La hora dorada

            La incomodidad de la confianza, alguien se sienta a leer tu mail, no hay palabras finales. Recuerdo la luz de la tarde sobre un espejo y tu cuerpo, alguien me dice que siempre puede ser peor, pero lo peor no llega. Hemos  hablado mucho de la intensidad, del vacío de tu hora dónde la luz se parece al amarillo. Podría ser que los escalones no fueran suficientes, como abrir de par en par la presencia. La sinceridad es un absurdo. 

            Las plazas de Córdoba son secas, marrones como el negro paso de los autos, el banco sabe a tierra. Espero que esperes. Me vuelvo sobre unas migas de pan sobre tu comisura. Una imagen sobre la pared de la puesta en escena que se escapa, baja la piel, bajo la cama, bajo el ritmo del reproche. 

             Tu rostro sobre el césped vertical se siente lejos, una exposición al blanco, al brillo incesante de lo que se apaga y el atardece sobre algún rostro. El tiempo volverá en silencio.

             La ausencia que se queda.


Entradas populares