Fragilidad, sexo y desencanto


Fragilidad, sexo y desencanto
Políticas de cuidado

 juli crosa y emma song

Resumen: A partir de una serie inglesa disponible en la plataforma netflix: "After life" (Gervais, 2019), en la que se relata la (pos)vida de un esposo después de la muerte de su esposa, efecto del cáncer; se verán compañía -como lazo social inevitable- y cuidado, entrelazados de una manera diferencial durante el proceso de duelo. En efecto, el duelo expulsa al protagonista a los límites de la heterosexualidad. 
Esta narración nos permitirá delinear algunas preguntas en torno a la construcción de agendas políticas del cuidado feminista. Duelo y desencanto se despliegan entonces, no sólo como atmósferas afectivas sino como formas políticas desde donde interrogarnos: ¿Qué sobrevive al duelo? ¿Qué posibilita el desencanto?
En este sentido, un relato heterosexual de duelo nos brindará claves para pensar nuestros feminismos y problematizar las políticas en torno al riesgo/peligro y fragilidad/advertencia, desde "el desencanto" que propone val flores (2019). ¿Cómo imaginar otras éticas de cuidado que interrumpan la metáfora del riesgo? ¿Es posible pensar una ética de cuidado cuir?
    
After life, serie de netflix del 2019, escrita y dirigida por el comediante inglés Ricky Gervais, en formato sitcom donde se relata la (pos)vida de un esposo después de la muerte de la esposa efecto del cáncer. Desde la primera escena, se cuenta acerca de los límites de la compañía, así como de la presencia de la compañía que sobrevive junto con él, una perra. Así nos gustaría presentar la estructuración de la advertencia como política del cuidado, es decir las maneras en las cuales plantamos signos para que nos cuidemos y cuidemos a l*s otr*s; y cómo esto se ha convertido en un sentido común muy riguroso y con efectos afectivos de los más curiosos. Por ello, quien no vio la serie o quien la ha visto y no completó la narrativa, está avisad*, no les cuidaremos del saber total de la narrativa. Le contaremos toda la historia a continuación.
¿Que hace que nos cuidemos? la vulnerabilidad compartida como condición propia de la posibilidad de la existencia es distribuida de una manera diferencial en las políticas dominantes de las emociones. El cuidado vuelve visible el peligro que nombra: ¿el peligro inminente de la misma contingencia?, ¿o la formulación del peligro mismo del que queremos cuidarnos?  ¿Cómo definimos los contornos del peligro?, ¿cómo imaginan nuestros feminismos el peligro y las políticas del cuidado que inauguran?
            En la narrativa heterosexual de la serie sobre las relaciones entre personas, se dramatizan las respuestas afectivas al duelo. Butler afirma que estamos inexorablemente atadas a l*s otr*s. Esa ontología social es ejemplificada con el duelo, la no existencia de es*s que hacen a quien soy. “Enfrentémoslo. Los otros nos desintegran. Y si no fuera así, algo nos faltaría” (Butler, 2006, p.50).
Siguiendo a Adriana Cavarero, tanto Butler como nosotras, llevamos esa atadura a l*s otr*s no sólo al estar-con-otr*s, sino al depender radicalmente del relato de l*s otr*s. En este sentido, una puede hacer de todo para que l*s demás reconozcan su auto percepción de género -aun cuando no coincida con la presentación del mismo- pero siempre dependeremos de cómo nos narran y de lo que presenten de nosotras.
En la serie, la radical ontología social de la melancolía heterosexual se escenifica en los videos que ella filmó mientras pasaba los últimos días en un hospital. Estos videos están destinados a cuidar al protagonista de sí mismo, a cuidar su memoria recordando sus deberes éticos de cuidados con l*s otr*s, con humanos y no humanos. Así, compañía -lazo social inevitable- y cuidado se enrarecen una vez inaugurado el duelo.
    
