La revolución o como quedarse mirando a Sasha Grey (pieza de teatro tradicional con didascálica y todo)









Personajes

El revolucionario
La chica linda
Andrés
Mujer
La novia





Escena 1

            La Mujer y el revolucionario, sobre un tronco, a  media noche dejando que el fuego consuma las últimas ramas.

Mujer
-No puedo más, no quiero más… Me he decidido por la mentira, y no sé qué más hacer. Lo único verdadero es ese relato a medias que encontré en una revista… un día, como cualquier otro, sin mayor preocupaciones que coger al día siguiente.
Y al otro día fuiste a casa…

El revolucionario
-Es cierto, y tampoco fue la gran cogida. Pero tuvimos la mejor idea de todas las posibles, ¿no?
Y ahí nomás hicimos un evento en Facebook, pasamos horas invitando a nuestros miles de amigos, será que todavía tiene algo de personal esa herramienta horrible. Invitar uno a uno. Yo siempre pienso que la izquierda ha perdido en la constancia de sus ideas al yo. A ese ser único que somos todos.

La novia
-Es verdad, parece ser cierto. Pero hay que revolucionar al mundo para todos. Y todas. Y yo quiero en algún momento no estar pensando más esto. Sino vivir. Entiendes lo que quiero decir, ¿no?
No quiero que parezca que no me interesa la revolución, pero solo es que quiero volver a casa y tener un buen lugar limpio donde descansar. Quizás, comida en la cocina, quizás un trabajo –por más que me aprisione al sistema capitalista. No quiero que pienses que te estoy reclamando cosas. Solo que quiero lo mismo que quiere el resto del mundo: Vivir.

El revolucionario
-Lo entiendo, de verdad que sí. Sos mi novia, y te amo. Así como sos. Y el deseo está por encima de cualquier revolución. Estoy seguro que si seguimos nuestro deseo jamás nos equivocaremos.
Ni haremos las cosas tan mal.
Si seguimos nuestros deseos jamás nos equivocaremos.

Se acercan el revolucionario y la novia, se acarician los brazos y se besan apenas los labios una o dos veces.

La mujer
-Y recuerdo el día del evento de Facebook. Un día como cualquier otro. Un día tonto. Un día más.
Había discutido desde que abrí los ojos con mi novia, y lo digo literalmente: desde que abrí mis ojos. Quizás me despertó sus ojos clavados sobre mí desde su almohada. Los abrí y me dijo: porque no podes estar solo conmigo… y les juro que no era una pregunta. No tenía idea de dónde venía todo aquello. Y me pregunte: ¿Cuánto tiempo habrá estado pensando eso?
En fin, finalmente salí de esa casa y llegue a aquel parque un veintitanto de agosto. Recuerdo haber llegado tarde y ver  un montón de gente lista para nuestra revolución.
El beso colectivo. Las consignas de izquierdas. Las correcciones políticas. Las desconfianzas mutuas. La cresta de la ola de nuestros deseos.
Todo lo que vendría después sería en bajada. Y así fue. Y no fue bueno.

El revolucionario
-Pero no creo que haya sido malo, en verdad no lo fue. Solo fue un paso más en este mundo. Yo sigo creyendo que estamos a un paso siempre de aquello que soñamos. Tu pesimismo y lugares reaccionarios no ayudaron en nada. Yo deje todo aquel día, y así tuve una novia y mucho más. Igual pienso que es como un evento en Facebook, se pude borrar en cualquier momento.
Hemos logrado algo. En serio. Porque tan amargada. La alegría también debería ser parte de nuestra lucha.

Andrés
-Yo recuerdo la noche de aquel día, y recuerdo que era un evento diferente en Facebook. Y recuerdo que había que coger, nadie sabía bien porque, pero era necesario hacerlo. Pero solo era una fiesta, y allí los encontré, en un rincón controlando el pulso revolucionario de la fiesta.
Hay toda una historia de esa noche para recordarles…

La novia
-Recuerdo que también estaba en esa fiesta. No recuerdo bien como llegue ahí, pero ahí te conocí, amor. Yo te recuerdo de esa fiesta, pavoneándote como el gallo más pisador del lugar, y me encanto.
Si bien no te hable aquel día, lo recuerdo con una precisión que me asombra. Siendo yo tan olvidadiza.


La chica linda
-¡Música!

Alguna música tipo boliche debería sonar, o esas canciones que siempre se pasan en los casamientos a las cuatro de la mañana.

Escena 2

            La chica linda se sienta en el piso.

La novia
-Me gustaba la revolución, me gusta decir la palabra. Saber que estuvimos en algo importante.
En la cresta de la ola, todo fue color de éxitos y triunfos. Pero una vez que bajamos, la sensación de amargura no me abandona. Y me aferro a las cosas simples.
Esas que  nadie presta atención, como despertarte con besos en el hombro, sentir el olor a sueño en su piel…

La mujer
-Nos harías el favor Andrés… De contarnos aquella noche, digo.

Andrés
-Era un evento diferente en Facebook, lo recuerdo porque tenía más asistirá que el evento de la tarde. Eso siempre me llamo la atención.
Yo volví de la plaza con el calor y la incomodidad  habitual de un beso colectivo. No quiero que se me entienda mal, pero no sé cómo se reparte el deseo en esos besos. Y me incomoda un poco.
Si, lo sé.
Quizás sea un poco conservador.

La novia
-Un beso es un beso nada más. ¿Sigue siendo tan importante a quien besar?

La mujer
-Besar en la boca…

La novia
-Si ya sé que se trata de eso… No soy una tonta. Solo que me parece una estupidez detenerse en eso.

La mujer
-Bueno, no es para tanto, y no tiene por qué parecerle a él, lo que a vos te parece.

