Ecce Homo, ¿No soy (no somos) yo una mujer? y Otras Inapropiadas/bles

 

Ecce Homo, ¿No soy (no somos) yo una mujer? y Otras Inapropiadas/bles: Lo humano en un paisaje post-humanista.

Donna Haraway


 


 

Quisiera poner el foco en los discursos sobre sufrimientos y desmembramientos. Quiero quedarme con los cuerpos desarticulados de la historia como figuras de posibles conexiones y responsabilidades. La teoría feminista procede por figuración, en el momento indicado cuando la propia narrativa histórica está en crisis. La narrativa histórica está en crisis a lo largo de todo el espectro político y en todo el mundo.  Y es en estos momentos cuando algo poderoso, y peligroso, sucede. La figuración trata de replantear el escenario para tanto de futuros posibles como de pasados. Es el modo de teoría para cuando la más “común” de la retórica de los sistemas de análisis crítico solo parece repetir y sostener nuestras trampas en la historia de las confusiones ya establecidas. La humanidad es una figura moderna y esta tiene un rostro generizado, una forma universal. El rostro de la humanidad ha sido el rostro del hombre. La humanidad feminista debe tener otra forma, otros gestos; creo que nosotras debemos tener figuras feministas de la humanidad. Y no pueden ser hombre o mujer; no puede ser lo humano una narrativa histórica que se haya planteado como un universal genérico. Por lo tanto, las figuras feministas no pueden tener un nombre, no pueden tener un origen. La humanidad feminista debe, de alguna manera, resistirse a ambas representaciones genéricas; resistirse a la figuración literal y así también estallar en poderosos nuevos tropos, nuevas figuras del discurso, un nuevo giro de posibilidad histórica. Para este proceso, el punto de inflexión en la crisis, donde todos los tropos giran de nuevo, necesitamos hablantes pertinentes. Este ensayo cuenta la historia de tal oradora, quien quizás figure la propia condición necesaria y contradictoria de una humanidad no genérica.

Aquí quiero poner juntos al iluminismo con sus figuras de coherencia y subjetividad dominante, a los portadores de derechos, los sostenedores de la propiedad privada, a los hijos legítimos que tiene acceso al lenguaje y al poder de representar, a los sujetos dotados con coherencia interna y claridad racional, a los dueños de la teoría, a los fundadores de estados, y a los padres de familias, bombas, y teorías científicas. En resumen, al Hombre que nosotras hemos estado conociendo y amando en la crítica de la-muerte-del-sujeto. Por otro lado, permítannos atender a otra cuestión crucial del humanismo occidental. Mi foco está puesto en la figura del quiebre y el sufrimiento de la humanidad expresando una esperanza posible, con ambigüedad y contradicción, como un simbolismo robado, y un sinfín de cadenas de traducciones no inocentes.  Pero también expresando un sinfín de series miméticas e incontables eventos implicados de grandes genocidios y holocaustos de la antigua y  moderna historia. Esto es la no originalidad, la mimesis, la farsa y el quiebre que dibujaron estas figuras y sus mutantes. Este ensayo es el comienzo de un proyecto sobre figuraciones que han aparecido en la matriz del internacionalismo, del cientificismo y de los textos feministas. En sus contrastes modernos deseo examinar, postmodernos y a-modernos, las maneras de construir “lo humano” después de la Segunda Guerra Mundial. Y aquí comienzo mi lectura sobre Jesús y Sojourner Truth como figuras occidentales engañosas por lo ricas, peligrosas y antiguas, de la tradición constantemente releída del humanismo judeo cristiano; y finalizo preguntándome como en la reciente teoría feminista intercultural y multicultural es posible construir figuras irremediablemente postcoloniales y específicas, que no sean genéricas, críticas a la subjetividad, la conciencia y la humanidad, en contra de la sagrada imagen de lo mismo, que en la misma practica critica de la “diferencia”, del sí mismo y el nosotras que nunca soy/somos idénticas a mi/nosotras mismas, y aun así tener la esperanza de conectar con otr*s.

El proyecto a largo plazo que este ensayo inicia, escenificará una conversación histórica entre tres grupos de textos poderosamente universalizantes:

 

1) Dos versiones de los discursos de la Organización de las Naciones Unidas sobre los Derechos Humanos (los estatutos sobre raza de la UNESCO entre 1950 y 1951, y los documentos y eventos de la década por La Mujer de la ONU de 1975-85);

 

2) La reconstrucción reciente fisco-antropológica moderna de la poderosa ficción de la ciencia, la especie humana, y las variación de la ciencia ficción Hombrehembra (Joanna Russ) (i.e., El hombre cazador de 1950 y 1970, y La mujer recolectora de 1970 y 1980); y

 

3) Las transnacionales, el multimillonario dólar, altamente autónomo, postmoderno aparato, literalidad del lenguaje tecnológico, para la producción de lo que se contará como “lo humano” (i.e., El proyecto del genoma humano, con su increíble poder de recuperación, fuera de las infinitas variaciones de fragmentos del código, lo singular, la sagrada imagen de lo mismo, el único hombre verdadero, lo estándar: registrado, catalogado y almacenado).

 

Finalmente la totalidad de la historia actual puede encajar toda junta como nunca el argumento del Iluminismo Humanista lo logró; pero espero que termine diferente, negativamente, prefiero. Sugiero que la única ruta a la humanidad no genérica, para quien la especificidad (enfatizando la no originalidad) es la clave para la conexión, a través de un nominalismo radical. Debemos tomar los nombres y las esencias lo suficientemente en serio para adoptar una postura austera sobre lo que hemos sido y lo que aun podríamos ser. Mi apuesta es grande: pienso que “nosotras” , como material crucial para una construcción retórica de la política y de la historia, necesitamos algo llamado humanidad. Es esa la clase de cosas que Gayatri Spivak llamó “aquello que nosotras no podemos no querer”. Ahora sabemos, a partir de nuestra perspectiva desde el estómago destripado del monstruo llamado historia, que no podemos nombrar y poseer las cosas que no podemos no desear. La humanidad, toda y en parte, no es autóctona. Nadie se hace a sí mismo y menos los hombres. Ese es el sentido espiritual y político del postestructuralismo y posmodernidad para mí. “Nosotras”, en este muy particular mundo del discurso, no tenemos vías para la conexión, ni para lo no cósmico, ni no genérico, ni tampoco para la totalidad no original que atraviesa el radical desmembramiento y desplazamiento de nuestros nombres y nuestros cuerpos. Por esto, ¿Cómo puede la humanidad tener una figura fuera de las narrativas del humanismo? ¿Tal figura qué lenguaje podría hablar?

