Como pegarle un tiro al poliamor. (pieza de teatro en dos actos y una súplica)




Acto  1


Personajes
- Antígona
- 1800
- Conde  Lautréamont

Escena 1

Preferiblemente en una casa abandona por lo menos 20 años y con todo tipo de vegetación exuberante.
Reflectores  hacia l*s act**s. 

1800
- El camino siempre me aparece vertiginoso. No sé. Quizás hasta estúpido.
Me obsesiona el tiempo, el tiempo no tiene metáfora, el tiempo tiene un sentido duro.

No espero llegar muy lejos, pero siempre llevara tiempo.

Lo gastara...

Ojala este instante...

Viajar ha sido una constante, y no he encontrado palabra para el tiempo.
Pero ¿qué puedo yo con el lenguaje?
Olvidos, caminos y silencio. Mucho silencio.
Es pagar palabra por palabra.

 Es lo que sea, o lo que debería ser en tanto es tuyo, menos esto:

A lo largo del desarrollo histórico de la llamada revolución sexual...

Espero no desesperar en el medio, pero el cuento no me cierra...

La llamada revolución sexual no tuvo oportunidad de seguir, no eran las condiciones, los motivos, la coyuntura o las humillaciones... fallamos, o he fallado solo yo.
Me queda la esperanza de la muerte como una reivindicación pequeña pero invaluable.
No tuvimos tiempo.
Yo no descanso en el fin, descanso en el comienzo.

Comienza música, l*s act***s -quienes no podemos nombrar pero queremos- bailan.
Sergey Prokofiev: Visions fugitives, Op.22


Antígona
- La revolución desde la cama parece tener el siguiente formato en cuatro años, lo podría hacer en un cuadro pero odio las redundancias y clasificaciones. Me gusta más el relato.
En los primeros seis meses usted puede tocar el cielo con las manos -si es que ha dejado un cielo que tocar-, todo va bien, y todo puede ir aún mejor.
Pero no, comienzan los sospechosos seis meses siguientes, donde la gente se pregunta si ha hecho bien en elegir tal o cual cosa -sin dejar de coger claro, eso pasa al año siguiente-, las preguntan varían en sí: es menos dolorosa la monogamia (entiéndase tener una pareja que por lo menos haga todo lo que las otras parejas sexuales no quieren hacer por usted, por ejemplo, presentarla a usted a padres y familiares).

Es decir, aquella persona con la que se va a vivir o venia viviendo -o quisiera pasar todo el tiempo, hasta vivir con ella-, con la cual cogía y compartía gastos -una pareja en fin-, con la que generalmente -y muchas veces excluyentemente- tiene la conversación sobre la monogamia.

Y en esos segundos seis meses viene el arrepentimiento, disfrazado de "no puedo" -que tiene que ser entendido como yo quiero coger (o relacionarme sexo afectivamente, y un par de eufemismos más que ahora no recuerdo) con otr*s; pero no puedo, soporto, ni quiero que tú lo hagas-. Es un periodo que si usted acepta nos lleva a la opción "para siempre", que si no acepta en el mejor de los casos queda sola o solo, sino vuelve al principio. Que es la opción que llamaremos epifanía libertaria.

En este momento alguien debería bailar, o hacer algo no sé. Masturbarse quizás. Deberíamos preguntarle al público...

Alguien comienza a bailar, alguien se masturba. Antígona prosigue.

- no estamos aquí para ser vistos acaso, quieren que me masturbe yo...
No claro, ya lo están haciendo atrás mío.

1800
- Una palabra no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo, igual que el viento esconde el agua, como las flores que esconden barro. Una verdad no dice nada, y al mismo tiempo lo esconde todo, como una hoguera que no se apaga, como una piedra que nace polvo.

Antígona
- Me resulta conocido todo eso, no dejas responder, ni terminar mi historia, que no es una historia, es un cuadro, pero prefiero el relato. Así no parece tan intelectual o académico... ¿no?

1800 (se masturba)
- Si un día me faltas no seré nada, y al mismo tiempo lo seré todo, porque en tus ojos están mis alas.
Y esta la orilla donde me ahogo...
 Un río sin mar alguno donde poder lavar esas prendas que ya no usamos, ese vestido que deje a tus pies un día.
Te espero, como las protagonistas de la novela al galán y pienso en Jesús, si yo creyera en Jesús, ¿el me haría acabar?

Quizás.
Y espero con el cuerpo caliente y la mente cansada.

Antígona
- Si es una canción,  pero es nueva ¿no? "una palabra", podríamos decir cosas trilladas como: hablar (escribir, en mi caso) es gastar las palabras (alguien podría pensar que los errores, pero no son eso las palabras: errores).

Si porque yo escribo. No hablo.

Alguien escribe las paredes.    

En realidad no yo misma, sino ese otro -no voy a comenzar a hablar así-, deberíamos seguir con lo que hacíamos recién...

Por favor...  (No hay didascálica)

Conde Lautréamont  (se arrodilla)
- Sí...
Los supero a todos en mi natural crueldad, y no estuvo en mí reprimirme.
¿Es esta la razón por la que permanecen todos postrados frente a mí? ¿O bien el impacto de verme, a este fenómeno extraño, recorrer como un horrible saco de carne el espacio aún más  ensangrentado?
Una lluvia de sangre brota de mi cuerpo inmenso, semejante a una nube negra que empuja ante sí el huracán.
No temáis nada, hijos del hombre. No quiero insultarlos, y mucho menos asustarlos.

El mal que me habéis ocasionado es demasiado grande; demasiado grande es el mal que yo  he ocasionado, para que sea todo tan intencional. Ustedes habéis recorrido su camino y yo el mío, ambos somos semejantes, ambos muy perversos. Era natural encontrarnos, dada esta afinidad.

Pero el choque que ha seguido al encuentro nos ha resultado recíprocamente fatal.

Cambio de rol

Al llegar a este punto, los hombres empezarán a levantar las cabezas; adquiriendo de nuevo valentía. Y, para ver quién está hablando, alargarán el cuello igual que caracoles. Este rostro alterado, descompuesto, se deformará en una mueca tan monstruosa que incluso los lobos quedarán aterrorizados.
¡Cuántas indignaciones!
¡Que clamor de voces!

Me han reconocido.

Y así los animales terrestres se unen a los hombres y hacen oír sus peculiares alborotos. Ya ningún odio los divide.
El consentimiento universal les une. Temo la perfidia.
El odio de cada uno está dirigido contra un enemigo común: yo.

Sí, desaparezcamos, poco a poco de la vista...
Adiós,  piensa en mí si me ves por ahí...

Por cierto, tienen en este vampiro a un amigo, aunque no sean ustedes  amigos de este vampiro.

Y si incluso, tienen en cuenta la mugre que se les pega, ¡Tendrán  más amigos!


Escena 2

Preferiblemente en el mismo lugar que la escena uno. Preferiblemente alguien desnud*.

Antígona
- Vamos con la opción uno: "para siempre". Una se pregunta, una y otra vez, sobre los significados que van a tener las personas con las que se relaciona para la propia vida. O la importancia. O cuanto me va a "ayudar a crecer". Y estas preguntan aparecen en el ocaso de una relación importante, porque antes no había dudas sobre su destino. O al menos eso creemos, o por más "cuidadosos" que seamos siempre queremos que sea esa La Persona.
Ahora que tiene todo esto que ver con nuestra primera opción: todo.
No estoy poniendo el hincapié en los depósitos afectivos que hacemos para con personas que queremos conocer. Sino quiero hablar de las consecuencias para nuestros pequeños experimentos de amor libre.

Ja.

Ja.

Ja.

Perdón, lo digo bien ahora: hablar de las consecuencias de nuestro compromiso político en la lucha contra las formas emocionales de las sociedades capitalistas posteriores a la segunda guerra mundial.

Ja.
Ja.

Ja.

Pero ¿qué consecuencias?

Como veníamos hablando, en los segundos seis meses viene el arrepentimiento. El no puedo hacer esto. Solo te quiero a vos. No sé qué hacemos con esa otra persona, nos invade. Y una cadena de metáforas bélicas que se suceden para describir una relación entre tres, cuatro, o más personas.
Ahora, seamos honestos, no estamos hablando aquí de parejas abiertas, de parejas monógamas con gusto a nuevo, o solo a vos te amo lo demás es solo sexo - lo cual bien puede suceder -, es como si creer que decirle a la pareja sobre tus amantes cambia en algo las cosas, o las revoluciona. Ya hablaremos de desplazamientos, pequeños, pero que nos gusta creer que son importantes. Aquí no estamos hablando de usted, ni de usted, ni de usted, ni siquiera de muchas de nosotras. Porque yo recuerdo a mi hermano, y también a quien hubiera sido mi esposo, y también,  a aquella jovencita que vivía cerca de la casa de mis padres.
Como recuerdo hoy a ella (indica a un* de l*s act**s).
Si una rememora lo que está presente, ¿que está recordando? ¡¿A quién representas?!