En fin, no importa. No quiero discutir.

Sin embargo, ¿me besarías mí?  

La novia
-Sí, claro.

La mujer
-Ahora, ya mismo.

La novia
-No, ahora no. No estamos hablando de cualquier beso. Sino de ese político, digo ese que no importa realmente. No es como darle un beso a tu novio, o al chico que queres  sea tu novio. O algo parecido. No sé cómo lo llaman ustedes. Pero no es lo mismo.

La mujer
-Entonces no es político… y esta persona nos acompañó todos estos años… yo no lo puedo creer; que este siempre termine con minas así…

Creo que lo odio.

En fin, no importa ya todo eso…
Seguí…
   
Andrés
-Llegue finalmente a casa, me conecte un ratito. Les escribí a un par de amigos de la facu para que fueran esa noche.  No quería terminar el día sin coger, o algo; unos besos al menos.
Siempre en esas fiestas no pasa nada, es lo que pensaba yo.  
Y me equivoque de la peor manera.

Yo también era parte de la organización de esa fiesta, llegue temprano… tipo ocho de la noche. El clima era perfecto,  los veintidós grados más felices que recorrí desde mi casa hasta aquella casa cultural.

El revolucionario
-(grita) ¡Basta! Esto lo hemos vivido todos ya, porque estamos contando esto. Está mal. No hay porque vivir en el rencor, o en el pasado. Tenemos que mirar hacia adelante.
Que importa una fiesta, realmente, ¿Qué fue lo importante de aquella noche?
Alguien en verdad no se acuerda lo que paso, alguien de ustedes, tan inteligentes y pensantes, van a lograr algo con todo esto.  

Yo por lo menos no me quede solo soñando en los fracasos que tuvimos.

La mujer
-Y que haces acá entonces, acá estamos para recordar solo eso.
Quizás nos gusta eso, regodearnos en todo aquello que nunca logramos ser –pero que cerca estuvimos; y seguimos atascadas queriéndolo ser.

Veni besame. (A la novia)

La novia se acerca se besan; el revolucionario se va, Andrés se sienta y la chica linda comienza a bailar.
Canción: Mienteme de Karina. 2004.


Escena 3

Si es posible hacer la puesta en escena en días separados, aquí debería pasar un día.
La chica linda bailando comienza a desnudarse. Interrumpe el revolucionario.

El revolucionario
-¡Que haces! Cubrite por favor… Quién le dijo que hiciera esto. Pero que les pasa… una chica linda así no puede desnudarse, está mal, tiene que cuidarse… Después como saldría a la calle… Tiene que cuidarse, alguien se le pude acercar, para molestarla, o creer… que puede hacer lo que quiera con ella…

La mujer
-¡Veni! ¡Veni! Miralo, escuchalo… Ese es nuestro líder revolucionario contemporáneo, tan seguro de sus proyecciones sobre los otros.

La novia
-No le digas así, no te das cuenta que solo intenta ayudar. Como lo hicimos todos. No tiene sentido todo esto. Tiene razón. A quien se le ocurrió que se desnudara. Seguramente  es el patriarcado hablando, esto es un desastre, va en contra de todo lo que creemos.

La mujer
-¿Quiénes somos el nosotros?

El revolucionario
-¡Basta! Alguien que cubra a esta chica. Se le ven todas sus partes. No está bien. Es seguir reproduciendo al cuerpo de la mujer como un objeto consumo.


La mujer
-A bueno, no puedo creer lo que escucho, ¿en serio? Ahora somos todas chicas bien. Y vos, justamente vos...
Permitime un minuto.
Se acerca a la chica linda.   
Ella realmente es hermosa, me gustas, ¿te puedo besar?
La chica linda asiente. Se besan.


El revolucionario
-Todo está muy mal, no sé en qué momento te alejaste tanto, querida. Yo creía que luchábamos por lo mismo. No sabemos, si quiera, si está aquí por su voluntad. Quizás se siente obligada por algo.

La mujer y Andrés.
-¡¡Que!!

El revolucionario
-Que se podría sentir obligada por pertenecer a este grupo de teatro, o por ser lo suficientemente copada, o porque su novio le dijo que era la única forma de ser copada, así él la querría.
No sé.
Podría ser cualquier cosa, no sabemos siquiera cuál es su extracción social. Quizás entiende que estando desnuda es la única forma de avanzar en la vida.
No sé.
Quizás alguien la está obligando a hacer esto.
Si ni siquiera habla.

La mujer
-En verdad, hay necesidad de escuchar todo esto. Nosotras, digo.
¿Queres que te bese otra vez?
A la chica linda. Ella asiente más alegremente.

La novia
-No te burles de él. Estuvo en todas y nos aguantó hasta el final. Hasta esa bendita fiesta.

La mujer
-Veni, noviecita, veni. Acércate.  A que seguro también queres un beso.   

La novia
-Pará, deja de burlarte, habla en serio el…

La mujer
-Nunca estuve hablando tan en serio. Dale, veni.

El revolucionario
-No vayas, no le sigamos el juego solo  quiere ver hasta donde llegamos.

La mujer
-Está bien, pero la veamos bailar a ella. (Indica a la chica linda) Veamos como nos dejamos perder en el deseo…

El revolucionario, la mujer
-No vamos a bailar, no vamos a seguir este juego. Prefiero hablar de esa bendita fiesta a bailar.

La mujer
-Bueno entonces le chupo la concha a la chica linda.

La mujer se comienza a agachar hacia la entrepierna de la chica linda.
Y gritando

La novia y El revolucionario
-¡¡No!! ¡No! Vamos a bailar.

La novia
-Bailemos una que podamos invitar a la gente, una superconocida. De por aquí, no sé. Una que conozca la gente.

