El gesto de De Cuir



Los modos se tuercen. Un cuerpo oblicuo se desplaza en el espacio. Una torcida forma del ahora. Para ser justas es una retorcida.
La oscuridad supone que una ve, que algo ve, que se hará la luz. Para quienes vemos la obra aparece, y reordena el espacio vertical normativo solo con la presencia de ese cuerpo que solo se aparece. Merleau Ponty decía que las cosas nos son accesibles desde el ángulo correcto, enrarecerse entonces es una operación doble: volver el cuerpo un gesto extraño y extrañable, y perder el espacio plano y el tiempo lineal. 
Una habitación que es radicalmente una habitación, no por la narrativa exacta de un realismo hetereosexual, sino por la atencion sinfónica y solitaria de un colchon de una plaza, una mesita de luz y un par de trapos que nadie conoce. Si esa importación llamada queer sirve de algo, quizas sirva para darnos las coordenadas que lo raro es primeramente un espacio que se tuerce, una sexualidad que no sigue la línea recta -normal- del espacio tiempo heterosexual. Las cosas se nos aparecen como correctas si nos son accesibles desde angulo correcto. Y el cuerpo cuir ha torcido muchas más cosas que las definiciones que podemos darnos. 
La cajita de madera que nos mueve desde un fondo negro, una mesita de luz que apenas ilumina la desnudez de la norma, hace mucho en esos amaneceres de la noche cuando nadie se acuesta con la torcida. Pero el colchon. 
Que puede un colchón sino todo el tiempo sedimentado en formas regulares del ahora. ¿Del ahora? ¿Quién es un ahora? Si el gerundio es lo que la teoria cuir quiere de nosotras, en la obra De Cuir, el tiempo se tuerce hasta desplegarse firmemente confuso en una nostalgia futura. Un futuro que ya paso. Las huellas como transpiración en unas sábanas mojadas del sexo que no nos salva pero nos abraza torcidas y vueltas a torcer. Ese pretérito presente de la soledad cubierta con la infinidad de una costumbre. El tiempo en la obra es cuir, porque no solo sucede, sino que viene sucediendo. Un rostro apenas marcado en la sabana de un colchón cualquiera de una noche cualquiera de unas lágrimas cualquieras. 
Sedgwik nos regaló una epistemología del armario, el desafío de la obra es pensar una epistemología del colchón; salir del armario no parece tener otro sentido que salir del colchón, levantarnos a la norma vertical de lo mismo. Y muchas veces no podemos salir del colchón, nos chupa. ¿que clase de amante es ese colchón? 
No resigna no decir nada, habla una lengua torcida en la noche de la norma vertical, quien se arrastra trae otras posibilidades. 
Es posible que sea posible.



De Cuir
de Exequiel Ramos
danza teatro
Festival El Deleite de los Cuerpos 2019

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