Vivo la distancia.
Prologo para la frustración.
Salir.
Caminamos diez pasos y decidimos volver.
Ya nada queda bien.
Decidimos salir de ahí, y nada.
Vivo en la distancia.
Como blanco adormecido.
Como la pálida angustia del mediodía.
Vivo repitiendome.
Ya no creo en escribir, y escribo.
La distancia eso es todo.
1
Ayer he vuelto a escribirte, y pensé: no es justo que seas tu quien lee esto, no quiero sonar tan engreída. Y así escribí, con petulancia.
Ayer respondí el teléfono con temor que seas tu, pero no tu, sino tú. Esa que quedo prendida de mi juego, de la aventura de una niña tonta e inmadura. Esa tu que se ríe a carcajadas de lo que espero de ti.
Fue sin dudas un año hermoso. Lleno de sospechas y manipulaciones, como una casa familiar con el cuarto propio apenas cerrado.
Alguien me susurro al oído que el enojo no se escribe; y recordé a mi padre en su sillón de tela cuadriculada.
No sonrió. Soy muecas.
2
Hoy he vuelto a escribirte. Recibí unas postales del olvido y unas poesías de la cortesía, y un tambien. Y morí de amor. Sencillo como el manual del televisor, plano.
Hoy he jurado volver a callarme, pero duro un suspiro. O una llamada, ya no distingo la diferencia.
Te encuentro entre el olvido y mi cama, sonriendo con tu diente de mentira, como un hada sin cuento.
Escuche decir por ahí que de amor nadie muere. Y es verdad.
No recuerdo, vivo.
3
Hoy ha vuelto el verano. El silencio amarillo del atardecer. Las siestas interminables de paisajes. Sin cansancios me voy a dormir. Sin dormir me retiro de tu lado.
Hoy has vuelto, sin recuerdos, nueva, con una marca en la piel y ojos mas tristes. Yo también soy nueva, como el oxido del tornillo que removimos jamas.
No soy. Somos.
4
Mañana he sacudido el silencio. Como una gota de rocío que siempre vuelves a hacer tiritar nuestro pequeño ensueño. Lloro, como quien ama una tumba. Me acerco a tu rostro, joven, blanco y suave y me despierto. Apenas te he visto mañana, y recuerdo el cielo como tu mirada.
Mañana he vuelto. Frío. Mañana hizo frío. Miro el incansable asunto de lo nuestro, y no solo pienso en ti o en ti o en ti. Pensare que no hemos dado ese paso; que no nos besamos lo suficiente, que no llegamos a ese beso que dice que nos quedemos aquí; que en la suma de la experiencia nada será ese río escandaloso.
Hacemos. Nos quedamos.
Salir.
Caminamos diez pasos y decidimos volver.
Ya nada queda bien.
Decidimos salir de ahí, y nada.
Vivo en la distancia.
Como blanco adormecido.
Como la pálida angustia del mediodía.
Vivo repitiendome.
Ya no creo en escribir, y escribo.
La distancia eso es todo.
1
Ayer he vuelto a escribirte, y pensé: no es justo que seas tu quien lee esto, no quiero sonar tan engreída. Y así escribí, con petulancia.
Ayer respondí el teléfono con temor que seas tu, pero no tu, sino tú. Esa que quedo prendida de mi juego, de la aventura de una niña tonta e inmadura. Esa tu que se ríe a carcajadas de lo que espero de ti.
Fue sin dudas un año hermoso. Lleno de sospechas y manipulaciones, como una casa familiar con el cuarto propio apenas cerrado.
Alguien me susurro al oído que el enojo no se escribe; y recordé a mi padre en su sillón de tela cuadriculada.
No sonrió. Soy muecas.
2
Hoy he vuelto a escribirte. Recibí unas postales del olvido y unas poesías de la cortesía, y un tambien. Y morí de amor. Sencillo como el manual del televisor, plano.
Hoy he jurado volver a callarme, pero duro un suspiro. O una llamada, ya no distingo la diferencia.
Te encuentro entre el olvido y mi cama, sonriendo con tu diente de mentira, como un hada sin cuento.
Escuche decir por ahí que de amor nadie muere. Y es verdad.
No recuerdo, vivo.
3
Hoy ha vuelto el verano. El silencio amarillo del atardecer. Las siestas interminables de paisajes. Sin cansancios me voy a dormir. Sin dormir me retiro de tu lado.
Hoy has vuelto, sin recuerdos, nueva, con una marca en la piel y ojos mas tristes. Yo también soy nueva, como el oxido del tornillo que removimos jamas.
No soy. Somos.
4
Mañana he sacudido el silencio. Como una gota de rocío que siempre vuelves a hacer tiritar nuestro pequeño ensueño. Lloro, como quien ama una tumba. Me acerco a tu rostro, joven, blanco y suave y me despierto. Apenas te he visto mañana, y recuerdo el cielo como tu mirada.
Mañana he vuelto. Frío. Mañana hizo frío. Miro el incansable asunto de lo nuestro, y no solo pienso en ti o en ti o en ti. Pensare que no hemos dado ese paso; que no nos besamos lo suficiente, que no llegamos a ese beso que dice que nos quedemos aquí; que en la suma de la experiencia nada será ese río escandaloso.
Hacemos. Nos quedamos.