El revolucionario. (Acercándose a la mujer y alejándola de la chica linda)
-Veni, vamos a bailar esa canción vieja francesa que te gusta tanto. (Le hace un gesto a la chica linda para que se aleje) Te acordas cuando te quedabas horas conmigo hablando de Edith Piaf, después de esas interminables horas de facultad. Yo te veía tan bella en aquel momento. Y seguís así.
Bailemos

Comienzan a bailar el revolucionario y la mujer, después los sigue Andrés y la novia. Mientras la chica linda se recuesta atrás de ellos. Se escucha Je ne regrette rien de Edith Piaf, primero bailan en pareja para después junto con la música que va mutando terminar en una coreografía. 

Escena 4

 Andrés
-Está bien, hablemos de la fiesta…

Sería oportuno que apareciera una bola gigante de boliche, con cientos de espejitos, iluminada por un haz cenital que llene el espacio de pequeñas luces.
Tod*s menos Andrés se preparan para habitar una fiesta.

Recuerdo que cuando llegue, éramos solo nosotros, subí la escalera, el espacio cerrado que tenía aquella casa estaba vacío, el patio estaba vacío. Fui a la cocina y los encontré ahí.
Y estaban ustedes dos (Andrés se acerca a la Mujer y al Revolucionario) Uno encima de la otra, yo lo primero que pensé fue que estaban a punto de coger.
Espero poder decir esto, pero creí escuchar antes de entrar a la cocina decir al Revolucionario:
(El Revolucionario-) dale, que tan malo puede ser, si a vos también te gusta. Ahora, un ratito.
Y ella le respondió:
(La Mujer-) solo si conseguimos alguien más, vos me la metes por el culo, solo si hoy conseguimos a otro, ¿trato? Solo si hacemos un trio vamos a hacer lo que tanto queres. ¿Trato? Dame un beso.

Ahí entre yo, la novia de este chico me parece que no sabía nada (mira a la novia), no tiene porque igual. Digo, si vamos a ponernos tan sensibles esta va a ser una noche larga.

Yo salude, corte el mambo, les dije: no vino nadie.
(El Revolucionario-) Son las 12 recién, me respondió el revolucionario.
Okey, dije. Y pensé para mis adentros: para esto me hacen venir a esta hora, y donde están las setenta personas que van a todas las reuniones de este grupo y nunca hacen gran cosa más que hablar.
(La Mujer-) las chicas están en la habitación del fondo buscando cosas para poner en la entrada, nosotros esperando que llegue gente; dijiste (dirigiéndose a La Mujer). Les pregunte si vendría gente, y comenzamos a hablar de estupideces y hacer bromas aún más estúpidas, éramos como felices ese día.

Salí de allí, me acorde del chico que iba a poner música y me calenté un poco, fui a pedirle un tema y ver qué onda. Desde la cocina al salón más grande, ¿serán? ¿Veinte pasos? Se escuchó la puerta, gente subió por las escaleras, saludos, más gente salió del patio, y en menos de lo que pude percibir, ya estaba charlando sobre la marcha con gente que apenas conocía. Y odie eso, pero mi humor estaba tan arriba que pretendía seducir a toda persona que se me acercara. Incluso bese una mujer esa madrugada, pero no nos adelantemos. Ahora viene lo mejor.

Recuerdo muy bien el aire de esa noche. Veintidós grados de perfección, una briza húmeda que mantenía la piel tersa.   Me sentía cómodo. Ella (indicando a La Mujer) se me acerca al oído.
(La Mujer-) Anda a ver a las chicas al fondo, así terminan de una vez con lo que fueron a hacer.
Me dice. Camino saludando a mucha gente en el camino, paso por el pasillo y ya escucho sus risas, y ahora que lo recuerdo bien incluso escucho una voz conocida para mi ahora.

En fin, como sea.

Entro y ahí están ellas tres con el culo aire cogiendo. Me tape los ojos y comencé a reír, y a decir: tápense un poco, sigan cogiendo nomas, no se preocupen por un gay que no vio nunca una concha. Cuando pude dejar de reír un momento; les dije: no se olviden de lo que estaban buscando para la puerta… y ya las comenzaron a buscar…
Les grito: ¡las amo! Y me sentí lleno de alegría, volví al espacio propiamente dicho de la fiesta, y la gente ahora era abrumadora. Mucha gente.

Yo baile, horas, yo bailo.

Se escucha una canción de las que se podrían bailar, lejos, como de una radio a medio sintonizar. Únicamente baila Andrés.       

Andrés (mientras baila)
-yo pensé que recordaba ese día con menos alegría, pero la verdad sea dicha, fue una fiesta genial.
Si, si sos vos, (indicando a La Novia) era tu risa también ahora lo recuerdo. (Se acerca a la novia y comienzan a bailar juntos) si era tu risa. Eras vos, no lo puedo creer.
Ella sonríe.

La Novia
-Él no lo puede saber. Ya no soy esa persona.

Andrés
-Pero si se conocieron esa misma noche… o me equivoco…
Lo sé, lo sé… por ahí peco de estupidez. Te entiendo.
Si incluso tengo un vago recuerdo de haber bailado contigo, el recuerdo vago de un borracho.

La novia
-No es cierto eso, no te digas así. Baila conmigo una última vez.
Yo bailare contigo una última vez.

No recuerdo bien todo aquello, no quiero recordar todo aquello, no quiero una historia de todo aquello. No quiero nada de todo aquello.

Se suelta de Andrés y se sienta en un rincón.     

Andrés
-Con estos grados de melancolía y dramatismo va a comenzar a andar nuestra noche.

