis pies fuera de la ventana, mi cuerpo se desaceleró y se convirtió en todas las miradas para contemplar el paisaje sutilmente cambiante. La naturaleza se detiene y los descansos para el té cambian de marcha el suave fluir del tiempo y el espacio. Me pregunté una y otra vez ante la maravilla de un billy8 hirviendo en minutos, posado en un nido de ramitas. Todo es tan nuevo, en una tierra tan antigua. La sequedad es omnipresente; la tierra deja escapar un suspiro cuando me pongo en cuclillas para orinar. Por la noche dormimos sobre espuma, una versión lujosa del triunfo, pequeños rectángulos bajo las estrellas.

Giramos a la derecha en Alice y después de detenernos en la antigua misión luterana de Hermannsburg, aparentemente inundada de fantasmas, continuamos por un sendero accidentado a través de Finke Gorge. El lecho del río estaba lo más seco posible, pero los escombros de la última vez que se inundó quedaron en lo alto de las ramas de los grandes cauces del río. La tracción en las cuatro ruedas trepó por las dunas de arena y las rocas. A veces se podía andar más rápido, pero no quería dejar ni al vehículo ni a mis compañer*s; que sutilmente se había convertido en el hogar, un encapsulado cómodo de otra cotidianidad. Es fácil explicar cómo una configuración tan radicalmente diferente podría sentirse como un hogar: una cápsula humana y no humana segura de la que dependía mi vida. Es más difícil saber por qué desplazó tanto a mi verdadero hogar. Capté esas bocanadas de sentimiento antes de que el pensamiento se establezca, cuando la referencia del hogar no se computaba. Mi cuerpo se había amoldado al interior, mis sentidos se habían fijado en el exterior registrando nueva información. 

En el camino a Uluru encontramos una pista hacia la mulga[8] y acampamos lejos del ruido de los grandes autobuses turísticos. Era crepúsculo, o como dijo uno de l*s compañer*s en australiano, "crepuscular". Subió una duna y regresó para decir que podíamos ver la roca. Había oscurecido y a la luz de la lámpara de gas leí mi novela. La roca podía esperar.

Al día siguiente, levantamos el campamento más rápido de lo habitual. Teníamos un destino. Teníamos planes. Por todo lo que ardía la imagen de la roca en mi sentido de Australia, estaba menos emocionada que mis compañer*s que la habían visto muchas veces antes. Vagos sentimientos de incomodidad persistieron mientras me sentaba en la parte de atrás. Quizás no me gustaría, o peor aún, quizás no tendría el sentimiento correcto.

Después de las ondulaciones de la tierra anterior, el terreno era innegablemente plano. Una llanura muy abierta que hace bien al corazón. Y es rojo, bueno, más de lo que el rojo puede transmitir. Manejamos sin señales de cambio sobre la tierra. ¿Cómo podría algo tan grande desaparecer o dejar de aparecer?

Entonces ahí estaba. Impresionante, asombrosamente allí. Wow, una palabra inútil, pero Wow. Cumpliendo con una petición de su hija, mis compañer*s tocaron su canción favorita para el avistamiento de la roca: "Beds are Burning" del disco Diesel and Dust de Midnight Oil (1985). A medida que nos acercábamos, un movimiento en un tiempo más lento, respiré un júbilo que parecía ser el resultado de un millón de cosas repicando. Luego, mientras exhalaba, los temblores se transformaron en sollozos, grandes, grandes y feos. Peter Garrett y los chicos cantaron sobre ellos. El himno de la buena Australia blanca se disipó por la ventana  entre el polvo rojo:

Ha llegado el momento de decir que lo justo es justo

Pagar el alquiler, pagar nuestra parte Ha llegado el momento, un hecho es un hecho Les pertenece a ell*s, se lo devolvemos.

 

Como un niño, lloré y sentí esa calma soñolienta y vacía. Aturdida, caminé alrededor de la roca, registrando en algún lugar su magnificencia. Condujimos hasta Yulara, el Ayers Rock Resort. Nuestros viajes continuaron, pero nos dejaré allí, llenando los tanques de agua y recogiendo provisiones.

 

El lugar de la emoción 

 Como muchos están empezando a argumentar, el pasado se traslada somáticamente a la vida cotidiana. Young, un psicólogo somático, escribe, “los cuerpos se transmiten de padres a hijos. . . El cuerpo es la carne de la memoria” (2002, p. 25, p. 47). Si la psicología somática es un desarrollo reciente, la forma en que el cuerpo está marcado por grandes fuerzas sociales ha sido un punto clave en gran parte de la sociología. En un intento por descubrir dónde y cómo surge la vergüenza, se conecta con el cuerpo habitado y sus historias en un lugar; paso ahora al trabajo de Bourdieu, quien ha hecho mucho para promover un análisis de cómo y por qué lo social entra en nuestros cuerpos y en nosotr*s mism*s.

Elaborado en las décadas de 1960 y 1970, el conjunto de conceptos de Bourdieu, como capital cultural, social y simbólico, el campo, hexis y el habitus prometía un estudio más fundamentado de la distinción y la diferencia de lo que era la norma. Estos conceptos fueron diseñados para hablar a través de las grandes divisiones dentro de las ciencias sociales y las humanidades, y una situación intelectual donde lo cultural no se puede mencionar al mismo tiempo que lo biológico, lo social como lo económico. Crudas divisiones, elaboradas de formas cada vez más sofisticadas, todavía operan para separar lo objetivo y lo subjetivo, lo interior y lo exterior, la cognición y la no cognición, el cuerpo y lo social. Como relata en una entrevista de 1985, publicada posteriormente en francés con el provocativo título en inglés, "Fieldwork in Philosophy", Bourdieu quería elaborar un "estructuralismo genético".

El análisis de las estructuras objetivas - las de diferentes campos - es inseparable del análisis de la génesis en el corazón de los individuos biológicos de las estructuras mentales que son en un caso el producto de la incorporación de las propias estructuras sociales mismas: el espacio social y los grupos que son distribuidos a través de él, son producto de luchas históricas (en las que los agentes están comprometidos en función de su posición en el espacio social y las estructuras mentales a través de las cuales comprenden ese espacio) (1987, p.24).