 

 

Ecce homo! El Siervo Sufriente[1] como una figura de la humanidad[1]

 

 

Isaías 52. 13-14:

Mirad, mi siervo prosperará, el será exaltado y engrandecido, llegará alto. Así como muchos quedaron espantados al verlo – su apariencia estaba tan desfigurada, que ya no era un rostro humano, ni el del hijo del hombre -, así las muchas naciones se asombrarán también.

 

Isaías 53. 2-4:

El no tenía ni forma, ni atractivo que pudiéramos mirar en el, ni belleza que pudiéramos desear. Él fue despreciado y rechazado por los hombres; él, un hombre de tristezas y familiarizado con la pena, semejante a aquellos a los cuales se les vuelve la cara, fue despreciado y no lo hemos notado. Sin embargo él cargo nuestras penas y llevo nuestras tristezas; aun así lo creímos asolado, castigado y humillado por dios. Fue lastimado por nuestras transgresiones, y aplastado por nuestras iniquidades; sobre él cayó el castigo que nos hace uno y por sus llagas somos sanados.

 

Isaías 54. 1:

Los hijos de la abandonada serán más que los hijos de la que está casada, dijo el señor. (“¿es esto una prueba o una promesa?” preguntaron ambas mujeres, mirándose vacilantes entre ellas después de una larga separación.)

 

Juan 18. 37-38:

Pilato le dijo: “entonces, ¿tú eres rey?” Jesús respondió, “tú has dicho que yo soy rey. Para esto yo he nacido, y por ello he venido al mundo, para ser testigo de la verdad. Cualquiera que está de parte de la verdad escucha mi voz.” Pilato dijo: ¿Qué es la verdad?

 

Juan 19. 1-6:

Luego Pilato tomo a Jesús y lo azoto. Los soldados tejieron una corona de espinas, y se la pusieron en la cabeza colgándole una capa purpura. Ellos se acercaban diciendo, “¡Viva!, rey de los judíos” y lo abofeteaban. Pilato fue afuera de nuevo, y les dijo, “miren, lo estoy trayendo ante ustedes, para que sepan que no encuentro crimen en él”. Luego salió Jesús vistiendo la corono de espinas y la capa purpura. Pilato les dijo, “¡Aquí está el hombre!” Cuando el jefe de los sacerdotes y oficiales lo vieron, gritaron, “¡Crucifícalo, crucifícalo!” Pilato contesto, “tómenlo ustedes y crucifíquenlo, para mí no hay crimen alguno”.

 

Juan escenifica el proceso ante Pilatos bajo los términos del siervo sufriente del pasaje de Isaías. Los eventos del proceso de Jesús en este evangelio no sinóptico[2] probablemente no son históricos, sino teatrales en un sentido estricto: desde el comienzo, se escenifica la historia de la salvación, la cual se ha vuelto el modelo de la historia del mundo en las herejías seculares de los siglos de colonialismo europeo, tanto con sus misiones civilizadoras  como los discursos genocidas sobre la unidad de la humanidad. Pilatos probablemente hablo públicamente en griego o latín, lenguas que se convirtieron en el estándar de “universalidad” humanista escolástica europea, y sus palabras seguramente fueron traducidas por sus oficiales al arameo, la lengua de los habitantes de Palestina. Desde hace un tiempo que el hebreo solo se usaba en las ceremonias, incluso era  incomprensible para la mayoría de los judíos en las sinagogas. Los más recientes textos del evangelio de Juan que tenemos están en griego, la lengua probable de las obras (La Koiné, era el griego común que se hablaba y entendía por todo el imperio romano en los primeros siglos de la era cristiana). No tenemos la primera versión, si es que hubo alguna vez una primera, lo que tenemos es la versión final completada y revestida por transcripciones y traducciones que sentaron las bases del vasto aparato textual escolástico lingüístico bíblico; es la piedra angular de la academia moderna humanista, de la hermenéutica, de la semiótica  y de las ciencias humanas en general, más la antropología y la etnografía por supuesto. Por cierto, somos el pueblo del Libro comprometido en prácticas de escritura y de lectura derridianas de los primeros llantos proféticos y las codificaciones de la historia de la salvación.

Desde el principio que estamos en el medio de múltiples traducciones y puestas en escena de la figura sufriente de la humanidad, que no pudo ser sostenida sin la cultura del origen de las historias. La narrativa cristiana del hijo del hombre[3] circuló rápidamente por el mediterráneo en los primeros siglos de la presente era. La versión judía del siervo sufriente da a conocer las más poderosas de las precauciones éticas sobre el mundo de la tecnociencia transnacional fáustica. La presentación al pueblo del hijo del hombre como el ciervo sufriente, ridiculizado y miméticamente vestido en su verdadera ropa de rey y figura de salvación, se vuelve una poderosa imagen para la cristiandad humanista. La figura del siervo sufriente ha sido fundamental en la teología de la liberación y el marxismo cristiano del siglo veinte. Las diferentes maneras del siervo sufriente nunca terminan. Su más importante copia fue el mismo Jesús, Juan se apropia del teatro de la salvación de Isaías y podría acusar a los judíos de querer la muerte de su rey y salvador. En las raíces mismas de la narrativa cristiana esta el antisemitismo. El “Ecce Homo!” fue estandarizado en la versión latina de la biblia, después de numerosas traducciones, transcripciones y codificaciones de los evangelios. Jesús aparece como una pantomima de muchas capas, coronado con espinas en un manto purpura, él está en el centro de la burla disfrazado como un rey ante su propia e injusta ejecución como un criminal. Por cierto, como criminal él es una réplica del chivo expiatorio, El chivo expiatorio de la historia de la salvación. Pero  como carpintero él estaba de encubierto.

