Ropa Inteior. (Mil escenas y cien intermedios)
Un actor
Un personaje
Una ausencia
Una escena
Personaje:
Las luces en el fondo de mi cabeza. Una vida fácil. Camino alrededor de la
manzana. Pienso en mi misma como un espejo. Un reflejo del abandono. Ahora que
eres libre y no tienes nada que hacer, me dijiste. Miénteme. Trae un saco de
lana y vive junto al rio. Bajo el puente. Como un perro. Con un pie sobre la
vía.
Ausencia:
Anoche soñé que mentía. La mentira de tu mano sobre su mano. De su palabra
por tu palabra. De mis cosas en tus cosas y en sus cosas también. Desperté
debajo de mí y sobre la cama.
Tomo sus palabras y las robo.
Un policía me dice: era su oportunidad y no grito.
Y no grite porque era domingo. Estoy guardada bajo el relicario, viviendo
una vida profunda.
Pausa
Actor:
Me caí. Me lastime la rodilla como en séptimo grado.
Parece un recuerdo que no me pertenece. Te he robado imágenes de tu vida y
las he disfrutado yo. Regalé un sentimiento bajo la almohada y lo encontré
junto a mi vecina. Una planta hermosa. Podría hacerte un potus y vivir para
siempre.
Tu padre me llama y dice: ya es hora de ser un niño otra vez.
El amor fraternal me secuestra.
Y digo: no fui yo, fue la mano del otro, ella es la responsable. Y rio como
robando.
Sería lindo llorar un rato.
Me siento y lloro los domingos. El amarillo sobre otro amarillo sobre otro
amarillo. 1977. Éramos algo en aquellos años. Una negación. Un suspiro. La
esperanza de mamá. La cruz sobre mi cabeza y el esperma de mi boca. Un
instrumento de la felicidad. Me quiero ver como retazos. Una tela única de tus
harapos, y tus bombachas y tu remera también. Una tanga bien metida en el
corazón católico de mis recuerdos.
Teléfono:
Una recopilación del fracaso.
Una tienda de ropas de talles gigantes.
Una mecedora rota en el costado abierto del patio de tus recuerdos.
Y riego las plantas secas con lo que queda.
Una muerte solemne.
Un año abierto como una herida.
Y las siglas del lipsticks me hablan como los carteles en la ruta.
Otra escena
Ausencia:
Abro la puerta y eres tú. Sonrió y espero. Me saludas con un beso. Y vuelvo
a sonreír. Espero tu mano sobre mi mano. Mis ojos se vuelven sobre la mancha
roja en tu ombligo.
Pienso: “Nos es nada, no podrás con esto, no hoy”.
Sonrío, te tomo de la cintura y te beso. Un beso pequeño y tonto.
Actor:
Sería lindo salir hoy. Sería lindo dejarte a un lado. Sería lindo olvidar
tu nombre. Sería lindo recordar que ya no existes. Cada vez que pienso en ti no
puedo recordar tu rostro. Cada vez que alguien dice tu nombre no puedo recordar
donde vives.
Silencio:
Cada vez se hace un hueco mi mente tratando de construirte un recuerdo. Un
cuerpo. Un par de manos.
Una montaña de engaños y un rio de estupideces. Una línea de tu cara.
Pero tengo tu foto y no te reconozco. A cada paso escucho tu paso en una
calle.
Tiempo:
No tengo tiempo. Me consumo en tu olvido. Y te olvido.
Un libro que cuente la historia de mi recuerdo como vaca. Rumiando un
pastizal en Bolivia. Mirando fijo. Ver pasar un auto. Una ruta al norte con ese
cuerpo. La velocidad del recuerdo. Una instantánea de tu sudor. Los colores de
tus olores.
Personaje:
Perdón, no estoy a la altura.
Yo espero.
Me estoy yendo al final. Mi condena no tiene pena, ni verdugo. Veo pasar
los niños uno detrás de otro y espero. Y como nunca fui testigo, no testifico.
Necesito luz como un espectáculo televisivo.
El gusto por lo otro. La sensualidad del abandono y esa dulce alegría de tu
ausencia.
Porque no.
No estoy a la altura.
No veo.
No espero.
Caridad:
Tu mirada sobre otra mirada.
Sobre mi mano.
El cuerpo estirado hacia ti como una plegaria.