 

Como se sabrá bien, Bourdieu concibió a los individuos como agentes formados por y a través de estructuras mentales; las ideas, las representaciones, las abstracciones como clase y género, etc. Como tales, los agentes incorporan estas estructuras o representaciones en las formas en que habitan las redes de espacios sociales. Estas representaciones mentales delimitan cómo pueden moverse y en qué espacios pueden moverse. La descripción de Bourdieu representa de manera compleja lo que todos pudimos haber sentido: nuestros cuerpos parecen saber cuándo se sienten cómodos en una situación, cuándo conocen las reglas y expectativas y, a la inversa, también nos dicen en voz alta cuando estamos fuera de lugar, como un pez fuera del agua. El campo es entonces una forma de describir cómo todos los espacios sociales están inscritos por reglas que, en general, no están expresadas porque como agentes las hemos incorporado. Este conocimiento "genético" es lo que nos permite acceder a determinadas esferas y nos permite operar, o no, dentro de ellas. Es el mecanismo que convierte lo extraordinario en vida cotidiana, produce la sensación de lo cotidiano. Por el contrario, cuando ese conocimiento nos falla o no está a la altura de las demandas del campo, somos alertados agudamente por lo que he llamado el sentimiento de fuera de lugar, lo que sucede cuando un cuerpo sabe que no pertenece a un determinado espacio: en términos de Bourdieu, hay un cisma entre el habitus y el campo, y esto nos hace sentir, literalmente, fuera de él.

En esta regulación del sentimiento "bien dans sa peau[9]", o viceversa, el habitus es crucial. De nuevo, es el espacio de incorporación, un término preferido Bourdieano, donde la fuerza de la historia se juega en nuestras formas de posicionarnos y en nuestras formas de ser en el mundo. Si bien el cuerpo y lo social se unen en gran parte de su trabajo; sin embargo Bourdieu bastante impreciso sobre el lugar de la emoción o del afecto dentro del habitus. Cómo se siente el cuerpo al sentirse importante, o es el 'cuerpo sensible'  ¿un tema secundario en comparación con las grandes preguntas sobre clase y capital social? Su atención a la física del habitus encarnado promete una forma de pensar sobre la emoción y los afectos como simultáneamente sociales y físicos. Esta atención al cuerpo sensible, como comentaré en breve, está más claramente expuesta en primer plano por Marcel Mauss.

El hábito es un buen punto de partida para intentar descubrir las operaciones diarias del cuerpo. Como concepto, puede ser un poco torpe, pero también proporciona un marco útil de cómo las estructuras de educación, posición social, clase, género, etc.; se integran en nuestras formas de habitar el mundo. Habitus, para Bourdieu, también se centró en "las capacidades generativas de las disposiciones" (1990, p. 53 y siguientes). Más precisamente, para Bourdieu el concepto también parece haber tenido la función más amplia dentro de una epistemología de una sociología comprometida con lo cotidiano: la tradición francófona de la sociologie engagée, donde el objetivo de la sociología es intervenir en otros lugares donde solo se pretende estudiar. En otro nivel, el habitus debía corregir las dos tendencias dentro de las ciencias sociales contra las que Bourdieu pasó gran parte de su vida luchando: el objetivismo y, más directamente, el subjetivismo. Sobre este punto, esto es lo que tenía que decir en La lógica de la práctica:

El concepto de habitus, predispuesto por su variedad de usos históricos para designar un sistema de disposiciones adquiridas, permanentes, generativas; se justifica sobre todo por los falsos problemas que elimina, las cuestiones que permite formular mejor o resolver, y las dificultades científicas específicas que suscita (1990, p 53 y siguientes).

Aquí el concepto proporciona una salida a los peligros del objetivismo que ``universaliza la relación del teórico con el objeto de la ciencia'', y del subjetivismo que ``universaliza la experiencia que el sujeto del discurso teórico tiene de sí mismo como sujeto'' (1990, págs. 45–56). En la sociología francesa, esto a menudo se ha tomado como una forma de protegerse contra ese desagradable hábito anglosajón que algunas de nosotras tenemos de jugar rápido y desprendido con lo subjetivo. Pero, de hecho, no creo que esto esté justificado por los pensamientos de Bourdieu. En otro nivel, como en gran parte de las investigaciones sociológicas y antropológicas, Bourdieu se basó en gran medida en los relatos subjetivos de sus informantes.

¿De qué otra manera podemos entrar en la vida cotidiana de otras personas? Este era, por supuesto, precisamente el interés de Bourdieu: cómo explicar el conocimiento práctico, el material que la gente reúne y despliega en su vida cotidiana y que constituye para Bourdieu la verdadera razón por la que una hace sociología. Escuche, por ejemplo, en la siguiente cita la forma en que el habitus, como advertencia al investigador, se convierte en habitus como generador de interés:

Hay que situarse dentro de la 'actividad real' como tal, es decir, en la relación práctica con el mundo; la presencia preocupada, activa en el mundo a través de la cual el mundo impone su presencia, con sus urgencias, sus cosas por decir y hacer, cosas hechas para ser dichas, que gobiernan directamente las palabras y los hechos sin desplegarse nunca como espectáculo (1990, p. 52).

Generativo es un término importante en el argumento de Bourdieu sobre lo que hace el habitus (aunque todos los conceptos son, o deberían ser, por su naturaleza generativos). El habitus como descripción de las realidades cotidianas es el que genera prácticas, marcos para posicionarse en el mundo y, de hecho, formas de habitar el mundo. Analíticamente actúa como una óptica en ese mundo. Estos dos lados se unen en su descripción del habitus como "una metáfora del mundo del objeto, que es en sí mismo un círculo interminable de metáforas que se reflejan ad infinitum" (1990, pág.76).

La forma en que Bourdieu convierte el habitus en objeto de estudio y analítico se va a repetir a lo largo de su obra. La búsqueda de una bisagra, o de diferentes bisagras, que hagan evidente la coincidencia de los mundos objetivo y subjetivo de la socialidad que está en el corazón del proyecto de Bourdieu.