Esta figura de la Encarnación nunca pudo ser otra que la de un farsante, una verificación de la arrogancia de la razón que devela todos los engaños y forzar la versión correcta de una naturaleza recalcitrante es sus lugares más secretos. El siervo sufriente es una verificación sobre el Hombre; el siervo es la figura asociada con la promesa a la abandonada mujer que tendrá más hijos que la esposa, la figura que altera la claridad de la metafísica de la luz, de la cual el apóstol Juan estaba tan enamorado. El hijo de una madre sin padre, aún si el hijo del hombre reclama al Padre; Jesús es peligrosamente insidioso en la representación psicoanalítica del Edipo. Él ya amenaza con estropear la historia por sus disfraces y cambiantes formas de hábitos, incluso a pesar del porque de su rara relación de hijo y su más extraña relación de parentesco. Jesús hace del hombre la más prometedora farsa, pero la farsa no puede evadir la terrible historia de un cuerpo quebrado. La historia ha sido preservada de la herejía constantemente, para mantenerla forzosada a la tradición patriarcal de la civilización cristiana. Para mantenerla lejos de la atención de la economía de las imitaciones y las calamidades del sufrimiento.

Para los cristianos Jesús se vuelve la figura de la unión de la humanidad y la divinidad en la narrativa universal de la salvación. Pero, la figura es ambigua y compleja desde el comienzo, enredada en traducciones, escenificaciones, imitaciones, ocultamientos y evasiones. “Ecce Homo!” puede, debería por cierto, ser leído irónicamente por el “post-cristianismo” y otros post-humanismos como “Aquí el hombre, la figura de la humanidad (latina), el signo de lo mismo (el tono griego del homo). Es decir, la imagen sagrada de lo mismo, pero en la imitación original del actor de la historia que se burla especialmente de los cuentos recurrentes, que insiste en que ‘el hombre se hace a sí mismo’ en la mortal pesadilla onanística de la visión total coherente y correcta.”

 

Pero, “¿No soy yo una Mujer?”

 

[4]Bien, hijos, que es tanto alboroto debe ser algo descontrolado. Yo pienso que ‘ambos, negros del sur y las mujeres del norte, todos están hablando sobre derechos, los hombres blancos serán arreglados muy pronto. Pero ¿de qué se está hablando aquí? Ese hombre dice sobre la mujer que necesita ser ayudada en el carruaje, y ser levantada sobre las zanjas, y para tener un mejor lugar- y ¿no soy yo una Mujer? ¡Mírenme! Miren mis brazos… yo he arado y plantado y guardado en el granero, y ningún hombre podría adelantarme – y ¿no soy yo una mujer? Podría trabajar tanto como cualquier hombre (cuando puedo hacerlo), y aguantar los azotes de igual manera – y ¿no soy yo una mujer? He tenido cinco hijos y todos al parecer fueron vendidos para la esclavitud, y cuando lloro con mi pena de madre, nadie sino Jesús escucha –y ¿no soy yo una mujer?[2]

 

Sojourner Truth[5] está, quizás, menos lejos de la escalofriante profecía de Isaías de lo que estuvo Jesús. ¿Cómo puede un moderno Juan, o Juana, escenificarla reclamando ser, tanto una mujer negra como madre y como antigua esclava, Hij* del hombre, la realización de la promesa de unir a toda la gente bajo un signo común? ¿Qué clase de signo es Sojourner Truth: trasladada a la fuerza, sin hogar, sin un nombre propio, sin incorporación al discurso de la (blanca) feminidad, violada por su dueño, obligada a copular con otro esclavo, robados sus hijos e incluso cuestionada la anatomía de su cuerpo? Una poderosa oradora para el feminismo y el abolicionismode la esclavitud, las más famosas líneas del discurso de Sojourner Truth de 1851 en Akron, Ohio; evocan los temas del siervo sufriente vinculando al reclamo por el estatus de humanidad para las impactantes inapropiadas/bles figuras[3] de la femineidad negra del nuevo mundo. La portadora de la promesa de humanidad para la femineidad en general, y por cierto, la portadora de la promesa de humanidad también para los hombres. La mujer recibe su último nombre directamente de su dios, llamada por una visión religiosa cuando deja su hogar en la ciudad de New York en 1843 para viajar predicando su propio y único evangelio. Nació como esclava alrededor de 1797 en el condado de Ulster, New York. Su dueño holandés la nombra Isabella Baumfree. “Cuando yo deje la casa de la servidumbre, deje todo atrás. Yo quiero ir a Egipto para nada, y así fui al Señor y le pedí que me diera un nuevo nombre”.[4] Y Sojourner Truth aparece en su segundo nacimiento como una profeta y una calamidad.