Me perdí, mi equivocación.
Y acá, estamos hablando de revolución, de ser diosas, champions, guerreras, y no morir hasta triunfar. ¿Estamos de acuerdo? Y no quiero ponerme pesada, pero no estamos hablando de la fantasía sexual del trío, o la orgia pasajera.
Estoy hablando cuando ya no se quiere ser dos, de eso nos arrepentimos...

Conde
- Quizás desees que invoque al odio en el comienzo de esta obra.

¿Quién te dice que no has de olfatear, sumergido en innumerables voluptuosidades, tanto como quieras, con tus orgullosas narices, anchas y afiladas, volviéndote de vientre, semejante a un tiburón, en el aire hermoso y negro, como si comprendieras la importancia de ese acto y la importancia -no menor- de tu más que ilegitimo apetito, lenta y majestuosamente,  de las rojas emanaciones?

Te aseguro que los dos deformes agujeros de tu horroroso hocico, mi querido monstruo, se regocijarán, si te dispones de antemano a respirar tres mil veces seguidas la conciencia maldita de lo Eterno. Tus narices, desmesuradamente dilatadas por la inefable satisfacción, por el éxtasis inmóvil, no pedirán otra cosa al espacio, embalsamado de perfumes e incienso, pues se colmarán de una dicha completa, como los ángeles que habitan en la magnificencia y la paz de esos fáciles y lindos cielos.

1800
- No te aseguro nada, solo la verdad de la ausencia, lo único que no puede ser representado aquí;  pero que está más presente que nunca.

Me miras, ¿no es así? Acaso mi voz se hace notar, no quiero robarle las palabras, pero no estamos aquí para ser notados. A dar cuenta de nosotras mismas. Este amoroso paraíso...

(Volviéndose hacia el Conde)

Básame, como si fuera la primera vez, acércate.

Por favor, solo un beso.
Ese que diga el infinito de ti.

Es solo un beso.

Mírame aunque sea, a los ojos, no mis pies. No a mi espera. Estoy aquí en mis ojos, ¡mírame!

(1800 se acerca hasta el cuerpo del Conde, toma su mano y la mueve sobre su cola. El Conde se ríe)

Por favor, es solo un beso. No tiene por qué enterarse...

Antígona
-  Ni porque ocultarlo, de esto es de lo que escribo. No  hay más, ni mejores, ni peores -ni horribles-, motivos para el juego "que no se entere tu amor"...

1800 y el Conde bailan apasionadamente un adagio de Bach, BWV 974

Mi (hace gesto de las comillas) amor (cierra el gesto de las comillas) ya se ha enterado, y no le importa.
¡¿Y no le importa?!
Y eso comienza por desatar la desconfianza, lo que terminará en arrepentimiento.
Como habrán notado nuestras opciones van a ser la conclusión de los segundos seis meses, que mejor conclusión para un razonamiento que una decisión. Por eso yo prefiero el hecho simple de creer en las palabras.
Usted me dirá: ¿qué tiene que ver eso con lo que venía diciendo? 
Y yo le diré: nada.

Pero no tengo otra cosa. Y acá no estamos hablando de amor, o ¿sí? No sé.
Solo de la palabra amor, quizás. No sé.

En esta época no hay videos por doquier acaso, no debería haber un video pequeño sobre mí, y mi historia que me autorice a hablar de estas cosas. Ya saben, desobedecer la ley, ser mujer, y mantenerme en el poder de elegir, en vez de permanecer en la  vida. No sería bueno pasar un video así ahora.
O mejor aún, un video porno soft, de canal de cable un sábado a las  una de la mañana. Ese video posterior a un viernes a la noche rogando porque alguien te llame para coger, y nadie lo hace. O querer llamar a medio mundo posible para coger y no poder (o no querer realmente, como dice la psicología popular).

Comienza un video porno soft, con por lo menos un* de los act**s involucrad*s

Pero hay que preguntarle al público que quiere, no podemos ser agresivas, esto sigue siendo un espectáculo que tiene su raíces en la segunda mitad del siglo 20, después de la segunda guerra mundial, de Warhol, del arte povera, del accionismo viennes, del arte multimedia, del interdisciplinario, del postporno...

Antígona ríe, continúa un minuto más el video.

Escena 3

Antígona con un cuchillo en la mano, sonríe, lleva el cuchillo a su cuello, y se corta la garganta, sale la sangre suficiente para manchar el cuello de su ropa.

Conde
-En sólo unas líneas estableceré que ella fue buena durante los primeros años de su vida y vivió dichosa.

Luego se percibió que había nacido perversa: ¡una fatalidad extraordinaria!
Se pensó que ocultó su carácter como pudo, durante un gran número de años, pero al final, a causa de ese reconocimiento que no le era natural, cada día la sangre le subía a la cabeza, hasta que no pudiendo soportar más semejante vida, se arrojó resueltamente por la senda del mal...

¿Quién lo hubiera dicho?

Cuando besaba a un niño de rostro rosado hubiera querido rebanarle las mejillas como con una navaja, y muy a menudo lo hubiera hecho, si la Justicia, con su largo cortejo de castigos, no le hubiera impedido hacerlo una y otra vez.
No era mentirosa, solo contestaba con la verdad, y se decía cruel. Se sabía cruel.  

Humanos, ¿habéis oído?

Siempre existe un poder más fuerte que la voluntad...

¡Tanto no se puede tener!
¿Querría la piedra sustraerse a las leyes de la gravedad?
Imposible.
Imposible.


1800
-Para cualquiera que se apiade de nosotras, ya reconocerás sus clásicas palabras…

Palabras, palabras, estamos obsesionadas con las palabras, me siento libre con las palabras, podría repetirlas hasta el cansancio.
Es como una seda, que te cubre aquella herida de batalla perdida de la que nadie escucho nunca.

¿Debería volver sobre mi sexo ahora? ¿Porque se resuelve en el sexo nuestra relación?

Antígona, un beso, uno pequeño, como de hermanas. Uno que no de miedo.

Antígona ríe y  se acerca desnudando alguna parte del cuerpo.

Porque no intente hacerla feliz, recuerdo aquella chica delgada y bellamente desquiciada enamorada del príncipe, de aquel hijo, y de aquel hermano.

Yo hubiera flotado con ella en todos los mares posibles, porque esta historia debería tener un mar, donde mirar al infinito. Hacerse uno con los cielos, con la fantasía de la libertad embriagándonos… pero aquí no hay mar, en la soledad de la tierra permanece inmóvil la sequedad del olvido.

Antígona se acerca a 1800 y casi besándole…

Antígona
-Que puede saber un contemporáneo de leyes, de normas y de obediencias. Que puede saber el bien de las leyes, solo el mal obedece.
Y aunque parezca que puedo decir muchas cosas sobre esto, siento que no sé nada.

Antígona y 1800 se besan apasionadamente.

Comienza sonar una música, preferiblemente “viva la vida” de Coldplay.

No hay que dejar la sensación en el público que acá, hacemos como sí; debemos darles lo que le vamos sugiriendo. Que no salgan y digan: las intenciones quedaron a medias…

Bailotean un poco. Antígona suelta a 1800, levanta sus brazos…

Escucha, escucha, la mentira… los sonidos de la mentira.

Ya sé, ya sé…

Segundos seis meses después de la revolución: arrepentimiento: opción uno: “para siempre”.
Bien, entonces decía que usted se componía y le aseguraba a su pareja después de este periodo que también, a su manera –cruel seguramente-, se arrepentía –no de su compromiso con la revolución- sino de no haber previsto que traería tanto mal y sufrimiento. Usted querrá decirle de nuevo que la elige a esa pareja por sobre todo. Y hasta puede que una sea sincera.

Quizás deberíamos pasar una canción, con resabios de Beethoven, mientras se describen las fortalezas del amor y cosas por el estilo…

1800 comienza a recitar mientras Antígona habla.

1800
-  A mí no me importa el dinero tengo lo que yo más quiero a mi lado
Soy tu fiel compañera me gusta que seas así como soy
sos mi escudo ante el miedo y aunque se derrumbe el cielo
Nunca vas a estar solo, porque siempre estaré.
Como pude imaginarme que se te ocurriría dejarme
Si pasamos juntos más de un temporal
Ni los tiempos buenos, ni lo malos
Han podido lograr separarnos, porque siempre fue más fuerte nuestro amor.
No me tumba un viento frio, y si te tengo cerca de mí, no le temo a lo que pueda suceder.