En una de las muchas frases encantadoras que tienden a perderse en su prosa, Bourdieu afirma que "el habitus - la historia encarnada, internalizada como una segunda naturaleza y tan olvidada como la historia - es la presencia activa de todo el pasado" (1990, p. 56). Desarrollando esto, argumenta que

El habitus, producto de la historia, produce prácticas individuales y colectivas, más historia, de acuerdo con los esquemas generados por la historia. . . [el habitus] asegura la presencia activa de experiencias pasadas que, depositadas en cada organismo en forma de esquemas de percepción, pensamiento y acción, tienden a garantizar la "corrección" de las prácticas. . . más confiable que todas las reglas formales y normas explícitas (1990, p. 54).

De esta manera, las instituciones y los privilegios "producen efectos bastante reales, inscritos de forma duradera en la crencia" (1990, p. 57). Creo que hay algo bastante conmovedor en la insistencia de Bourdieu y su persistencia en seguir adelante con esta idea crucial. Esto se resume en la forma en que el habitus transmite una historia que es "original e inevitable" (1990, p. 57).

Aunque esto pueda ser conmovedor, Bourdieu no se pone lírico sobre las emociones. Sobre una lectura, parece casi despectivo:

La emoción… es una "presentación" (alucinatoria) del futuro inminente, que como reacciones corporales idénticas a las de una situación real, testigo, lleva a una persona a vivir un futuro todavía suspendido como ya presente, o incluso ya pasado, y por lo tanto necesario e inevitable: "Soy hombre muerto", "Estoy acabado" (1990, p. 292 y sucesivas). 

Aquí la emoción proyecta la tendencia del habitus a enmarcar y ajustar continuamente entre lo improbable (posibilidad) y lo probable (probabilidad). Esto se puede escuchar claramente en la descripción de Bourdieu de cómo "los agentes cortan el saco según el hábito y así se convierten en cómplices de los procesos que tienden a hacer realidad lo probable" (1990, p. 65). En esta descripción bastante severa del funcionamiento del habitus, la emoción parece presagiar el hecho de que las aspiraciones siempre están severamente adaptadas a la realidad de la vida diaria. Ya sea alucinatoria o fatalista, la emoción parece ser la forma en que el cuerpo registra su regreso al "presente del mundo supuesto, el único que puede conocer" (1990, p. 65). No hay vuelos de fantasía posibles aquí; la emoción en esta comprensión actúa como el canario del minero cuando la esperanza se apaga.

 ¿Qué emoción produce el enunciado "Estoy acabado"? A primera, es el grito del miedo. También podría expresar la comprensión de que no queda nada que temer excepto el miedo mismo. El sentido de la emoción como anticipación / resignación se apoya con una discusión sobre el comportamiento físico de los cuerpos: "agacharse o inclinar la cabeza o la frente como signo de confusión o timidez, y también de vergüenza y modestia". Bourdieu concluye que "Masculino, movimientos ascendentes y femenino, movimientos descendentes. . . la voluntad de estar en la cima, de vencer, frente a la sumisión. . . . [es] como si el lenguaje corporal de dominación y sumisión sexual hubiera proporcionado los principios fundamentales tanto del lenguaje corporal como del lenguaje verbal de dominación y sumisión social ”(1990, p. 71, énfasis agregado)[10].

De esta manera, las expresiones del cuerpo, incluida la clásica de la vergüenza, la caída de la cabeza, se convierten en un tropo para describir las estructuras más amplias de dominación social. Dentro de este esquema, las emociones parecen actuar como sinécdoque del cuerpo. El cuerpo, estos "actos de gimnasia corporal", arraigan "las estructuras más fundamentales del grupo en las expresiones primarias del cuerpo. . . como se ve claramente en la emoción” (1990, p. 71).

El papel de la emoción se vuelve más pronunciado en la exposición de Bourdieu sobre la creencia y el cuerpo. "La creencia práctica", argumenta, "es un estado del cuerpo" (1990, p. 68); "La creencia promulgada [es] inculcada por el aprendizaje de la niñez que trata al cuerpo como una memoria viviente". Este aprendizaje asegura que los valores se "hagan cuerpo" e inculca una "cosmología completa". La creencia, lo que él llama "el encuentro casi milagroso entre el habitus y el campo", se vincula entonces de manera crucial con el papel de la emoción en la animación del cuerpo. La emoción y la gimnasia corporal son fundamentales para el hecho "debido a que los agentes nunca saben completamente lo que están haciendo, lo que hacen tiene más sentido de lo que saben". Es el simple acto de "reubicar el cuerpo en una postura general que recuerda los pensamientos y sentimientos asociados" (1990, p. 69). Estos actos del cuerpo en la emoción son entonces clave para el trabajo del capital simbólico, posiblemente la más valorada de las formas de capital en la conocida teoría de la distinción de Bourdieu[11].

El poder simbólico funciona en parte a través del control de los cuerpos y creencias de otras personas que se da por la capacidad reconocida colectivamente de actuar de diversas maneras sobre patrones de comportamiento lingüísticos y musculares profundamente arraigados, ya sea neutralizándolos o reactivándolos para que funcionen miméticamente. (1990, pág. 69)

A partir de esta imagen encapsulada, podemos decir que la emoción es parte del conocimiento del cuerpo. Parece funcionar para amplificar o reducir las tendencias inculcadas y, como tal, suena más a afecto. Como en el argumento de Massumi, el afecto se distingue como "irreductiblemente corporal y autónomo" de la emoción como "contenido subjetivo, la fijación sociolingüística de una cualidad de experiencia" (2002, p. 28). Esto es importante para aclarar el tipo de conocimiento que juega la emoción en la comprensión del cuerpo de Bourdieu. En la descripción de Bourdieu, la emoción no es directamente cognitiva, aunque sus efectos pueden iniciar la cognición:

El cuerpo cree en aquello que hace: llora si finge el duelo. No representa lo que realiza, no memoriza el pasado, encarna el pasado, devolviéndolo a la vida. Lo que se "aprende por el cuerpo" no es algo que uno tiene, como el conocimiento que se puede esgrimir, sino algo que uno es (1990, p. 73).