Sojourner Truth pone en evidencia a las reuniones sufragista y abolicionistas de la esclavitud mujeres de finales del siglo diecinueve. Ella dio su más famoso discurso en la convención sobre los derechos de las mujeres en 1851 en Ohio, en respuesta a los provocadores hombres blancos antisufragistas quienes amenazaron con interrumpir la reunión. Discute también con el posicionamiento del género de Jesús, cuya masculinidad ha sido usada para restringir, puesto que es un clérigo quien discute contra los derechos de las mujeres. Sojourner Truth notó sucintamente que ese hombre no tiene nada que hacer con Jesús, pues él vino de dios y de la mujer. El líder de la agitación no era un vagabundo predicador de juicios esquivos y sin buena voluntad; sino un hombre autorizado y revestido por el poder hegemónico de su civilización. Este hombre libre y blanco actuó más asertivamente que aquel burócrata colonial del Imperio Romano, donde los sueños de sus mujeres sobre sus raros prisioneros les daban problemas.[5] El otro paladín está listo, un furioso varón blanco médico, denunciando y protestando por lo que ella decía; demandando que ella pruebe que era una mujer, mostrando sus senos a las mujeres de la audiencia. Las diferencias (entiéndase como las marcas divisorias de la autenticidad) fueron reducidas a la anatomía.[6] Pero el punto iba aún más lejos, las demandas del doctor articulan la lógica racista/sexista que hacen de la carne una indescifrable, dubitativa, fuera de lugar, confusa y sin gramática a las personas negras en el nuevo mundo.[7] Recordemos que Trinh Minh-ha, desde una diáspora diferente cientos de años después, escribió, “Quizás, para algunas de nosotras que nunca hemos sabido sobre lo que la vida en una cultura vernácula es/era y somos incapaces de imaginar aquello que podemos ser/podríamos haber sido, el género simplemente no existe más que en la gramática de una lengua”.[8] El discurso de Truth estaba fuera de lugar, sospechosamente dudoso, ella era femenina y negra. No, eso está mal; ella era una negra femenina, una negra mujer, no una substancia coherente con dos o más atributos, sino una singularidad oximorónica quien representaba a una entera, excluida y peligrosa promesa de humanidad. El lenguaje corporal de Sojourner Truth era tan electrizante como el lenguaje discursivo. Y ambos estaban enredados en una cascada de preguntas sobre el origen, la autenticidad, y la generalidad o la universalidad. Es Truth una figura de la no originalidad, pero ella/el no es derridiano. Ella/el es trinhiana, o quizás wittigniana, y las diferencias importan.[9]

Cuando comencé a delinear los perfiles de este trabajo busqué versiones de la historia de Sojourner Truth, y las encontré escritas y reescritas a lo largo del siglo diecinueve y en los textos feministas contemporáneos.[10] Su famoso discurso, transcripto por una blanca abolicionista de la esclavitud, ¿no soy yo una mujer?, adorna en un poster las oficinas de los estudios de las mujeres y los centros de mujeres por todo los Estados Unidos. Estas líneas parecen levantare para algo que las unifica como “mujeres”, pero especialmente qué exactamente desde el punto de vista de la excavación del terrible edificio “mujer” del feminismo en el lenguaje del patriarcado occidental y los sistemas de representación; ¿quién es la única que jamas puede ser un sujeto, quien es un espacio en el terreno, un matriz y un piso, la pantalla donde se despliega el acto del hombre? ¿Porque su pregunta tiene más poder para la teoría feminista 150 años después que cualquier afirmación y declaración? ¿Sobre qué es la figura, cuyos fuertes nombres significan algo para alguien que no podría estar en el hogar, para quienes la verdad fue desplazada del hogar, que obliga a re-latar y re-escuchar su historia? ¿Qué clase de historia puede Sojourner Truth habitar?

Para mí, una respuesta a esas preguntas descansa en el poder de Sojourner Truth de figurar una colectividad humana sin la construcción de un cierre total de una categoría sin marcas. Sino totalmente lo opuesto, su cuerpo, nombre y discurso; sus formas, contenidos y articulaciones; pueden leerse como sostén de la promesa de nunca realizar el universal. Un lenguaje común que nos reclama colectiva y personalmente en cada una de nosotras, precisamente a través de su radical especificidad, en otras palabras, a través del desplazamiento y la resistencia para la identidad sin marcas, justamente como el sentido para reclamar el estatus de “lo humano”. La esencial Truth no podrá apaciguarse; esa fue su especificidad. Ella/el no era cualquiera; ella/el era inapropiada/ble. Esta es una “postmoderna” lectura de algunos puntos de vistas, y seguramente no es la única lectura posible de la historia. Sino es una con la que yo espero convencer al lector/a que es el corazón de la inter y multicultural teoría feminista de nuestro tiempo. En términos de Teresa de Lauretis esta lectura no es por mucho postmoderna o post-estructuralista, como si específicamente comprensible por la teoría feminista:

 

Así, argumentaré, que es precisamente allí donde el discurso particular y de carácter epistemológico de la teoría feminista reside: siendo a la vez sus determinaciones sociales y discursivas internas, y también exteriores y desmedidas. Esta marca lejana de reconocimiento de un momento de la teoría feminista, y la actual etapa de reconceptualización y elaboración de nuevos términos. Una reconceptualización del sujeto como múltiples y cambiantes organizaciones a través de ejes variables de diferencias; un repensar las relaciones entre formas

de opresión y modos de resistencia y agencia, y entre practicas de escritura y modos de entendimiento formal – de hacer teoría. Una emergente redefinición de marginalidad como local, de identidad como desidentificación… Usaré el término de teoría feminista, como el término conciencia o sujeto, lo singular se refiere al proceso de entendimiento que es premisa en la especificidad histórica y lo simultaneo, a menudo contradictorio, presencia de las diferencias en cada una de las instancias y prácticas…[11]

 

 

Vamos a ver los mecanismos de exclusiones de Sojourner Truth del lugar de la universalidad sin marcas (i.e., exclusión de “lo humano”) en el discurso del patriarcado blanco moderno en relación a, ver mejor como ella aprovechó su cuerpo y discurso para cambiar la “diferencia” en un organum para ubicar la dolorosa realidad, y las prácticas de de-construccion, des-identificación y des-membramiento al servicio de una nueva articulación de la humanidad. El acceso a esta humanidad será predicado en una disciplina del hacer-sujeto (subject-making) entendida a la manera de Trinh:

 

Las dificultades parecen quizás menos insalvables solo si YO/yo logro hacer la distinción entre diferencia reducida a la identidad-autenticidad y diferencia entendida también como diferencia critica de mi misma…

Diferencia en tal contexto no situado es el socavamiento de la misma idea de identidad, postergando al infinito las capas de la totalidad de la forma “yo”.