Antígona
-Y no puedo decir más, porque esta opción me fue vedada. No estoy culpando a nadie, yo hice todo lo posible para que fuera así.

Soy una champion, eso está claro desde Sófocles. No podría imaginarme una resolución mejor que la opción dos, ¿no les parece?

Yo he escuchado eso en otro lado…
Pero veamos esa opción dos –ya le he sacado la narratividad a esto, me estoy explicando-
Eso me duele, siempre abandonar el cuento a la mitad…

Esto es teatro, pero tampoco lo pongamos tan dramáticamente, han pasado cosas peores.

No me tengo que perder, suerte que tengo el texto, hagamos como que actuamos ahora…

La opción dos: la epifanía libertaria, también la podríamos llamar  “volver a empezar”.
Yo me he sentido arrojada casi especialmente a esta opción.

Y no fue una suerte, recordemos que solo estamos comenzando los primeros seis meses del segundo año.

Podríamos bajar un poco las luces,  ¿no?  Esto necesita otro ambiente…

1800
-Por favor, no lo hagas…

No sigas, me lastima lo que puedas decir, hablemos del renacimiento…

¡No, mejor de la cultura caballeresca de la edad media! O de los goliardos y todas esas iglesias góticas en ruinas que tengo en mi cabeza, te lo suplico.

Bésame de nuevo…

Antígona se ríe. El Conde interrumpe…

Conde
-Aquí…  hay quienes hablan –o escriben, si lo prefieren- para conseguir los aplausos de los hombres, por medio de nobles cualidades de corazón que la imaginación inventa.

¡Yo hago servir a mi genio para pintar las delicias de la crueldad!
Delicias no pasajeras ni artificiales, sino que, al comenzar con el Hombre, terminarán con él.

¿No puede el genio aliarse con la crueldad en las resoluciones secretas de la providencia divina, un dios absoluto? –pero no es eso dios, la totalidad infinita de lo que nunca podremos ser-

La prueba se verá en mis palabras, si es que se quiere verla…

Perdón…

Me pareció que los cabellos se me habían erizado, pero no es nada…

Comienza una canción interpretada por 1800 (preferiblemente La Llorona)

El que canta, lo digamos de una vez, no pretende que sus tribulaciones sean algo desconocido, al contrario, se satisface con que los pensamientos altivos y perversos de su héroe estén en todas y cada una de sus cabezas.

1800
-Ella ya no nos quiere, reemplaza palabras por tanques discursivos de una época que desconozco.
Siento que podría morir hoy mismo, aquí frente a todas, con la libertad entregada a los poderes de tu deseo.

Y si lo que me queda es entregarme sin fin a las orgias más viles y crueles por ti, allí me verías gozar con la infinita certeza que tu amor me protegerá…
 
Soy poca, pero valiosa.

Yo he inventado las canciones, y por eso las puedo cantar a todas.
La belleza termina en mí.
Yo soy la belleza.

Mira…

1800 comienza a desnudarse

Dije: ¡mira!

Mi cara, el sentido de mi mirada, pregúntales a ellos (al público).
Mi boca, no ves mi boca.

Quizás el pecho firme y brillante te conmueva.
Ustedes allí sentados díganle que estoy aquí parada, desnudándome, ustedes lo ven ¿no es cierto?

Los muslos de mis piernas, los abductores llegando a mi entrepierna.

¿Por qué no me amas como yo te amo?
¿Qué soy?

Antígona
-De esto justamente hablo.

Apagón y cenital sobre 1800 llorando  


Escena 4

1800 llorando.
Se acerca el Conde y abraza a 1800.

Conde
-No será hora de terminar con todo esto…

Antígona se desnuda.

Antigona
-Acércate, ahora, estoy dispuesta.
Que más queres… 
Abro las piernas, me meto algo, ¿qué te haría parar todo esto?

Dale, veni, aquí frente a toda esta gente.

Porque no te acercas, no soy lo suficientemente bella (rie), no queres hacerlo ahora. Si queres invito a alguien y nos miras, te gusta eso ¿no? Alguien del público, alguien se negaría a esto.
Seguro que sí, no es lo mismo… esto que hacemos pertenece al llamado ámbito privado, pero este; mi cuerpo, siempre ha estado allí, en la arena pública.


1800
-  ¡Jean-Léon Gérôme. El juicio a Friné. 1861!

No es emocionante para ti todo esto, y yo llorando por ti.
Es increíble la melancolía, la angustia, el espectáculo de aquel fin de siglo. El espectáculo de la tristeza ya no tiene sentido, la existencia que se aparece como los cuadros impresionistas que se ponen en el lugar del atardecer.

La real realidad de tu percepción.

Antígona se ríe.  Y comienza a vestirse. 

Antígona
-¿¡Que!?
Que, que, que…
No sé de qué estás hablando…
La gente va a empezar a levantarse e irse, ¡quería sexo! No esto.
Ahora vas a comenzar a hablar del gótico, de la representación del monstruo y su importancia para el romanticismo tardío… 

Antígona ríe.

Conde
-Lo adivino por analogía…

Aunque ignoro qué es la amistad o qué es el amor -y es probable que nunca lo acepte, al menos de parte de la raza humana. Por lo tanto, y puesto que tu sangre y tus lágrimas no te disgustan, aliméntate, aliméntate con confianza de las lágrimas y de la sangre de mí.
Véndame los ojos mientras desgarras la carne tibia y, después de haber oído durante largas horas mis gritos sublimes, semejantes a los profundos gritos ahogados que en una batalla lanzan las gargantas de los heridos agonizantes; te precipitarás desde la habitación vecina y harás el simulacro de ir en mi ayuda.
Me desatarás las manos de nervios y venas hinchadas, devolverás la vista a mis ojos extraviados, y te pondrás a lamer mis lágrimas y mi sangre.

¡Qué verdadero es entonces el arrepentimiento!

La chispa divina que existe entre nosotros, y que tan raramente se manifiesta, aparece entonces, aunque ¡demasiado tarde!
Cómo se derrama el corazón cuando puede consolar al inocente, a quien se le ha causado daño…

 ¿Quién ha podido cometer contigo un crimen que no sé cómo calificar?
¡Desgraciada de ti!
¡Desgraciada de mi!
¡Cómo debes sufrir!
Si tu madre lo supiera, ella no estaría más cerca de la muerte, tan aborrecida por los culpables, de lo que yo estoy ahora.

¿Qué es entonces el bien y el mal?
¿Es la misma cosa, por medio del cual testimoniamos con rabia nuestra impotencia y la pasión de alcanzar el infinito, incluso por los medios más insensatos?
¿O bien son dos cosas diferentes?

Sí... es mejor que sean una misma cosa... pues, sino…
¿En qué me convertiría el día del Juicio Final?

Perdónenme: el que se halla, ante sus rostros frescos y saludables, es el que ha roto sus huesos y desgarrado sus carnes, que ahora cuelgan de diferentes lugares del cuerpo.

¿Es un delirio de mi razón enferma, un instinto secreto que no depende de mis razonamientos, semejante al del águila que desgarra a su presa, lo que me ha empujado a cometer este crimen, y que, sin embargo, me hace sufrir tanto a mi como a mi víctima?

Antígona
-Porque nadie está bailando, alguien tiene que moverse, no es justo para el público escucharnos repetir textos, unos tras otros.  Pongamos una canción, esa que nos avergüence, esa canción que no confesaríamos escuchar ni a nuestras amantes… o que, secretamente, escuchamos pensando en ellas…

Comienza a sonar una canción, preferiblemente “Tan solo Tu” de Franco de Vita con Alejandra Guzman.


1800
-Tú me das las cosas que yo quiero cuando menos me lo espero.
Tú me das el aire que respiro

Conde
-Tú serás lo que tanto buscaba y yo creía que no existía.
Tu vendrás robándome la vida pa’ fundirla con la tuya.

1800, junto con el Conde.
-Y que será de mí cuando en tus brazos yo descubra que tú: serás el cielo que jamás podre tocar, es imposible ya lo sé, abrázame.

1800
-Tú me das un golpe de energía cuando estoy sin batería.
Tú me das la vida en un instante.

Conde
-Tú serás la historia más bonita, la que nunca se te olvida.
Tú vendrás entregando tu vida para hacerte con la mía.

1800 y el Conde se abrazan y comienzan a golpearse.
Mientras se golpean

1800 y el Conde.
-Y que será de mi cuando en tus besos yo entendía, que tú serás -seguro serás-, el cielo que jamás podré tocar.  
Es imposible ya lo sé.