Así es como baile, también tome un poco de más. Alguien entonces podría objetarme que no me sentía del todo feliz si necesitaba tomar alcohol. Pero lo cierto, es que no lo necesitaba. Lo quería.
Perdón por el sermón pero lo necesito decir.

¿Qué alguien baile conmigo?

Nadie se acerca. Andrés baila solo. 


Escena 5

            Sobre el suelo se ve acostada a la chica linda. El revolucionario y la novia se besan, Andrés de espaladas se toma la cabeza. La mujer se mueve por el espacio, se acerca a la chica linda, le besa el cuerpo, se arrodilla a su lado.

La mujer
-Estos años pasaron demasiados rápidos, demasiados muchos. Y ya no recuerdo bien quien era, o que fui. Solo recuerdo haberte amado, y no mucho, casi como de mentira. O quería ser tú, ya no lo sé realmente. Pero no te he extrañado más. Y hoy te miro como quien mira a una parte del cuerpo que se volvió desconocida, esa parte que ya no es atractiva, pero que sin embargo sigue allí. Siempre.
No sé cuándo sucedió todo esto, no sé cuándo me he convertido en lo que soy ahora, no sé cuando termine así.
Quizás así debía haber sido siempre. El feminismo me cago la vida, pero pienso que a ti (mirando al revolucionario) te arruino la vida. No me creo tan importante, pero sí creo que nuestra vida anterior juntas –y sé que no te gusta que use el femenino en la primera persona del plural- tenía todo un sentido acabado para ti. Tenías una mujer pensante y bien comprometida, políticamente de izquierda, abierta sexualmente pero activamente monógama, inteligente pero modesta, sintiendo que todo lo que hace tiene que quedar en un segundo plano, que nada es tan importante como lo que tú hacías…

Veni, acércate a mi otra vez. (Al revolucionario) Como cuando todo esto era una utopía sentimental. 
¿Te acordas?

El revolucionario
-Lo recuerdo como quien recuerda un sueño erótico, con entusiasmo pero con culpa. Y no sirvió para nada. Me quede así, paralizado. Cuanto más lo recuerdo, más me doy cuenta que no había entendido nada de nada. Como un sol en verano el recuerdo es precioso, el tiempo es poco, y yo sigo necesitando estar abrazado bajo la frescura de un cuerpo de mujer…

La Mujer
-Ahora si lo recuerdo. Así solías levantarte a todas las minitas de ese partido horrible de izquierda tuyo. Ya sé, ya sé, me vas a decir que; hablando así le hago el juego a la derecha. Cierto que en los partidos de izquierda solo se piensa en los trabajadores. El sexo se usa solo como sistema de capacitación. Uh! Se me escapo. (Y ríe).

El Revolucionario
-Hay otras cosas más importantes de que hablar. Para que me haces venir hasta acá. Sos rencorosa, no olvidas nunca nada.

La mujer
-No, quiero hablar de tu política y luchas de clases.
No, aun mejor.
Porque no preguntamos qué es lo que piensas las personas aquí presentes, en teoría deberían poder dar alguna reflexión, la que sea. No quiero sonar pedante, pero… a ver… esta chica linda aquí, que no dijo una palabra. Seguro fue decisión de la directora de esta obra para que le vean el culo, o mejor dicho, para que ella misma le vea el culo.
Le preguntemos cosas importantes, de actualidad. Que la comprometan.

El Revolucionario
-Yo le pregunto, a mí me gusta saber que piensa la gente común.

La mujer
-¿Gente común? Esto puede ser muy interesante, por favor.

El Revolucionario
-¿Conoce las periferias de tu ciudad?

La chica linda asiente con la cabeza mientras sonríe.       

El Revolucionario
-Bien, muy bien. ¿Y cómo es que conoce las periferias de su ciudad? ¿Trabaja en alguna ONG?

La chica linda niega con su cabeza.

El Revolucionario
-¿Perteneciste a algún grupo católico que ayudaba a los pobres?

Ella sigue negando con la cabeza.

El Revolucionario
-¿algún proyecto de extensión universitaria?

Y vuelve a negar con la cabeza.

La Mujer
-Quizás vive o vivió en la periferia…

La chica linda (Apenas se la escucha)      
-Así es…


El Revolucionario
-¿qué dijo?

La mujer
-Que vivió en la periferia…

El Revolucionario
-Mira vos, que bien. Entonces quizás puedas decirnos que cambio en las periferias estos años…

La chica linda (con la voz baja)
-El dinero. Nosotras ahora tenemos.
¿Usted qué cree, quien tiene 40 millones de dólares y no manda?
Cuál es la policía que va a quemar esa mina de oro, ¿entiende?

El Revolucionario
-No sé de qué habla.

La chica linda
-Nosotras somos una empresa moderna, rica. Si el gerente vacila, es despedido y “frisado”.
Ustedes son el estado quebrado, dominado por incompetentes.
Nosotras tenemos métodos ágiles de gestión. Ustedes son lentos, burocráticos. Nosotras luchamos en nuestro propio terreno. Ustedes, en tierra extraña. Nosotras no tememos a la muerte.

El Revolucionario
-¿Quién le teme a la muerte?

La chica linda.
-Ustedes mueren de miedo. Nosotras estamos bien armadas. Ustedes tienen calibre 38.
Nosotras vamos al ataque. Ustedes defienden. Ustedes tienen la manía del Humanismo.
Nosotras somos crueles, despiadadas. Ustedes nos transformaron en “mega estrellas” del crimen. Nosotras los tenemos de payasos. Nosotras somos ayudadas por la población de las villas miserias… por miedo o por amor.
Ustedes son odiados. Ustedes son regionales, provincianos. Nuestras armas y productos vienen de afuera, somos “globales”. Nosotros no nos olvidamos de ustedes, son nuestros “clientes”.
Ustedes nos olvidan cuando pasa el susto de la violencia que provocamos…

El revolucionario
-¿Quién crees que sos?