Ayuda.
Vivo. Me rescato de tu recuerdo y siento el olor de tu entrepierna. Tú
entrepierna y espero. Brillar. Hacerme un hueco. Un silencio sombrío. Una pena
guardada. Lo que sea de tu cara. Yo he cuidado tu generosidad como lo más
sagrado.
Y sangro. Creo.
Me vuelvo tan educado. Un camino que no ocurre. La dirección de tu mano. Y
sangras. Un litro de mí. Un recuerdo mío bueno. Un olvido mío malo. Una vez más
pienso que te olvido. Llevo una foto tuya como un talismán.
Actor:
Me gusta pensar cosas tontas. No esto.
Una canción tonta sobre mí. “Todas las cosas que dijiste son mentira y no
me ayudo en nada que las palabras se hayan vuelto sinceras”. Mirar. Ver. Estar
de más. Volverme una pared que sostiene tu recuerdo colgando de un clavo. Un
botón de más. Una noche insignificante. El rol de la música sonando a tus pies.
Y no recuerdo tu cuerpo. Tengo despedazada tu piel, tu recuerdo, tus palabras,
mi mentira, mi deseo.
Ausencia:
Pobre, la actriz piensa:
El anticristo de casa. Un estropajo de fe. Una limpieza que se va con la
tormenta. Un día como otro día. Como el fin de semana de tus recuerdos y mi
ayuda.
Y digo; antes del final. La blanca amargura de la felicidad. Un nombre que
llama como un padre. El teléfono muerto de mamá. Y esto es muy lejos. La
familia quedo atrás de las orejas.
Y llamó.
Personaje:
Cuánto tiempo más llevará atravesar otro día. El tiempo se mide en kilo de carne.
Un segundo más de ti. Un segundo más de nada. Un segundo más. El rio entre mis
pies, un poco de agua podrida.
El desencadenamiento de tu cuerpo, del mal, del cuerpo crucificado.
Hoy.
Y no muere, no. Se deja llevar por el dolor.
La facilidad de la ausencia.
Otra escena más
A:
Árbol.
Un cuaderno vacio.
La sangre de tu entrepierna en mi mano y el estremecimiento de mi hermano.
Pienso en el mañana como en una bestia sin ojos y sin temor posible.
Un miedo sin palpitaciones.
Una escritura torcida de tu vida, mi vida y su vida. Que comienza con alguna
letra.
Arroyo y humillación.
Soy la a mayúscula de la amapola. Una flor de mierda.
Y tú olvido.
Mi silencio y esas fotos sobre la pantalla. Me despliego como una tonta.
Miento. Miento. Miento. Y comienzo con a.
¿Cuanto puedo esperar?
La esperanza también comienza con a. La a es simple. Un niño mendigando la
aceptación.
El termino final.
La semiótica de lo perverso.
La lógica de tu felicidad.
B:
Uff; demasiado melodramático. Típico de la A.
También podrías haber dicho:
Una cama que ya no es mía ni es ajena. Un poco de olor al pasado y mucho
perfume.
Pero no, dijiste: En la habitación 2 me nombraban con otro nombre. Me
reconocía en el día que olvidaba y visitaba las tardes con comida y esperaba.
Cobarde. Mentiroso.
No hacía más nada que la ausencia. Mi casa vacía como mi lienzo. Me
disculpo, pero mas conmigo mismo. Una comida pequeña hacia, no A?
No lavo mis cortinas ni mi baño. Como una clase de cuentos de hadas, explote en un viaje al sur. Y dijiste: yo no puedo reclamar inocencia.
C:
No, soy yo culpable.
Mi madre me llama y dice: y cuando vas a tener una vida.
Y padre me llama y dice: todavía estoy enamorado de tu madre. Su nueva
mujer me mira y sonríe ofreciéndome coca cola.
Es un cuadro vacío. Mi cabeza. Temo estar en el camino de la ausencia. Tengo
un corte que no es mío. Un corte que pedí prestado para gritar, para decir,
para no hacerme un hueco. Un idiota con un vaso y miles de ideas estúpidas. No
puedo limpiar el baño. y los amigos se ríen.
Pausa
1
Personaje:
He vuelto después de 10 años y me llamo igual que la amante de mi padre.
¿Seré solo una mano?