Narrativa heterosexual
    
La muerte de quien lo hacía feliz, o de “una buena persona”, a este esposo ejemplar de un pueblo ejemplar de un país ejemplar; sugiere aquello que Ahmed (2019) en “La promesa de la felicidad” nombra: para que una cosa haga feliz, primero tiene que ser asociada con algo bueno. Y lo bueno aquí, es representado como el matrimonio heterosexual que pasa el tiempo con bromas, paseos y complicidades que no rompen con nada de lo dado. Una vida en pareja perfectamente feliz, por su simplicidad en la no complejidad del vínculo. “El amor heterosexual supone la posibilidad de un final feliz, aquello que orienta la vida, le da dirección o propósito, incluso aquello que orienta cualquier historia” (Ahmed, 2019, p. 197). Sin embargo, la muerte rompe la heterosexualidad obligatoria.
“Eres un inútil”, dice ella en un video explicando la razón por las que esos videos existen, la razón por la que debería verlos. La configuración social “nueva” -que como espectador*s es la única que conocemos- después de la muerte de la esposa nos obliga a suponer el fuera de campo narrativo de la historia de ese hombre, una historia heterosexual. Otra advertencia o cuidado, porque quizás crean que estamos hablando de ustedes (parafraseando a Eve Kosofky Sedgwick), cuando decimos heterosexualidad, indicamos un sistema político dominante de la producción de cuerpos marcados sexo genéricamente (Rubin, 1975); otr*s quizás hablen de heteronorma, pero creemos que una de las trampas de la heterosexualidad es el investimento de naturaleza, no solo en la repartición de los géneros sino como performances sexual entre dos cuerpos heterogéneos.
La interpelación del fuera de campo narrativo nos obliga a tener muy en claro que el matrimonio es un fin en sí mismo, que hace a las personas felices -si encuentras a tal persona-, como política de socialización que supone el sexo monógamo y la exclusividad afectiva, para lograr esa felicidad. Este vector dentro de tantos otros pone en evidencia la política heterosexual como máxima. El duelo quiebra la heterosexualidad, a tal punto que el personaje ya no necesita/quiere ser amable y educado con las personas que lo rodean, ya sea en su trabajo, ya sea con su familia “política” -nunca tan pertinente-, o con las eventuales personas que se cruza.
Hay dos personajes con los que interactúa a lo largo de la serie, con los cuales debe negociar. No solo porque son nuevas relaciones sociales, sino porque debe reorganizar su relación con esas personas “nuevas”, personas que antes no estaban en la realidad heterosexual de su vida con una esposa viva. No creemos que sea porque la esposa impidiera tales vínculos, sino porque la prostituta y el drogadicto que vive en la calle, sólo pueden entrar en la narrativa, una vez que el personaje principal -por su duelo- se corre de la narrativa heterosexual. El duelo lo expulsa a los límites de la heterosexualidad. Muchas veces hemos escuchado y sabemos que no hay que decir todo lo que se piensa, que hay un orden moral en ese callar para la sociabilidad supuesta, ese no decir todo se basa en el supuesto de que podemos lastimar a las otras personas si decimos todo lo que pensamos (seguramente más de una estará pensando ahora que es una estupidez lo que planteamos, pero nos cuidará de sus pensamientos).
Esta encarnación de la norma social es rota en la serie en cuestión, sin concesiones de corrección política ni argumentos reivindicativos, se dramatiza el efecto de querer terminar con la vida (heterosexual) que finalizó con la vida de su esposa. La pos vida heterosexual solo puede conectarse con lo que no tiene un reconocimiento político pero que sin embargo está ahí: el trabajo sexual y el sin sentido de la vida[1]. Asimismo se dibuja una política cuir basada en el desencanto de la vida heterosexual, que solo tenía sentido en el anudamiento con la persona muerta. No solo se es expulsado de la vida sino que también se desencanta, como si se desencantara la posibilidad de lo social, que sin embargo no podemos evitar, lo cual lleva a reconfigurar las alianzas políticas sociales; y para este hombre blanco de mediana edad y mediano erotismo, todo debe ser reorganizado.
Val flores (2019) nos sugiere que el desencanto nos ubicaría en una posición muy incómoda con respecto a nuestras políticas dentro del feminismo y las disidencias, pero que tal emoción también nos podría otorgar otras estrategias. Desde el desencanto -así como desde el duelo antes relatado- se puede interrogar un discurso demasiado seguro de sí mismo, demasiado apresurado a instaurar formas de lo común totalizantes que terminan expulsando cuerpos y trayectos vitales. Por eso, duelo y desencanto nos permiten también plantear algunos interrogantes a las agendas políticas de cuidado de nuestros feminismos actuales.
    
