Apuntes de amor y desasosiego
La mujer como maravilla, o como llegar a ser mujer.
En la última versión de la industria del
entretenimiento global de La Mujer Maravilla (DC Entertainment, 2017) se
presenta una narración de una superheroina bajo los tradicionales marcos de la
narrativa del comic de la Mujer Maravilla de DC Comic. Lo cual plantea
increíbles desafíos de lectura de la película.
Enmarcar el marco en el cual la historia de
la mujer maravilla, narrativa atribuida al psicólogo y académico William
Moulton Marston, quien pensó la historieta como una lección feminista, con
rasgos y giros narrativos que él creía debían suceder en una sociedad utópica.
El tiempo de las amazonas esperando salvar al mundo de los hombres, podría ser
ese tiempo otro fuera del tiempo reproductivo humano. Se cuenta que la
“influencia” de Elizabeth Holloway Marston y Olive Byrne puede llegar incluso a
la autoría de la misma historia de la mujer maravilla. (ver trabajo de Facundo
Nazareno Saxe)
La pregunta por si la mujer maravilla es
icono de un feminismo de los años 1940 o simplemente una anécdota de las
narrativas de opresión heterosexual, acota el mundo de lectura que podemos
hacer de ese objeto cultural. Su comienzo, como el de cualquier otro comic de
la época responde a una proliferación de propaganda en contra de los nazis a
finales de la segunda guerra mundial y que corresponde a una sociedad donde la
mujer necesariamente tuvo que salir del hogar heterosexual para reemplazar a
los hombres que fueron a la guerra. Ese
contexto de producción bélica global, y el de producción de la misma historia,
el “autor” vivía en una relación poliamorosa con Olive Byrne y Elizabeth Holloway M., mujeres
feministas y de tradición de madres y abuelas feministas. (habrá una película
sobre estas dos extraordinarias feministas sobre su autoria de la mujer
maravilla)
Lo que se plantea en la narración de la
mujer maravilla, y lo que intentare sostener con el nuevo relato de la historia
en el 2017, son los puntos donde se anudan los sentidos de la heterosexualidad
como política emocional dominante y la imaginación política afectiva disidente
del marco normativo.
1-
Relatos del amor propio
Cavarero nos contaba que la construcción de
nuestra propia historia depende entera y ontológicamente de l*s otr*s, se juega
en el relato que otr*s hacen sobre una misma, somos tal relato. Llorar frente
al relato que otro hace de nuestras experiencias como lo hace Ulises frente al
relato del rapsoda. Ulises llora porque por el relato ajeno entiende el sentido
de sus propias acciones. Pensemos por un momento el nombre que se nos asigna al
nacer como el comienzo de una narrativa de otros. La pregunta por quien soy en
esta resumida constelación de ideas no es lo importante, sino quien me dice,
‘tu que me cuidas, tu que me relatas dirá Cavarero. La exposición a las otras y
el carácter relacional que se pone en relevancia son indistinguibles, aparezco
y se me hace aparecible como ‘ser humano’. Lo que no se muestra no existe. De
lo que hablamos es del aparecer del cuerpo como posibilidad de sentido de la
existencia. El nacimiento de cualquiera es único, pero solo adquiere sentido si
es en presencia o se muestra a otros. Junto con Arendt, Cavarero sugiere que
ese aparecer no es o corporal o semántico, sino político.
En la película, el aparecer de los hombres
en la isla de las amazonas, donde vive Diana (la princesa de tales amazonas),
es sin duda revelador: un piloto cae al agua y es rescatado de ese ambiente en
imágenes increíblemente sugerentes a un nacimiento, la luz del luz por encima
de ese mar que hace un canal a la vida que se le va extinguiendo. El mundo de
los hombres por ese contacto corporal para Diana adquiere existencia, un
horizonte corporal de lo posible. A pesar que sepan que fueron creadas para
defender el ‘mundo de los hombres’ (sic), este otro adquiere existencia una vez
que se expone a las amazonas. Esta entrada desata el viaje de Diana al mundo de
los hombres. Como testigas del relato a esta entrada política del mundo de los
hombres, un aparecer político que implica decisiones políticas a seguir que
seguirán en el relato de la película.