… si el feminismo esta puesto como una forzosa desmitificación, entonces tendremos de fondo la cuestión de nuestra propia creencia en la identidad.[12]

 

Hazel Carby clarificó como en el Nuevo Mundo, y especialmente en los Estados Unidos, las mujeres negras no eran constituidas como “mujer” a diferencia de como si lo eran las mujeres blancas.[13] Así, las mujeres negras eran simultáneamente constituidas racial y sexualmente como una marca de femineidad (sexualizada, animal y sin derechos) pero no una mujer (humana, potencial esposa, conducto del nombre del padre); en una institución específica, la esclavitud, que las excluía de la “cultura” definida como la circulación de signos a través del sistema del matrimonio. El parentesco investía a los hombres con derechos y las mujeres no lo tenían por sí mismas. La abolición del parentesco en la esclavitud para este grupo en el discurso legal produjo una totalidad de personas como propiedad alienable.[14] MacKinnon definió a la mujer como una figura imaginaria, el objeto del deseo del otro hecho realidad.[15] Las figuras “imaginarias” hechas realidad en el discurso de la esclavitud fueron objeto del trabajo alienante o de las figuras feministas “inmodificables” del objeto del deseo. Las mujeres libres de Estados Unidos de un patriarcado blanco fueron intercambiadas en un sistema que las oprimía, pero las mujeres blancas heredaron a las mujeres y hombres negros. Como hace notar Hurtado, en el siglo diecinueve las feministas blancas prominentes fueron casadas con hombres blancos, mientras las feministas negras eran propiedad de los hombres blancos. En el racismo patriarcal, los hombres blancos “necesitaron” para la “pureza” de la raza de su descendencia posicionar a las mujeres libres y no libres por incompatibilidad, una simbólica simétrica y socialmente espacial.[16]

Las esclavas femeninas eran marcadas con estas diferencias de la manera más literal, la carne se volvía entonces des dentro hacia afuera, “añadiendo una dimensión léxica a la narrativa de las mujeres en la cultura y la sociedad.”[17] Estas diferencias no terminaron con la emancipación formal, han tenido consecuencias definitivas hasta muy entrado el siglo veinte y continuarán así hasta que el racismo como institución fundadora del nuevo mundo termine. Spillers llamó a estas fundantes relaciones de cautiverio y mutilación literal “una gramática Americana” (68). Bajo las condiciones de la conquista del nuevo mundo, de la esclavitud y sus consecuencias hasta el presente, “los léxicos de reproducción, deseo, nombre, maternidad, paternidad, etc., están todos arrojados a una crisis extrema” (79). “Generizar, en sus contemporáneas referencias a las mujeres afroamericanas, insinúa un implícito e irresoluto rompecabezas sin la asistencia de los actuales discursos feministas y colectivos que investigan la problemática de la cultura” (78).

Spillers pone en primer plano que la libertad de los hombres y las mujeres se heredan del nombre del padre, quien a su vez tuvo los derechos sobre sus hijos menores y esposa; y que estas últimas no los tuvieron nunca para sí mismas. Pero él no era dueño de ell*s en el sentido cabal de la propiedad alienable. Los hombres y mujeres no libres heredaron su condición de sus madres, quien a su vez específicamente no tuvo control sobre sus hijos. Ell*s no tuvieron nombre en el sentido que lo teorizaron Leví-Strauss o Lacan. Las madres esclavas no podían transmitir un nombre; ellas no podían ser esposas; ellas estaban fuera del sistema de intercambio del matrimonio. La esclavitud estaba sin posición, sin lugar en un sistema de nombres; ellas eran específicamente, ilocalizables y sumamente desechables. En estos cuadros discursivos, la mujer blanca no era simbólica y legalmente totalmente humana; y las esclavas no eran ni legal, ni simbólicamente humanas para nada. “En esta ausencia de la posición del sujeto, las sexualidades aprisionadas proveen una física y una biológica de expresión de ‘otredad’” (67). Dar a luz (no libremente) a los herederos de la propiedad no es la misma cosa que dar a luz (no libremente) la propiedad.[18]

Esta pequeña diferencia es parte de la razón prominente y dependiente de los “derechos reproductivos” para las mujeres de color en los Estados Unidos en su totalidad del control natal; por ejemplo, sus libertades son a partir de la ruina por los linchamientos, las encarcelaciones, la mortalidad infantil, los embarazos forzosos, las esterilizaciones coercitivas, los hogares inadecuados, la educación racista, la adicción a las drogas, las guerra a las drogas y la guerra militar.[19] Para las mujeres blancas americanas el concepto de propiedad de ellas mismas, ser dueña del cuerpo de una misma, en relación a la libertad reproductiva, está más comprensiblemente focalizado en el campo de las acciones en torno a la concepción, el embarazo, el aborto y el nacimiento; porque el patriarcado blanco cambio el control de los hijos legítimos y las consecuencias constitutivas de la femineidad blanca como mujeres. Tener o no tener hijos entonces se vuelve literalmente una elección de definición-del-sujeto para tales mujeres. Las mujeres negras específicamente, y las mujeres sujetas a la conquista del nuevo mundo en general, enfrentan un amplio campo social de reproducción sin libertad en el cual sus hijos no heredaron el estatus de humanidad de los fundantes discursos hegemónicos de la sociedad de los Estados Unidos. El problema de la mujer negra en este contexto no es simplemente su propio estatus como sujeto, sino también el estatus de sus hijos y su pareja sexual, masculina y femenina. No es de extrañar que la imagen edificante de la raza y el rechazo de la separación categórica entre hombres y mujeres, sin estremecerse por los análisis de coloración y blancas opresiones sexistas, hayan sido predominantes en el discurso negro femenino del nuevo mundo.[20]

