Los usos del sexo. Los usos de la lengua.

 





Los usos del sexo. Los usos de la lengua.

emma song

 

Y quien habla, y quien canta, llora y ríe una lengua que compone un cuerpo y recompone una narrativa sobre sí misma.  

“Quien dijo amigos, si te conozco mucho más sin la ropita…”, dice una canción de Tini y Becerra (2021) homónima de otra de Karina (2004). “Dale miénteme, haz lo que tú quieras conmigo…” ¿Pero cuál es la mentira? Que acción es posible frente a la interpelación de la mentira, miénteme demanda un compromiso que parece ajustarse a reposicionamientos éticos y morales con respecto a la relación mutua.

Pero si la ética se define en relación con los excesos potencialmente violentos del poder del sujeto, entonces ese poder en realidad se presupone y se refuerza en el mismo intento de socavarlo. Lo que se niega desde el principio es la falta de poder del sujeto, su vulnerabilidad y dependencia. El respeto y la distancia son ciertamente mejores que la violencia y la apropiación, pero ¿es la ética solo una forma de moderación? (Johnson, 2014)

La presuposición de un sujeto imperial que domina violentamente la escena, incluso la del reconocimiento, nos hace inquietar acerca del compromiso político en las relaciones con las otras, tales relaciones semióticas-materiales de la existencia pueden verse figuradas en la narrativa del placer sexual. Johnson se pregunta si es posible usar a la gente de otra manera que no sea, ni suponiendo la falta de agencia –o lo que es lo mismo, suponer (nos) un  sujeto imperial-, ni la violencia y pura vulnerabilidad. Esta inquietud resuena en la articulación normativa de como pensamos y somos críticas con respecto a la singularidad de los cuerpos y las existencias bajo la política del sujeto liberal. La narrativa del sujeto liberal, la del día a día que es lo que me interesa, no solo parece un efecto de lo autosuficiente, lo auto contenido y lo prescindible de lo social, sino cómo los objetos del día a día en las culturas que habitamos dibujan las sensibilidades de la carne bajo solapamientos que cabalgan entre la menosprecio y lo irrisorio, eso que muchas veces se marca como lo popular.

En una entrevista en 1995 se lo ve a diego en una camioneta en algún campo de la pampa argentina dar vueltas escuchando música a todo volumen, luego el mismo cuenta que escuchar esa canción lo hace sentir que tiene ganas de hacer cosas grandes. La precisión de la sensibilidad estética para dibujar un futuro posible, es articulado material y semióticamente por una canción. Tal experiencia puede ser ampliamente compartida con otra infinidad de canciones. Es una experiencia que podemos compartir muchas: las canciones que resuenan a todo volumen para “poder seguir adelante”.

Así prestar atención a Miénteme de Tini y Becerra, la interpelación performativa sugiere la cohabitación de un uso sexo/afectivo consensuado. Las marcas del amor y el sexo supuestos en las narrativas corporales de la excitación y la complicidad sexual, y las marcas normativas de la habitación social en la relación interpersonal; sugieren un uso del espacio público como mascara afectiva frente al placer sexual y los efectos que tal “publicación” podría sugerir en la vida social. La posibilidad del placer sexual en una narrativa que debe mentirse – en que otro lado más que en lo social- produce un uso de la otra persona al volverse objeto de placer sexual.

Miénteme dime que yo soy tu bebe

Y mañana somos amigos, amigos, amigos (Mienteme de Tini y Becerra, 2021)

Usar a las personas, sugiere Barbara Johnson (2014), es central para poder aprender las posiciones de sujetos y objetos, y tal aprendizaje depende radicalmente de estar siendo objeto, ser objeto es la posibilidad de volverse un sujeto. El espacio social que plantea la canción se distribuye bajo las dinámicas afectivas de atmosferas que dependen de la distribución consensuada de quienes son/quieren ser objetos y quienes son/quieren ser sujetos, parece entonces sugerir una cohabitación del sexo que no desea seguir el camino narrativo normativo del deseo de la pareja posible a futuro.

Sin embargo la canción es infinitamente popular, lo cual nos impone la tarea de dejar de marcar una línea divisoria entre lo normal y lo antinormativo. Una dicotomía que disuelve sus fronteras cuando pensamos la relación sujeto objeto del placer sexual.

El uso de personas puede entenderse simplemente como explotación, como cuando una persona con poder o recursos hace un uso del trabajo infra compensado de otros para aumentar su poder o sus recursos. O, de manera interpersonal, el uso de personas se asocia comúnmente con un escenario en donde una persona dice estar interesada en otra persona con el fin de obtener algo para sí misma. De manera menos instrumental, pero con la misma frecuencia, las personas también pueden usar a otras personas al servicio de su propia consolidación narcisista, como cuando, en palabras de Heinz Kohut, “el control esperado sobre el objeto catextizado narcisistamente. . . está más cerca del concepto que un adulto tiene de sí mismo y del control que espera sobre su propio cuerpo y mente que de la experiencia del adulto sobre los demás y de su control sobre ellos (lo que generalmente conduce al resultado de que el objeto de tal narcisismo, es decir, el 'amor' se siente oprimido y esclavizado por las expectativas y demandas del sujeto). (Johnson, 2014)

Sin embargo, sería interesante sumar,  si lo pensamos en el marco de Tomkins, interés y vergüenza podría articular otros sentidos muy diferentes al uso personal narcisista que sugiere Johnson, no habría un uso sino la necesidad de reconectar lo que se desconectó por x motivos; que por cierto para Tomkins es la tarea de la vergüenza.

