Nosotras no-humanas.
Lulu
A un poco más de treinta años de la aparición del Manifiesto Cyborg de Donna Haraway que permitió al feminismo poder imaginar un sujeto político mujer bajo otras ontologías. La figura propuesta de Haraway respondía a un contexto tecno-biopolítico específico de la década de 1980.
Haraway afirmaba que buscaba una escritura feminista
del cuerpo que, metafóricamente, acentúe de nuevo la visión, pues necesitamos reclamar
ese sentido para encontrar nuestro camino a través de todos los trucos
visualizadores y de los poderes de las ciencias y de las tecnologías
modernas... para nombrar dónde estamos y dónde no, en dimensiones de espacio
mental y físico que difícilmente sabemos cómo nombrar.... Caso de lograrlo,
podremos responder de lo que aprendernos y de cómo mirarnos.
La imaginación
ontológica de Haraway tuvo su nacimiento en el manifiesto Cyborg de 1985 y ha
tenido un largo camino de cambios y maneras de poner en perspectiva esa
intuición feminista de qué hacer con nuestras materialidades.
El cyborg es ese existente, no sé si lo llamaría Ser,
mitad maquina mitad organismo biológico. Un sueño ontológico para una danza
política feminista marxista a finales de la guerra fría estancada en la
reproducción de las mismas retoricas de la modernidad.
Las prácticas de normalización y control biológicas,
medicas, tecnológicas y políticas desde finales del siglo diecinueve construyen
nuestros cuerpos, lo que Foucault llamó, bio-póliticas. El poder de la
biomedicina y la biotecnología –y en general la lógica de toda disciplina,
incluido el arte- debe estar constantemente reproducida, pues de lo contrario,
dejaría de existir. Pero tales producciones no son algo fijo, cerrado y puesto
a disposición para el análisis de la crítica. Sino todo lo contrario, la
constitución de los cuerpos esta imbricada en una serie de discursos que se
mezclan, entrecruzan, citan fuentes desiguales, se contradicen, disponen de
recursos diferentes, se producen dentro de tradiciones heterogéneas y más aún.
Lo que solemos denominar como ciencia, no es una producción univoca. Ninguna
producción de discursos lo es. Y por ello, Haraway pone la atención justamente
en esto. Los cuerpos no nacen, son fabricados. Una no nace organismo, sino llega a serlo. Los límites de nuestro cuerpo
son construidos, los discursos bio-tecno-médicos-políticos-estéticos son la
poderosa mediación de nuestra experiencia, son nuestra experiencia. Se vive en
un contexto supradeterminado, pero no determinista.
En el Manifiesto
para Cyborg nos propone un mito político blasfematorio, irónico y fiel al
feminismo, socialismo y materialismo. Nos imaginamos ontologías para poder
entrever en las tecnologías de dominación imperantes posibilidades de actuar e
intervenir. El Cyborg, ese hibrido de máquina y organismo / semiótico y
material / de realidad social y ficciones narrativas /tan natural como
artificial. La experiencia de nuestras vidas es una ficción y ello es un hecho
político de gran importancia. Lo que nos enseñó la historia del feminismo; en
la experiencia de las mujeres, esa construcción de los movimientos feministas
internacionales, puso al descubierto que la liberación se basa en una
construcción de conciencia, de la compresión imaginativa de la opresión, y claro
de las posibilidades ontológicas de liberación.
En otras palabras, El
aparato de producción corporal, herramienta analítica propuesta por
Haraway, busca entender el universo estructurado en los que habitan los individuos.