La chica linda
-  Yo soy una señal de estos tiempos. Yo era pobre e invisible. Ustedes nunca me miraron durante décadas y antes era fácil resolver el problema de la miseria. El diagnóstico era obvio: migración rural, desigualdad de consumo, pocas villas miseria, periferias discretas; la solución nunca aparecía…
¿Qué hicieron? Nada.
¿El Gobierno alguna vez reservó algún presupuesto para nosotros?
Nosotros sólo éramos noticia en los derrumbes de las villas en las montañas, villas arrastradas por las inundaciones, las villas pintorescas en las grandes ciudades, o en la música romántica bailable sobre “la belleza de las personas trabajadoras en las villas”, ese tipos de cosas antropológicas que tanto arrastran desde la aparición de lo exótico en el periodo que conocen como romanticismo…
Ahora somos ricas con las drogas multinacionales.
Y ustedes se están muriendo de miedo.
Nosotras somos el inicio tardío de vuestra conciencia social.

El Revolucionario
-¿Cuál sería la solución?

La chica linda.
-¿Solución? No hay solución, hermano. La propia idea de “solución” ya es un error.
¿Ya vio el tamaño de las casi 800 villas? ¿Ya anduvo en helicóptero sobre la periferia de una gran ciudad? ¿Solución? ¿Cómo?
Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados correcta y ordenadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta de una “tiranía esclarecida” que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del poder Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones.
Tendría que haber una reforma radical del proceso penal del país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales…

Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país.

O sea: es imposible.
No hay solución.
 El Revolucionario
-¿y no tienen miedo de morir? Debe ser una vida complicada la que llevan…

La chica linda
-Ustedes son los que tienen miedo de morir, yo no. Mejor dicho, por ejemplo: si estuviera en la cárcel ustedes no pueden entrar y matarme, pero yo puedo mandar matarlos a ustedes en ese supuesto afuera.
Nosotros somos hombres-bombas. En las villas miseria hay cien mil hombres-bombas. Estamos en el centro de lo insoluble mismo. Ustedes en el bien y el mal y, en medio, la frontera de la muerte, la única frontera. Ya somos una nueva “especie”, ya somos otros bichos, diferentes a ustedes.
La muerte para ustedes es un drama cristiano en una cama, por un ataque al corazón. La muerte para nosotros es la comida diaria, tiradas en una fosa común.

¿Ustedes intelectuales no hablan de lucha de clases, de ser marginales, de ser héroes?

Entonces:
¡Llegamos nosotras!
Yo leo mucho, leo al Dante; mis soldados son extrañas anomalías del desarrollo torcido de este país.
No hay más proletarios, o infelices, o explotados.
Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad.
Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua.
Está delante de una especie de post miseria.
La post miseria genera una nueva cultura asesina, ayudada por la tecnología, satélites, celulares, Internet, armas modernas.
Es la misma mierda con chips, y megabytes…

El revolucionario
-¿y que deberíamos hacer?

La chica linda
-Les voy a dar una idea, aunque sea en contra de mí voluntad. (ríe)
¡Agarren a los dueños de la blanca!
Hay diputados, senadores, empresarios, hay ex presidentes en el medio de la cocaína y de las armas.
¿Pero, quién va a hacer eso? ¿El ejército? ¿Con qué plata?
No tienen dinero ni para la comida de los reclutas.
Perdón, estoy leyendo “Sobre la guerra”, de Klausewitz.
No hay perspectiva de éxito. Nosotras somos hormigas devoradoras, escondidas en los rincones. Tenemos hasta misiles anti-tanque.
Para acabar con nosotras…  solamente con una bomba atómica en las villas miserias.
¿Ya pensó bien?
Vio que todas las villas miserias están cerca de terminales de ómnibus, se imagina terminales de ómnibus radioactivas.
Y ahí, también sobreviviremos.

El revolucionario
-No puedo aceptar que no haya una solución.

La chica linda
- Ustedes sólo pueden llegar a algo en serio si desisten en defender la “normalidad”. No hay más normalidad alguna. Ustedes precisan hacer una autocrítica de su propia incompetencia.
Pero para ser franca, en serio, pensemos en la moral. Estamos todas en el centro de lo insoluble. Sólo que nosotros vivimos ahí y ustedes no tienen salida. Sólo la mierda. Y nosotras ya estamos trabajando dentro de ella.
Entiéndame bien mi querido Revolucionario, no hay solución.
¿Sabe por qué?
Porque ustedes no entienden ni la extensión del problema.
¡Luces! (sobre el público también)
Pierdan todas las esperanzas. Estamos todas en el infierno…

Escena 6

La chica linda se sienta en el piso.  L*s demás se colocan de espaldas al público.

La novia (de espalda al público)
-No me gusta la idea de estar perdiéndonos con comentarios innecesarios, ella es una estúpida, no puedo creer todo lo que está diciendo.
Me duele pensar que no podemos ser más que eso. (Indicando a la chica linda)

Recuerdo que en la fiesta me sentía extasiada, como repleta de vida, todo era nuevo para mí, los videos , la gente, las seducciones, a todo le decía que sí. No quería perderme de nada.

Yo también pensaba que con una fiesta  podríamos cambiar el mundo. O como esa canción tonta inglesa: hacer la revolución desde la cama.

Andrés
-Volvamos a la fiesta así terminamos de una vez. Dejemos en paz a esa chica.

Contemos el cuento bien, que no haya baches, que no quede nada sin decir.  