El posicionamiento de las mujeres afro-americanas no es el mismo de las mujeres de color; cada condición de opresión especifica su propio análisis y ambos rechazan la separación e insisten sobre la no identidad de raza, sexo, sexualidad y clase. Por supuesto estos temas se hacen duros porque una adecuada teoría feminista del género debe simultáneamente ser una teoría de la diferencia sexual y racial en condiciones históricas específicas de producción y reproducción. Ellas también ponen en claro por qué de una teoría y una práctica de hermandad no puede ser la base de posiciones compartidas en el sistema de género, y a lo largo de todo el antagonismo de la estructura cultural entre coherentes categorías llamadas mujeres y hombres. Finalmente, ellas dejan claro el por qué la teoría feminista producida por mujeres de color ha construido discursos alternativos de femineidad que rompe el humanismo de muchas tradiciones discursivas occidentales. “Nuestra tarea es hacer un lugar para esta diferente subjetividad social. En el gran hacer nos interesa muy poco juntar las categorías de feminización generizada que gana la insurgente base en los sujetos femeninos sociales. Actualmente reclamándo la monstruosidad de la mujer junto con el potencial de ‘nombrar’… el ‘zafiro’ podría reescribir después de todo un texto radical de la diferencia del empoderamiento de la mujer.”[21] Y quizás, del empoderamiento de la problemática categoría de “humanidad”.

Mientras fundamentalmente contribuyamos al quiebre de cualquier localización original de sujeto, las políticas de la “diferencia” emergiendo desde estas y otras complejas reconstrucciones de conceptos de subjetividad social y sus asociadas prácticas de escritura son profundamente opuestas a nivelar relativismos. La teoría post-estructuralista no feminista en las ciencias humanas ha tendido a identificar el quiebre de la “coherencia” o la subjetividad dominante como la “muerte del sujeto”. Como otras en posiciones subyugadas nuevas e inestables, muchas feministas se resisten la formulación de proyectos y cuestiones emergentes en el momento que racial/sexual/colonial comienzan “por primera vez” a reivindicarse con una autoridad “originaria”, a representarse a sí mismas en prácticas de publicación institucionalizadas y otros tipos de prácticas auto constitutivas. La deconstrucción feminista del “sujeto” ha sido fundamental, y ellas no son nostálgicas de la coherencia dominante. En cambio, la versión necesariamente política se construyó en carne como las teorías feministas de subjetividad genérica racial; debe adquirir crítica y afirmativamente la emergencia, la diferencia, la auto representación y subjetividades sociales contradictorias con sus reivindicaciones sobre la acción, el conocimiento y las creencias.

La cuestión supone el compromiso para transformar el cambio social, un momento de esperanza embebido en la teoría feminista de género y otros discursos emergentes sobre el quiebre de la subjetividad dominante y la emergencia de otras inapropiadas/bles.

“Otredad” y “diferencia” son precisamente lo que al “genero” es lo  “gramatical”, un hecho que constituye al feminismo como una política definida por los campos de contestación y repetidas negativas a las teorías dominantes. “Genero” era desarrollada como una categoría a explorar, que es lo que cuenta como “mujer”, problematizar lo que antes se daba por sentado, rehacer lo que cuenta como “humano”. Si las teorías feministas de género siguieron la tesis de Simone de Beauvoir que una no nace mujer, con todas las consecuencias de ello, a la luz del marxismo y el psicoanálisis, más la críticas al racismo y los discursos colonialistas; para entender que finalmente cualquier sujeto coherente es una fantasía, y la identidad personal y colectiva es precaria, constante y socialmente reconstituida.[22] Tal es la razón  del provocativo título del libro de bell hook 1981 que se hace eco de Sojourner Truth, ¿No soy yo una mujer?, con ironía, la identidad “mujer” es a la vez reclamada y deconstruida simultáneamente. Esta es una mujer digna de la profecía de Isaías, ligeramente rectificada:

Ella/el fue despreciada y rechazada por los hombres; una mujer/hombre de tristezas, familiarizada con la pena, semejante a aquellas a los cuales se les vuelve la cara, ella/el fue despreciada y no la hemos notado. . . . Así como muchos quedaron espantados al verla/o – la apariencia de ella/el estaba tan desfigurada, que ya no era un rostro humano. . . . por eso muchas naciones se asombrarán de ella/el también.

 

Esta resuelta no mujer Truth tuvo la ocasión de refigurar una humanidad, no genérizada, no original, posterior del quiebre del discurso del humanismo eurocéntrico.  Pero como sea, nosotras no podemos dejar la historia de Sojourner Truth sin mirar más de cerca la transcripción del famoso discurso ¿No soy yo una mujer? pronunciado en Akron en 1851. El texto escrito representa el discurso de Truth en un idiolecto imaginado de Los Esclavos por el blanco abolicionismo, de la supuesta arquetípica plantación de esclavos negros del sur. La transcripción no provee un inglés del sur afro-americano que ningún lingüista, y mucho menos un parlante actual, pueda requerir. Pero esto es falsamente específico, se imaginó un lenguaje que represente el lenguaje “universal” del esclavo para la literatura publica abolicionista, y este es el lenguaje que ha llegado a nosotras como la “autentica” palabra de Sojourner Truth. Esta falsa lengua, indiferenciable de muchos ingleses parlantes del nuevo mundo, nos recuerda una noción agresiva de la diferencia, una que introdujo las dominantes categorías sin marcas por la puerta de atrás en la apariencia de lo específico, la cual está hecha para ser no disruptiva o deconstructiva, sino original. Las indiferenciadas esclavas negras podrían figurar para el discurso humanista abolicionista, y sus descendientes en las paredes de las oficinas de estudios sobre mujeres, un tipo ideal, una víctima (héroe); una especie de argumento espacial para la acción del abolicionismo, una humana especial. No una que podría abrazar a toda la gente a través de su incesante figuración de diferencia crítica, no una agente rebelde predicando su propio y único evangelio de desplazamiento sino la base de una conexión.

