A mí color de piel boliviana
Mí color de piel
Mí piel son mis antepasados que se conectan con ese territorio que lleva el nombre de Bolívar, ese lugar extraño de ls colonia de la no colonia.
Hoy desde la frontera de mí piel, alado de Bolivia, junto a Bolivia, espero esa noticia dura y vieja de las castas que fulminan. Una negociaión de 500 años, nuestras pieles bajo la lupa de lo que resplandece detrás del noticiero blanco.
Nunca fui una india, pero siempre supe serlo. Al costado de Bolivia recorrí su camino cómo su fuera el mío. Un gesto débil que el estado nación fuera pluri.
Hoy se lee que la revolución es lo que quiere el pueblo, ni siquiera podemos identificar nuestras pieles. ¿Que revolución y para quien? Y sobre todo quien limpiará lo que esa Pachamama aún no puede articular.
La derecha sabe por izquierda como hacer de la democracia un desierto donde crece esa sensación que el bienestar de muchos es la violencia última. La política de la ansiedad revolucionaria reifica la derechizacion de la historia. El rígido esquema político y moral que cierra la alianza, a todo eso que se pare al poder. La democracia como fin de la pequeña historia del subalterno que balbucea, o unos votos, o un reconocimiento del que ganó los votos.
¿Quienes son mis compañer*s? Que coalición se acerca a nuestro color de piel que se agota con nosotras mismas tratando de estar en la cresta de la correción del gobierno de si y de l*s otro*s.
Alguna feminista atravesada en la coyuntura del colonialismo de la ciudadanía global, alguna vez preguntó si puede el subalterno hablar: habla, grita, golpea y exige también alianzas con la derecha global.
La biopolítica no alcanza, la gobernza de un fin que se parece a la amargura.