Ahora bien, Butler hablando de los escritos
del joven Hegel dice: “En otras palabras, la presentación del amor
es un desarrollo o elaboración temporal del objeto del amor, de manera que no
podemos distinguir propiamente entre el amor en sí mismo como objeto, tema o
problema, de su presentación (lo cual no
significa que el objeto sea reducible a su modo de presentación, solo que el
objeto únicamente se hace accesible a través de su presentación)”. El amor no
puede ‘aparecer’ como una emoción dentro del modelo “adentro-fuera”, sino que
por sí mismo exige algún tipo anterior de presentación del amor. Es decir, el
amor solo puede presentarse en el tiempo, en una línea narrativa que hace
posible una declaración intro o extrovertida de tal amor. La entrada que vemos al inicio de la película
es el comienzo de un decir continuo sobre los deseos y los sentidos de las
protagonistas de la película.
La
posibilidad que el amor otorgue un sentido a nuestras acciones es parte de
cualquier narración que podemos encontrar en casi cualquier parte, pero en la
mujer maravilla veo la posibilidad de inconsistencias narrativas que no solo
permiten pensar las políticas emocionales del amor como dispositivo biopolítico,
sino también como afectar esas afectaciones ya dadas. Ahmed en la promesa de la
felicidad puntualiza que los objetos a los cuales apuntamos para que nos
acerquen a la felicidad -porque quien no querría ser feliz, de una u otra
manera- se afirman bajo la sombra que son buenos o beneficios para nosotras
mismas solo por el hecho de que los apuntamos hacia la felicidad. El amor, y la familia, al igual que la
película de WW, son los objetos y tropos donde se pega la felicidad en una
hegemónica distribución de los afectos y las respuestas ya instaladas a tal
afectación.
2-
La mujer como maravilla, o como llegar a
ser mujer.
Cómo
Diana, la princesa de las amazonas, de mujeres no-heterosexuales -evidentemente,
siguiendo a Wittig, no serían mujeres- pero en la narrativa de la película se las presenta asi; llega a ser la mujer
maravilla se vuelve fundamental para pensar nuestras políticas heterosexuales
dominantes: la mujer que quiere ser, y sobre todo esa mujer que dejo de ser
compañera, hija y amante en su tierra sin-tiempo. Esa imaginación política del
compromiso con l*s otr*s, que indefectiblemente va a fracasar en un mundo
hostil -en el marco de la película una guerra total- hacia las mujeres y esas otras y
otros que no entran en el registro del hombre blanco heterosexual colonizante
capaz y mejor que toda espcie, ni siquiera como aquello otro apropiable. Toda
una política de imaginación feminista parece ponerse en juego en la mujer
maravilla del 2017. Porque es precisamente la narración de la industria del
entretenimiento global la que refuerza y reinventa las figuras futuras de lo
que es una mujer, o mejor dicho como se llega a serlo.