Esta idea del cuerpo como lo que "es" encaja incómodamente con el argumento de Bourdieu sobre el papel "alucinatorio" de la emoción. Como vimos, la emoción "presenta" un futuro inminente "; hace que el cuerpo se adapte a la inevitabilidad del futuro como pasado. La fraseología de Bourdieu de esto es: "Soy hombre muerto", "Estoy acabado". Anteriormente pregunté sobre la resignación que esto expresa, una especie de equivalente sociológico de la "ley de sod" donde las cosas irán mal si pueden. En esta descripción, la emoción presagia y confirma la finalidad del habitus. De acuerdo con esto, como se ejemplifica en la cita anterior, el cuerpo solo puede recrear el pasado. Al escuchar atentamente la secuencia de eventos descritos, el cuerpo siente, representa una emoción y luego trae a la existencia el pasado. Por tanto, es el cuerpo sensible el que tiene la consecuencia de convocar el pasado, un pasado espectral como futuro.

Esto describe las formas en que a través de la clase, o en ocasiones el género, o simplemente por educación familiar, la vida puede parecer un callejón sin salida. Pero, ¿qué pasa con la gama de expresiones afectivas del cuerpo? A veces lloramos y nos sentimos atrapados en el dolor y la alegría. El papel del habitus bien puede ser la resolución de la confusión, reproducir el sentimiento de inevitabilidad. Sin embargo, también puede haber ocasiones en las que la sensación sacuda el habitus; cuando el cuerpo supera la captura cognitiva del habitus.

En resumen, el uso que hace Bourdieu de la emoción parece cerrar las posibilidades del cuerpo que autoriza su propia teoría. La separación del cuerpo sensible y la emoción, y el papel implícito de esta última como mecanismo de ajuste cognitivo, significa conceptualmente que el cuerpo es capturado en y por lo social. Mientras Bourdieu admite la física del cuerpo, torpemente contiene esto dentro de una evocación esquiva y vaga de la emoción. Es una forma estrecha de describir lo que en otros lugares Bourdieu evoca tan ricamente. Las excitantes ideas sobre el cuerpo, o sobre como los agentes activos en la creación de sus mundos, quedan carcomidos si el cuerpo que "es" simplemente constituye un contenedor de lo que ha sido. Este puede ser el discurso del marxismo reelaborado de Bourdieu, o tal vez su malinterpretación de las emociones como una forma nefasta de falsa conciencia (un término que él no usaría, pero que parece apropiado en esta situación). Cualquiera que sea la fuente de su limitación del papel de la emoción, es una visión sin salida que solo puede tener sentido si, en última instancia, Bourdieu evacua la evidencia de las expresiones fisiológicas del cuerpo afectivo.

 

Una sociología de la humanidad

Es decepcionante encontrar destellos de una visión emocionante solo para descubrir que en el punto crucial se retira. Sin embargo, ahora retrocederé en el tiempo y consideraré al predecesor de Bourdieu, Marcel Mauss. Con él, espero, podamos apreciar la naturaleza fisiológica del habitus y del cuerpo sensible, más allá de que sea siempre y ya social, o inversamente imposible[12].

Según James, Mauss fue el primero en acuñar el habitus como un concepto sociológico. También menciona que originalmente el término se usó en la medicina para describir la apariencia externa de la cara y el cuerpo en relación con su estado interno de salud o enfermedad (1998, p. 20). El hábito es un principio clave en el esfuerzo de Mauss por comprender "l'homme total”, la visión de una explicación sociológica de la totalidad que se une a "el enlace local de forma y contenido. . . el aspecto tangible de la vida humana. . . en relación con el cuerpo y su experiencia material, las técnicas de trabajo y la representación rítmica de la ejecución ritual y simbólica” (James 1998, p. 15). Schlanger describe el trabajo de Mauss como "un trabajo de campo de la modernidad" (1998, p. 193), en el que podemos escuchar un primer anexo del "trabajo de campo en filosofía" de Bourdieu. En la descripción de Karsenti, el proyecto de Mauss se refería nada menos que a "una investigación sobre los principios en los cuales se ‘ensambla’ el ser humano. . . una reorientación de la conceptualización de lo social” (1998, p. 76).

Como dijo Mauss con franqueza, “después de haber dividido demasiado las cosas por necesidad, los sociólogos deben esforzarse por reconstituir el todo. . . El estudio de lo concreto, que es el estudio de la totalidad, es posible” (1990, p. 80). El desafío de Mauss incluía el análisis detallado de las piezas, así como tener la tarea de averiguar cómo hacer que se enlacen. De alguna manera, es la totalidad desde abajo, una que funciona a través del ejemplo y el detalle. Para Mauss, es a través del triple análisis de lo fisiológico, psicológico y social que se podría llegar a una comprensión del hombre total. En esto, el cuerpo cotidiano, práctico y vivo fue clave; a través de la fisiología del cuerpo: “la coordinación de los movimientos articulados por los que funciona y por los que encarna y transmite significado. . . estos actos corporales eficaces [educación, moda, prestigio] confirman la naturaleza social del habitus” (Schlanger 1998, págs. 198-199).

Junto con la enorme amplitud del proyecto de Mauss, también hay algo muy encantador en el hombre. En formas que debieron haber sido bastante impactantes en ese momento, y que siguen siendo refrescantes, Mauss admitió las debilidades humanas cotidianas dentro de su sociología de la humanidad. Que los humanos habitualmente hacemos las cosas mal o con torpeza, que nuestras acciones y técnicas dan fe del ensayo y el error, errores; y a veces la simple estupidez no sólo fue aceptada por Mauss, sino que a menudo también fue corroborada con ejemplos de su propia experiencia. En su exposición de técnicas corporales, cuenta por ejemplo, cómo su técnica de natación fue producto de una época en la que "los nadadores se veían a sí mismos como una especie de barco de vapor" (1979, p. 99). Luego se representa a sí mismo empujando a través del agua arrojando grandes corrientes de agua. Y qué decir de un pensador que al presentar su trabajo - y su desafío - a la Société de Psychologie, comenta que se inspiró en sus pensamientos sobre la natación cuando entró en relación con alguien "cuyo iniciales que todavía conozco, pero cuyo nombre ya no recuerdo". Aparentemente, el artículo era excelente, pero Mauss dice: "He sido demasiado vago para buscarlo" (1979, p. 98).