Que tan solo tú me das, seguro me darías, la vida que yo siempre quise para mí.

Pero es imposible ya lo sé.

Perdóname.

La canción continúa, se golpean con más fuerza.

Antígona
-Una peor, una que ruborice a un público muy sofisticado, no sé. Pensemos, esas en inglés, ese idioma que se volvió el estándar de la música global. No hablemos ahora de colonialismo, busquemos esa canción… esas que acompañan a las películas de Disney, las infantiles…

Hasta bailaría si fuera necesario para mostrar mi punto.

Comienza a sonar “A Whole New World” de Peabo Bryson and Regina Belle de la película de Disney “Aladino”, solo el estribillo…

Antígona
-Un mundo totalmente nuevo.
Un punto de vista fantásticamente nuevo.
Nadie nos dirá: no, o a donde ir.
O solo estamos soñando.

No es genial, no es parte sustancial de nuestra primera opción. Del “para siempre”.

Cambia la canción una vez más. Preferiblemente Pastorales de Beethoven.
1800 y el conde se siguen golpeando.

Que pensara esta gente de mí, que no tomo posición por toda esa violencia, no se están divirtiendo acaso.

Debo pararlos, o los paro cuando sangren…

¡Basta!
Estamos quedando mal…

Necesitamos un video, no… mejor les termino de contar mi pequeño cuadro de la revolución…

1800
-y si nos remontamos a esas alturas de la montaña más escarpada, y por un instante, simulamos que pertenecemos a eso, aunque solo lo observemos.
Pero en la mentira esta la felicidad, un rodeo de verdades, no podemos mirar solamente, ¿o sí?

Viajar. Un precedente de ti y de mí.
Una línea como ella. Un camino como una suma.
Sus pasos sobre tus pasos. Mi mano sobre su mano. Una línea sobre otra línea sobre otra línea.

Amor.

He descubierto el secreto de la vida. He muerto. He dejado bajo una lámpara el recuerdo. He callado.
Ella dijo que yo he dicho.
Bajo mis pies el infierno.
Yo he dicho y ella dijo. Hemos estado dando vueltas por ahí. Un televisor como una ventana. La puerta del mal y la culpa.

La línea es tal, delgada que te corta. El filo de una hoja de papel toda escrita. El hilo colgando bajo mis pies.

Me lleva un inmenso silencio.
Y tu rostro. Y el tuyo también.
El vacío del exceso.
Del mío. Del tuyo. Y el de ella también.

Alguna única lágrima jamás caída.

Conde
-No estamos obsesionados con la libertad, eso fue hermoso, pero no es de alguna manera demasiado. Un exceso, lo decís bien.

Esos gritos que se oyen algunas veces en el silencio de las noches sin estrellas. Aunque los oigamos, sin embargo, el que lanza esos gritos no está cerca, aunque este aquí.
La distancia, se transporta por el viento de una ciudad a otra. Me habían hablado a menudo de ese fenómeno, pero nunca había tenido ocasión de juzgar por mí mismo su veracidad.
Mujer, me hablabas de desgracias, y jamás existió desgracia más real en la larga espiral del tiempo que la desgracia de aquel que turba ahora el sueño de sus semejantes...

Oigo a lo lejos los prolongados gritos del dolor más punzante.

Ruego al cielo que su nacimiento no sea una calamidad para su país, que la ha expulsado de su seno. Va de región en región, abominada por todos. Unos dicen que se halla abatida por una especie de locura original desde su infancia. Otros creen saber que es una extrema e instintiva crueldad, que a si misma le avergüenza.
Hay quienes argumentan que se le deshonró con un apodo en su adolescencia, que la dejó inconsolable para el resto de su existencia, porque su dignidad herida veía en ello una prueba flagrante de la maldad de los hombres, que se inicia en los primeros años y después va aumentando.

Yo no podría nombrar ese apodo.


Fin Acto 1















Acto 2

Bailarin*




Escena 1

Preferiblemente cambiar de ubicación, un espacio lleno de bolsas de consorcio negras y grandes, infladas atrás de l*s act**s.
Bailarin* en silencio dando vueltas por el espacio constantemente, y comienza a saltar.

Primero entra 1800 gateando.
Comienza sonar música electrónica, el Conde entra bailando.

Antígona desde fuera de este cuadro comienza el dialogo.

Antígona
-No debería hacer alguien el baile del caño, o algo parecido…

Camina  y va acercándose a 1800.

No creen, que falta sexo, piel, cuerpos y todo eso –estoy harta de escuchar eso-
Eso que vende… es gracioso ver que en el consumo de sexo nadie participa, pero sin embargo no parecen cuestionar las infladas ganancias de una industria que nadie consume…

Mejor volvamos a lo que nos reunió hoy aquí: La epifanía libertaria, o lo que podríamos llamar con mayor precisión, la epifanía del amor libre. O como yo lo llamare de ahora en adelante: la epifanía de la revolución sexual.

Libertad y amor, lo escuchan ¿no?, de lo que se está hablando aquí, de lo que se quiere experimentar aquí, o se quiso experimentar aquí. Palabras muy grandes, combinaciones muy peligrosas para mucha gente.  Yo no me animaría a decir nada, o más bien, todo. 
Porque hay que tener un momento de sinceridad, para lo único que comencé todo esto fue para llegar aquí, a este momento de mi narración…

1800
-  Yo no entiendo, me siento realmente mal.  Entiendo que lo que aquí se trate no tenga nada que ver conmigo. Pero no entiendo cuál es el propósito de tu invitación.  

Estoy acá, mirándote decir todas estas cosas y sigo sin poder sentir cuáles son tus intenciones para que yo esté aquí. Aquí nos hay cuerpos, ni deseos, ni revelaciones…

Estamos en  un momento no muy diferente a cualquier otro…

En otro tiempo, si mal no recuerdo, mi vida era una fiesta en la que se abrían todos los corazones y en la que se derramaban todos los vinos…
Me fugué.
Brujas, miserias, odio. 
Y a ti… (Le apunta con el dedo al conde)
Fue a ustedes a quienes confié mi tesoro, mi amor y mi vida.

¿Tuve una vez, una juventud agradable, heroica, fabulosa, como para ser escrita en páginas de oro?
Encontrar a ese que me cante como lo hicieron con Ulises.
Yo no encontraría ese otro para mi lectura. Porque lo que dices se encuentra bajo los pies de toda la historia que yo alguna vez he querido contar.
Porque sé, o creo, que la manera liberal y la manera libertaria convergen en la idea de que el amor es un riesgo inútil. Y que se puede tener por un lado una cierta conyugalidad preparada que se proseguirá en la dulzura del consumo y, por el otro, acuerdos o arreglos sexuales placenteros y llenos de goce, haciendo una economía de las pasiones.
Desde este punto de vista, realmente pienso que el amor, en el mundo tal cual es, se encuentra en ese asedio, en ese cerco y que está, a este respecto, amenazado. Y creo que es una tarea filosófica, entre otras, defenderlo. Lo que probablemente supone, como me dijo Rimbaud, que también deba ser reinventado. Y ello no puede ser una ofensiva por la simple conservación de las cosas.
El mundo está lleno de novedades y el amor debe ser también comprendido en esa innovación. Hay que reinventar el riesgo y la aventura contra la seguridad y la comodidad.

Antígona. Se desnuda de nuevo.
-Bravo, hermoso, bravo. Ya está, listo. Ya está todo dicho entonces, tu eres la filósofa y las demás alguna otra cosa…
No estoy, ni quiero hablar de ti…
Mírame, ¿me deseas?
Sé que mi cuerpo puede serte apetecible.
¿De qué pasiones hablas?
¿De qué acuerdos?

¿No fui lo suficientemente melodramática en mi ironía?

Mírame cuando te hablo…

1800
-¿Que hablaba yo?
De tu mano amiga.

Ya es una ventaja que pueda reírme de los viejos amores embusteros, y llenar de vergüenza a estas parejas embusteras.
He visto allí abajo, el infierno de las mujeres.
Y me será permitido poseer la verdad en un alma y un cuerpo.

No quiero partir, si antes haber hecho de esto un cementerio, una guarida húmeda y roída por el tiempo de sentimientos que terminamos de comprender…

Permanecer encerradas, volando con el polvo de la habitación a las nueve y media de la mañana, de una mañana de invierno soleada…


Escena 2

Alguien debería bailar, otr*s deberían besarse, alguien debería ir hasta el público y besar a unos cuant*s.