La mujer
-No, mejor que la historia se invente sola. Que aparezca al final. Que la invente otro. Porque no la inventa él. (Hacia el revolucionario)

El revolucionario
-La historia la cuentan los que ganan, y no hemos vencido en nada.

La mujer
-La historia la cuentan los que sobreviven, los que sobreviven a los que ganaron.

Andrés
-Basta, son odiosos y pesados, la gente ya se aburrió.

Yo volví a la parte central de la casa, y como les contaba, ya había mucha gente. Demasiada gente. Era increíble todo aquello. Yo estaba como en éxtasis.
Comenzó a sonar una música maravillosa, esa que tiene un ritmo que te penetra la piel, que te hace vibrar los vellos del brazo y te pone a full. Quería chupar una pija ahí mismo.

Y nos pusimos a bailar ¿lo recuerdan? 

Me acerque a ti (hablando al revolucionario) y fue la única vez que no me miraste con cierto temor. Hasta quizás había cierto deseo en tus ojos.

El revolucionario se acerca, se escucha música, comienza  a moverse muy despacio.

Así, me encanta como te moves, yo estaba completamente enamorado de vos, ¿lo sabes? Hubiera hecho cualquier cosa. De hecho hice cualquier cosa.
No pares, no pares, seguí…

Así bailemos…

El revolucionario y Andrés bailan y comienzan a besarse. La Novia se acerca a ellos. Se pone por delante de ellos.

La Novia
-Eso me enamoro de él. Esa coqueta libertad que desplegaba. Esos pequeños gestos amorosos de revolución. Yo solo pensé en cogérmelo, pero fue más que eso.
Pero yo sabía que ella no lo iba a permitir…

La mujer
-¡¡Que!!
Si teníamos una pareja abierta, todo el mundo sabía de eso.  No había ningún problema, no hubo ningún problema.

Andrés
- Ya te pusiste incomodo, sé que no lo podes sostener mucho tiempo. Pero te quiero igual.
Recuerdo que llego ella (indicando a la mujer) y te abrazo por detrás y me dio un beso. Ella era mi mejor amiga: linda, inteligente, nunca se callaba nada. Lo cual no siempre es una característica positiva. Y dijiste: (la mujer-) ustedes deberían coger…

Yo lo mire y el bajo la cabeza. Me ríe un poco y seguí bailando.
El me acerco de nuevo y me beso, y se me puso dura, dura la pija.
Yo sé que lo notaste.

Entonces sentí la mirada de la gente de la fiesta, no sé si la note, o quise notar algo así, para irme corriendo…  Me agarraste (hablándole a la mujer) por detrás y me besaste. Y me sentí seguro de nuevo.  
No sé porque vos me seguís poniendo tan nervioso. (Al revolucionario)

La novia
-Porque es hermoso, recuerdo verlo radiante esa noche, como que se comía el mundo. Recuerdo haberme excitado mucho al verlos ahí a los tres.
Y fui a buscarlas a las chicas por toda la casa.
Las encontré intentando besar una chica hermosa, sentí celos, y me fui corriendo. Me sentí muy tonta. Volví. Me vieron. Y estaban con esa chica hermosa, hubiera jurado que era hetero.
Se acerca una de ellas y me dice: ella te quiere besar.  

Era muy linda y me sentí insegura. Ella se acerca y me dice al oído: sos la más bella de la fiesta, y estoy un poco borracha, o lo suficiente para animarme a besarte.
Y me besó. Y me calentó. Y la seguí besando.

Andrés
-Perdón que te interrumpa, en ese punto yo comencé  a buscar chongos, y supe inmediatamente que algo había cambiado. El pulso, la energía, o como quieran llamarlo; comenzó a fluir de otra manera.

La mujer
-Yo nunca había besado a una mujer antes de esa noche.

Apagón


Escena 7
Corte.

La mujer
-Yo nunca había besado a una mujer antes de esa fiesta.

La novia
-Yo nunca podría decir más que lo que se ha dicho: Aquellos que dicen que otro mundo es posible y no acreditan otra educación sentimental que la de las novelas y las películas, merecen que se les escupa a la cara.
No conozco estado más abyecto que el estado amoroso. Entre amar y estar enamorado hay toda la diferencia entre un destino que se asume y una condición que se padece.
¿Me entienden?

La mujer
-Yo no podría decir más que esto: Hay una cierta idea de juego, unida a la certeza de construir la fiesta, nos mantiene a igual distancia de la pareja y del estúpido liberalismo.
Ya ves, la fiesta son cuerpos, espacios, cuerpos que circulan.
Acuérdate, es en el fondo de la separación donde hemos encontrado el nosotras. No podríamos compartir nada que no quisiésemos compartir. ¿Me entienden?

La novia
-Si quieres, me gustaría mucho construir el Partido contigo, en fin, si estás libre… (Al revolucionario)

El revolucionario
-Basta, esto es todo robado. Porque actúan así. ¡Basta!

La mujer
-Y sigo: Por estos canales, imperceptibles para la mayoría, se emiten sin pausa las informaciones, los cambios de ánimo, los afectos y contra-afectos susceptibles de prolongar el sueño universal de nuestra normalidad. Y fíjense bien que paso por alto todos los dispositivos de captura agregados a esto, sobre todo periodistas, sociólogos, policías, intelectuales, profesores y demás agentes de un incomprensible voluntariado al que se le ha delegado la tarea de orientar la actividad de todo eso.
Es conveniente mantener un cierto nivel de angustia con el fin de preservar la disponibilidad general a la regresión, el gusto por la dependencia.

No por casualidad se difunde en el momento oportuno tal o cual sentimiento de terror, de conformismo o de amenaza.

Nadie debe librarse de esta posición infantil de pasividad hastiada o pendenciera, de saciedad entumecida o de reivindicación quejosa que produce el malvado murmullo de la incubadora de la historia universal de esto.