Los cuerpos científicos no son ideologías. Pues, siempre inscriptos en una
historia radicalmente específica, poseen singularidades y efectividades
diferentes. Por ello el abordaje siempre es diferente y el compromiso con ello
también lo es. “… Los cuerpos como objetos del conocimiento son nódulos generativos
materiales y semióticos…” (Haraway, 1995); la propuesta semiótica-material de
Haraway quiere dar cuenta que nuestros cuerpos no existen de antemano. Tales
objetos de conocimiento, su objetividad aparece de la estructuración mutua y
desigual de los varios cuerpos biológicos
emergentes de la interacción de investigaciones científicas, escritura y
publicaciones, de la clínica médica, de los negocios que se desprenden de ello,
de sus metáforas y narraciones distribuidas por toda la cultura en las
tecnologías de la visualización/objetivación/imaginación. El cuerpo orgánico
marcado ha sido el lugar critico de contestación cultural y política,
fundamental para el lenguaje de las políticas libertadoras de la identidad y
para los sistemas de dominación basados en lenguajes ampliamente compartidos de
la naturaleza como recurso para las
apropiaciones de su misma construcción: la naturaleza. Somos quimeras
instaladas en la confusión de las fronteras de la imaginación occidental,
dentro de las tradiciones de la ciencia, la política y el arte. Tradiciones del
capitalismo racista y de dominación masculina, plagada de imágenes de progreso
y apropiación de la naturaleza, de reproducción de lo mismo por y a pesar de las
otras y las otredades. Por tanto, el Cyborg es la figuración posible de condensación
de imaginación y realidad material para darnos la posibilidad de transformación
histórica, tal propuesta abre otros posibles e incómodos ángulos o puntos de
vista para una crítica de la cultura. El mito Cyborg trata de fusiones
poderosas y de fronteras transgredidas, de posibilidades para un necesario
trabajo político. La lucha política consiste para el Cyborg en ver desde dos
perspectivas a la vez; al mismo tiempo, revelan las estrategias de dominación,
como las posibilidades de otro lugar estratégico. No hay titubeo en habitar
identidades parciales, ni puntos de vista contradictorios. La visión única,
universal y falocéntrica de la modernidad occidental produjo ilusiones de
coherencia y racionalidad de una humanidad totalizadora y totalizante.
La figura del Cyborg, así como los simios y las
mujeres le sirvieron a Haraway para leer posibilidades que incluyan esperanzas
en la reinvención de los mundos sociales. Las figuraciones, la operación de las
figuras, funcionan como escenario para el planteo de posibilidades, tanto
futuras como pasadas. Son la copia, la mimesis y la no originalidad. Un sinfín
de comentarios miméticos y de incontables hechos en la antigua y moderna
historia de occidente. Nuestros cuerpos construidos por una constelación de
discursos, narraciones, simbolismos, tecnologías y disciplinamientos;
constituyen un sentir, una constelación de sentimientos y sensibilidades
morales, en relación con nosotras mismas y con respecto a las narraciones posibles
de nosotras mismas. Y por tanto la propia contrariedad, normalización, control
y desvarío en la apropiación de los cuerpos pone sobre la mesa nuestra
narración del cuerpo que parece desestabilizar y a la vez enmarcar los límites
de nuestra sensibilidad moral-material. La figuración sirve para cuando las formas tradicionales de
retórica de análisis críticos parecen repetir y sostener las trampas de la
historia humanista. La humanidad también es una figura, y es la figura de la
modernidad, y tiene un rostro genérico, el masculino. Las figuras pueden estar
significando – con ambigüedad y contradicción, como un simbolismo robado, y un
sinfín de cadenas de traducciones no inocentes – una esperanza posible. La
figuración aparece así como posibilidad de otras conexiones posibles y de
responsabilidades en su construcción. Las figuras como el cyborg, y toda su
parentela como el oncoratón o los vampiros – por decir algunos que plantea
Haraway-, ese parentesco anti natura le sirve a Haraway para reconfigurar las
epistemologías actuales sobre las políticas globales de dominación.
Los cambios relatados y materializadas a partir de las
políticas de todas las formas de las culturas feministas; y los límites de la
división naturaleza y cultura, reconfiguró al sujeto político mujer, o le dio
ese lugar limite por excelencia, desde la narración bíblica de la mujer como
salvo conducto entre naturaleza y sociedad; pasando por la misma seducción
bíblica de la serpiente, hasta la división sexual del trabajo de Marx. Lo que abre
la figura del Cyborg, aparte del desdibujamiento del límite naturaleza–cultura fue
la visibilidad de esas otras actores no-humanos que han sido claves en los
desarrollos históricos. No solo humanas y no humaaas esa otredad, sino unas
otras inapropiables e inapropiadas son importantes para el desarrollo del
pensamiento de Haraway. En palabra de Trinh Minh-ha, lo otro inapropiado/ble
quiere dar cuenta de aquellos que no pudieron adoptar el rostro del “yo”, ni el
de lo “otro”, como formas de representación (políticas y estéticas) en la narración occidental moderna
europeizante hegemónica de identidad. Ser una inapropiada/ble, es no aparecer
en los mapas de taxonomías disponibles. No sé es una actriz en los tipos de
narraciones vigentes, es estar en una relación crítica y deconstructiva, una
forma de establecer conexiones que excedan la dominación. Es estar desubicada,
sin ubicación posible en los sentidos de las narraciones occidentales; y a la
vez quedar atrapada por la diferencia. Eso que no se es. Es poner el énfasis en
la diferencia crítica interna, no en la taxonomía de lo otro, o una diferencia
del apartheid. De lo que se quiere hablar no es de la aparición de las
diferencias, lo importante son los efectos de la diferencia. Son tales eso sujetos
emergentes los que interfieren, explorando mundos posibles, en un contexto
estructurado por la tecnociencia y producción estética transnacional. Las otras
inapropiadas/bles parecen poder habitar esos posibles mundos de imaginación y
realidad, como un signo adecuado a partir del cual investigar el aparato de producción corporal como una
tecnología reproductiva de la que podría resultar algo diferente a la imagen
sagrada de lo idéntico, blanco, hombre, colonizante, racional, capacitista,
heterosexual, especista; en fin: moderno.