Conde
-El amor de los cuerpos es incompatible con el amor de la humanidad.
La imperfección debe ser rechazada.
Nada es más imperfecto que el egoísmo de dos.
Durante la vida, sobraran las desconfianzas, las discriminaciones, las promesas escritas en polvo.

No es ya el amante de Antígona, es el amante de Graciela.
No es ya Petrarca, es la película Nothing Hill.
Durante la muerte, las angustian se repartirán en; un trozo de roca cerca del mar, un lago cualquiera, el bosque de Fontainebleau –ni siquiera puedo decir esta palabra-, la isla de Ischia, un gabinete de trabajo en compañía de un cuervo, una capilla ardiente con un crucifijo…
Un cementerio en donde surge el objeto amado bajo los rayos de luz de una luna que termina por molestar; unas casas en el campo en donde un grupo de muchachas, cuyo nombre no se conoce, vienen una a una a medir el cuerpo del autor.

En ninguno lado se encuentra la dignidad. El error es la leyenda dolorosa.
Un peón podría hacerse de un poco de conocimiento literario, diciendo lo contrario de lo que han dicho los poetas de este siglo.
Reemplazaría sus afirmaciones por sus negaciones.
Y Recíprocamente.
Si es ridículo atacar a los primeros príncipes, reyes y respectivas leyendas; mucho más ridículo es defenderlos de esos mismos ataques.

Yo no los defenderé.
Yo no te defenderé…


1800
-no tú, no tú de nuevo…
Regreso una y otra vez a esta discusión sin sentido…  siento que es todo un círculo, vuelvo y vuelvo al mismo punto…
No podemos seguir así, alguien podría decir que es demasiado personal… que esto es autoficción de principios del después de la historia del arte…

Antígona
Ríe y se acerca a 1800 muy sensualmente.
-no creo que esto vaya a funcionar, en serio…

Voy a darles algo de qué hablar… eso bastaría para que te calles y me chupes…
No, mejor podemos comenzar con las palabras, y decir algo así como:
Que es lo realmente asombroso de las frases profundas que pronunciamos. Que te parece esta; es mejor que comiences a rezar ahora para que sangre muy pronto. Es lo suficientemente profundo para ti eso.
No mejor esto… mis gritos de muerte ahogados en una taza de café del director de turno, piensas que existe el cielo, donde algunos de esos gritos podrían irse.
Yo solo tengo veinticinco pesos y un par de criollitos, ¿será suficiente para llevarnos al cielo?

Es muy gracioso ver tu reacción ante todo esto, estas triste, mírame (a 1800), es serio no deberías estar riendo… no te bastan las palabras… nos riamos juntas…

1800
-basta, en serio, la gente ya está mirando raro…

Antígona
-Hagamos esto mejor: acércate Conde, aquí muy cerca de nosotras… besanos como si nos desearas… Yo beso primero así cortamos la tensión, siempre hay alguna tensión, a ver un momento...

Le digamos a nuestro público lo que tiene que saber sobre esto: cuando ensayamos esta escena la primera opción fue no ensayar un beso, parece lógico ¿no?, se dijeron cosas como:
-          Nos besamos en la función solamente, solo allí yo haría esto del beso.
-          No les parece un poco injustificado lo del beso, o que agredimos mucho al público. Si es lo que hay que hacer, lo hago,  pero no estoy de acuerdo.

Toda esto no es un poco injustificado… no río, solo digo que me estoy riendo.

Pero en fin, démosle algo de qué hablar…

Se besan entre los tres por unos minutos mientras comienza a sonar  Bach, Overture (Suite) No. 3 in D major, BWV 1068: II. Air, "Air on the G String"
Quien baila comienza a bailar. 1800 se separa rápidamente.

1800
-Pienso que es necesario abordar la cuestión del amor a partir de dos puntos que corresponden a la experiencia de cada persona. Primero, en el amor se trata de una separación o una disyunción, que puede ser la simple diferencia de dos personas con su subjetividad infinita. Esta disyunción es, en la mayoría de los trazos, la diferencia sexual. Y, cuando no es el caso, el amor impone a pesar de todo que se confronte a dos figuras, a dos posturas de representación diferentes.
Dicho de otro modo, en el amor, uno tiene un primer elemento que es una separación, una disyunción, una diferencia. Tenemos un Dos. En el amor se trata, ante todo, de un Dos.
El segundo punto, es que, precisamente porque se trata de una disyunción, en el momento en que lo Dos se va a mostrar, a entrar en escena como tal y experimentar el mundo de manera nueva, no puede tomar más que una forma azarosa o contingente. Es lo que se llama el encuentro.

Se acerca quien baila a Antígona y al Conde y se besa con ellos. Y siguen besándose mientras 1800 habla.

El amor se inicia siempre en un encuentro. Y a este encuentro yo le doy el estatuto, de alguna manera metafísico, de un acontecimiento, es decir de algo que no entra en la ley inmediata de las cosas. Los ejemplos literarios o artísticos que ponen en escena este punto de partida del amor son innumerables. Muchos relatos y novelas han sido consagrados a casos en los que lo Dos es particularmente pronunciado, en los cuales los dos amantes no pertenecen a la misma clase, al mismo grupo, al mismo clan o al mismo país. Romeo y Julieta siguen siendo, evidentemente, la alegoría de esta disyunción, puesto que pertenecen a mundos enemigos.
Este lado diagonal del amor, que pasa a través de las dualidades más poderosas y las separaciones más radicales, es un elemento absolutamente importante. El encuentro entre dos diferencias es un acontecimiento, algo contingente, algo sorprendente, como “las sorpresas del amor” (el teatro, una vez más).
A partir de este acontecimiento, el amor puede ser iniciado o introducido. Es el primer punto, absolutamente esencial. Esta sorpresa pone en marcha un proceso que es fundamentalmente una experiencia del mundo. El amor, no es simplemente el encuentro y las relaciones cerradas entre dos individuos, es una construcción, es una vida que se hace, no ya desde el punto de vista de lo Uno, sino desde el punto de vista de lo Dos. Es lo que yo llamo la “escena de lo Dos”. Personalmente, siempre estoy interesada en las cuestiones de la duración y el proceso, y no solamente en las cuestiones del comienzo.

Yo intento dar cuenta de algún sentido para este relato.

Antígona
-Yo no puedo creer lo que escucho… igual no es el acontecer de mi ahora mismo. O ¿sí?

Como sea nos será imposible seguir dese aquí, arruinaste todo. Como siempre. Que relato posible nos queda por delante… seguro aburriste a medio mundo con eso, yo lo escuche en alguna parte, eso ya lo escuche antes, estoy segura; es como una nueva versión del amor de los hechos de los apóstoles de los cristianos.

Se escucha de fondo Tan Sólo Tú de Franco De Vita con Alejandra Guzmán, como si saliera de una radio.

Conde
-Yo lo digo, por favor. Lo digo, lo digo: por favor. Si bien no quiero corregir a nadie, ni que delate mi formación juvenil, pero lo que recordamos está en la carta a los Corintios…
Y  dice: “Aunque hablara todas las lenguas de los hombre y de los ángeles,
si me falta el amor sería como bronce que resuena o campana que retiñe.
Aunque tuviera el don de la profecía y descubriera todos los misterios – el saber más elevado -, aunque tuviera tanta fe como para trasladar montes,
si me falta el amor nada soy.
Aunque repartiera todo lo que poseo e incluso sacrificara mi cuerpo, pero para recibir alabanzas y sin tener el amor, de nada me sirve.

El amor es paciente y muestra comprensión.
El amor no tiene celos, no aparenta, ni se cree mejor.
No actúa con bajeza, ni busca su propio interés, no se deja llevar por la ira y olvida lo malo.
No se alegra de lo injusto, sino que se goza en la verdad.
Perdura a pesar de todo, lo cree todo, lo espera todo y lo soporta todo.”

Me gustaría agregar algo, tú, cuyo cuerpo está desprovisto de escudos y defensas, un día me reprochaste con acritud no amar lo suficiente…

Cuando encuentres un perro muerto boca arriba, trabado contra un desagüe  que le impide partir, no vayas, como los demás, a tirar los gusanos que salen de su vientre hinchado; observarlos con asombro, abre una navaja y después de despedazar un gran número de ellos, diciéndote que también tú, no serás más que ese perro.
¿Qué misterio buscas?
Ni yo, ni las cuatro patas del oso marino en el océano boreal, hemos podido resolver el problema de la vida. Ten cuidado, la noche se acerca, y tú estás ahí desde la mañana. ¿Qué dirá tu familia, tu pequeña hermana, al verte llegar tan tarde?
Lávate las manos, toma de nuevo el camino que te lleva donde duermes...
¿Quién es ese ser, allá en el horizonte, que se atreve a acercarse a mí, sin temor, dando saltos violentos, con una majestuosidad mezclada a una serena dulzura?
Su mirada, aunque dulce, es profunda y triste.
Sus enormes párpados juegan con la brisa y parecen vivir.
Es una desconocida para mí. Al fijar sus ojos monstruosos, mi cuerpo tiembla; es la primera vez que me pasa desde que succioné de las secas tetas de lo que se llama una madre.
Hay como una aureola de luz deslumbrante a su alrededor. Cuando habló, todo en la naturaleza enmudeció y sintió un gran escalofrío. Puesto que te gusta venir a mí, como atraída por un imán, yo no me opondré.