Para reforzar este punto, esta antigua y particular esclava no era sureña. Ella nació en New York y era propiedad de un holandés. Como mujer joven, ella fue vendida junto con algunas ovejas a un granjero Yankee quien le pegaba por no entender inglés.[23] Sojourner Truth como adulta que ciertamente casi hablaba un afro-hollando-ingles peculiar de una región que estaba en New Amsterdam, “le dicto su autobiografía a una amiga blanca y sobrevivió vendiendo de la lectura”.[24] Otras transcripciones disponibles de su discurso están impresas en un inglés “estándar” de un ya avanzado siglo veinte; por eso esta lenguaje parece menos racista, mas “normal” a oyentes que quieren olvidar las diásporas que pulularon en el nuevo mundo, mientras al mismo tiempo hacían a una de sus figuras un “típico” héroe. Una moderna transcripción/invención del discurso de Sojourner Truth los ha puesto en un afro-hollando-ingles; su famosa pregunta resuena en el oído, “¿No somo-soy-o una mujer?”[25] El cambio en las formas de las palabras nos hace repensar su historia, la gramática de su cuerpo y su vida. La diferencia importa.

En ese siglo diecinueve, un reportero amigable decidió que él no podía poner las palabras de Truth en el escrito: “Ella hablo unos pocos minutos. Reportar sus palabras habría sido imposible. Como si intentara reportar los siete truenos apocalípticos.”[26] De hecho, él continuó transcribiendo/reconstruyendo la presentación de ella, de la cual estas líneas son un ejemplo:

Cuando yo era esclava abajo en New york [era New York triste [down] para Sojourner Truth?!], y había algunos especiales malos trabajos que hacer, algunas mujeres de color estaban seguras que las llamarían para eso. Y cuando escuche al hombre hablando a lo lejos y lo hizo al menos por una hora, me dije a mi misma, aquí hay una mancha de trabajo que seguro encajará para que después las gentes de color limpie.[27]

 

Quizás lo que más se necesita fregar aquí es la inhabilidad de escuchar el lenguaje de Sojourner Truth, enfrentar su especificidad, reconocerla, pero no como la voz de los siete truenos apocalípticos. En cambio, quizás necesitemos verla como una afro-hollando-inglesa del nuevo mundo, una predicadora itinerante que desde sus disrupciones y sus prácticas de alto riego encabezaron el “abandono de la casa de la servidumbre”; dejar la dinámica del hacerse-sujeto (y humanista) del amo y del esclavo, buscar nuevos nombres en un mundo peligroso. Esta verdad de Sojourner ofrece una réplica intrínseca sin terminar pero potente a la interpelación escéptica de Pilato: “¿Que es verdad?”. Ella es una mestiza de Gloria Anzaldua,[28] hablando el lenguaje irreconocible y pertinente, viviendo en las tierras fronterizas de la historia y de la conciencia, donde los cruces nunca son seguros y los nombres nunca originales.

Yo prometí leer a Sojourner Truth, como a Jesús, una figura engañosa, una forma cambiante, quien quizás perturbe nuestras nociones -todas: clásicas, bíblicas, científicas, modernas, postmodernas y feminista– de “la humanidad”, mientras nos hace recordar porque no podemos no querer estos problemáticos universales. Las palabras de Pilato estuvieron a través de cascadas de transcripciones, invenciones y traducciones. El “Ecce homo” probablemente nunca ha hablado. Pero no importa como se han originado estaban desde el comienzo implicadas en permanentes traducciones y reinvenciones, estas líneas ponen en juego lo que cuenta como humanidad, las posibles historias de la humanidad. Lo mismo vale para la pregunta afirmativa de Sojourner Truth, “¿No somo-soy-o una mujer?”, que era engañosa, forzada por sus constantes desplazamientos, reconstrucciones de historias fundadoras de cualquier hogar posible. “Nosotras, lesbianas, mestizas, inapropiadas/bles otras somos todas los términos para la posición crítica excesiva; a la cual he intentado tomarle el pelo y rearticular de varios textos del feminismo contemporáneo, una posición realizada a través de prácticas políticas y desplazamientos personales por los límites entre las identidades sociosexuales y comunitarias, entre los cuerpos y los discursos, de lo que me gusta llamar el “sujeto excéntrico”.[29] Tales figuras excesivas y móviles no pueden sentar lo que solemos llamar “una completa comunidad humana”. Tal comunidad siempre se vuelve hacia la dominación. En fin, a estos sujetos excéntricos podemos llamarlos a explicar nuestra imaginada humanidad, todas estas están siempre articuladas a través de la traslación. La historia puede tener otra manera, articulada a través de diferencias que importan.

 

 

 

 



[1] N.T.

The Suffering Servant en el original tiene la acepción coloquial en el mundo anglo parlante de “El Siervo de Dios”, que aquí se traduce con cierta literalidad. Pero se hace notar la construcción semántica como El Siervo Sufriente, donde convergen estas  dos congruentes significaciones con que cuenta Donna Haraway. 

[2] N.T.

Los primeros tres evangelios son llamados sinópticos por su similitud narrativa, de contenido y orden (Mateo, Marcos y Lucas) a diferencia del evangelio de Juan.  

[3] N.T.

The Son of Man en el original, al igual que el siervo sufriente, tiene un uso coloquial en el mundo anglo parlante que es el de Jesucristo, o para referirse a él. Vale aclarar que para el mundo católico hispano parlante también se entiende a El Hijo del Hombre como Cristo, pero no es tan usada fuera de una formación católica relevante. Pero se prefirió mantener la traducción de El hijo del hombre por el juego significativo que realiza la autora en el texto aquí presentado.  

[4] N.T.