Se dice “el tiempo de los héroes ha pasado”, con la esperanza de enterrar junto con él toda forma de heroísmo.

El sueño de la época no es el buen sueño que procura el descanso, sino más bien un sueño angustiado que deja más cansancio todavía, deseosos solamente de volver a él para alejarnos un poco más de la increíble realidad. Es la anestesia que requiere una anestesia aún más profunda.

Aquellos que por suerte o por desgracia se sustraen al sueño prescrito, nacemos a este mundo como niñas perdidas.

¿Dónde están las palabras, dónde la casa, dónde mis antepasados, dónde están mis amores, dónde mis amigos?

La chica linda
- Todo está por construir.
Puedes construir la lengua que habitarás y puedes encontrar los antepasados que te hagan más libre.
Puedes construir la casa donde ya no vivirás sola.
Puedes construir la nueva educación sentimental mediante la que amarás de nuevo.

Y todo esto lo edificarás sobre la hostilidad general, porque los que se han despertado son la pesadilla de aquellos que todavía duermen.

Y todas seguimos durmiendo. Hasta Calderón de la Barca lo sabía.
O todo es un engaño, O nos engañamos pensando en nuestra revolución.

Fin corte.

Escena 8

Andrés
-Perdón que te interrumpa, en ese punto yo comencé  a buscar chongos, y supe inmediatamente que algo había cambiado. El pulso, la energía, o como quieran llamarlo; comenzó a fluir de otra manera.

La mujer
-Ustedes deberían coger, nosotras deberíamos coger.

La novia
-Me pregunto porque siempre hay un deber. O lo primero que nos sale es un deber. Y no la posibilidad. 

Andrés
-Y fue así como de un momento a otro todas las personas ahí, unas 20 a las cinco de la mañana se besaban unas con otras, con continuidad y con elegancia. Como un paso de baile improvisado pero preciso hasta el último pulgar.

Y aquí es donde prefiero olvidar. Para que vamos a hablar de cosas que ya no existen.

El revolucionario
-Ya estamos en el baile.
¡Bailemos!

Recuerdo haberte abrazado por detrás y besado en el cuello. (A la novia). Apenas te conocía. Tú (a la mujer) sonreíste. Te acercaste y la besaste. Pude sentir su cuerpo desarmarse como en un cansancio profundo con en ese beso.

Y lo quise todo.

La mujer
-Yo también.

Andrés
-Yo también.

La novia
-Sí, Yo también.

La chica linda
-Yo los vi desaparecer bajo sus propios miedos e inseguridades. Fue hermoso. Y por un instante yo creí.

La mujer
-Yo nunca había besado a una mujer hasta esa noche. Y la bese, y la ame inmediatamente. No a ella sino a todas ellas. Mi cuerpo también se desarmo. O termino de armarse. No sé cuál de las dos opciones es la correcta.
Recuerdo besarla, sentía mi corazón golpear sus tetas. Ya estaba mojada y solo pensaba en sus manos sobre mi espalda. Y en tus manos también.  

Yo creí que éramos algo en aquellos años. Nosotros dos, digo (al revolucionario), podríamos haber puesto de cabeza al mundo. Hoy sé que estaba completamente equivocada.
Hoy sé que todo era una mentira.  



Andrés
-No todo debería ser como lo sentimos. No todo se resuelve con sexo. Me fui un momento al patio a buscar ese aroma característico del recuerdo para siempre.
¿Entienden?
Lo que quiero decir es que no quería dejar nada al azar… ni un poco de inconsistencia. Esa noche se fue poniendo perfecta. Esa noche yo fui perfecto. Relajado.

Bese a dos chicos en el patio, nos tomamos de las manos, como una pequeña ronda que contenía todo.

Todos comienzan a besarse con todos, se tocan y comienzan a coger (o al menos esa es la intención de la narración). Y es así por unos instantes mientras suena Sueño Dorado de Abel Pintos mezclado con Igual que Ayer de Lisandro Aristimuño.   

La mujer abraza a quien está besando. 

La mujer
-Una caricia al viento y se calma…

La mujer se aleja de la orgia, Andrés trata de alcanzarla tomándola de la mano.

Andrés
-La sensación de tocar, esa magia que existe en el cielo.

Los dos se alejan.

La novia (hablándole al revolucionario)
-Eres camino para mis pasos, cuna de oro para mis sueños.
Rosa de lejos para el olvido. Sublime forma de darle vida a mis años.

La chica linda
-Y siempre es así. En la mejor parte todos damos un paso atrás, como una canción romántica, tonta, bien clara, y bien metida en nuestros corazones como la caligrafía perfecta ensayada por años, hasta que es propia. Como este deseo.  

Tod*s se acomodan las ropas y los cabellos, con una sensación de vergüenza.

El revolucionario
-Una canción de amor y florece…


Escena 9

Se corta la música abruptamente.

La chica linda
-Por fin, cuanto puede sostener una el momento. Basta, en serio, esto es casi como publicidad fraudulenta… prometimos una orgia hacia el final, o por lo menos el relato de ella.

Supongo que debería desnudarme. Pero la historia va por otro lado. Yo quiero que vaya por otro lado.

¿Dónde está la directora de esta obra?

Entra la directora de la obra

La directora
-Lo siento. Yo he podido llegar hasta aquí solamente. No me ha sido posible instalar la orgia. Y no porque los y las actrices no puedan llegar o animarse a eso.
Si no, es por mí.
Lo siento.

Me fue imposible representar algo que nunca he vivido, y siempre he querido vivirlo, pero no he podido. Y aquí  hablamos de una orgia, mínimo cinco personas.