El rol de objeto parece enseñarnos algo sobre como el sujeto se configura para sí y para otros. Siguiendo a Johnson, no pensemos en un objeto idealizado, sino uno oloroso y mundano. Para Johnson era la mantita vieja y sucia que marcaba Winnicot; para nosotras, en el juego de la lengua que hacemos hoy: el sexo. Si el deseo normativo es establecer vínculos sexuales y afectivos que reproduzcan la marca del amor monogámico y exclusivos, un sexo entre amigos sería por lo menos un sexo sin deseo. En la canción de Tini y Becerra no podemos distinguir cuál es la mentira, si ser amigos o ser pareja, no podemos decidir que se está mintiendo, y sin embargo algo está mintiéndose para tener sexo. Esa imposibilidad de marcar el límite entre amigos y pareja, objeto y sujeto de deseo sexual o entre normal y antinormativo.  

Cuando estamo' acompañado' solo e' bla, bla, bla

Pero si 'tamo solito' e' mucho muah, muah, muah (Mienteme de Tini y Becerra, 2021)

 

¿Es esta la amistad que quería Foucault? Un sexo sin deseo (heterosexual, o en el limbo ante lo heterosexual), y sugerentemente sin amor, que solo puede existir en la mentira de ser objeto de placer sexual paraliza toda posibilidad de teleología normativa, el sentido queda obturado pero no la acción. Sin embargo esa acción cobrara sentido en el loop de posibilidades de desenmascarar la mentira, de volver el vínculo sexual otra cosa distinta por la cohabitación social.  La libidinización del sexo, según Foucault, inaugura la norma que produce un tipo de sexo como efecto del deseo –libido- que antes no estaba ahí, solo en relación a una falta que debe purgarse en las infinitas sucesiones de la la existencia individual. Heredad una libido/deseo que no podemos controlar pero de la que si hay que cuidar/vigilar a otr*s y a una misma, donde la acción sexual misma es secundaria, incluso insignificante,  frente a tal o cual objeto del deseo.  Lo que crea la canción parece ser un atmosfera afectiva que hace posible la acción sexual. Y que insiste en pausarse del desarrollo ulterior de lo que se espera normativamente, pero que sin embargo sigue insistiendo en su iterabilidad, porque es el único lugar donde recoge semiótica materialmente su existencia el sexo.

'Toy má' clara que el agua

Baby, fluyo aunque mañana te vaya'

Yo no sé qué me pasa

Pero hoy quiero pasarme de la raya (Mienteme de Tini y Becerra, 2021)

 

Pasarse de la raya nos sugiere la co-habitación de una política sexual que separa a amistades de vínculos sexuales, pero sin embargo tampoco podemos pensarlo que esa literalidad. La canción como un tropo que reúne mucho de los sentidos del sexo y el afecto en nuestra contemporaneidad, nos revela una actitud vascilante frente al guion normativos de los vínculos, tanto la de comprometerse como la de no comprometerse con la norma. Ser objeto de deseo sexual parece ser el lugar que pone a salvo una narrativa que no se quiere ser desplegada completamente. Si no podemos separar amor de sexo, la canción ensaya una política de como el sexo puede ser una pausa normativa. Un corte en la historia personal-global de la dinámica amorosa.

“Quien dijo amigos, si te conozco mucho más sin la ropita...”, la retórica evidencia el juego sexual que no quiere proseguir la dinámica del deseo de pareja (heterosexual), no solo indica el límite del sexo sin deseo, sino el umbral donde no hay verdadera relación amorosa, una mentira del lazo social afectivo, frente a aquel de la articulación social normativa que lleva relaciones sexuales bajo otros tropos sexuales. La canción sugiere que para evitar la dinámica normativa del sexo, y el amor concomitante, es necesario evitar la retórica del deseo que se abre a la mirada de lo social: “quien dijo amigos…” ¿Si ya no es el matrimonio el modelo relacional, que modelo relacional sugiere miéntenme de Tini y Becerra? ¿Hay que mentir el modelo relacional para tener relación alguna con l*s otr*s?

Siguiendo a Johnson el objeto, el uso de los objetos, pone de manifiesto la imposibilidad de decidir cuándo un objeto – y paradigmáticamente  el objeto sexual- está a dentro o fuera del sujeto. La canción describe de manera radical una experiencia que se construye en base a esa indistinción, pero que se la reifica para poder tolerarla, para poder “vivirla”. El sexo aparece en la canción como un objeto transicional en las relaciones entre las personas, pero que no necesariamente devendrá en matrimonio, como incluso el mismo Winnicot sugiere.

Lo que quiero sugerir, siguiendo a Johnson y la canción de Tini y Becerra, que es posible crear espacios de placer y riesgo que no dependan de mantener la integridad y la separación propias de la política del sujeto liberal. No es que el riesgo sea siempre o en sí mismo positivo, ni mucho menos. “La posibilidad de ser destruidas desatada por la vulnerabilidad exagerada o de la grandiosidad sin empatía está ampliamente documentada. Pero la empatía excesiva es simplemente contrafóbica. Lo que pasa desapercibido es un peligro que surge no sólo de la destructividad, sino del terror de la destructividad, su represión exagerada y paralizante. Elaborar estrategias que permiten a una confiar, jugar y experimentar la realidad tanto del otr* como la del sí mismo sugiere pensar una ética para ‘utilizar a las personas’” (Johnson, 2014). Una ética sexual del placer sexual como y en uso. Quizás sea una tarea posible para un feminismo prosexo.


Referencias

Feuerstein, M., González, B. J., Porten, L., Valens K. (2014) The Barbara Johnson Reader. The Surprise of Otherness. Durham and London: Duke University Press.

Tini, Becerra, M. (2021) Mienteme [canción]. Sony Music Latin y Hollywood Records.


Entradas populares