Tan lejos he ido que puedo volver en ocho horas. Y recuerdo cada esquina
como mi casa.
Donde deje aquella mochila con un libro de filosofía que me orientaba.
Vamos a casa.
A ese pasaje en Paris que parecía tan familiar.
Me guastaría desaparecer en un instante. Al menos ser un lindo recuerdo. Un
aire que mueve la habitación. Un deseo de esas pieles. Un deseo de mi misma, y
se me haría de nuevo explotaría en mil pedazos.
Eso es! Una bomba. Una bomba de tiempo. Una bomba de agua. Una bomba de
presión.
No tengo a quien echarle la culpa
Toda la culpa está en mi tarro de mayonesa de la secundaria.
Miro tus ojos y la salida se te hizo un puente largo de cruzar.
No me gusta ver lo que viene.
Actor:
Soy pequeña
Tonta
Como caída del cielo
Sin más que la frialdad de mi desnudez.
Eso me ha alcanzado como siempre.
Y miento.
2
Monologo:
El beso que no llega.
La familiaridad del trato.
Una huella bajo la mesa.
Un sueño que no parece mío.
Él se despierta. Camina hacia la
cocina. Atraviesa el umbral. Una luz lo enceguece. No es fuerte. Cae. De
rodillas sobre el polvo. La media tarde del desierto lo sorprende en su propia
cocina. Trata de mirar hacia el suelo y hace foco en unas monedas sobre la tierra
seca. Toma una. La mira. Levanta su mirada y mira un árbol solitario como su
sentimiento. Se incorpora de apoco. El desierto lo abraza y se saca el sweater.
Podría ser el o podría ser cualquiera. Pero era él.
Personaje:
¿Dónde está mi amor?
Actor:
Me recuesto y me tiendo y me
arrastro todo el día, alguien dice repitiendo mis palabras mil veces.
Tomo cerveza cuando nadie me ve. Y
escucho la misma canción una y otra vez. No tienen secretos esto. Trato a las
palabras como a mi vida.
Si tan solo una palabra me quebrara
y me dejara en la intemperie como un soldado de la nada. Sería útil viajar.
Conocer esos lugares que me conmueven.
Personaje:
Me duermo en mi bolsa de dormir
rosa.
Y espero.
Tengo la esperanza que sea un
capullo. Una mariposa marchita bastaría.
Actor:
Este deseo no me pertenece. Es de
otro. Uno que fue al colegio y se hizo pis en la cola del baño.
He desarmado una cámara en todas sus
pequeñas partes. Sé donde falla. Pero no hay arreglo posible. Me gustaría
hacerme mil pedazos de posibilidades. Pero la cosa es verdad. En un hostel de
mala muerte la cosa es verdad. Y no puedo parar de escuchar la misma canción. Una
pregunta…
Personaje:
¿Soy mala?
Actor:
La culpa no te salva de la maldad. Y
estallo en pequeños cortes de cobardía.
La cosa pequeña más sexi es verdad y
muero.
Una mirada nueva para una persona
vieja.
Soy infantil como un cuento. Me
duele la cabeza y no puedo dejar de escuchar esa canción.
Personaje:
Ella dice: si no me tratas mejor,
baby solo me iré de aquí. Y pienso en vivir frente al mar. Y no puedo llorar.
Me está prohibido. Solo parece un refrió. Mocos.
Y papeles blancos sin sentidos.
Ya no escribo porque espero. Y le
hablo a mi madre de nuevo. Y parece que todo vuelve a tener 17 años. Ya no
escribo porque estudio. Como un terrorista de la palabra me hago de otros
asuntos y digo:
Es que no tengo poder en mi ropa
interior, o lo tengo todo y exploto.
Alguien puede decirme quién es.
Ni siquiera me emborracho.
Vergüenza. Vergüenza. Por dejarte
pensar que eras lo único. Ojala esta pastilla en mi mano disiparía todo
secreto. Un beso como una traición. Y no paro de escuchar esa canción.
Actor:
Alguien toca la puerta.
Dejame.
Ya te puedes ir ahora.
Ausencia:
Yo ya estoy ahí. Usando todas tus
cosas. Solo porque son tuyas. Me robo mis propias palabras que se perdieron en
un disco. Me he estado traicionando a mí misma.
Y me gusto.