Agendas políticas del cuidado
    
Expresiones tales como “avisame que llegaste bien”, y las políticas feministas del cuidado sobre cuerpos de las mujeres que pueden ser vulnerados a cada minuto en cualquier lugar, parecen configurar el riesgo y el peligro que hay “a la vuelta de la esquina”. ¿Qué efectos podemos vislumbrar en estas políticas del cuidado? Tony, este protagonista ejemplar de su propio cinismo, es un inútil; la esposa lo sabía, y por tanto debía ser cuidado. Lisa debía tercerizar el cuidado de su perra Brandy, cuidar en la narrativa adquiere una retórica ampliamente compartida de: “quien ayuda a otr*s en realidad se está ayudando a sí mism*”. O en palabras de Sara Ahmed (2019):
Tu infelicidad pondría en riesgo mi felicidad. Si mi felicidad depende de la tuya, tú tienes el poder de determinar mi felicidad. Por ende, podrías sentirte en la obligación de ocultar tu infelicidad para proteger mi felicidad. Tienes el deber de ser feliz para mí (p. 198).
. Lisa supone que sacar a pasear a Brandy será lo que ayudará a Tony a sobrellevar la pena después de ella. Y la serie comienza justamente con ello, él paseando a Brandy sin correa por la plaza. Pasear, salir de casa, darle de comer; volver al trabajo, son actividades que ayudarían a sobrellevar el dolor de perder a esa persona que lo hacía ser quien es. No tiene a quien escribirle que llegó bien a casa, quizás ni siquiera sea necesario llegar;  eso le permite habitar los límites internos de un pueblo muy pequeño, donde “nadie se cuida”.
Una topografía política que ahora adquiere otra relevancia: una prostituta, un drogadicto y una perra. El riesgo y el peligro que implican las dos primeras figuras de la otredad proporcionan las compañías humanas adecuadas para la salida de la heterosexualidad. La figura no humana de la serie implicaría un desarrollo que no llevaremos a cabo aquí más que de forma tangencial. Las instrucciones de Lisa para la vida no proporcionan la salida al margen heterosexual, solo un drogadicto puede ser lo suficientemente peligroso para recordar que estamos irremediablemente atadas a l*s otr*s. Sólo una prostituta proporciona el suficiente riesgo al insistir en el sexo sin motivos ni emociones.
El decir verdad de Tony pone nervios*s a tod*s, menos a quien ya no está  habitando la capacidad racional y emocional de conectar con otr*s: el padre de Tony lo enoja, porque es el único que no puede empatizar con él a causa del Alzheimer. No puede, como el resto de los personajes, “comprender” el dolor por el que está pasando. La figura de la enfermera que cuida al padre del protagonista no solo revela que todos los lugares del cuidado de la serie están habitados por mujeres, sino que además presentan una constelación de maneras de actuar frente al dolor de ese hombre, de gestionar el cuidado.
Las políticas del cuidado tienen un revés de control y normalización de las contingencias que potencian la sujeción a estándares muy rígidos de lo que es peligroso y de lo que debemos cuidar y cuidarnos.  Sostener una imaginación específica del peligro para el cuidado correspondiente. Cuidar el peligro.
La mejor escena secuencia -a nuestro entender- de la serie hasta ahora emitida, es cuando Tony le compra por segunda vez “drogas” a Julian y le pregunta por qué vive como vive: en la calle, drogado todo el tiempo, robando para seguir drogándose. Julian le contesta que se murió hace un tiempo alguien que amaba y que él ahora sólo quiere morirse. Tony le retruca que por qué no lo hace, y Julian contesta: porque no tengo plata. En ese momento, el protagonista toma su billetera y saca dinero para entregárselo a su dealer diciendo: “no lo gastes en comida”. Los límites del cuidado quedan en evidencia en una escena de este tipo, sorprendente por la resolución moral del personaje, como también por la mirada que nos devuelve -siguiendo a Didi-Huberman-; que nos mira de frente a nuestras asumidas políticas del cuidado totales y absolutas, incluso en contra de la agencia de la persona a quien decimos cuidar. El descuido de Tony pone en relevancia un cuidado aún mayor, una cohabitación del dolor que entrelaza inexorablemente la experiencia a lugares que no hubieran sido imaginables. Es inevitable preguntarnos entonces qué cuidamos cuando cuidamos; qué peligro intentamos expulsar cuando decimos: “avisame que llegaste bien”.
¿Solo podemos imaginar en nuestros activismos formas represivas de la circulación de los cuerpos? No queremos negar el peligro cierto que muchos cuerpos marcados como mujeres se exponen al salir a la calle, pero cuidar esos cuerpos ¿puede ser en contra de ellos, o a pesar de ellos mismos?
La fragilidad de Tony es cuidada de diferentes maneras, en cambio, la de la trabajadora sexual y el drogadicto son puestas a la intemperie en la narración, puestas en la calle. Pareciera que la forma en la cual Tony cuida a l*s demás es poniéndol*s en peligro, descuidandol*s. En la serie, las metáforas del cuidado se multiplican, mientras más cerca de la heterosexualidad estamos, más seguros parecen esos cuerpos; mientras más lejos -sea por dolor o por ocupación- más en peligro y riesgo, tanto para sí como para l*s otr*s (heterosexuales).
El cinismo radical de Tony está íntimamente relacionado con el desencanto de la vida después de la vida de Lisa, no es como “el amor después del amor” de Fito Paez (intuimos que todas conocen la canción), donde el desencanto del fin del vínculo sexoafectivo con alguien solo es un lamento para el comienzo de lo mismo; es decir, la re-habitación de la norma heterosexual. En la serie el desencanto funciona como quiere flores: “se traduce como una disposición a crear problemas” (flores, 2019). Lo que nos aporta la narrativa de Tony, es la pregunta sobre a quién es posible soportar, cual es el límite de lo soportable para ser cuidado.
El desencanto detiene la discusión; en este caso, la discusión moral acerca del fin de la vida que el dinero vehiculiza, y no hay otra cosa que decir más que una broma. Halberstam (2018) dice que el fracaso podría posibilitar otras maneras de pasar la vida, “su fracaso puede ser fuente de desgracia y humillación, y aunque precisamente produce esto, también le lleva a una especie de exposición de las contradicciones de una sociedad obsesionada con una competitividad insensata” (p.17); pero el desencanto es tal en el relato de Tony que solo podemos observar las contradicciones de una sociedad obsesionada con la vida, y no la desgracia y humillación que el fracaso produce. El duelo, la melancolía y el desencanto conectan a Tony a otras personas con las que no se hubiera conectado antes, el desencanto incluso interrumpe el fracaso.
    