¡Qué hermoso es todo esto!

Me cuesta trabajo decirlo. Debes ser poderosa, pues tienes un rostro más que humana, triste como el universo, bello como el suicidio.

Te aborrezco con todas mis fuerzas, y antes prefiero ver una serpiente alrededor de mi cuello desde el comienzo de los siglos, que ver tus ojos...


1800
-No has hecho más que llorar, dentro de toda esa retórica de espantos y maldades, solo lloraste. Como el verdadero artífice de mentiras que eres…

Antígona
-No es justo, los gritos, la emoción, el dramatismo, no es justo…
Necesitamos un video, una imagen, un plano secuencia “de otro modo que narración moderna” (ríe), cuerpos desnudos al sol cogiendo hasta que las llagas de sus quemaduras se abran…

Comienza video de paisajes

No me puedo perder así… la muerte termina en muerte, y ya me he cortado lo suficiente.

Retomemos después que termine el video.

Termina el video.

Escena 3

Quien baila, comienza a desnudarse, y se acerca al Conde, luego a 1800 y finalmente a Antígona, mientras la última habla.


Antígona
- Estoy furiosa, no sé por dónde seguir, no quiero seguir... No te acerques a mí, no lo permito. Con esa desnudez… tan… desnuda. No quiero pensar, en verdad que no quiero.
Me permito acostarme contigo, y contigo también.

Pero es solo eso… un permiso, un poder. Algo insignificante como la vida.

Ahora me va a besar, no es cierto. Me gusta besar, me calienta. Solo me caliento si me besan. O solo me permito calentarme con eso, ¿con eso no basta acaso? Permitirse, aunque sea, esa sola cosa. He estado en el camino, o he recorrido los recorridos de todo lo que puedas imaginar… Y aún el relato no llega…

Conde
-¡Perdóname!... ¡perdóname!...

¿Qué vienes a hacer a este tiempo, en donde están las malditas aquí?

Pero, ¿qué has hecho de tus pústulas viscosas y fétidas para tener un aspecto tan dulce?

Cuando descendiste de lo alto, por una orden superior, con la misión de consolar a las diversas razas de seres existentes, te precipitaste sobre la tierra con la rapidez de la mentira, sin que las alas se cansaran por esa larga y magnífica carrera.
Te vi.

¡Cómo pensaba yo entonces en el infinito, y al mismo tiempo en mi debilidad!
Uno más que es superior a los seres de la tierra, me decía yo, por voluntad divina.
¿Por qué yo no? ¿Por qué la injusticia, en los decretos supremos? El Creador es un insensato, aunque sea el más fuerte, y su cólera terrible. Desde que ante mí apareciste, monarca de los olvidos y las angustias, cubierta de una gloria que sólo a dios pertenece, tú me has consolado en parte, pero mi vacilante razón se derrumba ante tanta grandeza.

¿Quién eres?
Quédate... ¡Quédate en este tiempo!

Pero si te vas, vayámonos juntos.

El sapo se sentó sobre sus patas traseras -que tanto se parecen a las del hombre-, y mientras las babosas, las cochinillas y los caracoles huían a la vista de su mortal enemigo, tomó la palabra en estos términos: 1800, escúchame.
Escucha mi semblante, sereno como un espejo; creo tener una inteligencia igual a la tuya. Un día me llamaste el sostén de tu vida. Desde entonces no he desmentido la confianza que en mí depositaste. No soy más que un simple habitante de los barrios periféricos, es verdad, pero gracias a mi relación contigo, que sólo ha tomado de ti lo que era bello –o algo así-, mi razón se ha engrandecido, y por ello puedo hablarte de esta manera.

He llegado hasta ti para sacarte del abismo.

Los que se llaman tus amigos te miran, llenos de consternación y vergüenza, cada vez que te encuentran, pálida y encorvada, en los teatros, en las calles de tu barrio, en los negocios, u oprimiendo con tus dos nerviosas piernas a esa moto que sólo anda de noche, llevándote  envuelta  en un amplio manto negro.

Abandona esos pensamientos que dejan a tu corazón vacío como un desierto, pues son más abrasadores que el fuego. Tu espíritu está tan vaciado que ni siquiera lo ves, y crees hallarte en tu estado natural cada vez que de tu boca salen palabras increíbles, aunque llenas de una grandeza infernal.
¡Desgraciada!
¿Qué palabras habrás dicho el día de tu nacimiento?

Triste residuo de una inteligencia inmortal creada con tanto amor por dios.
¡Tú sólo has engendrado maldiciones más horrendas que la mirada del engaño! ¡Preferiría tener los párpados pegados, un cuerpo sin piernas ni brazos, haber asesinado, antes que ser tú!

Porque te odio.

¿Para qué poseer ese carácter que me asombra? ¿Con qué derecho vienes a esta tierra para burlarte, podrido despojo, agitada por el escepticismo?
Si no te gusta, regresa a las esferas de dónde has venido. Un habitante de la ciudad no debe residir en un pueblo, como un extranjero. Sabemos que en el mundo existen lugares  más abiertos que lo nuestro, en donde los espíritus tienen una inteligencia que nosotros no podemos siquiera concebir.

Bueno,
¡andate!...
Muestra al fin esa esencia divina que hasta ahora has ocultado, y, lo más aprisa posible, dirige tu ascendencia hacia tu esfera, que no envidiamos, por muy orgullosa que estés de ella. Pues nunca he logrado saber si eres una mujer o más.
Has sido la causa de mi muerte.
¡Yo parto para la eternidad a fin de implorar tu perdón!
Si algunas veces es lógico atenerse a la apariencia de los fenómenos, todo debería terminar de un momento a otro.

En cuanto a mí, voy a ponerme a trabajar de nuevo. El final del siglo diecinueve verá a su poeta (sin embargo, al principio, no debe comenzar con una obra maestra, sino seguir la ley de la naturaleza); nació en las costas americanas, en la desembocadura del Plata, allí donde dos pueblos, antaño rivales, se esfuerzan actualmente en superarse por medio del progreso material y moral.

1800
-Siento que me estás hablando a mí. Siento que soy yo a quien reclamas, amenazas y provocas con palabras. No pareces más que un hijo. O un hermano menor.

Como sea, no pareces estar aquí, se te siente como ausente, en otras conversaciones, fuera de todo sentido… Si bien la culpa me impide no perturbarme con lo que dices, creo –quiero creer-, que no tiene mayor importancia, ni sentimientos…

Comienza a sonar música.

Yo creo que quemando todo, te escapas, ¿Vas a volver a herirme otra vez?
En tu ternura, está acechándome; una buena traición de mujer que hecha hielo y brasas en mi corazón -fumando en la oscuridad.

Sobria no te puedo ni hablar, estoy perdida sin mi estupidez.

Un auto guapo va a venir por vos, y nada va a cambiar. Vas a vivir en el delta, en un lanchón buscando de que reír.

Tarea fina perdida en mi soledad. No se si no me gusta más. Nunca la vi llorar. Si no va sin freno, no anda bien, ni me encadena a tu show. Con las piernas más bonitas, las más lindas piernas que vi y un juego rico de amores en caída libre para dos…

Antígona
-Y yo creo que esto lo escuchamos antes, también, en algún otro lado… todo parece repetirse inevitablemente…

Fin música.


Escena 4

Silencio, tod*s se sientan donde pueden, se relajan, se visten en el caso de quien baila. Antígona sentada en el piso comienza reírse.    

Antígona
-Es muy gracioso… que todo sea una excusa de lo que realmente queremos hablar.

La epifanía libertaria la podríamos definir del siguiente modo: un modo en el cual los deseos más políticamente obscenos aparecen, donde la revolución parece al alcance del sexo.
La revolución desde mi cama nunca estuvo tan cerca, pero a rigor de verdad, aquí la revolución está al alcance de conformar nuevas relaciones que no sean en términos de pareja dual, ni con el pacto implícito de la monogamia; por otra forma que también otorgue seguridad emocional, permanencia en el tiempo e inversiones económicas.  