Soy la pila bautismal de la
traición. De la deslealtad. De la soledad.
Actor:
Como una sombrilla para el sol como
una señora en el verano. Sin miedo y sin engaños. Una sombrilla que me cubra mi
deseo, una pileta que lo disuelva en algo sin sentido y vacio. La noche me hace
negra.
Y si no se me para es porque tengo
miedo de lo que puede venir. Y necesito tanto una cogida. Que me den por atrás
y que quieran acabar en mi boca. Que se me ahogue con la entrepierna. Si pudiera
ser yo aquel que se queda solo esperando que todo le sucediera. Solo decir que
no bastaba. Y ojala fuera tú ahora misma.
Personaje:
Un beso.
Nuestra cama.
Y un baño sucio hasta el hartazgo.
Ya no puedo seguir manejando. El
auto está roto y sangra por dentro, como vos decís. Y ha habido tanta sangre.
Una hemodiálisis de la mierda.
Actor:
Y quiero chuparte otra vez. Mi cuerpo
es un simulacro de mi misma. Y sangra. Y se mancha poco. Tímido. Esperando que
un camión lo atropelle y lo hagan biónica, una emocionalidad biónica. Estar
sangrando a la vida.
El capullo rosa no funciona. Y le
temo tanto al golpe del camión aquel. Mis secretos se volvieron espadas. Y
cortaron todos esos pequeños globos de colores. Nubecitas de azúcar que me
esperaban en casa.
Ausencia:
Solo necesito azúcar. Un beso dulce.
Solo azúcar. Pero solo tengo cerveza y un montón de pastillas.
Y no me emborracho porque soy
cristiano y pienso: ojala que dios se muera y pronto.
Personaje:
Me ha marcado el cuerpo como un
escudo. Y me defiendo hasta de la nada. Me gusta que me chupen, y a quién no.
Pero me niego. Y me convierto en el monasterio del olvido. Veo porno y pienso:
ojala traiga algo dulce para comer. Un mate con televisión. Un mate que se hace
infinito. Y amargo. Te traje tortillas de la Maipú, te acordas?
La mesa que rompimos y la
desinhibición del momento. Pero está bien, todo pasa más rápido.
3
Música:
Un golpe. Una negación. La vida no se sigue.
Me importa un cuerno la vida. Soy la muerte y la violencia. Una marco de
agua. La nada.
No digo nada porque no tengo nada que decir.
La mentira con pantalones largos.
Me gusta mentir. Soy perverso y melancólico. Una combinación de la mierda.
Perverso como mi padre y estúpido como mi madre. No hay fiestas.
No es de ahora. Nadie me ha invitado a sus fiestas. Mi fiesta en con mi
pija y la paja. No se me para de tanta perversidad. Soy el diablo de la nada.
Personaje:
Lo común. Lo llano. La porquería de siempre. La que no se presta atención.
La mierda de las letrinas. Una porquería sin importancia.
Actor:
Hoy me levante sin saber qué hacer. O comprar un consolador o un libro de
Tatarkiewicz.
Y me quede con el arnés.
A mi manera me dejo llevar. Y es tan triste como un buen libro. Y siempre
me decido por el libro. Aunque esta vez no.
Quisiera que alguien escriba la historia de seis deseos podridos. La
historia universal de mi misma. Y que fuera como un pendrive. Llenarlo de virus
y de cosas inservibles, vivas.
Y como siempre me decido por el libro. El dildo tendrá que esperar como mi
culo. Tú sabes que me gusta saber. ¿Pero saber qué?
(Quien me puede decir si estoy solo en esto. Un montón
de secretos y esta pastilla en mi mano sobre una almohada.)
Personaje:
La historia del beso.
El beso triunfal de la negación. La vergüenza y el deseo.
Una historia escrita con saliva bajos mil lenguas. Y me entrego tanto que
no me encuentro en el mar.
Hacer un corte como una denuncia. Ponerle una línea a mi cuerpo. Un límite
imaginario de lo que soy. Hacerme otro y tener miedo del beso que no llega y
del que se fue. Una colectividad de cuentos de hadas.
Un beso que no es mío. La historia de la mentira. Quisiera abrazarte de nuevo.
Como si pudiera alcanzarte. Estaría toda la noche guardando el tiempo que es
nuevo. Y no es nuestro, ni mío, ni tuyo.
