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Pienso en la gripe y la vulnerabilidad, y ese medio día al sol mientras leían sentencias sobre quienes ordenaron toda la aniquilación posible sobre dos generaciones, la de mi madre y la mía propia. El cuerpo quizás no se enferma por la distribución de los gérmenes y bacterias, sino quizás por la distribución desigual de los afectos. Abrazamos la esperanza de la justa narración que nos haga aún resistir otro tiempo más. La gripe es solo el presente de esas cosas que no nos acompañan, de la posibilidad de mi propia ausencia, mi existencia se juega con mi no existencia en cada relato de esos crímenes. Mi tiempo, como mi malestar, se solapa en el presente de sus desapariciones. Una gripe, siguiendo a Borges, es todas las gripes. Sus ausencias son mi existencia como la de tantas otras, el malestar me es histórico.