Las ideas de Mauss sobre el cuerpo y sus técnicas se engendraron en sus experiencias dentro de las trincheras de la Primera Guerra Mundial. Como se detalla en la biografía de Fournier (1994): “Además de su dolor por la pérdida de amigos y colegas, Mauss también discutió los sentimientos de miedo y pánico que tuvo que soportar, y su reconocimiento de la fuerza física y moral del instinto, que anima o por el contrario desanima y aísla al individuo durante los momentos extremos” (en Schlanger 1998, p. 209 y siguientes)[13].  Si bien era bastante mordaz acerca de una teoría de las emociones per se, Mauss no se avergonzaba de usar sus propias experiencias emocionales, que para mí es un gran punto a su favor. Por ejemplo, en lo que respecta a la guerra, recuerda cómo “yo también he experimentado el miedo, y cómo el pánico lo refuerza hasta tal punto que no solo al grupo, y al propio individuo, sino incluso el instinto bruto de la autoconservación, los hará disolver todos a la vez” (1979, p. 14).

Lo llamativo del modelo de Mauss, junto con su combinación de extrañeza y sentido común, es la forma como se entiende la totalidad a través de la intersección de elementos bastante distintivos. En otras palabras, la totalidad no es totalizante. La humanidad no es, en este sentido, una abstracción sino una verdadera llamada a estudiar todas las cosas que nos hacen. Escuchen, por ejemplo, la cantidad de cosas que suceden en la descripción de la totalidad de Maus:

[Nosotros] confluimos con la fisiología, los fenómenos de la vida corporal, pues parece que entre lo social y lo corporal la capa de la conciencia individual es muy delgada: risas, lágrimas, lamentos funerarios, eyaculaciones rituales, son reacciones fisiológicas tanto como son obligatorias o necesarias o sugeridas o empleadas por las colectividades para un fin preciso, con miras a una especie de descarga física y moral de sus expectativas, que también son físicas y morales (1979, p. 10).

Comparado con el equívoco de Bourdieu sobre el cuerpo y la emoción, Mauss va directo a la omnipresencia de las convergencias fisiológicas. En contraste con la forma en que lo social parece cerrar el cuerpo en el habitus bourdieusiano; Mauss se cuida de resaltar la capa muy delgada que existe entre lo fisiológico y lo social. Esa capa está habitada y perturbada por el cuerpo sensible: sus lágrimas, risas y eyaculaciones. A diferencia de Bourdieu, estos no tienen por qué estar contenidos como emoción, que como hemos visto juega un papel crucial en el cierre del habitus. Si bien Mauss también vincula los sentimientos del cuerpo con "un fin preciso", su énfasis está en la fisiología misma que anima lo social. Esto da una imagen muy diferente de encarnación y de socialidad donde el cuerpo no decae antes que lo social. Lo social aquí está cargado de físico y fisiología humana: los quereres, necesidades y deseos del cuerpo deleitándose en sus afectos. Lo social cotidiano encarnado se vuelve, para repetir la frase de Karsenti, "natural en el sentido más fuerte de la palabra".

La mente de Mauss abarcaba apasionadamente dominios muy diferentes. En estos días no vemos a menudo tanta pasión. Los raros lugares donde aparecen la pasión, la emoción y el interés son los argumentos que lidian con lo que las pasiones científicas podrían significar si se traducen a las humanidades. Por ejemplo, el trabajo reciente de Connolly se relaciona con las teorías neurológicas actuales para avanzar o renovar el pensamiento dentro de las humanidades. Para Connolly, un trabajo como el de LeDoux

Se puede hacer reverberar el cerebro emocional con la filosofía deleuziana. Connolly encuentra mucho interés, disfrute y asombro en lo cotidiano, la posibilidad de que pueda haber "algo mudo en el mundo que aún no se ha traducido al registro del pensamiento". Connolly utiliza el interés que brindan estos dominios de investigación muy diferentes para defender una sensibilidad ética alternativa y cotidiana: “una constelación de intensidades y sentimientos imbuidos del pensamiento”, el “material de las nuevas técnicas de pensamiento” (Deleuze, en Connolly 1999, pág. pág.23, pág.27).

A primera vista, podría parecer que la vergüenza no es un tema asociado con la pasión, y si es una sensibilidad, seguramente dolorosa e incómoda. La vergüenza es sin duda dolorosa, además de interesante porque activa tantas sensaciones. Pero la vergüenza hace más que sensibilizarnos a la gran variedad de efectos que informan la vida diaria; también propone una sensibilidad a la vez práctica, ética y necesaria: "la reacción apropiada a la propia vergüenza es un tipo de autotransformación", como Redding resume la visión de Nietzsche (1999).

Volvamos a esa sensación de estar fuera de lugar en lo cotidiano y la vergüenza. Aquí la vergüenza no puede entenderse fuera de su pura intensidad corporal. Como he indicado en los ejemplos de Bourdieu y especialmente de Mauss, hay tradiciones de pensamiento dentro de las ciencias sociales que han atendido a lo fisiológico, y han visto en él un componente necesario para comprender al ser humano total (una sociología de la humanidad que quizás sea un antepasado conceptual del humanismo planetario de Gilroy (2000)). A un nivel básico, una cosa que todos compartimos es un cuerpo biológico. Sus efectos somáticos pueden experimentarse de manera diferente, pero el cuerpo es. Somos humanos por lo fisiológico y lo somático, ¿cómo podría ser de otra manera? Sin ese nivel básico, todas nuestras teorías sobre la encarnación y lo cotidiano fracasarian.

 

Sobre cuerpos en otros lugares

¿Qué hay del ejemplo de mi momento de afecto que deje con tanta brusquedad en todas esas páginas?