Toda la noche mentí. Y no se me para.
Ecos. Ecos. Ecos.
Permanezco despierto. Miro mi página del sex-shop y tengo todo elegido. Un
cargamento de deseos.
Y me preocupo por la muerte de los otros. Me preocupo por la pérdida de la
libertad de los otros.
Estoy sobre el puente ahora. Ayer leí tres líneas. Y volví a pensar en que
podría ser tu ahora mismo.
Actor:
Quizás me dibuje el cuerpo para mañana. Y escucho la misma canción una y
otra vez. Y me quedo solo y me asusta, y me quedo solo igual.
Hace unos años tenía una amiga que entraba a mi departamento mientras
dormía. Me decía levántate, vamos a no sé dónde con sé quién. Yo, mi pijama
bordo y el calor de septiembre. Una vez le regale un disco y mil palabras de
aliento que se perdieron en el tiempo.
Personaje:
Una vez llore en mi cocina.
En fin me quede sin amigos y después lo olvide todo en un mostrador de
biblioteca. Como la primavera se lleva todos los días, necesito un cuerpo
nuevo. Una carta al futuro que puse en sus bolsillos.
Y alguien grita, quien es ese terrorista, traidor de clase, hazte a un
lado. Son las 10 de las noche y todavía no logro levantarme. Y mi psicoanalista
me llama por mi nombre de seña. Y me dice; duerma mañana veremos.
Roma:
Y lloro porque extraño. Extraño la estación de tren.
Me he cortado las manos junto con los vínculos de paz. Y quiero que estés
presente siempre.
Y te despedí en esa estación.
Y volé 10.000 recuerdos.
El nombre es una plegaria, ya lo dijo Madonna. Extraño como a mi misma.
No pelea. Y eso está bien.
Me quedo pensando y lloro. Es tonto lo sé.
Allá lejos me espera y resisto, y me incluyo en la nada. Y le sigo robando
palabras, oraciones e ideas.
Me hice grande y se me está perdiendo. Y busca en Viena, sentada en un
banco, junto a su hermosa forma de sufrir.
He leído lo que escribiste y alguien dice: está escuchando.
Y extraño una plaza irrelevante.
Mi casa queda lejos ahora, estoy lejos.
4
Actor:
Hoy despierto después de una noche que no fui mía, ni tuya, ni de él. Sin concesiones,
ni lugares comunes, o tal vez todos y a la vez.
Personaje:
Me despierto de noche y te nombro con otros mil nombres y te busco bajo el
dedo gordo del pie. Es que se está yendo por abajo como una ducha del recuerdo.
Espero recordarte en verano bajo una luz fulminante y volver a dormir, pero
no te recuerdo
Actor:
Aún sigo vivo y no recuerdo – o no recuerda -, lo veo, una imagen pálida de
mi misma inutilidad, de mi cuerpo.
Ausencia:
La distracción es un deseo.
Una mujer me besa en la madrugada y te recuerdo en su olor.
Me recuerda a tu cama, y ella llora también porque me ha visto besarla, y
pienso sin puntuación, y sin pretextos, una sucesión de palabras como los
cuerpos…
Personaje:
Me despido de a poco, no se hacerlo de otra manera, sin precisión y sin ortografía.
Una gramática de mi ausencia y recuerdo ese libro que nunca, pero nunca…
Te compuse detrás de la puerta y me acuerdo de la madrugada nublada por tu
recuerdo y ese beso simple y completo.
Cógeme con todo lo que tengas a mano.
Ausencia:
Hacerme un agujero al infinito y perderme en el viaje por cincuentas
cuadras en silencio. Y pienso; no será la hora de la despedida, todas las
fechas expiraron y niego el calendario. No quiero hablar, no quiero besar, no
quiero coger y me entrego a todo lo que no me corresponde.
Pensé en decirte algo porque no me hablaste. Antes te hubiera dicho tantas
cosas y solo sonreí y le acaricie el brazo un instante, eso que mañana no
recordaremos.
No sonrío, soy la mujer seria que espera no ser tan desagradable. Y no
lloro, exploto; me hago trizas contra un cuerpo o por lo menos contra un cuerpo
imaginado.
Actor:
Y digo mentiras, es que no se decir otra cosa. Soy el espacio entre las
palabras, y no me nombro porque me da miedo la palabra.