El chasquido cuir del desencanto
    
Una tentativa por esparcir la incomodidad sin constituir posiciones subjetivas correctas que den lugar a nuevas oposiciones binarias, como desacomodo que provoca el propio ritmo argumentativo de la escritura, el juego imperceptible del pensamiento desde el desencanto, para que la aventura viva de los feminismos no coagulen en un corsé conceptual, ni en consignas repetibles, ni en una versión desexualizada o esterilizada de la cultura feminista (flores, 2019, p. 11)
Una política afectiva desde el desencanto, tal como propone val flores, permitiría ir un poco más allá del sentido común feminista al pensar los cuidados. En este sentido, desde este afecto se pueden abrir nuevas preguntas en torno a los imaginarios actuales del peligro. ¿Es el cuidado la práctica adecuada de responsabilidad ética con la agencia de l*s otr*s?, ¿es posible habitar otras éticas del cuidado que abran el corsé normativo en nuestras políticas feministas?, ¿el cuidado necesariamente tiene que coartar los límites éticos de la experiencia singular de l*s otr*s?
Imaginar una ética desde el desencanto como descuido de las formas que organizan las políticas sexuales dominantes y nuestros modos de vida feminista, acaso pueda significar un chasquido que posibilite habitar otras estrategias de vinculación con otr*s, que den lugar a la experimentación, a la agencia singular y a otros horizontes emancipatorios deseables.
            La narrativa de “After Life” nos sugiere poder pensar el desencanto como una instancia donde una constelación de políticas emocionales se articulan para corrernos del centro de la política heterosexual, abandonando a Tony al límite ético de poder reconectar con l*s otr*s inapropiadas e inapropiables. “After life” nos sugiere una ética del cuidado de atención radical de las posibilidades de agencias -imaginadas y no imaginadas- de l*s otr*s, y nos posibilita pensar la cuirizacion del relato a partir del después de la vida: la escena de una playa abierta y una perra sin correa, no como la tierra fértil donde se cultiva la libertad del personaje principal, sino como la árida soledad de la necesidad de estar reconectando con otr*s todo el tiempo. La narrativa de la serie tiene lugar en la incomodidad de la interpelación a nuestras correcciones políticas.  
El gesto cuir de la serie es menor y quizás imperceptible, es solo un chasquido que deshabilita nuestras lecturas cómodas desde el sillón de la norma heterosexual.
    
Bibliografía:
    
Ahmed, S. (2015) “La política cultural de las emociones”, Editorial Universidad Nacional Autónoma de México. Ciudad de México. México

                        (2019) “La promesa de la felicidad”, Editorial Caja Negra, Buenos Aires, Argentina

Butler, J. (2006) “Vida precaria. El poder del duelo y la violencia”. Editorial Paidós, Buenos Aires, Argentina.

Didi-Huberman, G. (1997), “Lo que vemos, lo que nos mira” Editorial Manantial. Buenos Aires, Argentina.
    
flores, v. (2019) Primer encuentro internacional Arte y política en América Latina (1: 4 - 6, febrero, 2019: Ciudad de México), Esparcir la incomodidad. El presente de los feminismos entre la fascinación y el desencanto. UNAM, México

Halberstam, J. (2018) “El arte queer del fracaso”, Editorial Egales, Barcelona, España.

Kosofsky Sedgwick, E. (2018)  “Tocar la fibra”. Editorial Alpuerto, Barcelona, España.
    


[1] Con “sin sentido de la vida” no estamos aludiendo a una cuestión filosófica, sino que estamos tratando de caracterizar una vida quebrada por ciertas circunstancias (desde lo económico hasta lo emocional-material), donde morir (suicidio) implicaría una agencia que también ha sido quebrada.

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