Ahora que se ha desvanecido, ¿cómo volver a entrar en ese cuerpo sentado en la parte trasera de un Land Cruiser, ahogado al ver una enorme roca? ¿De dónde vino ese efecto? ¿Fue una reacción al divorcio de mi vida y la de otro? ¿Ese momento de afecto marcó una vergüenza producida en el cisma entre mi habitus y el campo? ¿O ese espacio (el rock, la música, mi hogar en el Land Cruiser, las semanas de acampar a la intemperie) permitieron una rearticulación radical de lo cotidiano? ¿Estaba infectada por mi propio pasado o el de una cultura completamente diferente? Los teóricos del afecto responden a tales preguntas con afirmaciones sobre la base biológica del afecto. De esta manera, comenzamos a ver dos niveles interconectados: sentimos la fisiología de ser afectados, y luego respondemos emocionalmente a través de los recursos de nuestros habitus. La emoción entonces "representa el ensamblaje de cualquier afecto con nuestra experiencia previa de ese afecto" (Nathanson 1996, p. 13); "El afecto es biología, mientras que la emoción es biografía" (Basch, en Nathanson 1996, p. 13). Nathanson, un psicólogo en ejercicio y seguidor de Tomkins, sostiene que "suceden tantas cosas en el cerebro que nada llama la atención a menos que desencadene un afecto". Como Tomkins, tiene claro que nacemos con afectos innatos. Éstos son, según Nathanson, la paleta que cada uno de nosotros recibe; es en nuestras combinaciones experiencia-afecto donde experimentamos de manera diferente las emociones individuales y colectivas.

Estas ideas ayudan a comprender dónde encajan el afecto y la emoción dentro del habitus. Comienzan a esbozar una comprensión más amplia del papel del afecto en la vida cotidiana. Sin embargo, los términos (biografía frente a biología) son bastante torpes. Pero en la búsqueda por comprender las conexiones entre niveles, no estamos limitados a un idioma en particular. Mahood, un escritor australiano que experimenta con los géneros de memorias y novela, demuestra una forma más matizada de describir cómo y dónde convergen lo fisiológico y lo biográfico. Su libro, Craft for a Dry Lake (2000), es una meditación extendida sobre cuerpos fuera de lugar. Ella transmite maravillosamente cómo los cuerpos se mueven, cambian y se adaptan al lugar, o se niegan a hacerlo, y cómo la fisiología del cuerpo cotidiano se encuentra con la física del lugar.

Al cruzar la frontera de regreso al Territorio, mi infancia se apresura a encontrarme. Los colores comienzan a intensificarse, la luz se agudiza. Empiezo a sentir algo en mis huesos, nervios y vísceras. No lo describiría como una emoción. Es más como una reacción química, como si cierta luz, temperatura y sequedad desencadenaran una serie de realineamientos físicos y nerviosos. . . Mi pulso está acelerado, todo adquiere una claridad alucinante (Mahood 2000, p. 35).

Más tarde, Mahood describe su reacción afectiva a la tierra como mucho más que un conjunto de imágenes mentales: "también es algo más, un conjunto de alineaciones viscerales sobre las que el intelecto no tiene jurisdicción" (2000, p. 174). El libro de Mahood es ostensiblemente en honor a la memoria de su padre y su viaje de regreso a la estación de su familia en el Tanami, una vasta huella de tierra entre el desierto de Simpson y Australia Occidental. También es un relato de sus experiencias afectivas, contadas en términos de sus realineamientos fisiológicos con la tierra, y profundamente relacional. Escribe de un plano a otro, mezclando cualquier certera y clara distinción, como la que existe entre el afecto biológico y la emoción biográfica, o entre el cuerpo y lo social. Su emoción es biológica y su biografía está escrita afectivamente en la tierra. La descripción de su viaje es, en el sentido de Mauss, total. La gama completa y el alcance del habitus cotidiano se vislumbran en su relación continua con la tierra, el tiempo y el lugar.

El habitus de Mahood está profundamente formado por ser una mujer blanca en relación con la tierra que era de su familia y ahora es tierra aborigen. Cuando es invitada a una gran ceremonia de negocios de mujeres, se encuentra automáticamente, biológicamente, siguiendo la tradición aborigen de establecer un campamento en dirección a esa tierra: “ese país que mi padre convirtió en una estación de ganado” (2000, p. 124)[14]. A medida que los cuerpos de las mujeres giran en dirección a su país, sentimos la forma en que los humanos actúan de acuerdo con el tropismo también. Como flores, nuestros cuerpos reaccionan a estímulos tan diferentes, volviéndose de forma innata de un lado a otro. Las relaciones de la relación aparentemente se multiplican indefinidamente. Cuando era niña, las mujeres aborígenes locales de la estación le pusieron un nombre de piel, "una formalidad que coloca [a los blancos] en una categoría de relaciones y comportamiento". Ahora reconoce la ambivalencia: "Es como si hubiera obtenido una contraseña secreta por medios deshonestos y la hubiera guardado para el momento en que podría abrir una puerta mágica" (2000, p. 125)16.

Mapear todas las relaciones que componen el habitus de Mahood llevaría mucho tiempo. A la vez, es tímida, avergonzada, orgullosa, pero ¿está avergonzada? No en el sentido habitual, y rechaza la evidente expresión emocional de vergüenza blanca que asocia con el romanticismo urbano sobre la cultura aborigen.

El paisaje fundamental está salpicado de la evidencia de actos ancestrales de violación, cópula, desmembramiento. Se trata de un encuentro físico con la tierra misma, de un herir, de un derramamiento de sangre, de un tomar la tierra misma, de un llevarse la tierra (2000, p. 195).