Se me hizo carne y muero de cristianismo. Anoche no he parado de reír y de
mentir y alguien encontró eso hermoso. Me gustaría pertenecer a otro mundo o pertenecer
a alguno siquiera.
Me acuesto bajo una cama que no me pertenece que no es mía y me pregunto si
alguna cama alguna vez lo fue, el polvo y la pelusa; me descansan, se me pegan
como una canción conocida.
Como una horrible canción como las palmadas de tu mano en mi hombro como la
frialdad como la ausencia
He decidido la muerte pero no llega, soy cobarde.
Anoche decidí la muerte.
Alguien me besa en la madrugada y pienso en la desaparición de mí mismo, me
pregunto si el estado de coma no se parece a esto y escucho decir: no eres nada
y arruinaste todo, eres como mi madre supongo.
Personaje:
Me reclaman los días y unos cables, un poco de luz y la ecualización de tu
voz que retumba en lugares que no conoces. En lugares que no dormiste y no
recuerdo. ¿A que sabe? Todo sabe igual. Anoche me siguió una sombra
de lo que era la certeza de mi crueldad y alguien sin nombre me beso.
Que importancia tienen los labios contra los labios. La calidez húmeda de
la presencia y la fantasía inútil de lo que no será o de lo que fue hacernos un
solo beso que nos contenga hasta acabar en mi boca; hacerla rebalsar,
sobrepasarla de todo y volver empezar.
Alguien me dice por teléfono: es posible que en un momento pase alguien. Me
dice mirándome a los ojos: ya va a pasar. Y pienso: ojala que no pase nunca,
ojala siga sentado al amanecer como un beso antes del amanecer.
5
Silencio:
No hay nada que yo pueda hacer, no puedo parar lo que está viniendo.
Parecía que éramos algo atreves de esto y aquello. Solo una nota de papel
bajo la puerta.
Una pequeña niña atrás en el tiempo.
Una amiga verdadera.
O un guiño de la ausencia.
Una palabra nunca dicha y ese gesto apenas elaborado.
Me gusta sentarme a esperar la mañana. Pero nunca llega. Me duermo. Como en
un trance oscuro. Una luz que todo lo envejece. Y no duermo porque no es de
noche y no rio porque no es gracioso.
Apenas he vuelto al cementerio.
Apenas he vuelto a ver tu rostro.
No es nada. Solo un papel.
Sin firma y sin consuelo.
Ausencia:
Comienzo el día de nuevo con una navaja. No con una tijera que separa un
hilo en tres pedazos. Uno para mi, otro para ti y otro para alguien, no sé.
Me repito en cada hebra y le doy vueltas. Como un satélite que transmite la
misma canción.
Te aburro.
Me repito.
Y vuelvo.
Una monedita en mi bolsillo no es suficiente. En realidad, dos moneditas y
un paquete de galletas no te llevan a ningún lado. Pero igual parto. Un día
como cualquier otro, parto.
Silencio:
No hoy.
Ausencia:
Hacerme un silencio vacío. Una sombra sin compromiso.
Alguien me predijo sueños lindos. Pero no sueño. Duermo. Y me despierto con
los ojos pegados.
Pienso en esta noche y compro un vodka, un paquete de chocolate y una
frazada. Y me digo, soy una chica de la calle. Y me grito, muy adentro, el
vodka es demasiado caro para vivir en la calle.
Silencio:
No es lo que piensas. Es solo que no tengo tiempo. Todo el tiempo se lo
lleva mi vida. Y espero hablar. No sé con quién. Solo espero poder hablar.
Decir algo importante. Desaparecer junto a mi palabra. Irme hacia ti junto con
ella. Hacerme una vocal suave en tu mejilla. Pero las palabras se rehúsan
conmigo. Se burlan de mí. Me he vuelto aburrido.
Actor:
Apenas llega el mediodía y aún no he desayunado. Hambre. Una palabra con
hache. Y no se me ocurre ninguna otra. Tengo unos encargos de una vida pasada.
Tengo una vida pasada que no he terminado. Como un dibujito de la primaria que
aún no he tirado.
6
Director:
Mi cuerpo es descubierto recien ahora, y el respira lejos. Como una
manzana. Como una comida traicionera. Él no me deja saber. Él me obliga a
olvidar. Él descubre mi cuerpo después de veinte años.