La propuesta de Haraway amplio la imaginación
feminista pero también problematizo al movimiento feminista, puso en evidencia,
un abanico de posiciones desde las más conservadoras hasta las más radicales,
hacia dentro del feminismo como hacia afuera. Su propuesta ha interpelado a los
movimientos feministas –a las mujeres blancas universitarias de clase media -
por la complejidad teórica y las inesperadas solidaridades políticas. Atenta a
la compleja distribución de los cuerpos por las instituciones y formas de
financiamiento, los contextos históricos que determinan las prácticas de esas
instituciones; y sensible a la atención de las diferencias raciales, étnicas,
nacionales y de clase que dan forma y especifican las relaciones entre mujeres.
Tales prácticas teóricas se han denominado las políticas de la diferencia,
invita a una proclama ética que constituye al feminismo como una política
definida por el terreno de la contestación y el rechazo repetido a las teorías
dominantes. Historizar las categorías de sexo, carne, cuerpo, biología, raza y
naturaleza para desplazar lo binomios universalizantes y alentar a los
movimientos feministas hacia teorías de encarnación articuladas, diferenciadas,
responsables, localizadas y consecuentes.
La encarnación feminista, dice Haraway, no se trata de una localización
fija en un cuerpo reificado, femenino o de otra manera, sino de nudo de campos,
inflexiones y orientaciones y de responsabilidad por la diferencia.
Así Rocket Raccon, el personaje Cyborg Mapache de
Guardianes de la Galaxia se convierte en
una figura paradigmática para pensar las narraciones propuestas de Haraway, el
junto a su amigo y protector Groot, un árbol
humanoide de una sola palabra, genera y reúne las tensiones de nuestro imaginario
epistemológico tecnocientífico. Por un
mapache, la solidaridad semántica con el oncoratón nos pone en el terreno del
Cyborg, pero creo que la narración desplegada por los Guardianes de la Galaxia
nos ubica más en la operación realizada por Haraway con el Manifiesto para
Especies Compañeras (Haraway, 2003). La figura de especie compañera, esa otra
inapropiable e inapropiada que se despliega junto conmigo, en un domestico
habitar diario:
8. Las especies compañeras ponen los
métodos comparativos en crisis, porque
la norma de la comparación que estabiliza todo tiembla; por tanto la conciencia
no nos hará considerar el bienestar de los animales. Los discursos de especies compañeras
no van a producir derechos animales o agendas de derechos humanos, sino
insistir en lo complejo del discurso ético. (Haraway, 2004)
Esto sirve para reconfigurar la historia y la
filosofía de las ciencias, una vez Haraway afirmo que la historia de la ciencia
era un territorio subsidiario de la teoría feminista. El parentesco en tecno
ciencia es una historia contrapuesta de Cyborg y especies compañeras, puesta a
pensar cual es más fructífera para imaginar políticas y ontologías que hagan
más habitable esta vida en este punto del mundo.
…Mía es la historia contada por una estudiante
de ciencias y una feminista de cierta generación quien se fue totalmente con
las perras, literalmente. Perros, en toda su histórica complejidad, importan
aquí. Las perras no son solo una excusa para otros temas; las perras son una
presencia material-semiótica fresca en el cuerpo de la tecno-ciencia. Los
perros no son sustitutos de la teoría aquí, no están aquí solo para pensar con.