Pero, como sea, no estoy aquí para hacer teoría de todo esto, solo una descripción.

Entonces retomemos…

Habíamos dicho que después del periodo de aceptación – de lo que había sucedido -, eso nos llevaba a la opción "para siempre", y si no se volvía al principio, con o sin pareja. Pero lo que nos interesaba era la vuelta con pareja, es decir: aquel momento crucial donde se decide seguir adelante con el plan de revolucionar las relaciones sexo afectivas.
Entonces la epifanía Libertaria a partir de este momento se convertirá en la pesadilla de tu vida.

El conde llora.

1800
-Yo no puedo creer que terminemos pensando en esto, y me arrodillo aquí diciéndote lo que siento…
¿Porque lloras?

Conde
-De felicidad

1800
-¿Y porque te ahogas?

Conde
-Por la soledad

1800
-Porque me tomas fuerte así, en tus manos, en tus pensamientos. Pareciera que todo te va llevando..

Conde
- Yo te quiero tanto

1800
-¿Y porque será?

Conde
-Loca testaruda, no lo dudes más, aunque en el futuro haya un muro enorme, yo no tengo miedo. Quiero enamorarme.

1800
-No me ames, porque piensas que parezco diferente. Tú no piensas que es justo ver pasar el tiempo juntos. No me ames, que comprendo la mentira que sería si tu amor no merezco.

Conde
-No me ames más, quédate otro día nada más.

1800
-No me ames, porque estoy perdido, porque cambie el mundo. Porque es el destino.
Porque no se puede, somos un espejo. Y tú así serias lo que yo de mi reflejo.

Antígona
-¡Basta!
Dejen de molestar, el chiste solo rebela lo que ya creen.
Seguramente sus sentimientos serán más verdaderos, más contenedores, mejores amantes, la espontaneidad de la monogamia se rebela por sí misma. Y sigan, porque eso mismo es la epifanía de que les hablo.
Volver a empezar, acercarse, una y otra vez, al cuerpo del pecado mortal de la orgia más atemorizante, una dionisiaca ausencia de seguridad. El encanto mismo que tu pareja te lleve a esos locales de gang bang…
Descansar en ella con el reposo de la cama limpia de otros fluidos que no sean los propios. 

Comienzan a bailar un vals, quizás otro adagio, quizás se besan y se separan continuamente.

Conde
-No me ames, para estar muriendo dentro de una guerra llena de arrepentimientos.
No me ames para estar en tierra. Quiero alzar el vuelo, con tu gran amor por el azul del cielo.

1800
-No sé qué decirte, esa es la verdad. Si la gente quiere, sabe lastimar. Tú y yo partiremos, ellos no se mueven. Pero en este cielo no me dejes sola.
No me dejes, no me dejes.
No me escuches, si te digo no me ames,
No me dejes, no desarmes mi corazón con: ese no me ames.

Conde
-No me ames, te lo ruego.
Mi querida amargura, déjame.

1800
-Sabes bien, que no puedo. Que es inútil, que siempre te amare.

Conde
-No me ames, pues te hare sufrir.
No me ames, tú y yo volaremos. Uno con el otro y seguiremos siempre juntas.

1800
-Quiero que me ames sola.
No me ames
No me ames
No me ames
No me ames
No me ames

1800 llora al finalizar sus textos.

Antígona
-Y acompáñame, mi querida, déjame sobre el deseo que no termino de entender.  Esta epifanía habla más de mí que de nuestra revolución. La cama distendida, bajo la luz de la diez de la mañana, con el olor del sexo y las sensaciones del apuro. Una idea de felicidad comparable al desayuno, un desayuno que no lo hace nadie. Que simplemente aparece.

Volver a empezar, la revolución, el adentro es afuera. La revolución del mal, las miradas confusas, el recelo por la atención, la calentura desbordante, el control constante de los roces, el marco de reconocimiento, el silencio como una espada moral que penetra hasta las convicciones.

Y nos miramos un día como cualquier otro, después de años, y dejamos el deseo de lado; resolvemos el descanso sobrio de la cotidianidad.
Y apoyo mi mano sobre tu mano, y sobre su mano también. Y te beso, y la beso también. Y me acuesto contigo, y con ella también descanso. Duermo como duermen las dormilonas.

Y vivo como viven las champion… la guerreras de antaño, rodeada de elogios solitarios y condescendientes. Con el cuerpo abierto al mundo, sangrando bajo un árbol junto con el caballero de Cervantes.

Sangrando junto a ti, y junto a ti también. Y si me lo permiten, lo podría hacer con todas y todos aquí…

Vivir el deseo de hacernos feliz, acaso no se parece todo a esto.

Comienza un video porno, preferiblemente con l*s mism*s act**, solo cinco segundos.

O esto otro…

Video de recopilaciones de familias tipo publicidad de coca cola, durante otros cinco segundos.

Que elección esta de fondo realmente en esto, por quien lucho, a quien estoy venciendo, o quien me está ganando. La decisión de llevarte por los prados rojos del deseo, no fue solo mía. 

Mirando a 1800

Y al final siempre lloramos, dejamos una estela fina de amargura, de sensaciones de alegría pero de certezas de haber perdido. Y pienso en eso de lo que siempre hablas, digámosle amor, aquel nudo que es ampliamente compartido.
Sé que digo demasiados eufemismos.

Arrojarme aquí mismo, a ustedes, sexual y afectivamente, ¿me hace pura el amor? ¿Alguien me aceptaría así? De los que están en el público, ¿se excitaran pensando en cuantos cuerpos pasaron por aquí?  ¿Quién me besara con ganas realmente?
O solo será: miren lo copado que soy; con quien ando y como la hago. Me pruebo a mismo lo que puedo hacer, y todo aquello que puedo deconstruir. Estoy viviendo en la cresta de la ola de mi tiempo.

Yo voy por menos, yo soy una champion, la batalla misma es el triunfo…

El conde se acerca a 1800 y la abraza, se toman las manos, se arrodillan y comienzan a reírse.

La epifanía es esto, para cuerpos como el mío… caer en la cuenta que seguimos hablando de a dos: tú y alguien más.
¿Quién es ese alguien más?
Aquel cuerpo joven, trenzado junto a nosotras que buscaba su nueva gran experiencia. O aquella que solo quería besarte, y nunca supo cómo acercarse a ti, sino atreves mío.  O el chico tímido aquel, con la entrepierna a punto de estallar, pero que solo nos besaba. O aquella que se ponía en cuatro solo para seducirme.
¿Son solo relatos sexuales lo que aparecen al final?
Y los relatos de compartir cosas como el desayuno, o dormir junto a alguien, donde fueron a parar.

Solo aquellos cuerpos, algunos de ellos, saben cómo me gusta dormir abrazada. La seguridad que transmite el cuerpo dormido me embriaga.

Mirando al conde y 1800. 

Dejen de reírse y hablar así, en secreto, me distraen. Es cierto, tiene un toque de humor todo esto. Porque no cogen ustedes dos… los puedo dirigir un poco, me gustaría que le chupes el culo a 1800…

No será mucho para nuestro público, o ¿querrá participar? Si invitamos a alguien, ¿lo aceptaría? 
O lo que es peor, nosotras ¿lo aceptaríamos?

Estoy riendo, por dentro. Es cierto. Todo esto puede ser muy gracioso, insignificante y poco profesional.

Entonces hablemos del cuerpo: a bailar…
 
Comienza música, mash-up de Rodrigo “Amor de alquiler” y Karina “Mienteme”.



Súplica final

Único cenital a un costado de la escena. 1800 únicamente de pie a un lado del cenital.

1800
-No he sido sincera con ustedes, estoy cayendo de a poco en la cuenta de todo esto. Me duelen las palabras, me siento culpable. No está bien mostrar todo esto… no está bien caer con todo esto… esta mal…

Siento que la poesía se nos ha escapado, siento que la vida se ha ido en el oscuro resplandor de esas caras…

Una nadie soy
¿Quién eres tú? ¿Eres también un don nadie?
Ahora ya somos varias, pero no lo digas muy fuerte, podrían descubrirnos… ellos…

Soy como un libro prestado de alguien con quien estas enemistado y no puedes devolverlo… me detengo aquí, ante ti… sola…

Comienza a sonar una canción como en la radio.

Y me siento tan triste como un buen libro, no puedo dejar estos días atrás.
Como si fuese una especie de cuento de hadas contigo…
Si solo eres un pensamiento, querrás que yo te piense.
Y he invitado a alguien hasta que vuelvas, y finalmente te mudaste…
¿Cuál es tu plan con toda esa libertad?, dijo el nuevo comisario. El pequeño orgullo de una valija. Debes admitir que la tierra está en buenas manos, si, el tiempo te dirá que solo le diste vida a tu encendedor.