Se reproduce la versión de la cita del texto de Donna Haraway para  referencia:

Well, children, whar dar is so much racket der must be something out o’ kilter. I tink dat ‘twixt de niggers of Souf and de women at de Norf all a talkin ‘bout rights, de white men will be in a fix pretty soon. But what’s all dis here talkin’ ‘bout? Dat man ober dar say dat women needs to be helped into carriages, and lifted ober ditches, and to have de best places – and ain’t a Woman? Look at me! Look at my arms!... I have plowed and planted and gathered into barns, and no man could head me – and ain’t I a Woman? I could work as much as any man (when I could get it), and bear the lash as well – and ain’t I a Woman? I have born five children and I seen ‘em mos all sold off into slavery, and when I cried with a mother’s grief, none but Jesus hear – and ain’t I a woman?  

[5] N.T.

Sojourner Truth (1779-1883) Abolicionista y activista por los derechos de las mujeres. 



Notas

Este texto fue originalmente presentado en the American Anthropological Association meetings, Washington. D.C., el 19 de Noviembre de 1989. Su recorrido retórico entre los géneros de la escritura académica y el discurso religioso está inspirado y dedicado a Cornel West. Gracias a las becas del Senado Académico de la Universidad de California en Santa Cruz.

 

[1] Gracias a Gary Lease por guiarme en la biblia.

 

[2] Citas en bell hooks, Ain't I a Woman: Black Women and Feminism (Boston, Ma.: South End Press, 1981), pág. 160.

 

[3] Tomo prestado el poderoso signo de Trinh, una figura imposible, la otra inapropiada/ble. Trinh T. Minh-ha, “She, the lnappropriate/d Other”, Discourse. 8 (1986-87).

 

[4] Gerda Lerner, in Black Women in White America: A Documentary History, edited by Gerda Lerner (New York: Random House, 1973), pp. 370-75.

 

[5] Mateo 27.19

 

[6] Trinh T. Minh-ha, Woman, Native. Other: Writing. Postcoloniality, and Feminism (Bloomington: Indiana University Press, 1989).

 

[7] Hortense Spillers, “Mama’s Baby, Papa’s Maybe An American Grammar Book,” Diacritics, 17. 2 (1987), pp. 65—81.

 

[8] Trinh T. Minh-ha, Woman. Native, Other, p. 114.

 

[9] Estoy usando “importa” en la forma sugerida por Judith Butler en su trabajo en proceso, Cuerpos que importan. Véase también Monique Wittig, The Lesbian Body, traducido por David LeVay (Nueva York: Avon, 1975). Los cuerpos y sujetos marcados teorizados por Trinh, Butler y Wittig evacuan precisamente el binomio idealismo-materialismo heterosexista y racista que ha imperado en la tradición filosófica occidental generizada. Las teóricas feministas podrían reclamar aquí una hermandad con Derrida, pero no una relación de derivación o identidad.

 

[10] Unos ejemplos: bell hooks, Ain’t I a Woman; Trinh T. Minh-ha;, Woman, Native, Other; Angela Davis, Women, Race, and Class (New York: Random House, 1981); Gerda Lerner, Black Women; Paula Giddings. When and Where I Enter: The Impact of Black Women on Race and Sex in America (New York: Bantam Books, 1984); Bettina Aptheker, Woman’s Legacy: Essays on Race. Sex, and Class in American History (Amherst: University of Massachusetts Press, 1982); Olive Gilbert, Narrative of Sojourner Truth, a Northern Slave (Battle Creek, Mich.: Review and Herald Office, 1884; reissued New York: Arno Press. 1968); Harriet Carter, “Sojourner Truth,’ Chautauquan, 7 (May 1889); Lillie B. Wyman, “Sojourner Truth,” in New England Magazine (March 1901); Eleanor Flexner, Century of Struggle: The Woman’s Rights Movement in the United States (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1959); Edith Blicksilver, “Speech of Woman’s Suffrage,” in The Ethnic American Woman (Dubuque, Iowa: Kendall/Hunt, 1978), p. 335; Hertha Pauli, Her Name Was Sojourner Truth (New York: Appleton-Century-Crofts, 1962).

 

[11] Teresa de Lauretis, “Eccentric Subjects,” in Feminist Studies. 16 (Spring 1990), p. 116.

 

[12] Trinh T. Minh-ha, Woman, Native, Other. pp. 89, 96.

[13] Hazel V. Carby, Reconstructing Womanhood: The Emergence of the Afro-American Woman Novelist (New York: Oxford University Press, 1987).

[14] Hortense Spillers, “Mama’s Baby,”

[15] Catharine MacKinnon, “Feminism, Marxism, Method, and the State: An Agenda for Theory.” Signs, 7, 3(1982), pp. 515—44.

[16] Aida Hurtado, “Relating to Privilege: Seduction and Rejection in the Subordination of White Women and Women of Color,” Signs, 14, 4 (1989), pp. 833-55, 841.

[17] Hortense Spillers, “Mama’s Baby,” pp. 67—68.

[18] Hazel V. Cathy, Reconstructing Womanhood p. 53.

[19] Aida Hurtado, “Relating to Privilege,” p. 853.

[20] Hazel V. Cathy, Reconstructing Womanhood, pp. 6—7; bell hooks, Ain’t I a Woman; bell hooks, Feminist Theory: From Margin to Center (Boston, Mass.: South End Press, 1984).

[21] Hortense Spillers, “Mama’s Baby.” p. 80.

[22] Rosalind Coward, Patriarchal Precedents: Sexuality and Social Relations (London: Routledge and Kegan Paul, 1983), p. 265.

[23] Gerda Lemer, Black Women. p. 371.

[24] Ibid, p. 372; Olive Gilbert, Narrative of Sojourner.

[25] Edith Blicksilver, “Speech.”

[26] Quoted in Bettina Aptheker. Woman’s Legacy, p. 34.

[27] Ibid., p. 34.

[28] Gloria Anzaldüa, Borderlands/La Frontera (San Francisco: Spinsters, 1987).

[29] Teresa de Lauretis, Feminist Studies, p. 145.

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