Están aquí para vivir con. Socias en el crimen de la evolución humana, están en
el jardín desde el principio, astutos como el Coyote. (Haraway, 2004)
La lucha esta por establecer los términos de la
conversación en los discursos científicos y los hechos científicos ocurren
dentro de una narrativa específica con su propia estética realista y sus
nociones míticas de origen, progreso e ilustración. En Guardianes de la
Galaxia, Rocket Raccon es un cyborg bastante extraño, quizás no entra del todo
en la imaginación del Cyborg de Haraway de los ochenta. Emparentado con el
oncoratón, un mapache genéticamente modificado para ser inteligente como los humanos y poder
caminar en dos patas. “yo soy más inteligente que los humanos, he sufrido…”
dice Rocket en una de su muchas apariciones en los comic del mundo de Marvel. El
mapache modificado hace lo mismo en el relato de la película que el punto ocho
señalado por Haraway: insiste en lo complejo del discurso ético. En la
complejidad del compromiso ético. Tras salir a la caza de Star Lord (un humano
raptado por extraterrestres mercenarios cuando era niño, que se terminó
convirtiendo en el mercenario estafador galáctico más famoso) por una recompensa. En esa búsqueda como caza
recompensa puede pensar las consecuencias de lo que está en juego, es tan
inteligente que no necesita que se lo expliquen dos veces. Su amistad es con un
árbol que solo dice su nombre, sus relaciones de parentesco en la película no
son las de hacer familia; sino crear vínculos que guarden a su galaxia de la
destrucción. Pero un compromiso solo con la existencia, no con la norma de la
existencia. Más allá de los ecos del liberalismo burgues en el relato de la
película, quien lo encarna lleva primero un compromiso “con los de su tipo”, un
árbol humanoide. Una podría decir, con quienes han sufrido. En uno de los relatos Raccoon también fue, así
como el oncoratón, objeto de pruebas de laboratorio por sus capacidades.
Las alianzas que permite pensar en especies
compañeras, más que en Cyborgs, nos posibilita pensar mejor en los
determinismos biológicos-culturales. Ambos son instancias de concreciones fuera de lugar. Es decir,
el error de; primero, tomar abstracciones categoriales provisionales y locales
tales como naturaleza y cultura para el mundo y, segundo, tomando erróneamente
a las potentes consecuencias como si fueran fundamentos preexistentes. No hay
sujetos y objetos pre-constituidos, y no hay una sola fuente, ni actores
unitarios, ni metas finales. En términos de Judith Butler, solamente hay fundamentos
contingentes. Cuerpos que importan son el resultado. Un bestiario de agencias,
de tipos de relación y de resultados temporales son la carta de triunfo de las
representaciones de los más barrocos cosmólogos. Eso son las especies
compañeras. La narración requiere considerar seriamente a las especies
compañeras, y tanto más a las complejas acciones morales científicas fuera de
las correctas chaquetas de muchos discursos sobre los derechos de los animales,
feministas y otros. Las especies compañeras no son muy amigas de esas
perspectivas de los derechos de los animales,
que descansan sobre una escala de cuan similares a la mentalidad humana
son para ser valorados. La diferencia importa, tanto como la escalar forma
valorativa sobre la vida, de la cual Raccon solo apela al afecto, no a la
inteligencia. Las personas y sus compañeras están en co-constucción en la
historia de las especies compañeras, y los problemas de jerarquía y crueldad,
como los de compañerismo y responsabilidad, están abiertos y son polivalentes,
tanto histórica como moralmente. También, nuestras compañeras no-humanas no
prejuzgan la categoría de especie; ellas podrían ser artefactos, organismos,
tecnologías, incluso otras humanos. El obvio y simple punto es que nada se hace
a sí mismo, ni es autónomo, ni autosuficiente. Las historias de los orígenes han de estar
sobre peligrosas historias de las consecuencias de la relación compañera.
(aquel) Cyborg es una figura tecnohumanista de
la guerra fría y del apogeo de la carrera espacial. Escapar de la tierra, del
cuerpo, de los límites de la mera evolución humana es el mensaje y la trama. El
hombre es su propia invención, consuma su propia evolución biológica en la
evolución tecnológica. Cualquier ética del cuidado emergente por el hibrido
máquina-organismo se resuelve en
beatificación, el terrorífico escape de la misma comunicación-mecánica.
Una plétora de actores y muchas agencias reducidas a una sola, por fin en un
solo mito. La co-evolución y la mutua co-constitución en
esta historia se resuelven en una figura de trascendencia extraordinaria; no en
un cuento mundano y mortal del co-habitar, donde la lucha por una práctica de
la co-prosperidad a través de categorías puede ser buscada. Y, naturalmente,
las ratas van primero donde el hombre no ha ido antes. (Haraway, 2004)
Y podríamos parafrasear, el mapache
fue antes y ha vuelto donde no ha ido el hombre. El trayecto de Haraway desde
el Manifiesto Cyborg hasta el Manifiesto de Especies Compañeras – y mucho más
recientemente pensar el Chthuluceno después de la publicación de Manifestly
Haraway (posthumanities) de marzo del 2016 – reinvento las ontologías feministas de nuestras
responsabilidades con las otras inapropiables e inapropiadas para los sistemas
políticos de dominación imperantes. Una esperanza figurada en la domestica
cotidianidad de la diferencia. En el Manifiesto Chthuluceno (Haraway, 2015) se nos presenta un tiempo que es un ahora
que ha sido, que es, y aún está por venir.