Solo quédate, dijiste. Vamos a hacer un nido.
Y así deje mi vida.
Prueba con tus amigos y con sus opiniones.
Para cuando el puente este congelado, y no hayas vuelto a casa, yo pondré nuestros copos de nieve bajo el microscopio.
Después de todo, ¿Qué es lo que estuve buscando?
Y me pregunto cuando aprenderé…

Quizás mis deseos fueron mejores que yo.

Y ahora me veo tan extraña,  estoy finalmente en una fiesta que ya había comenzado. No es como que no pueda seguir sintiéndote, pero es extraño lo que dejaría atrás.

Y estuve por ahí, dando vuelta, por un rato largo hasta que me perdiste. Hasta que me perdiste en el retrovisor.
Te dije allá en el norte que robe todos mis días.
Y al final fue bastante lindo el día,  y baje la capucha donde podes sentir el cielo perfecto.
Siente la brisa de verano, no sabes cuándo vamos a volver a estar juntos, y yo… no.
Una no piensa realmente, que las cosas terminaran así.

Llámame una vez más, pero no ahora, debo irme. 
Mírame cuando te hablo.

A Antígona.

1800 comienza a llorar despacio, muy despacio. Y comienza a cantar las canciones que se escuchan en la radio.

Conde
-Podríamos quedarnos a mirarte llorar, como se mira el reflejo en el espejo. Como se mira el espejismo en el horizonte de la ruta… Yo he sido el responsable también de eso… pero no me voy a acercar, porque no solo no se me habla a mí, sino que es a ti a quien se busca.

Antígona
-Esto es increíble. Lo que una tiene que pasar, y encima pasarlo en público.  Esto es incomprensible…

Recapitulemos.

La epifanía libertaria parece tan necesaria como estúpida… deberíamos terminar cogiendo, pero eso no va a pasar, porque no pasa hace meses, porque el deseo siempre es esquivo. Porque ya no hay deseo, nos hemos convertido en una ofensa para nosotras mismas.
Pero la epifanía, ese descubrimiento, es una aclaración del cuerpo, un sinceramiento con el sentido común. El deseo de que el deseo nunca sea suficiente… un cuerpo marcado de antemano, desde el comienzo, incluso desde antes del comienzo.  Es como una búsqueda extraña por algo que estamos seguras de haber perdido pero no sabemos qué.

Me duele el cuerpo.

Pero no seamos tan melodramáticas, ya es suficiente con ella.

El poliamor parece haber sido sacado de algún sueño adolecente, no quiero caerle mal a la gente que cree en esto. Solo que me complica la vida algo así. No vivimos así acaso, en el poliamor, amamos a nuestras pequeñas e irrelevantes cosas, o estamos enamorados de esas cosas que jamás podremos tener. Y así, quizás toda nuestra relación afectiva con el mundo se despliega. Por qué no se habla de sexo, porque de eso se trata ¿no? De coger con varias personas, y encima, establecer un vínculo afectivo más allá del sexo. ¿Más allá o más acá? Pero esto no es la historia más vieja del mundo, un padre con dos familias, una chica que juega a dos o más puntas, un tipo infiel, y demás ejemplos que seguramente  se les vendran a la cabeza.

No se trata de amor… Odio tales palabras… Odio mis palabras… No quiero decir lo que debe ser, no soy así…

Pero nadie habla de sexo, como hacemos. ¿Siempre tenemos que coger todos los involucrados en la relación?
Por ejemplo, los tres a la vez o no coge nadie. O avisamos a las otras personas si cogemos, antes, después, durante. Si una de las personas involucradas no quiere coger, las otras ¿Qué hacen? 
Y un montón de variaciones más, muchas variaciones  más del amor libre. Pero en verdad existe algo así; como, libre, digo.
No rehabitamos una y otra normas y formas para dejarnos a salvo. A salvo de no estar irremediablemente arrojado al deseo de ustedes...

Hablemos de los celos…

Música que aturde durante tres segundos a tod*s.

1800
-No, de los celos no. No lo voy a permitir. Es un tema demasiado importante. Para mí todo esto es pura manipulación de tu parte. Esto no es lo que se da naturalmente entre las personas…

Antígona
-¿En una reunión cualquiera donde aparecen personas que no conoces, y porque no personas que conoces, cuántas de ellas te gustan? Sexualmente digo, de todas las personas que están aquí, ¿no te gusta ninguna? ¿No quisieras estar con alguna?
No es una chicana, digo que motivos fuertes tenemos para no conocer y coger con alguna de estas personas; y quizás, llevar una relación que permanezca en el tiempo.

Conde
-Igual, no siempre queremos coger, no siempre estamos viendo a todas las personas como posibles compañeras sexuales. No creo que sea así, quizás el deseo no sale de buenas a primeras; o lo que es peor aún, no sale nunca.

Antígona
-¿En serio?
Yo hace un año que no tengo sexo con otra persona, solo me masturbo, ¿tengo sexo? Solo me masturbo, y seguramente no soy tan buena en la cama.
¿Alguien me ve atractiva? Lo suficiente, digo, como para hablarme. Y si me hablan, ¿eso significa que quieren coger conmigo? No hablo de estupideces, sino de estar dispuesta a estar abierta a la propuesta sorpresiva del sexo.
Nos sinceremos aquí un poco, ¿no estamos buscando sexo todo el tiempo?

Pero volvamos un poco, si la epifanía finalmente se instala, los celos son llamados de otra forma…

1800
-¡¡Basta!! En serio, basta.

Antígona
-  Sus formas son los acuerdos, esa manera loca de tener una segmentación de los celos para no sentirse celosa. Si tu pareja es celosa, eso no va con nuestra vida de revoluciones…
Nuestra batalla es la derrota constante contigo, y conmigo misma; como con ella y el también, y aquella, y todos los demás, ustedes…
Sabemos que vamos a perder, la única alternativa posible es la derrota. Soy una champion en ese campo junto a una tumba.

1800
-No quiero escuchar, no quiero saber nada. No quiera que digas nada.  

Ayúdame, que no hable más. (Al Conde)  

Conde
-Ya no sé a dónde ir, me voy a excusar en mis inseguridades. No puedo decidir rápidamente, si ir a un lado u a otro.  No quiero dejar de ayudarte, y en verdad me parece que no debería seguir hablando, y menos frente a toda esta gente. Pero realmente también pienso que no debería callarse, no sé.
Es como si no hubiera una situación que no me comprometiera –si o si- de mala manera.
Es como estar en un lugar moral imposible, en medio, y sin resolución posible. Sin lugar para la acción.

Yo no querría dejar todo esto atrás, pero me siento abrumado…

Antígona
-Pero hay que terminar, no un final, pero hay que terminar.

La bailarina comienza moverse, junto al mash-up.
Proyección de un video de porno casero que apenas se distingue los cuerpos y los movimientos.



 Antígona
-No estoy dispuesta a entregarme solo a ti. Estoy abierta al siempre, a todas, a la infinita variedad de la otra.
Voy a coger con vos después que terminemos aquí. Y seguramente fallaré. Pero aun así querré ver a todas las otras personas entre mis piernas. A eso estoy entregada, a todo lo que podamos encontrar todo el tiempo.

Y sin embargo, fallare en el sexo. Fallaré en la seducción. Me desatare el deseo, pero me encerraras tú, y aquel, y esa, y hasta mi pasión por esos  videos donde la gente está cogiendo.  Se me quedara una ausencia de todo aquello que puedo llegar a ser.

Una champion solitaria y derrotada como el vampiro seco que no puede con su recuerdo de humanidad.

1800
-Estoy lastimada, ojalá pudiera sangrar. Ahora, frente a todos ustedes. Pero no puedo.

Conde
-Bésame, desata toda esa sangre en mí.

1800 y el conde se besan.

Antígona
-Y me arrodillo ahora, y no te rezo. Solo te chupo de noche y no duramos más de siete minutos.

Te suplico de miles de maneras que me dejes en el camino que estaba, cuando las cosas eran claras y sobre todo menos normales.

Vamos a revolucionar el mundo, vamos a darle una vida sin sentido, un sentido hecho de pedazos de la revolución que no fue, y que habito. Porque el recuerdo del mí misma va a ser mi saludo final.

Antígona se acuesta sobre el piso, abre las piernas, 1800 se acerca, la mira, se acuesta sobre ella, la besa.
El conde se acerca a l* bailarin* y se besan.

Negro.

FIN

Entradas populares