Una lastima, dice. Una lastima tenerte como de consuelo.
Te puedo decir algo, me dice. Si claro, le digo. Sos un estafador, una lima
que corroe todo lo lindo que hay en mí; me dice. Tenes razón, le digo, yo no
tengo lugar para el consuelo.
El fin:
Un ruido sordo como una cancion vacia. Un rodado infinito de la repetición.
El cielo se vuelve sobre si. La revolución de la nada. Un cuerpo caído en
desgracia. El cuento puede comenzar así: el busca en una pantalla blanca su
nombre. Su noticia fresca. Una señal de su propia continuidad. La confirmación
de su propia presencia. Pero no hay signo ni estrella para el. Se desvanece en
su propia duda. Busca una revista sobre el placar y piensa: será tiempo de
convertirme en todo lo que me dijeron. No era tarde todo aquello. Él ya se había
convertido en todo lo que le dijeron. Un hombre casual, duro, manipulador,
enfermo y perverso. ¿Soy yo? pensó. Es verdad, me reconozco el tiempo me inscribe
con un titulo. Un tipo. Un tipo de clase. Un ritmo igual a otro. Una nota en la
armonía lisa de aquella ventana. Y pensó; si admito mi derrota. Me rindo. Pero también
renuncio. Y así se trago la última pastilla de menta que tenia. Tomo un bolso
prestado, con ropa prestada, con lugares prestados, con tiempo prestado y con
una mirada prestada. Y espera en la estación, y el colectivo no llega. Se
preparan los otros, y parten. Llegan y salen los otros colectivos. Y se hace de
noche. Y amanece. Siente hambre, pero siente que se olvido algo, y espera. Repasa
una y otra vez en su cabeza. Fantasea con probar el semen del chico que sube el
equipaje. Se reprime. Vuelve a pensar en lo que se olvidó. Era blanco,
balbucea. Pero las imágenes lo invaden, en la pija del chico del equipaje en su
boca y la chica que vende pralinés penetrándolo con el cabo del sartén de
cobre. Y el colectivo no llega. Ya no se reprime y se toca los huevos. Los
refriega. Los aprieta hasta el dolor. Y siente que pasa algo entre el y el
guardia de la estación. Pero estaba equivocado. Se sienta en el piso y ve
anochecer de nuevo. Y el colectivo no llega. ¿Que día es hoy? se pregunta. Un
martes desierto, piensa. Y era cierto, estaba de luto. Las personas dispersas. Los
colectivos vacíos. ¿Podre subirme a otro? se preguntaba. Y su colectivo no
llegaba. Me gustaría que me chupen la pija, se dijo para si mismo. Que me la
chupe aquello que esta a lo lejos. Junto con el policía que me mira. Que la
muerda y le pegue. Y cerraba los ojos para sentir que el mundo se le acerba
para cogerlo. Pero no. abría los ojos y pensaba; el colectivo no va a llegar
nunca. Repaso la mirada por el piso y por unos instantes creyó recordar lo que había
olvidado. Y pensó en él. Y se dijo; todo está fuera de mi control. Miró a una
muchacha hermosa recogerse el cabello, se sintió atraído a decir algo. No puedo
decir nada, soy horrible y mi aceptación es saber que mi lugar, mi lugar es ese
lugar, la vergüenza es mi destino; pensó para si. Otras personas salvan el
mundo, tienen su amor, hacer un gran trabajo, son bellas, o inspiran a otros,
yo también conozco mi destino, mi lugar en el mundo, mi destino es la
vergüenza, una mancha descolorida en las vidas de los demás, mi papel es ser el
recuerdo constante del error, del engaño y la decepción; todo esto inundaba su
paladar. Casi podía él salir gritando todo aquello. Pero no. se ahogaba en su
propia saliva. La tragaba despacito. Saboreaba cada gota con amargura y
regocijo. Era importante saber su sentido de la historia, era un sentimiento de
desenfado y de angustia a la vez. Lo liberaba y lo condicionaba a la vez. Comprendió
que la alegría era de los otros y eso lo regocijaba. Y la estación se quedaba
desierta. Seca y muerta. Y el colectivo ausente. Y el esperaba. Y pensó; seria
aun más desagradable desaparecer.
FIN