El reconocimiento de una singularidad aborigen es crucial, aun cuando su relación con ella está profundamente implicada en su habitus. En contraste con la relación insondablemente profunda con la tierra, que es parte integral de la vida cotidiana de los aborígenes, los no indígenas parecen tambalearse. "Los blancos que viven aquí luchan por articular un apego sobre el que no tienen control" (2000, p. 195)[15]. "Se van y vuelven, resentidos, llenos de rabia y dolores indigeribles". Estas experiencias blancas son "rasguños en la tierra" que no pueden entenderse sin una apreciación del "precio que extrae el homenaje a este país". La "aceptación" es posible, "basada en una ambición limitada: un enfoque momento a momento en el trabajo por hacer, la vida por vivir". Parece insoportable, al igual que parece asombroso que los blancos se mantengan en ello, criando ganado en condiciones ridículas. Mahood quiere que reconozcamos que mantenernos en la imposibilidad de estar en este lugar se predica en "una sabiduría estrecha y profundamente arraigada" (p. 195).

 

La vergüenza cotidiana 

El relato de Mahood apunta a un sentido diferente de la vergüenza, que ilumina una comprensión más rica y compleja de lo cotidiano. Su vergüenza, aparentemente parte de su experiencia diaria, no puede pegarse en una culpa blanca. De hecho, no hay culpa en su paisaje. Y en esto tampoco hay moralidad[16].

La vergüenza que siento en el relato de Mahood se basa en el interés, el tipo de interés que es difícil de conseguir a menos que esté en lo más profundo de tu habitus. En su descripción de su padre y de los que se quedaron como administradores de tierras que ahora son propiedad de los aborígenes, hay una sensación del complejo afectivo de ira-rabia, terror-miedo y vergüenza-humillación. La descripción clínica de la ira-rabia (el ceño fruncido, la mandíbula apretada, la cara enrojecida) captura asombrosamente la imagen del australiano blanco, duro y lacónico en la tierra. Vivir, volver continuamente a vivir una vida circunscrita a la "ambición limitada" es situarse en el ámbito del interés interrumpido, de la vergüenza. También recuerda inquietantemente el ejemplo de Bourdieu: "Soy hombre muerto, estoy acabado". Volvemos a oír esa terrible finalidad que el habitus parece garantizar. Sin embargo, de una manera más reveladora, Mahood también describe cómo los cuerpos continuamente intentan escapar de esa finalidad. Actúan junto con la sentencia de "Estoy acabado".

Como clave para una historia más amplia de la vergüenza blanca cotidiana, las reacciones fisiológicas de Mahood hablan repetidamente de interés, y el interés se frustra. Esto no se puede entender fuera de su habitus. Aquí lo fisiológico es lo psicológico y lo social. El cuerpo es. Y el cuerpo son sus reacciones a la sequedad, la luz, la historia que se envuelven plenamente en ese habitus particular. 

Ni heroica ni escandalosa, esta vergüenza está profundamente interesada y es interesante en formas que no se pueden describir fácilmente. No es puramente social (eso facilitaría su erradicación). Tampoco se puede escribir en una descripción general de una psicología blanca. La acción física y visceral del afecto perturba tal encasillamiento. Recuerda fuertemente el ensamblaje de Mauss, la intersección fisiológica-psicológica-sociológica, y tal vez ese lenguaje pueda comenzar a arrojar luz sobre la delicadeza de la vergüenza blanca, experimentada no como monumental sino como mundana. Si, como dicen los teóricos del afecto, nacemos con una paleta básica de afectos, también es necesario entender cómo, dónde y cuándo nos mueven en diferentes matices los términos. Si lo social es natural, físico y fisiológico, debemos hacer que nuestro lenguaje descriptivo sea tan apagado como los colores de la tierra.

De nuevo, ¿qué pasa con mi pequeño ejemplo? El aplazamiento constante ya habla de vergüenza. El momento que describí de aparente puro afecto, ciertamente se tradujo en vergüenza; o más precisamente, coincidieron dos tipos diferentes de vergüenza. Es difícil describir las diferencias, pero los términos precisos de Tomkins pueden ayudar. La exaltación ante y en los ojos de Uluru puede describirse precisamente como interés, excitación y disfrute-alegría. También puede haber habido algunos de los efectos neutrales que Tomkins llama sorpresa-sobresalto. Las cejas hacia arriba, los ojos bien abiertos y parpadeando, sonriendo y mirando y escuchando: no podía creer que estuviera allí. Luego, el movimiento casi simultáneo a sollozar, con la cabeza gacha, los dedos cubriéndome la cara. Bueno, sí, estas son las clásicas demostraciones faciales de vergüenza. En este nivel, sentí el calor de la vergüenza: me desgarró fisiológicamente y estaba más allá de mi control cognitivo.

                                                            

and reparation, whereas shame refers back to primal scenes in childhood. I find this argument flawed on two levels: first, the equation of guilt and reparation flows from her model of neo-liberalism and the project of ‘reforming’ individuals and their societies. This turns on a traditional notion of morality, and normativity. This recalls the familiar Foucauldian and Deleuzian formulations of morality as opposed to ethics. Secondly, and central to my argument, Nussbaum goes to great lengths to erase the physiology of the body in her account of the emotions. While too broad to enter into here, elsewhere I explore the erasure of the bodily and the experiential in Nussbuam’s project (Probyn 2004). While less surprising in Nussbaum, a recent turn to evacuate the experiential body can also be seen in the work of feminist who one would have thought to be more sympathetic to the body’s knowledges. See, for instance, the critique of Berlant’s argument against sentimentality (Probyn forthcoming) and the unease exhibited in Brown and Weigman’s respective accounts of the problems of teaching women’s studies (Probyn 2004).

Igualmente en ese momento, en esa sensación de tensión, hubo una división de vergüenza. Como ha argumentado Massumi, la diferencia entre emoción y afecto también puede describirse como una bifurcación en la respuesta, donde "el lenguaje funciona de manera diferente a la intensidad" (2002,

p. 25). A otro nivel que el afectivo, me di cuenta de mi vergüenza. Comencé a reconocer a mi vergüenza, que se refería a más vergüenza. No se puede olvidar el hecho de que Midnight Oil hacia su parte. Sus palabras no pueden ser ignoradas. "¿Cómo dormimos mientras nuestras camas se están quemando?" "Ha llegado el momento para decir hagamos un acuerdo justo".