Hay una escena magnifica de
heterosexualidad obligatoria donde Diana va en busca de Steve, quien llevo el
mundo de los hombres mientras huía de los nazis a la isla de las amazonas, para
decirle que su madre y reina no va a intervenir en la segunda guerra mundial;
observa a un varón cis desnudo y se pregunta ella si así son todos hombres, en
clara alusión a los genitales. La presentación del sistema sexo género como
diferencia anatómica, reforzando los viejos y actuales tropos hombre-mujer. Si
bien tales críticas se adecuan a la narrativa de la película, quisiera poder
enfocar en otros sentidos: la reina y madre de la niña Diana al comienzo de la
película, la arropa contándole la historia de cómo fueron creados los hombres,
como Ares los corrompió, y como ellas fueron creadas para “devolverles el amor
a los hombres”. El amor es crucial para como los individuos se alinean en
colectivos mediante su identificación con un ideal, pero esa alineación
–propone Ahmed- depende de la existencia de otros que han fracasado en alcanzar
el ideal. Solo se ama aquello que está muerto, decía el joven Hegel, pensando
en cómo los individuos se abandonaban al colectivo religioso; lo que después
Freud puntualizara como la dependencia a algo que es ‘no-yo’. El Perogrullo que
supone decir esto, pone de relevancia la narrativa de la película, la
alineación de Diana con los hombres tendrá que ver con ese amar para el que fue
creada. La identificación es un lazo emocional que heterosexualiza toda manera
de pensar los vínculos afectivos con los otros, “lo que está en juego,
entonces, no es la separación aparente entre ser y tener en términos de los
objetos, sino su contigüidad en términos de la posición de sujeto: para poder
ser él, necesito tenerla a ella, a quien él tiene. En otras palabras, la
identificación con el padre requiere desindentificarse de la madre (no debo ser
ella) y el deseo por la madre (debo tenerla a ella o a otra que pueda
sustituirla)”. Pero aquí el deseo de WW no pasa ni por la identificación con
los hombres ni por el deseo de lo que no es. Inaugura una narrativa
heterosexualizante como una road movie donde Diana va conociendo y sintiéndose
afectada por el mundo de los hombres. Es tal la relevancia del imperativo amor
para la narración, que la canción de la película interpretada por Sia, dice en
su estribillo: “qué ser humano es amar”.
Todo parece confinarse hacia el final en
una aventura amorosa. Incluso la evocación del aeropuerto y el amante partiendo
en avión recuerda a Casablanca. Una
mujer sin heterosexualidad ingresa al mundo heterosexual de la mano de un espía
estadounidense de la segunda guerra mundial. La mujer maravilla ingresa al
tiempo heterosexual gracias al amor. Porque como propone Ahmed en la promesa de
la felicidad, el deseo y el amor funcionan como algo que necesariamente se da
en el tiempo. El amor funciona como un
dispositivo de entrada, no solo a una sociabilidad determinada, sino también al
tiempo de lo humano en la película. Si pensamos el amor en Hegel, en cual solo
puede desarrollarse en el tiempo, podemos suponer –junto con Butler- que la
elaboración temporal del objeto de amor no la podemos distinguir del amor
propiamente dicho, pues el objeto de amor solo está disponible gracias a su
presentación. La vida humana queda encarnada en una figura, la forma humana de
aquella a la que una ama. Maria Negroni diría: “…¿Qué más es el amor? Pasa una
niña desnuda, blandiendo un secreto claro…”
La narrativa presenta una mujer
específicamente definida por la otredad.
Que tiene una misión ética para con quienes cuida, los hombres, pero que
en el desarrollo de como se le presenta el objeto de cuidado, se va
transformando en un objeto de amor. Se vuelve un objeto amenazante, porque
puede desposeerme de ese mismo amor. Tiene que haber toda una cadena de
sentencias, oraciones, preguntas y declaraciones que no solo registren lo que
sucede sino que preparen los inesperados modos de llegada. El amor no puede ser
escrito en una sola oración, no puede ser presentado de esa manera. La película
del 2017 de la mujer maravilla parece seguir al pie de la letra estas lecturas
sobre el dispositivo del amor. Un relato que dice amor, el amor es la cigüeña
que da el sentido completo de la narración, su presentación y desarrollo no poder
ser restringido a una sola preposición.
Hegel en sus fragmentos sobre el amor se pregunta
sobre como el individuo se relaciona con la comunidad, para decirlo más
precisamente; como negocia su singularidad y su pertenencia a la comunidad, ¿es
el amor la puerta de entrada a la heterosexualidad?
Aún más, Hegel solo piensa el individuo en relación a
la propiedad, un problema de objetos y de los objetos del mundo. Un hombre es
despreciable cuando pierde todo lo que posee, así los objetos le dan a la
persona su valor, y ello se posee como si fueran objetos. La entrada a la
comunidad parece sugerir un odio a sí mismo, la entrada a la comunidad requiere
una negación o sacrificio de lo que poseo, y por tanto una negación del sí
mismo; y finalmente su forma afectiva de odio a sí mismo.
Es en este punto de entrada a la heterosexualidad a
través del odio a sí mismo revela la
aparición del amor en una economía política de los afectos.