Primero fue mi lesbofobia y homofobia, todo tenía que ser tan hetero, tan hetero. Y cuando estuve ahí, en frente de ellos y ellas, me paralice: solo podía pensar que mi pareja estaba con otra, y con otra distinta, quise masturbarme pero mis dedos se secaban cada vez más, intente con mi saliva, alguien también me ofreció las suya, pero no pasó más que la angustia.

Tod*s l*s act** detrás de la directora de a poco comienzan a besarse y acariciarse de nuevo. Menos la chica linda, que va acercándose a la directora.

Diez años después, como lesbiana, organice una magnifica reunión sexual con quince amantes, todas hermosas, todas fantásticas, todas amigas. Y ahí me frene, frente a ellas. Pensaba: es imposible que pueda entrar ahí, son demasiadas; como se me ocurrió esto. Y solo pensaba en la chica que había conocido la semana pasada. Y fueron todas tan amables, pero mis expectativas eran tan pocas con respecto a lo que sucedió aquella noche. Me superó, o quizás solo fue una mala noche. No sé. No pude, y hasta hoy me arrepiento. O quizás, yo me supere a mí misma, y nunca tendría que haber estado en ese lugar.    
Diez años después llego a esta obra, quizás por engaño, o por no poder decir que no. O quizás pregone demasiado querer estar en una orgia, que alguien pensó que podía dirigir esto.
Pero no sé cómo es una orgia, parecen ser como las brujas: no existen, pero que las hay, las hay.
A mí me cuesta abrirme así, supongo que solo lo puedo hacer en este contexto tan ritualizado.
Lo primero que me pregunte fue, y ¿cogen tod*s con tod*s?
Yo no podría.

¿Y cómo lo hacen?

Yo no podrías pasar de un cuerpo a otro sin más… y si me canso, o voy con alguien que no me gusta tanto… o alguien intenta hacer algo que no quiero… y tantas otras más que ahora no se me ocurren.

La chica linda le toca el hombro indicándole lo que sucede atrás de ella.

Por ejemplo: quedarme por un instante sin besar a nadie, me acerco a una pareja. Si hay dos personas besándose en una orgia, se hacen una pareja en ese momento; ¿me meto? ¿Interrumpo?

Es demasiado para mí.

Eso es lo que no entiendo de esta obra, que tiene que ver todo esto con la revolución.

¡Basta!

Tod*s para y comienzan a vestirse y retirarse…

La chica linda
-He escuchado decir por el (indicando al revolucionario) y a ella (indicando a la mujer): Aquellos que dicen que otro mundo es posible y no acreditan otra educación sentimental que la de las novelas y las películas, merecen que se les escupa, que se le humille, que callen para siempre.

Estamos pérdidas, mi niña directora.

Somos la sombra de una niña golpeada por todos los vecinos del mundo enfurecidos al creer que hemos robado un poco de queso francés para el picnic de la tarde.

La directora
-A esto es lo que me refiero: no tiene ni pies ni cabeza. ¿Qué educación sentimental? ¿Qué picnic de la tarde?

Es demasiado poético, o contra poético, o pos dramatúrgico. Nadie representaría una orgia con una orgia, sería una estupidez. Sería como indicar una y otra vez lo mismo.

Hay demasiados textos robados.

Quiero ponerle fin a todo esto

La mujer
-Podes hacerlo, todo en algún momento termina.

El revolucionario
-Siempre se puede volver a casa. Que otra cosa podemos habitar si no es la casa. Veni mi amor (a la novia), acércate. Nos abracemos, con la complicidad que solo en las películas se ve.
Estoy triste, he perdido, pero te he encontrado y con ello…

La novia
-un poco de normalidad. Yo también la he encontrado. No se puede vivir afuera.

Mientras se van yendo del espacio

La mujer
-Siempre hemos estado un poco afuera, ¿no? O se nos ha querido fuera. Yo me quiero afuera.
Y yo sé que vos también, lo sé. (A la directora)

Besame, ahora, que ya nada importa.

La directora se acerca y la besa a la mujer.

Andrés
-Evidentemente terminamos, yo extraño esa orgia, extraño esa fiesta, extraño mis amig*s; y me extraño a mí mismo algunas veces.
No he podido seguir tan livianamente.

Los quiero a todos, en verdad que he llegado a amarlos. Pero nos hemos decepcionado tanto, tanto.

Estoy enamorado de ustedes… Y entre amar y estar enamorado hay toda la diferencia entre un destino que se asume y una condición que se padece.

 En verdad que lo estoy…

Mientras se retira del espacio.

La chica linda
-Son graciosos, somos graciosos.

La revolución no existe, solo cuerpos bajo el sol deseándose un*s a otr*s.
La revolución no existe, solo yo deseando a unas y otros…
La revolución no existe, porque algún*s compañer*s ya no están por aquí.

La orgia solo prueba esto: que el sexo no es nada. Nada más que un punto entre las distancias de los cuerpos.
Y la distancia lo es todo. Y abrazo las distancias.
La diferencia lo es todo.
Diría que un cuerpo perturba  al otro, amarrar los vínculos existentes entre los afectos y los gestos, entre los afectos y las palabras, entre los afectos y nuestros cuerpos, y entre los afectos y la memoria…

Hemos intentado deshacer toda identificación, hacer desaparecer todo egoísmo, toda propiedad… todo para poder ser finalmente capaces de amar.

Nuestros cuerpos son nuestros…

Y sentimos.
Y amamos.
Y callo porque en las palabras se cierra una trampa.

Levanta unos cables que están en el suelo, como prolongadores de electricidad, los toma entre sus manos y dice: 

Y  esta noche voy a coger…

Y desenchufa los cables.
Negro.

Fin.






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