Esta vergüenza emocional, o lo que incluso podríamos llamar cognitiva, existe con esa otra pequeña vergüenza que susurra en el habitus: el cuerpo gritando sus esperanzas y malestar porque se siente fuera de lugar. Esta vergüenza es el cuerpo diciendo que no puede encajar aunque lo desee desesperadamente. Uno de los pensamientos importantes que se pueden extraer de la noción de habitus de Bourdieu, o la descripción de Mauss del hombre total, es que nuestros cuerpos y sus biografías cotidianas pueden ser más complicados de lo que les hemos dado por sentado. Conceptualmente, desafían cualquier división ordenada del afecto biológico y la emoción biográfica, lo social y lo fisiológico. La memoria es algo extraño y se coloca en áreas difíciles de encontrar del cuerpo y el cerebro. El punto está expresado de manera torpe, pero nos recuerda que nuestros cuerpos e historias están constituidos por mucho más de lo que solemos admitir.

A través de varias teorías, descripciones e historias diferentes, he intentado defender una reconsideración de la vergüenza cotidiana. Me impulsa el interés y las posibilidades de lo que podría hacer la vergüenza con nuestros cuerpos, nuestros conceptos e ideas, y cómo habitamos la vida cotidiana. No todos los usos de la vergüenza son buenos. ¿Por qué deberían serlo? Pero la vergüenza es un hecho cotidiano del cuerpo y la vida humana. A veces conduce a actos reaccionarios, a veces obliga a una inspección minuciosa de cómo vivimos y se convierte en la fuerza necesaria para catalizar una ética de lo cotidiano: "como visceral … está comprometida con identidades, responsabilidades y conexiones más generosas ” (Connolly 1999, p. 21). Seamos sinvergüenzas en este proyecto.

 

References

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[1] In relation to how shame can highlight the construction of the ordinary and the everyday, see Ferrell’s (2003) lovely essay on shame, and indigenous and non-indigenous peoples in the context of a town ‘that prided itself on the ordinary’.

[2] The experiential aspects of the interplay of the ordinary and the extraordinary has had a profound influence in my work (e.g. Probyn 1997), and has been theoretically supported and inspired by Morris’ writing.

[3] While Tomkins pursues with fervor exactly how affects work in the body, he is equally passionate about what affects do to the self and society. This can be heard over and again in statements like, ‘the nature of the experience of shame guarantees a perpetual sensitivity to any violation of the dignity of man’ (1995, p. 136). This also animates the need for analyses where ‘the biopsychological mechanisms and the social products be integrated into a science of man and not polarized’ (1965, p. 72). For a more comprehensive discussion of what this entails for cultural studies, see Probyn (forthcoming). I have been hugely influenced in this project by Sedgwick and Frank (1995).

[4] The interventions into the debate about reconciliation in Australia (a formal and government evoked, although neglected, term) are too numerous to mention. However, for arguments based in a Deleuzian framing of the social, see Gatens and Lloyd (1999) and Probyn (2000, 2001).

[5] See also Probyn (1996) for an extended deployment of ‘examples’, indebted to Agamben’s arguments.

[6] As cited on http://www.thesalmons.org (accessed 12 September 2002).

[7] My thanks to Robyn and Jack Durack for taking me on a wonderful voyage that profoundly disturbed my everyday by introducing me to new land and ideas. 8 Utensillo de metal para hervir agua.

[8] Pequeño arbol australiano

[9] Bien en la piel*

[10] Elsewhere (Probyn forthcoming) I elaborate on the gendered dynamics of this description. See also feminist uses (Skeggs) and evaluations of Bourdieu (Lovell, Felski).

[11] Bourdieu distinguishes between cultural capital, which is the ‘incorporation’ (the making body) of objective markers of social distinction from symbolic capital that is the ‘world-making and changing’ ability he states is the possession of artists and writers (see Bourdieu 1986/1984, pp. 241–258). See also Hage (1998) for an interesting application of Bourdieu’s ideas.

[12] There are connections between Bourdieu and Mauss, although there’s little acknowledgement of any debt Bourdieu might have owed to Mauss. There is a vague sense that Mauss got Bourdieu wrong – which is totally illogical of course. It seems to me that Mauss got ‘straightened out’ in Bourdieu’s thought. He never really took Mauss’ ideas on, although he was cognizant of Mauss’ place in the field of French sociology. How could he not be? Mauss was Emile Durkheim’s nephew and did much to propagate Durkheim’s influence in French sociology. In 1930, Mauss also held the Chair of Sociology in the Collège de France which Bourdieu was to later occupy. He published three volumes of Mauss’ work in his series, Le sens commun. Marcel Fournier – Mauss’ preeminent bibliographer – comments that Bourdieu seemed to find Mauss less rigid than his uncle. He adds that there are several profound links between Mauss and Bourdieu especially in terms of their attention to the logic of practice and their understanding of the discipline and the role of the sociologist as politically engaged through sociological practice. My thanks to Marcel Fournier for these comments. For the most complete positioning of Mauss’ work, see Fournier (1994).

[13] Mauss’ experience of WWII was perhaps even more traumatic, although by then he was writing much less.

Pickering (1998) remarks that Mauss, who did not hide the Jewishness clearly marked in his second name of Israël, may have stepped down in 1940 from his position of director of Ecole Pratique des Hautes Etudes (5th section) because of Nazi pressures.

[14] Aboriginal law dictates that there are separate women’s and men’s spiritual roles and duties. 16 From the perspective of an anthropologist, Biddle (1997) describes – in an embodied, and therefore grounding breaking, approach – other aspects of these forms of relation.

[15] I am well aware that this sounds romanticized, and of course there are pressing realities that also inform Aboriginal life. For a compelling and convincing argument about an Aboriginal epistemology in connection to country, see Moreton-Robinson’s (2000) groundbreaking argument about ‘incommensurability’.

[16] There are large arguments about the relation of guilt to shame, and about the more productive nature of guilt. In particular, Nussbaum’s (2001) recent opus on the emotions posits guilt over what she calls the primitive nature of shame. Her argument about guilt’s more positive role is based on the equation of guilt

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