El Chthuluceno es un espacio-tiempo
inexorablemente difractado, poderes que surgen a través de todo lo que es
Terra. Son destructivo-generativos y no son el recurso secreto de nadie. No
están acabados y pueden ser terribles. Su resurgimiento puede ser terrible. La
esperanza no es su género, quizás podría serlo la capacidad de respuesta, la
demanda de responsabilidades. (Haraway, 2015).
Las potencias generadoras del
Chthuluceno, para provocar el resurgimiento y la
curación
parcial ante la pérdida irreversible, de modo que los seres-en-el-mundo de
nuevo y viejo tipo puedan echar raíces de nuevo. La propuesta apenas entrenada
como un perrito que nos destruye la casa, y en ese mismo gesto la hace de
nuevo; como Groot al final de Los
Guardianes de la galaxia, renace no de un escenario poshumano, sino de un
compost narrativo. Y el Chthuluceno dice Haraway está lleno de contadoras de historias
y Nunca solas.
El gesto afectivo del final de
Guardianes de la Galaxia recuerda toda la fascinación de la imaginería
neoliberal sobre dejar de ser sola sin abandonar la autosuficiencia, reconectar
con las otras en una pacífica y llana relación social. Pero el gesto narrativo
de Marvel fue otro, fue el de un mundo complejo que ata a las personas humanas
y no-humanas, donde el compañerismo solo
puede surgir por el compromiso ético político ontológico en mi relación con
esas que siempre estuvieron allí. El punto es comprometerse con la coreografía
ontológica en el deseo por más vivas y vivibles relaciones a través de lo
humano y no humano.
El cambio de figuras de Haraway del
Cyborg a las Especies Compañeras, o la difícil reconfiguración Cyborg que se ve
agotado por el trabajo del tropo para la coreografía ontología en tecno
ciencia. Haraway dice;
…tuve que ver al Cyborg como la hermana
menor en una mucha más grande familia queer de especies compañeras, en la cual
la reproducción de la bio tecno política es generalmente una sorpresa y algunas
veces, incluso, una linda sorpresa. Se perfectamente bien que una mujer blanca
de mediana edad jugando con un perro haciendo pruebas de agilidad no se
emparenta con el hombre del espacio o con bladerunner y esa familia
transgenérica de los anales de la inquisición filosófica o la etnografía de la
cultura natural. Agréguenos más, 1- las autos figuraciones no son mi tarea; 2-
los transgenéricos no son el enemigo; y 3- contrariamente a todo los peligros y
proyecciones poco éticas en el mundo occidental que hace de los caninos
domésticos unos peludos niños; los perros no dicen nada sobre nosotras mismas.
Por cierto, esa es la belleza de los perros. No hay proyección, ni la
realización de una intención, ni el telos de nada. Hay perros, es decir, una
especie en obligación, constitutiva y proteica relación con los seres humanos.
(Haraway, 2004)
Y las especies
que acompañan nunca son una, sino por lo menos dos. A diferencia del Cyborg que
borra los límites de la naturaleza cultura, las especies en compañía son lo
inevitable, un relato de relaciones co-constitutivas, donde nadie existe antes
de la relación, y tal relación no está acabada de una vez para siempre. La
relación de los guadianes de la galaxia es exactamente eso, no eran guardianes
de nada antes de su mutua implicación en el compromiso ético político con lo
otro, y la diferencia. Haraway termina el llamado manifiesto Chthuluceno
imaginando un manifiesto que lleve la siguiente consigna: Make Kin Not Babies,
que en su traducción podríamos decir correctamente; hagamos parentesco no
bebes. Pero que yo traduciría seria y blasfematoriamente: hagamos relaciones
afectuosas, no hijos.
Referencias bibliográficas
Haraway, D. (1992)
Ecce homo, Ain’t (Ar’n’t) I a woman, and Inappropriate/d others: The human in a
post- humanist landscape. Feminist theorize
the political. Judith Butler and Joan W. Scott editors. Routledge.
Haraway, D. (1995) Ciencia,
cyborg y mujeres. La reinvención de la naturaleza. Ediciones Cátedra.
Haraway, D. (2003).
The Companion Species Manifesto: Dogs,
People, and Significant Otherness. Prickly
Paradigm Press.
Haraway, D. (2004).
The Haraway Reader. Routledge.
Haraway, D. (2004b).
Testigo_Modesto
@Segundo _Milenio. HombreHembra ©_Conoce _Oncoratón®. Editorial UOC.
Haraway, D. (2016). Manifestly Haraway. Minnesota Press.





